Algunas de las acepciones que contramos cuando buscamos en la RAE la palabra ‘ problema ‘ son las siguientes: «Cuestión que se trata de aclarar. Proposición o dificultad de solución dudosa. Conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin». Teniendo en cuenta estos significados, cada persona encuentra problemas en diferentes situaciones o sucesos que pueden darse en el día a día y en la vida de cualquiera. Según el contexto o la situación de cada uno, un problema puede ser pequeño, pero también grave, ya que, por ejemplo, no es lo mismo que se nos manche la ropa desayunando que tener un accidente de tráfico.Así, la personalidad de cada uno también marca cómo identificar esos problemas y preocupaciones y, dependiendo de cómo pensemos y cómo nos encontremos , sabremos afrontar esas cuestiones de mejor o menor modo desde el punto de vista mental y emocional. Esto quiere decir que una persona que tiene trabajo, casa y una situación personal estable no enfrentará los problemas de la vida igual que alguien que no tenga una situacion económica favorable y cuente con situaciones familiares complicadas, por poner algunos ejemplos. Teniendo esto en cuenta, sabemos que uno de los modos en los que transmitimos que lgo nos preocupa o nos molesta es quejarnos . Este comportaiento puede ayudar a que los demás nos entienda y a que nos desahoguemos, sin embargo, quejarnos en exceso puede estar haciendonos más mal que bien a nivel psicológico. Quejarnos mucho nos hace adictos a la quejaEsto es lo que expone Begoña del Campo, neuropsicóloga , en una entrevista para el podcast ‘Lo que no se ve’. En una de sus intrervenciones, hablan de emociones y sensaciones que pueden resultar negativas, como la ira ol a queja, y que estas, a su vez, pueden crear adicción: «Te engancha» , expone la profesional. Para indicar por qué la queja puede ser ejemplo de ello, exponía lo siguient: «Eso es muy curioso porque imagínate, y ahora te voy a poner un ejemplo que es fácil entenderlo, es muy ilustrativo. Tú te levantas por la mañana y empiezas a quejarte. Normalmente fíjate que las personas cuanto más mayores, más cascarrabias muchas veces, ¿no? Pero es porque están más adictos, llevan más décadas de adicción a esa química de la queja . Entonces abres los ojos por la mañana y empiezas a analizar el mundo. Y oyes un ruido y dices: ‘psh, ya está el vecino, es que…’. Y tu atención se va a ese ruido», comienza. Del campo explica que nuestras células, en ese contexto « están pidiendo la química de la queja , están adictas, y buscarás alrededor de ti cualquier estímulo que sirva para darle a tus células esa química de la queja». Para entrar más en detalle, la profesional insiste en que cuando se refiere a las células lo dice de maner literal: «Es decir, la célula en la membrana tiene unos receptores para los químicos que segrega el cerebro. Entonces, si tú estás adicto a los químicos de la ira, tus células por la mañana se despiertan y dicen: ‘oye, dame de lo mío’ . Entonces tu cerebro buscará inputs alrededor para poder enfadarse y darle esa química a las células». La solución a ser adictos a la quejaAnte el hecho de que cuanto más nos quejamos más lo seguiremos haciendo y peor nos podremos sentir, Del Campo afirma que hay solución a esa especie de pescadilla que se muerde la cola: « Abre los ojos y agradece , porque la ruta neuronal de la queja y del agradecimiento es la misma. O sea, tú no puedes quejarte y agradecer a la vez» y volvía a poner un ejemplo: «Si tú te levantas y dices: ‘qué suerte tengo, estoy viva otro día más y lo voy a gozar’, y empiezas ahí a buscar lo bueno , que siempre hay, entonces ahí noqueas. Pero como sigas sin ser consciente de que eres adicto a la queja y sin poner medidas o tomar medidas para noquear a la queja, cada vez serás más quejica. Es decir, tu organismo será más adicto a la química de la queja» reiteraba la experta.Según su explicación, «primero va el cuerpo, luego va el cerebro, que esto es muy bonito también, es muy potente, esto se ha visto ya en estudios. Es decir, primero son las células las que están ahí pidiendo la química y luego el cerebro genera los pensamientos que produzcan esa química y alimente esa adicción de las células». Algunas de las acepciones que contramos cuando buscamos en la RAE la palabra ‘ problema ‘ son las siguientes: «Cuestión que se trata de aclarar. Proposición o dificultad de solución dudosa. Conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin». Teniendo en cuenta estos significados, cada persona encuentra problemas en diferentes situaciones o sucesos que pueden darse en el día a día y en la vida de cualquiera. Según el contexto o la situación de cada uno, un problema puede ser pequeño, pero también grave, ya que, por ejemplo, no es lo mismo que se nos manche la ropa desayunando que tener un accidente de tráfico.Así, la personalidad de cada uno también marca cómo identificar esos problemas y preocupaciones y, dependiendo de cómo pensemos y cómo nos encontremos , sabremos afrontar esas cuestiones de mejor o menor modo desde el punto de vista mental y emocional. Esto quiere decir que una persona que tiene trabajo, casa y una situación personal estable no enfrentará los problemas de la vida igual que alguien que no tenga una situacion económica favorable y cuente con situaciones familiares complicadas, por poner algunos ejemplos. Teniendo esto en cuenta, sabemos que uno de los modos en los que transmitimos que lgo nos preocupa o nos molesta es quejarnos . Este comportaiento puede ayudar a que los demás nos entienda y a que nos desahoguemos, sin embargo, quejarnos en exceso puede estar haciendonos más mal que bien a nivel psicológico. Quejarnos mucho nos hace adictos a la quejaEsto es lo que expone Begoña del Campo, neuropsicóloga , en una entrevista para el podcast ‘Lo que no se ve’. En una de sus intrervenciones, hablan de emociones y sensaciones que pueden resultar negativas, como la ira ol a queja, y que estas, a su vez, pueden crear adicción: «Te engancha» , expone la profesional. Para indicar por qué la queja puede ser ejemplo de ello, exponía lo siguient: «Eso es muy curioso porque imagínate, y ahora te voy a poner un ejemplo que es fácil entenderlo, es muy ilustrativo. Tú te levantas por la mañana y empiezas a quejarte. Normalmente fíjate que las personas cuanto más mayores, más cascarrabias muchas veces, ¿no? Pero es porque están más adictos, llevan más décadas de adicción a esa química de la queja . Entonces abres los ojos por la mañana y empiezas a analizar el mundo. Y oyes un ruido y dices: ‘psh, ya está el vecino, es que…’. Y tu atención se va a ese ruido», comienza. Del campo explica que nuestras células, en ese contexto « están pidiendo la química de la queja , están adictas, y buscarás alrededor de ti cualquier estímulo que sirva para darle a tus células esa química de la queja». Para entrar más en detalle, la profesional insiste en que cuando se refiere a las células lo dice de maner literal: «Es decir, la célula en la membrana tiene unos receptores para los químicos que segrega el cerebro. Entonces, si tú estás adicto a los químicos de la ira, tus células por la mañana se despiertan y dicen: ‘oye, dame de lo mío’ . Entonces tu cerebro buscará inputs alrededor para poder enfadarse y darle esa química a las células». La solución a ser adictos a la quejaAnte el hecho de que cuanto más nos quejamos más lo seguiremos haciendo y peor nos podremos sentir, Del Campo afirma que hay solución a esa especie de pescadilla que se muerde la cola: « Abre los ojos y agradece , porque la ruta neuronal de la queja y del agradecimiento es la misma. O sea, tú no puedes quejarte y agradecer a la vez» y volvía a poner un ejemplo: «Si tú te levantas y dices: ‘qué suerte tengo, estoy viva otro día más y lo voy a gozar’, y empiezas ahí a buscar lo bueno , que siempre hay, entonces ahí noqueas. Pero como sigas sin ser consciente de que eres adicto a la queja y sin poner medidas o tomar medidas para noquear a la queja, cada vez serás más quejica. Es decir, tu organismo será más adicto a la química de la queja» reiteraba la experta.Según su explicación, «primero va el cuerpo, luego va el cerebro, que esto es muy bonito también, es muy potente, esto se ha visto ya en estudios. Es decir, primero son las células las que están ahí pidiendo la química y luego el cerebro genera los pensamientos que produzcan esa química y alimente esa adicción de las células». Algunas de las acepciones que contramos cuando buscamos en la RAE la palabra ‘ problema ‘ son las siguientes: «Cuestión que se trata de aclarar. Proposición o dificultad de solución dudosa. Conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin». Teniendo en cuenta estos significados, cada persona encuentra problemas en diferentes situaciones o sucesos que pueden darse en el día a día y en la vida de cualquiera. Según el contexto o la situación de cada uno, un problema puede ser pequeño, pero también grave, ya que, por ejemplo, no es lo mismo que se nos manche la ropa desayunando que tener un accidente de tráfico.Así, la personalidad de cada uno también marca cómo identificar esos problemas y preocupaciones y, dependiendo de cómo pensemos y cómo nos encontremos , sabremos afrontar esas cuestiones de mejor o menor modo desde el punto de vista mental y emocional. Esto quiere decir que una persona que tiene trabajo, casa y una situación personal estable no enfrentará los problemas de la vida igual que alguien que no tenga una situacion económica favorable y cuente con situaciones familiares complicadas, por poner algunos ejemplos. Teniendo esto en cuenta, sabemos que uno de los modos en los que transmitimos que lgo nos preocupa o nos molesta es quejarnos . Este comportaiento puede ayudar a que los demás nos entienda y a que nos desahoguemos, sin embargo, quejarnos en exceso puede estar haciendonos más mal que bien a nivel psicológico. Quejarnos mucho nos hace adictos a la quejaEsto es lo que expone Begoña del Campo, neuropsicóloga , en una entrevista para el podcast ‘Lo que no se ve’. En una de sus intrervenciones, hablan de emociones y sensaciones que pueden resultar negativas, como la ira ol a queja, y que estas, a su vez, pueden crear adicción: «Te engancha» , expone la profesional. Para indicar por qué la queja puede ser ejemplo de ello, exponía lo siguient: «Eso es muy curioso porque imagínate, y ahora te voy a poner un ejemplo que es fácil entenderlo, es muy ilustrativo. Tú te levantas por la mañana y empiezas a quejarte. Normalmente fíjate que las personas cuanto más mayores, más cascarrabias muchas veces, ¿no? Pero es porque están más adictos, llevan más décadas de adicción a esa química de la queja . Entonces abres los ojos por la mañana y empiezas a analizar el mundo. Y oyes un ruido y dices: ‘psh, ya está el vecino, es que…’. Y tu atención se va a ese ruido», comienza. Del campo explica que nuestras células, en ese contexto « están pidiendo la química de la queja , están adictas, y buscarás alrededor de ti cualquier estímulo que sirva para darle a tus células esa química de la queja». Para entrar más en detalle, la profesional insiste en que cuando se refiere a las células lo dice de maner literal: «Es decir, la célula en la membrana tiene unos receptores para los químicos que segrega el cerebro. Entonces, si tú estás adicto a los químicos de la ira, tus células por la mañana se despiertan y dicen: ‘oye, dame de lo mío’ . Entonces tu cerebro buscará inputs alrededor para poder enfadarse y darle esa química a las células». La solución a ser adictos a la quejaAnte el hecho de que cuanto más nos quejamos más lo seguiremos haciendo y peor nos podremos sentir, Del Campo afirma que hay solución a esa especie de pescadilla que se muerde la cola: « Abre los ojos y agradece , porque la ruta neuronal de la queja y del agradecimiento es la misma. O sea, tú no puedes quejarte y agradecer a la vez» y volvía a poner un ejemplo: «Si tú te levantas y dices: ‘qué suerte tengo, estoy viva otro día más y lo voy a gozar’, y empiezas ahí a buscar lo bueno , que siempre hay, entonces ahí noqueas. Pero como sigas sin ser consciente de que eres adicto a la queja y sin poner medidas o tomar medidas para noquear a la queja, cada vez serás más quejica. Es decir, tu organismo será más adicto a la química de la queja» reiteraba la experta.Según su explicación, «primero va el cuerpo, luego va el cerebro, que esto es muy bonito también, es muy potente, esto se ha visto ya en estudios. Es decir, primero son las células las que están ahí pidiendo la química y luego el cerebro genera los pensamientos que produzcan esa química y alimente esa adicción de las células». RSS de noticias de bienestar
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