El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, ha hecho un llamamiento al diálogo en el debate de la inmigración y a evitar «dejarnos atrapar por eslóganes polarizadores» que «algunos realizan a favor de sus intereses de poder». Lo ha hecho en su carta pastoral de la primera quincena de mayo en la sitúa la cuestión migratoria como uno de los asuntos centrales del debate público que requieren «una iluminación evangélica en orden a la consecución de la justicia». Al respecto, defiende que la dignidad humana es «una línea roja que ha de respetarse en todo caso», lo que implica rechazar prácticas como las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de personas en general o las condiciones laborales «degradantes que reducen al trabajador al rango de mero instrumento de lucro». «Todas estas prácticas y otras parecidas son en sí infames, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador», ha continuado monseñor Argüello en su misiva.Defiende también en la misma que una sociedad que «en todos sus niveles» quiere «positivamente» estar al servicio del ser humano es aquella que se propone como meta prioritaria «el bien común de todos los hombres», y que «dignidad humana y bien común han de conjugarse de manera simultánea», así que «la consecución de uno es imprescindible sin la realización del otro». Además, añade que el bien común «nos reclama deberes» y su desarrollo es «imprescindible» para que la dignidad humana no se quede en «papel mojado».Alude también en su carta el presidente de la Conferencia Episcopal a lo que el Catecismo de la Iglesia Católica recoge sobre el asunto de las migraciones. «Las naciones más prósperas tienen el deber de acoger en cuanto sea posible al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no puede encontrar en su país de origen», siendo las autoridades quienes deben «velar» para que «se respete el derecho natural que coloca al huésped bajo la protección de quienes lo reciben». Recuerda también que en el mismo Catecismo recoge que «el inmigrante está obligado a respetar con gratitud el patrimonio material y espiritual del país que lo acoge y a obedecer sus leyes y contribuir a sus cargas».Noticia relacionada general No No Argüello carga contra el «confesionalismo» del Gobierno y su intento de «controlar a los medios» José Ramón Navarro-ParejaHace alusión también a las palabras que en reiteradas ocasiones pronunció el Papa Francisco invitando «a un proceso de acogida, protección, promoción e integración en el que la Iglesia ha de ser signo e instrumento de la fraternidad universal». Se refiere por último a la afirmación realizada por el Papa León XIV en el regreso de su viaje a África, en la que recordó que «los Estados tienen derecho a regular sus fronteras», pero al mismo tiempo «los que llegan deben ser tratados con respeto y con arreglo a la dignidad». Añadía entonces que «quizá a nivel mundial deberíamos trabajar más para promover una mayor justicia, igualdad y el desarrollo de estos países africanos, para que no tengan la necesidad de emigrar a otros países». Al hilo de la misma, el presidente de la Conferencia Episcopal Española recuerda las cuestiones que el Sumo Pontífice lanzó: «¿Qué hacemos los países más ricos para cambiar la situación en los países más pobres? ¿Por qué no podemos intentar, tanto en ayudas estatales como con inversiones de las grandes empresas ricas, de las multinacionales, cambiar la situación en países como los que hemos visitado en este viaje?». El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, ha hecho un llamamiento al diálogo en el debate de la inmigración y a evitar «dejarnos atrapar por eslóganes polarizadores» que «algunos realizan a favor de sus intereses de poder». Lo ha hecho en su carta pastoral de la primera quincena de mayo en la sitúa la cuestión migratoria como uno de los asuntos centrales del debate público que requieren «una iluminación evangélica en orden a la consecución de la justicia». Al respecto, defiende que la dignidad humana es «una línea roja que ha de respetarse en todo caso», lo que implica rechazar prácticas como las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de personas en general o las condiciones laborales «degradantes que reducen al trabajador al rango de mero instrumento de lucro». «Todas estas prácticas y otras parecidas son en sí infames, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador», ha continuado monseñor Argüello en su misiva.Defiende también en la misma que una sociedad que «en todos sus niveles» quiere «positivamente» estar al servicio del ser humano es aquella que se propone como meta prioritaria «el bien común de todos los hombres», y que «dignidad humana y bien común han de conjugarse de manera simultánea», así que «la consecución de uno es imprescindible sin la realización del otro». Además, añade que el bien común «nos reclama deberes» y su desarrollo es «imprescindible» para que la dignidad humana no se quede en «papel mojado».Alude también en su carta el presidente de la Conferencia Episcopal a lo que el Catecismo de la Iglesia Católica recoge sobre el asunto de las migraciones. «Las naciones más prósperas tienen el deber de acoger en cuanto sea posible al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no puede encontrar en su país de origen», siendo las autoridades quienes deben «velar» para que «se respete el derecho natural que coloca al huésped bajo la protección de quienes lo reciben». Recuerda también que en el mismo Catecismo recoge que «el inmigrante está obligado a respetar con gratitud el patrimonio material y espiritual del país que lo acoge y a obedecer sus leyes y contribuir a sus cargas».Noticia relacionada general No No Argüello carga contra el «confesionalismo» del Gobierno y su intento de «controlar a los medios» José Ramón Navarro-ParejaHace alusión también a las palabras que en reiteradas ocasiones pronunció el Papa Francisco invitando «a un proceso de acogida, protección, promoción e integración en el que la Iglesia ha de ser signo e instrumento de la fraternidad universal». Se refiere por último a la afirmación realizada por el Papa León XIV en el regreso de su viaje a África, en la que recordó que «los Estados tienen derecho a regular sus fronteras», pero al mismo tiempo «los que llegan deben ser tratados con respeto y con arreglo a la dignidad». Añadía entonces que «quizá a nivel mundial deberíamos trabajar más para promover una mayor justicia, igualdad y el desarrollo de estos países africanos, para que no tengan la necesidad de emigrar a otros países». Al hilo de la misma, el presidente de la Conferencia Episcopal Española recuerda las cuestiones que el Sumo Pontífice lanzó: «¿Qué hacemos los países más ricos para cambiar la situación en los países más pobres? ¿Por qué no podemos intentar, tanto en ayudas estatales como con inversiones de las grandes empresas ricas, de las multinacionales, cambiar la situación en países como los que hemos visitado en este viaje?». El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, ha hecho un llamamiento al diálogo en el debate de la inmigración y a evitar «dejarnos atrapar por eslóganes polarizadores» que «algunos realizan a favor de sus intereses de poder». Lo ha hecho en su carta pastoral de la primera quincena de mayo en la sitúa la cuestión migratoria como uno de los asuntos centrales del debate público que requieren «una iluminación evangélica en orden a la consecución de la justicia». Al respecto, defiende que la dignidad humana es «una línea roja que ha de respetarse en todo caso», lo que implica rechazar prácticas como las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de personas en general o las condiciones laborales «degradantes que reducen al trabajador al rango de mero instrumento de lucro». «Todas estas prácticas y otras parecidas son en sí infames, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador», ha continuado monseñor Argüello en su misiva.Defiende también en la misma que una sociedad que «en todos sus niveles» quiere «positivamente» estar al servicio del ser humano es aquella que se propone como meta prioritaria «el bien común de todos los hombres», y que «dignidad humana y bien común han de conjugarse de manera simultánea», así que «la consecución de uno es imprescindible sin la realización del otro». Además, añade que el bien común «nos reclama deberes» y su desarrollo es «imprescindible» para que la dignidad humana no se quede en «papel mojado».Alude también en su carta el presidente de la Conferencia Episcopal a lo que el Catecismo de la Iglesia Católica recoge sobre el asunto de las migraciones. «Las naciones más prósperas tienen el deber de acoger en cuanto sea posible al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no puede encontrar en su país de origen», siendo las autoridades quienes deben «velar» para que «se respete el derecho natural que coloca al huésped bajo la protección de quienes lo reciben». Recuerda también que en el mismo Catecismo recoge que «el inmigrante está obligado a respetar con gratitud el patrimonio material y espiritual del país que lo acoge y a obedecer sus leyes y contribuir a sus cargas».Noticia relacionada general No No Argüello carga contra el «confesionalismo» del Gobierno y su intento de «controlar a los medios» José Ramón Navarro-ParejaHace alusión también a las palabras que en reiteradas ocasiones pronunció el Papa Francisco invitando «a un proceso de acogida, protección, promoción e integración en el que la Iglesia ha de ser signo e instrumento de la fraternidad universal». Se refiere por último a la afirmación realizada por el Papa León XIV en el regreso de su viaje a África, en la que recordó que «los Estados tienen derecho a regular sus fronteras», pero al mismo tiempo «los que llegan deben ser tratados con respeto y con arreglo a la dignidad». Añadía entonces que «quizá a nivel mundial deberíamos trabajar más para promover una mayor justicia, igualdad y el desarrollo de estos países africanos, para que no tengan la necesidad de emigrar a otros países». Al hilo de la misma, el presidente de la Conferencia Episcopal Española recuerda las cuestiones que el Sumo Pontífice lanzó: «¿Qué hacemos los países más ricos para cambiar la situación en los países más pobres? ¿Por qué no podemos intentar, tanto en ayudas estatales como con inversiones de las grandes empresas ricas, de las multinacionales, cambiar la situación en países como los que hemos visitado en este viaje?». RSS de noticias de espana
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