Anna Llenas no está amarilla. Pero tampoco hace falta que cambie de color, como su celebérrimo personaje, para intuir la emoción que predomina en ella estos días. Le sobran razones, al fin y al cabo, para la alegría. Participa en la feria del libro infantil y juvenil de Bolonia, la más relevante del sector, como invitada estrella. Y su triunfo se resume en cifras que producen otro sentimiento que toca su libro: miedo. El monstruo de colores, que escribió y dibujó en 2012, ha vendido seis millones de copias por el mundo, entre el original y el resto de la colección. Lleva, pues, más de una década fomentando lecturas y charlas sobre cómo se sienten los niños en 40 idiomas distintos, lo que la autora identifica como el éxito real. Aunque su obra también ha generado rabia: le han acusado de simplificar en exceso o estirar el chicle. Ella responde igual que sus álbumes: aborda hasta las críticas con calma, como el monstruo cuando se tumba en la hamaca. Así que la única emoción ausente, en 45 minutos de charla en Bolonia para repasar su trayectoria, es la tristeza.
La escritora y dibujante, invitada estrella de la feria de literatura infantil y juvenil de Bolonia, analiza su trayectoria, los seis millones de ejemplares vendidos por su obra y las críticas recibidas
Anna Llenas no está amarilla. Pero tampoco hace falta que cambie de color, como su celebérrimo personaje, para intuir la emoción que predomina en ella estos días. Le sobran razones, al fin y al cabo, para la alegría. Participa en la feria del libro infantil y juvenil de Bolonia, la más relevante del sector, como invitada estrella. Y su triunfo se resume en cifras que producen otro sentimiento que toca su libro: miedo. El monstruo de colores, que escribió y dibujó en 2012, ha vendido seis millones de copias por el mundo, entre el original y el resto de la colección. Lleva, pues, más de una década fomentando lecturas y charlas sobre cómo se sienten los niños en 40 idiomas distintos, lo que la autora identifica como el éxito real. Aunque su obra también ha generado rabia: le han acusado de simplificar en exceso o estirar el chicle. Ella responde igual que sus álbumes: aborda hasta las críticas con calma, como el monstruo cuando se tumba en la hamaca. Así que la única emoción ausente, en 45 minutos de charla en Bolonia para repasar su trayectoria, es la tristeza.
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