«Lío ha habido. Lo que pasa es que no lo habéis visto, pero lío ha habido». Juanma Moreno ha tenido que asumir algunos, muchos, de los postulados de Vox con los que no comulgaba. El ‘informe caritas’ reflejaba la incomodidad del presidente junto a su nuevo socio, Manuel Gavira, que desprendía satisfacción, alegría, aunque también muchos nervios ante tamaña responsabilidad.Moreno no ha querido facilitar esa fotografía a los medios hasta que no se rubricara el acuerdo, pese a las reuniones en el Parlamento y hasta su coincidencia en la Aldea del Rocío en Almonte, donde ni se saludaron para evitar esta imagen. « Somos diferentes, con sensibilidades diferentes y ángulos de visión distintas. Y eso nos lleva a ver de otra manera aspectos referentes a la Agenda 2030 o aspectos relacionados con la inmigración», apuntaba el presidente de Andalucía.Las negociaciones tardaron en arrancar . Doce días, ante la desesperación de Vox por la ausencia de noticias. El PP quiso jugar con los tiempos como demostración de que la victoria aplastante en las urnas (53 escaños por los 15 del socio) le otorgaba el control de la agenda. Pero al no fraguar esa mayoría ‘suficiente’ (qué poco gusta lo de absoluta), la última palabra, la decisiva, la tenía Santiago Abascal.Vox entra en el Gobierno andaluzAntes y durante las conversaciones, Moreno se planteó la repetición de elecciones, ya para el mes de octubre (el día 25). Pero al margen que aluda a la necesidad de estabilidad de esta tierra, la cual hubiera entrado en una parálisis peligrosa, una nueva convocatoria podría no aclarar nada e incluso empeorar el panorama y provocar mayor fragmentación. Era la última bala de una ruleta rusa.Tras esa llamada a final de mayo, comenzaron formalmente las conversaciones con una cita ‘secreta’ en el Parlamento andaluz el martes 9 de junio, a dos días de la configuración de la Mesa. Iba a ser la semana antes, pero el triste fallecimiento del consejero José Carlos Gómez Villamandos retrasó unos días el encuentro. El equipo negociador estuvo formado por los ‘Antonios’ Sanz y Repullo frente a Manuel Gavira y Montserrat Lluis, persona de confianza de Abascal y quien ha negociado también los pactos en las otras comunidades.No hubo tiempo (ni se pensó en ello) para cerrar el acuerdo antes de la configuración del Parlamento, si bien se ponía el contador en marcha de un diálogo que se ha prolongado unas tres semanas. Primero, lo más importante y donde se volcaron todos los esfuerzos para lograr esa alianza, fue ese pacto programático . Un escrito de 60 páginas y 150 medidas donde se observa la clara influencia de Vox en las nuevas políticas. No hay más que coger el discurso de investidura de Moreno para poder distinguir qué es ‘cosecha popular’ y en qué puntos han tenido que tragar saliva. «Nos hemos tenido que dejar muchos pelos en la gatera», reconoce el presidente, pues su perfil moderado sale desgastado por la inclusión de cuestiones que chocan con su carácter y una personalidad que «no va a cambiar con 56 años».La referencia de los otros pactosEsos documentos firmados en Extremadura, Castilla y León y Aragón han sido la base para el acuerdo en Andalucía . La coincidencia es mayúscula, en las formas y el fondo. No se ha quedado nada atrás y poco ha importado la diferencia en cuanto a representación parlamentaria con respecto a esas regiones. Se ha impuesto el carácter decisivo.La impronta de lo que denominan la ‘vía andaluza’ y que no aparece en los otros acuerdos es ese párrafo ‘clave’ para Moreno que aparece en la página 3: «La dignidad inherente a todo ser humano es un postulado irrenunciable y un compromiso ético absoluto y permanente para los firmantes de este acuerdo. En este sentido, la política social del Gobierno estará fundamentada en los principios de justicia, legalidad y humanidad, que son los que defiende la Constitución Española y el Estatuto de Autonomía para Andalucía». Todo ello frente a la prioridad nacional, las políticas antiinmigración, el rechazo a la Agenda 2030 y a la ley de memoria democrática, y a tantos embistes literarios de su socio .El Partido Popular fijaba dos líneas rojas . La primera era el compromiso de aprobar los presupuestos de toda la legislatura, los cuatro años de mandato, para mantener la estabilidad. Aceptada. La segunda que se forjara un gobierno monocolor, todo de azul. Franqueada. Al igual que en los demás territorios, la formación de Abascal reclamaba su entrada en el Ejecutivo como garantía de cumplimiento de las medidas, y así evitar lo sucedido hace dos años con la ruptura de todos los acuerdos.Petición de Agricultura, Medio Ambiente y FamiliasCon las urgencias del presupuesto de 2027, el PP aceptaba esta demanda, con ligeros recortes , Manuel Gavira ostentará una vicepresidencia y una consejería (Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Pública), y no tres como habían solicitado. Además, le negaban Agricultura, Medio Ambiente y Familias , donde su impronta ideológica entra en un severo conflicto con la moderada vía andaluza. En una comunidad de la complejidad de Andalucía no eran «las deseables» para poner en manos de este partido. Es donde menos peso van a tener en el Gobierno en comparación con las citadas administraciones.En la formación popular han agradecido a sus nuevos aliados su claridad y la predisposición a llegar a un acuerdo, aunque reconocen no estar contentos al no gobernar en solitario. Confían en una legislatura «estable y cordial» y desde Vox le aseguran lealtad y fiabilidad. La actual coyuntura ha reducido los márgenes de maniobra. La grave crisis institucional que atraviesa el país, con unas municipales y unas elecciones generales a la vuelta de la esquina, más el entendimiento en otras regiones con una clara extrapolación nacional, ha trazado en gran parte este sendero. A unos y a otros, aunque a unos más que a otros. La moderación quizás se pierda en ese camino ya construido en otros lares a cambio de mantener la estabilidad, la prioridad regional. «Es un acuerdo racional, sensato, en el que todos hemos hecho un esfuerzo». «Lío ha habido. Lo que pasa es que no lo habéis visto, pero lío ha habido». Juanma Moreno ha tenido que asumir algunos, muchos, de los postulados de Vox con los que no comulgaba. El ‘informe caritas’ reflejaba la incomodidad del presidente junto a su nuevo socio, Manuel Gavira, que desprendía satisfacción, alegría, aunque también muchos nervios ante tamaña responsabilidad.Moreno no ha querido facilitar esa fotografía a los medios hasta que no se rubricara el acuerdo, pese a las reuniones en el Parlamento y hasta su coincidencia en la Aldea del Rocío en Almonte, donde ni se saludaron para evitar esta imagen. « Somos diferentes, con sensibilidades diferentes y ángulos de visión distintas. Y eso nos lleva a ver de otra manera aspectos referentes a la Agenda 2030 o aspectos relacionados con la inmigración», apuntaba el presidente de Andalucía.Las negociaciones tardaron en arrancar . Doce días, ante la desesperación de Vox por la ausencia de noticias. El PP quiso jugar con los tiempos como demostración de que la victoria aplastante en las urnas (53 escaños por los 15 del socio) le otorgaba el control de la agenda. Pero al no fraguar esa mayoría ‘suficiente’ (qué poco gusta lo de absoluta), la última palabra, la decisiva, la tenía Santiago Abascal.Vox entra en el Gobierno andaluzAntes y durante las conversaciones, Moreno se planteó la repetición de elecciones, ya para el mes de octubre (el día 25). Pero al margen que aluda a la necesidad de estabilidad de esta tierra, la cual hubiera entrado en una parálisis peligrosa, una nueva convocatoria podría no aclarar nada e incluso empeorar el panorama y provocar mayor fragmentación. Era la última bala de una ruleta rusa.Tras esa llamada a final de mayo, comenzaron formalmente las conversaciones con una cita ‘secreta’ en el Parlamento andaluz el martes 9 de junio, a dos días de la configuración de la Mesa. Iba a ser la semana antes, pero el triste fallecimiento del consejero José Carlos Gómez Villamandos retrasó unos días el encuentro. El equipo negociador estuvo formado por los ‘Antonios’ Sanz y Repullo frente a Manuel Gavira y Montserrat Lluis, persona de confianza de Abascal y quien ha negociado también los pactos en las otras comunidades.No hubo tiempo (ni se pensó en ello) para cerrar el acuerdo antes de la configuración del Parlamento, si bien se ponía el contador en marcha de un diálogo que se ha prolongado unas tres semanas. Primero, lo más importante y donde se volcaron todos los esfuerzos para lograr esa alianza, fue ese pacto programático . Un escrito de 60 páginas y 150 medidas donde se observa la clara influencia de Vox en las nuevas políticas. No hay más que coger el discurso de investidura de Moreno para poder distinguir qué es ‘cosecha popular’ y en qué puntos han tenido que tragar saliva. «Nos hemos tenido que dejar muchos pelos en la gatera», reconoce el presidente, pues su perfil moderado sale desgastado por la inclusión de cuestiones que chocan con su carácter y una personalidad que «no va a cambiar con 56 años».La referencia de los otros pactosEsos documentos firmados en Extremadura, Castilla y León y Aragón han sido la base para el acuerdo en Andalucía . La coincidencia es mayúscula, en las formas y el fondo. No se ha quedado nada atrás y poco ha importado la diferencia en cuanto a representación parlamentaria con respecto a esas regiones. Se ha impuesto el carácter decisivo.La impronta de lo que denominan la ‘vía andaluza’ y que no aparece en los otros acuerdos es ese párrafo ‘clave’ para Moreno que aparece en la página 3: «La dignidad inherente a todo ser humano es un postulado irrenunciable y un compromiso ético absoluto y permanente para los firmantes de este acuerdo. En este sentido, la política social del Gobierno estará fundamentada en los principios de justicia, legalidad y humanidad, que son los que defiende la Constitución Española y el Estatuto de Autonomía para Andalucía». Todo ello frente a la prioridad nacional, las políticas antiinmigración, el rechazo a la Agenda 2030 y a la ley de memoria democrática, y a tantos embistes literarios de su socio .El Partido Popular fijaba dos líneas rojas . La primera era el compromiso de aprobar los presupuestos de toda la legislatura, los cuatro años de mandato, para mantener la estabilidad. Aceptada. La segunda que se forjara un gobierno monocolor, todo de azul. Franqueada. Al igual que en los demás territorios, la formación de Abascal reclamaba su entrada en el Ejecutivo como garantía de cumplimiento de las medidas, y así evitar lo sucedido hace dos años con la ruptura de todos los acuerdos.Petición de Agricultura, Medio Ambiente y FamiliasCon las urgencias del presupuesto de 2027, el PP aceptaba esta demanda, con ligeros recortes , Manuel Gavira ostentará una vicepresidencia y una consejería (Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Pública), y no tres como habían solicitado. Además, le negaban Agricultura, Medio Ambiente y Familias , donde su impronta ideológica entra en un severo conflicto con la moderada vía andaluza. En una comunidad de la complejidad de Andalucía no eran «las deseables» para poner en manos de este partido. Es donde menos peso van a tener en el Gobierno en comparación con las citadas administraciones.En la formación popular han agradecido a sus nuevos aliados su claridad y la predisposición a llegar a un acuerdo, aunque reconocen no estar contentos al no gobernar en solitario. Confían en una legislatura «estable y cordial» y desde Vox le aseguran lealtad y fiabilidad. La actual coyuntura ha reducido los márgenes de maniobra. La grave crisis institucional que atraviesa el país, con unas municipales y unas elecciones generales a la vuelta de la esquina, más el entendimiento en otras regiones con una clara extrapolación nacional, ha trazado en gran parte este sendero. A unos y a otros, aunque a unos más que a otros. La moderación quizás se pierda en ese camino ya construido en otros lares a cambio de mantener la estabilidad, la prioridad regional. «Es un acuerdo racional, sensato, en el que todos hemos hecho un esfuerzo». «Lío ha habido. Lo que pasa es que no lo habéis visto, pero lío ha habido». Juanma Moreno ha tenido que asumir algunos, muchos, de los postulados de Vox con los que no comulgaba. El ‘informe caritas’ reflejaba la incomodidad del presidente junto a su nuevo socio, Manuel Gavira, que desprendía satisfacción, alegría, aunque también muchos nervios ante tamaña responsabilidad.Moreno no ha querido facilitar esa fotografía a los medios hasta que no se rubricara el acuerdo, pese a las reuniones en el Parlamento y hasta su coincidencia en la Aldea del Rocío en Almonte, donde ni se saludaron para evitar esta imagen. « Somos diferentes, con sensibilidades diferentes y ángulos de visión distintas. Y eso nos lleva a ver de otra manera aspectos referentes a la Agenda 2030 o aspectos relacionados con la inmigración», apuntaba el presidente de Andalucía.Las negociaciones tardaron en arrancar . Doce días, ante la desesperación de Vox por la ausencia de noticias. El PP quiso jugar con los tiempos como demostración de que la victoria aplastante en las urnas (53 escaños por los 15 del socio) le otorgaba el control de la agenda. Pero al no fraguar esa mayoría ‘suficiente’ (qué poco gusta lo de absoluta), la última palabra, la decisiva, la tenía Santiago Abascal.Vox entra en el Gobierno andaluzAntes y durante las conversaciones, Moreno se planteó la repetición de elecciones, ya para el mes de octubre (el día 25). Pero al margen que aluda a la necesidad de estabilidad de esta tierra, la cual hubiera entrado en una parálisis peligrosa, una nueva convocatoria podría no aclarar nada e incluso empeorar el panorama y provocar mayor fragmentación. Era la última bala de una ruleta rusa.Tras esa llamada a final de mayo, comenzaron formalmente las conversaciones con una cita ‘secreta’ en el Parlamento andaluz el martes 9 de junio, a dos días de la configuración de la Mesa. Iba a ser la semana antes, pero el triste fallecimiento del consejero José Carlos Gómez Villamandos retrasó unos días el encuentro. El equipo negociador estuvo formado por los ‘Antonios’ Sanz y Repullo frente a Manuel Gavira y Montserrat Lluis, persona de confianza de Abascal y quien ha negociado también los pactos en las otras comunidades.No hubo tiempo (ni se pensó en ello) para cerrar el acuerdo antes de la configuración del Parlamento, si bien se ponía el contador en marcha de un diálogo que se ha prolongado unas tres semanas. Primero, lo más importante y donde se volcaron todos los esfuerzos para lograr esa alianza, fue ese pacto programático . Un escrito de 60 páginas y 150 medidas donde se observa la clara influencia de Vox en las nuevas políticas. No hay más que coger el discurso de investidura de Moreno para poder distinguir qué es ‘cosecha popular’ y en qué puntos han tenido que tragar saliva. «Nos hemos tenido que dejar muchos pelos en la gatera», reconoce el presidente, pues su perfil moderado sale desgastado por la inclusión de cuestiones que chocan con su carácter y una personalidad que «no va a cambiar con 56 años».La referencia de los otros pactosEsos documentos firmados en Extremadura, Castilla y León y Aragón han sido la base para el acuerdo en Andalucía . La coincidencia es mayúscula, en las formas y el fondo. No se ha quedado nada atrás y poco ha importado la diferencia en cuanto a representación parlamentaria con respecto a esas regiones. Se ha impuesto el carácter decisivo.La impronta de lo que denominan la ‘vía andaluza’ y que no aparece en los otros acuerdos es ese párrafo ‘clave’ para Moreno que aparece en la página 3: «La dignidad inherente a todo ser humano es un postulado irrenunciable y un compromiso ético absoluto y permanente para los firmantes de este acuerdo. En este sentido, la política social del Gobierno estará fundamentada en los principios de justicia, legalidad y humanidad, que son los que defiende la Constitución Española y el Estatuto de Autonomía para Andalucía». Todo ello frente a la prioridad nacional, las políticas antiinmigración, el rechazo a la Agenda 2030 y a la ley de memoria democrática, y a tantos embistes literarios de su socio .El Partido Popular fijaba dos líneas rojas . La primera era el compromiso de aprobar los presupuestos de toda la legislatura, los cuatro años de mandato, para mantener la estabilidad. Aceptada. La segunda que se forjara un gobierno monocolor, todo de azul. Franqueada. Al igual que en los demás territorios, la formación de Abascal reclamaba su entrada en el Ejecutivo como garantía de cumplimiento de las medidas, y así evitar lo sucedido hace dos años con la ruptura de todos los acuerdos.Petición de Agricultura, Medio Ambiente y FamiliasCon las urgencias del presupuesto de 2027, el PP aceptaba esta demanda, con ligeros recortes , Manuel Gavira ostentará una vicepresidencia y una consejería (Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Pública), y no tres como habían solicitado. Además, le negaban Agricultura, Medio Ambiente y Familias , donde su impronta ideológica entra en un severo conflicto con la moderada vía andaluza. En una comunidad de la complejidad de Andalucía no eran «las deseables» para poner en manos de este partido. Es donde menos peso van a tener en el Gobierno en comparación con las citadas administraciones.En la formación popular han agradecido a sus nuevos aliados su claridad y la predisposición a llegar a un acuerdo, aunque reconocen no estar contentos al no gobernar en solitario. Confían en una legislatura «estable y cordial» y desde Vox le aseguran lealtad y fiabilidad. La actual coyuntura ha reducido los márgenes de maniobra. La grave crisis institucional que atraviesa el país, con unas municipales y unas elecciones generales a la vuelta de la esquina, más el entendimiento en otras regiones con una clara extrapolación nacional, ha trazado en gran parte este sendero. A unos y a otros, aunque a unos más que a otros. La moderación quizás se pierda en ese camino ya construido en otros lares a cambio de mantener la estabilidad, la prioridad regional. «Es un acuerdo racional, sensato, en el que todos hemos hecho un esfuerzo». RSS de noticias de espana/andalucia
Noticias Similares
