Cuando era niño, Antonio Najarro (Madrid, 50 años) patinaba desde su casa hasta el Conservatorio. Su vocación era el baile y la desarrolló hasta convertirse en una destacada figura de la danza española y el flamenco, llegando a dirigir el Ballet Nacional de España de 2011 a 2019. No sabía entonces que el patinaje sería otra manera de darle forma y difusión al baile. Ni siquiera lo tuvo claro cuando en 2002 recibió aquella primera petición de crear una coreografía para los patinadores olímpicos franceses Marina Anissina y Gwendal Peizerat, que habían estado un tiempo por Andalucía trabajando con otros creadores de flamenco, al parecer sin mucho éxito. “Me pareció muy difícil. El flamenco es tan de tierra y de raíz, que hacerlo sobre hielo me resultaba casi una locura. Pero me pudo la curiosidad”, cuenta por teléfono a EL PAÍS. “Vieron mis trabajos y que yo también había coreografiado para moda y cine, y entiendo que esa apertura de llevar la danza más allá de la escena les interesó”.
El bailarín y creador de danza española atesora siete medallas de oro y aspira a otra este sábado en la competición de Milán-Cortina con su última composición para dos patinadores sobre hielo estadounidenses
Cuando era niño, Antonio Najarro (Madrid, 50 años) patinaba desde su casa hasta el Conservatorio. Su vocación era el baile y la desarrolló hasta convertirse en una destacada figura de la danza española y el flamenco, llegando a dirigir el Ballet Nacional de España de 2011 a 2019. No sabía entonces que el patinaje sería otra manera de darle forma y difusión al baile. Ni siquiera lo tuvo claro cuando en 2002 recibió aquella primera petición de crear una coreografía para los patinadores olímpicos franceses Marina Anissina y Gwendal Peizerat, que habían estado un tiempo por Andalucía trabajando con otros creadores de flamenco, al parecer sin mucho éxito. “Me pareció muy difícil. El flamenco es tan de tierra y de raíz, que hacerlo sobre hielo me resultaba casi una locura. Pero me pudo la curiosidad”, cuenta por teléfono a EL PAÍS. “Vieron mis trabajos y que yo también había coreografiado para moda y cine, y entiendo que esa apertura de llevar la danza más allá de la escena les interesó”.
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