Belén Colomina, autora de ‘Tu mente, tu refugio’, llega ajustada a su cita en ABC porque su última reunión se alargó más de la cuenta. Sin embargo, y a pesar de haberse levantado a las cinco de la mañana para coger el tren que la trasladó a Madrid desde Valencia, su semblante parece tranquilo y no da muestras de cansancio. Todo lo contrario; se muestra feliz y sosegada para empezar la entrevista. Y es que nadie como ella, psicóloga clínica con más de veinte años de experiencia, sabe encontrar la calma que necesita en cada momento. La primera pregunta está clara. -Vivimos en un mundo de prisas, de agobios y de miles de pensamientos constantes en la cabeza. En su libro propone refugiarnos en un lugar que todos tenemos: nuestra mente. ¿Qué implica exactamente refugiarse en la mente?Implica y simboliza crear un lugar seguro en nuestro interior. Generalmente vivimos en la sociedad del ruido exterior, pero también del ruido interior. Nuestra mente está llena de exigencias, críticas, pensamientos negativos, fantasías catastróficas, patrones aprendidos e historias que nos contamos, muchas veces cargadas de heridas no sanadas.Noticia relacionada No No Daniel Lumera, biólogo: «Nuestra mente maneja 79 gigas diarios: meditar nos ayudaría a vivir más» Laura PeraitaNecesitamos aprender a conocer nuestra mente, a entrar dentro de ella, aliviarnos y transformarla en un espacio seguro. Un lugar al que poder regresar cuando algo ocurre afuera, para relajarnos, regularnos y hablarnos bien, y no añadir más sufrimiento con reproches o castigos, sino acompañarnos y seguir caminando hacia una vida plena. La plenitud solo la conseguimos en un estado de regulación, serenidad y bondad con uno mismo. Convertir la mente en un lugar seguro implica sentirnos lo suficientemente valiosos como para querernos y abrazarnos como lo haríamos con un buen amigo.-Comenta que es necesario encontrar en nuestro interior equilibrio y paz. Pero muchas veces nos criticamos y nos hablamos mal. Quizá incluso tenemos miedo a ‘abrir esa puerta’ que nos guía hacia nosotros mismos por temor a encontrarnos de frente con esos mensajes negativos que nos lanzamos. ¿Cómo podemos revertir esta situación para que la mente sea realmente un refugio?Este libro es un entrenamiento y una invitación al autoconocimiento. Propone entender los movimientos de la mente y ofrece herramientas de meditación para cultivarla en estados más virtuosos y transformar lo negativo en positivo. Todo esto requiere tiempo dedicado a escucharnos, comprendernos y entrenarnos.Nuestra mente tiene habitaciones oscuras y pasadizos tenebrosos, pero se nos olvida que también contamos con pasadizos seguros y voces guías y sanas que nos ayudan a construir historias más resilientes. Podemos ser nuestro peor enemigo, pero también nuestro mejor aliado, pero lo olvidamos. El problema es que solemos entrenar más los estados aflictivos: la crítica, la rumiación, las fantasías catastróficas… Nos hablamos mal y nos castigamos cuando algo no sale bien. Lo que hace falta en estos casos es tener perspectiva y decirnos «eso no es mi vida ni soy yo, son eventos mentales que estoy creando en este momento». El entrenamiento consiste en observar, respirar y tomar distancia. Desde ahí podemos construir una voz interna más sana, alineada con nuestros valores y nuestra salud. Y, para lograrlo, necesitamos armonizar mente, cuerpo, conocimientos, conducta, contexto y relaciones.«Con seis u ocho semanas de entrenamiento mental se perciben sus efectos beneficiosos»-Menciona que hace falta un entrenamiento. ¿En qué consiste exactamente y cuánto tiempo necesitamos para ver resultados?La ciencia ha demostrado que con seis u ocho semanas de práctica diaria ya se perciben efectos. Pero, como en el gimnasio, si lo abandonas no se sostiene. Hay que cultivarlo día a día. El entrenamiento consiste en cultivar la mente en estados virtuosos. Si no entrenas la atención de manera consciente, entrenas automáticamente la rumiación y el pensamiento negativo. Necesitamos recolectar nuestra atención una y otra vez, y llevarla al presente, al estado que deseamos.Ser consciente implica decidir responsablemente cómo afrontamos cada momento. No es sólo que la vida nos suceda, sino que adoptemos una posición responsable ante ella. Sin entrenamiento, la mente tiende al automático del sufrimiento o al sesgo negativo. Hay que destacar la importancia de los pensamiento y de las palabras como medicina: saber hablarnos bien, tratarnos bien, acompañarnos, igual que haríamos ante una enfermedad física.¿Por qué nos cuesta tanto hacerlo si, en teoría, nadie debería querernos más que nosotros mismos?Hay varios factores. Uno es el sesgo negativo del cerebro. Por supervivencia, cuando se siente amenazado o estresado, tiende a centrarse en lo negativo para protegernos. Si vivimos en constante estrés, nuestro cerebro se enfoca en el peligro. Por eso, debemos entrenar una mirada positiva, constructiva y resiliente. Además de momentos malos, hay momentos buenos en los que debemos fijarnos en los estímulos físicos, como cuando estamos sentados al sol y notamos su calor en nuestra piel; es decir, retornar a nuestros sentidos físicos y no estar sólo centrados en nuestra mente que nos bloquea en cacofonías que van incrementándose. También influye nuestra historia personal. Si crecimos escuchando mensajes descalificadores, es probable que los repitamos en la adultez. Ser conscientes de esos patrones nos permite desmontar creencias limitantes y construir otras nuevas. No somos esas creencias, podemos aprender a hablarnos bien.El estrés, la ansiedad y el miedo son grandes enemigos. El miedo, cuando lo dejamos crecer, es el mayor propulsor de fantasías catastróficas. Volver al presente nos da poder para atravesarlo con ecuanimidad y amabilidad, eligiendo nuestras respuestas de forma responsable.«Las redes sociales entrenan nuestra mente en la dispersión, por lo que después nos cuesta sostener el vacío, el aburrimiento o el sufrimiento»-Vivimos en una sociedad acelerada, llena de estímulos y tecnología. ¿Qué debería cambiar para que haya una verdadera transformación social en nuestra salud mental?Necesitamos reducir la velocidad y los estímulos constantes. La vida digital va a cámara rápida y estamos perdiendo algo muy valioso: el contacto real con nuestro entorno y con los demás. Sustituimos ese vínculo por relaciones virtuales rápidas, estimulantes y muchas veces egocéntricas. Es peligroso porque lo que necesitamos es pasar de la sociedad del ruido a una más presente y conectada. No se trata de hacer más o tener más, sino de ser, sentirnos y vivir plenamente. Sin embargo, solemos elegir la productividad y la rapidez. Las redes sociales entrenan nuestra mente en la dispersión, por lo que después nos cuesta sostener el vacío, el aburrimiento o el sufrimiento.No necesitamos entretenernos fuera de nuestra vida, sino abrazarla y atravesarla en todas sus dimensiones, tanto en los momentos difíciles como en los alegres. Es muy positivo una conversación con una amiga, una sonrisa amable de alguien en el supermercado, un paseo en la naturaleza…, pero la mayoría de las veces no elegimos eso; optamos por seguir viviendo en el estrés, por ser más productivos. -Con este escenario, ¿es optimista respecto al futuro?Soy optimista respecto al trabajo interior de cada persona. El inicio del cambio está en cada uno de nosotros, no tenemos que pensar en una dimensión global. Depende de nosotros. Somos quienes decidimos cómo nos relacionamos con la tecnología, con el estrés y con nuestra vida. Empezar el camino hacia dentro es la mejor forma de generar un cambio externo. Si esperamos a que todo cambie fuera, pueden pasar los años mientras seguimos viviendo mal. Es mejor cultivar dentro lo que deseamos encontrar.-En el libro incluye afirmaciones, ejercicios prácticos y mandalas. ¿Qué función cumplen estas prácticas creativas?Cumplen la función de contemplar, reflexionar e integrar. No basta con comprender de manera intelectual; necesitamos parar, aterrizar e integrar lo que entrenamos. Saberlo, sentirlo y llevarlo al cuerpo. Contemplar un mandala, escribir en un diario o repetir afirmaciones nos ayuda a aterrizar lo aprendido y hacerlo propio. Son prácticas holísticas que permiten masticar la información, integrarla y adaptarla a nuestra propia historia de manera positiva. En la intimidad de tu ser sabes lo que necesitas, lo que hace falta es parar y escucharse.-¿Qué mensaje le gustaría que se quedara en el lector al cerrar su libro?Me encantaría que el lector hubiera llegado a su lugar seguro y sintiera la grandeza de regresar a un espacio que siempre estuvo en su interior: amable, compasivo y bondadoso. Que sintiera que su vida es plena y tiene un sentido profundo y que en su caminar pueda ser feliz.MÁS INFORMACIÓN noticia No El bienestar laboral ya es clave para mejorar la productividad noticia No «El profesional sanitario no puede olvidar nunca que atiende a una persona vulnerable» noticia Si «Buscamos la aprobación externa y somos maestros en esconder cómo somos»Y, por supuesto, recordar que hay que entrenar. No desde la exigencia, sino desde la constancia amable. No hace falta una meditación larga; si hoy solo puedes dedicar cuatro minutos, abraza esos cuatro minutos. Mañana serán siete y, después, veinte. Lo importante es seguir caminando con compromiso, constancia y suavidad hacia uno mismo. Belén Colomina, autora de ‘Tu mente, tu refugio’, llega ajustada a su cita en ABC porque su última reunión se alargó más de la cuenta. Sin embargo, y a pesar de haberse levantado a las cinco de la mañana para coger el tren que la trasladó a Madrid desde Valencia, su semblante parece tranquilo y no da muestras de cansancio. Todo lo contrario; se muestra feliz y sosegada para empezar la entrevista. Y es que nadie como ella, psicóloga clínica con más de veinte años de experiencia, sabe encontrar la calma que necesita en cada momento. La primera pregunta está clara. -Vivimos en un mundo de prisas, de agobios y de miles de pensamientos constantes en la cabeza. En su libro propone refugiarnos en un lugar que todos tenemos: nuestra mente. ¿Qué implica exactamente refugiarse en la mente?Implica y simboliza crear un lugar seguro en nuestro interior. Generalmente vivimos en la sociedad del ruido exterior, pero también del ruido interior. Nuestra mente está llena de exigencias, críticas, pensamientos negativos, fantasías catastróficas, patrones aprendidos e historias que nos contamos, muchas veces cargadas de heridas no sanadas.Noticia relacionada No No Daniel Lumera, biólogo: «Nuestra mente maneja 79 gigas diarios: meditar nos ayudaría a vivir más» Laura PeraitaNecesitamos aprender a conocer nuestra mente, a entrar dentro de ella, aliviarnos y transformarla en un espacio seguro. Un lugar al que poder regresar cuando algo ocurre afuera, para relajarnos, regularnos y hablarnos bien, y no añadir más sufrimiento con reproches o castigos, sino acompañarnos y seguir caminando hacia una vida plena. La plenitud solo la conseguimos en un estado de regulación, serenidad y bondad con uno mismo. Convertir la mente en un lugar seguro implica sentirnos lo suficientemente valiosos como para querernos y abrazarnos como lo haríamos con un buen amigo.-Comenta que es necesario encontrar en nuestro interior equilibrio y paz. Pero muchas veces nos criticamos y nos hablamos mal. Quizá incluso tenemos miedo a ‘abrir esa puerta’ que nos guía hacia nosotros mismos por temor a encontrarnos de frente con esos mensajes negativos que nos lanzamos. ¿Cómo podemos revertir esta situación para que la mente sea realmente un refugio?Este libro es un entrenamiento y una invitación al autoconocimiento. Propone entender los movimientos de la mente y ofrece herramientas de meditación para cultivarla en estados más virtuosos y transformar lo negativo en positivo. Todo esto requiere tiempo dedicado a escucharnos, comprendernos y entrenarnos.Nuestra mente tiene habitaciones oscuras y pasadizos tenebrosos, pero se nos olvida que también contamos con pasadizos seguros y voces guías y sanas que nos ayudan a construir historias más resilientes. Podemos ser nuestro peor enemigo, pero también nuestro mejor aliado, pero lo olvidamos. El problema es que solemos entrenar más los estados aflictivos: la crítica, la rumiación, las fantasías catastróficas… Nos hablamos mal y nos castigamos cuando algo no sale bien. Lo que hace falta en estos casos es tener perspectiva y decirnos «eso no es mi vida ni soy yo, son eventos mentales que estoy creando en este momento». El entrenamiento consiste en observar, respirar y tomar distancia. Desde ahí podemos construir una voz interna más sana, alineada con nuestros valores y nuestra salud. Y, para lograrlo, necesitamos armonizar mente, cuerpo, conocimientos, conducta, contexto y relaciones.«Con seis u ocho semanas de entrenamiento mental se perciben sus efectos beneficiosos»-Menciona que hace falta un entrenamiento. ¿En qué consiste exactamente y cuánto tiempo necesitamos para ver resultados?La ciencia ha demostrado que con seis u ocho semanas de práctica diaria ya se perciben efectos. Pero, como en el gimnasio, si lo abandonas no se sostiene. Hay que cultivarlo día a día. El entrenamiento consiste en cultivar la mente en estados virtuosos. Si no entrenas la atención de manera consciente, entrenas automáticamente la rumiación y el pensamiento negativo. Necesitamos recolectar nuestra atención una y otra vez, y llevarla al presente, al estado que deseamos.Ser consciente implica decidir responsablemente cómo afrontamos cada momento. No es sólo que la vida nos suceda, sino que adoptemos una posición responsable ante ella. Sin entrenamiento, la mente tiende al automático del sufrimiento o al sesgo negativo. Hay que destacar la importancia de los pensamiento y de las palabras como medicina: saber hablarnos bien, tratarnos bien, acompañarnos, igual que haríamos ante una enfermedad física.¿Por qué nos cuesta tanto hacerlo si, en teoría, nadie debería querernos más que nosotros mismos?Hay varios factores. Uno es el sesgo negativo del cerebro. Por supervivencia, cuando se siente amenazado o estresado, tiende a centrarse en lo negativo para protegernos. Si vivimos en constante estrés, nuestro cerebro se enfoca en el peligro. Por eso, debemos entrenar una mirada positiva, constructiva y resiliente. Además de momentos malos, hay momentos buenos en los que debemos fijarnos en los estímulos físicos, como cuando estamos sentados al sol y notamos su calor en nuestra piel; es decir, retornar a nuestros sentidos físicos y no estar sólo centrados en nuestra mente que nos bloquea en cacofonías que van incrementándose. También influye nuestra historia personal. Si crecimos escuchando mensajes descalificadores, es probable que los repitamos en la adultez. Ser conscientes de esos patrones nos permite desmontar creencias limitantes y construir otras nuevas. No somos esas creencias, podemos aprender a hablarnos bien.El estrés, la ansiedad y el miedo son grandes enemigos. El miedo, cuando lo dejamos crecer, es el mayor propulsor de fantasías catastróficas. Volver al presente nos da poder para atravesarlo con ecuanimidad y amabilidad, eligiendo nuestras respuestas de forma responsable.«Las redes sociales entrenan nuestra mente en la dispersión, por lo que después nos cuesta sostener el vacío, el aburrimiento o el sufrimiento»-Vivimos en una sociedad acelerada, llena de estímulos y tecnología. ¿Qué debería cambiar para que haya una verdadera transformación social en nuestra salud mental?Necesitamos reducir la velocidad y los estímulos constantes. La vida digital va a cámara rápida y estamos perdiendo algo muy valioso: el contacto real con nuestro entorno y con los demás. Sustituimos ese vínculo por relaciones virtuales rápidas, estimulantes y muchas veces egocéntricas. Es peligroso porque lo que necesitamos es pasar de la sociedad del ruido a una más presente y conectada. No se trata de hacer más o tener más, sino de ser, sentirnos y vivir plenamente. Sin embargo, solemos elegir la productividad y la rapidez. Las redes sociales entrenan nuestra mente en la dispersión, por lo que después nos cuesta sostener el vacío, el aburrimiento o el sufrimiento.No necesitamos entretenernos fuera de nuestra vida, sino abrazarla y atravesarla en todas sus dimensiones, tanto en los momentos difíciles como en los alegres. Es muy positivo una conversación con una amiga, una sonrisa amable de alguien en el supermercado, un paseo en la naturaleza…, pero la mayoría de las veces no elegimos eso; optamos por seguir viviendo en el estrés, por ser más productivos. -Con este escenario, ¿es optimista respecto al futuro?Soy optimista respecto al trabajo interior de cada persona. El inicio del cambio está en cada uno de nosotros, no tenemos que pensar en una dimensión global. Depende de nosotros. Somos quienes decidimos cómo nos relacionamos con la tecnología, con el estrés y con nuestra vida. Empezar el camino hacia dentro es la mejor forma de generar un cambio externo. Si esperamos a que todo cambie fuera, pueden pasar los años mientras seguimos viviendo mal. Es mejor cultivar dentro lo que deseamos encontrar.-En el libro incluye afirmaciones, ejercicios prácticos y mandalas. ¿Qué función cumplen estas prácticas creativas?Cumplen la función de contemplar, reflexionar e integrar. No basta con comprender de manera intelectual; necesitamos parar, aterrizar e integrar lo que entrenamos. Saberlo, sentirlo y llevarlo al cuerpo. Contemplar un mandala, escribir en un diario o repetir afirmaciones nos ayuda a aterrizar lo aprendido y hacerlo propio. Son prácticas holísticas que permiten masticar la información, integrarla y adaptarla a nuestra propia historia de manera positiva. En la intimidad de tu ser sabes lo que necesitas, lo que hace falta es parar y escucharse.-¿Qué mensaje le gustaría que se quedara en el lector al cerrar su libro?Me encantaría que el lector hubiera llegado a su lugar seguro y sintiera la grandeza de regresar a un espacio que siempre estuvo en su interior: amable, compasivo y bondadoso. Que sintiera que su vida es plena y tiene un sentido profundo y que en su caminar pueda ser feliz.MÁS INFORMACIÓN noticia No El bienestar laboral ya es clave para mejorar la productividad noticia No «El profesional sanitario no puede olvidar nunca que atiende a una persona vulnerable» noticia Si «Buscamos la aprobación externa y somos maestros en esconder cómo somos»Y, por supuesto, recordar que hay que entrenar. No desde la exigencia, sino desde la constancia amable. No hace falta una meditación larga; si hoy solo puedes dedicar cuatro minutos, abraza esos cuatro minutos. Mañana serán siete y, después, veinte. Lo importante es seguir caminando con compromiso, constancia y suavidad hacia uno mismo. Belén Colomina, autora de ‘Tu mente, tu refugio’, llega ajustada a su cita en ABC porque su última reunión se alargó más de la cuenta. Sin embargo, y a pesar de haberse levantado a las cinco de la mañana para coger el tren que la trasladó a Madrid desde Valencia, su semblante parece tranquilo y no da muestras de cansancio. Todo lo contrario; se muestra feliz y sosegada para empezar la entrevista. Y es que nadie como ella, psicóloga clínica con más de veinte años de experiencia, sabe encontrar la calma que necesita en cada momento. La primera pregunta está clara. -Vivimos en un mundo de prisas, de agobios y de miles de pensamientos constantes en la cabeza. En su libro propone refugiarnos en un lugar que todos tenemos: nuestra mente. ¿Qué implica exactamente refugiarse en la mente?Implica y simboliza crear un lugar seguro en nuestro interior. Generalmente vivimos en la sociedad del ruido exterior, pero también del ruido interior. Nuestra mente está llena de exigencias, críticas, pensamientos negativos, fantasías catastróficas, patrones aprendidos e historias que nos contamos, muchas veces cargadas de heridas no sanadas.Noticia relacionada No No Daniel Lumera, biólogo: «Nuestra mente maneja 79 gigas diarios: meditar nos ayudaría a vivir más» Laura PeraitaNecesitamos aprender a conocer nuestra mente, a entrar dentro de ella, aliviarnos y transformarla en un espacio seguro. Un lugar al que poder regresar cuando algo ocurre afuera, para relajarnos, regularnos y hablarnos bien, y no añadir más sufrimiento con reproches o castigos, sino acompañarnos y seguir caminando hacia una vida plena. La plenitud solo la conseguimos en un estado de regulación, serenidad y bondad con uno mismo. Convertir la mente en un lugar seguro implica sentirnos lo suficientemente valiosos como para querernos y abrazarnos como lo haríamos con un buen amigo.-Comenta que es necesario encontrar en nuestro interior equilibrio y paz. Pero muchas veces nos criticamos y nos hablamos mal. Quizá incluso tenemos miedo a ‘abrir esa puerta’ que nos guía hacia nosotros mismos por temor a encontrarnos de frente con esos mensajes negativos que nos lanzamos. ¿Cómo podemos revertir esta situación para que la mente sea realmente un refugio?Este libro es un entrenamiento y una invitación al autoconocimiento. Propone entender los movimientos de la mente y ofrece herramientas de meditación para cultivarla en estados más virtuosos y transformar lo negativo en positivo. Todo esto requiere tiempo dedicado a escucharnos, comprendernos y entrenarnos.Nuestra mente tiene habitaciones oscuras y pasadizos tenebrosos, pero se nos olvida que también contamos con pasadizos seguros y voces guías y sanas que nos ayudan a construir historias más resilientes. Podemos ser nuestro peor enemigo, pero también nuestro mejor aliado, pero lo olvidamos. El problema es que solemos entrenar más los estados aflictivos: la crítica, la rumiación, las fantasías catastróficas… Nos hablamos mal y nos castigamos cuando algo no sale bien. Lo que hace falta en estos casos es tener perspectiva y decirnos «eso no es mi vida ni soy yo, son eventos mentales que estoy creando en este momento». El entrenamiento consiste en observar, respirar y tomar distancia. Desde ahí podemos construir una voz interna más sana, alineada con nuestros valores y nuestra salud. Y, para lograrlo, necesitamos armonizar mente, cuerpo, conocimientos, conducta, contexto y relaciones.«Con seis u ocho semanas de entrenamiento mental se perciben sus efectos beneficiosos»-Menciona que hace falta un entrenamiento. ¿En qué consiste exactamente y cuánto tiempo necesitamos para ver resultados?La ciencia ha demostrado que con seis u ocho semanas de práctica diaria ya se perciben efectos. Pero, como en el gimnasio, si lo abandonas no se sostiene. Hay que cultivarlo día a día. El entrenamiento consiste en cultivar la mente en estados virtuosos. Si no entrenas la atención de manera consciente, entrenas automáticamente la rumiación y el pensamiento negativo. Necesitamos recolectar nuestra atención una y otra vez, y llevarla al presente, al estado que deseamos.Ser consciente implica decidir responsablemente cómo afrontamos cada momento. No es sólo que la vida nos suceda, sino que adoptemos una posición responsable ante ella. Sin entrenamiento, la mente tiende al automático del sufrimiento o al sesgo negativo. Hay que destacar la importancia de los pensamiento y de las palabras como medicina: saber hablarnos bien, tratarnos bien, acompañarnos, igual que haríamos ante una enfermedad física.¿Por qué nos cuesta tanto hacerlo si, en teoría, nadie debería querernos más que nosotros mismos?Hay varios factores. Uno es el sesgo negativo del cerebro. Por supervivencia, cuando se siente amenazado o estresado, tiende a centrarse en lo negativo para protegernos. Si vivimos en constante estrés, nuestro cerebro se enfoca en el peligro. Por eso, debemos entrenar una mirada positiva, constructiva y resiliente. Además de momentos malos, hay momentos buenos en los que debemos fijarnos en los estímulos físicos, como cuando estamos sentados al sol y notamos su calor en nuestra piel; es decir, retornar a nuestros sentidos físicos y no estar sólo centrados en nuestra mente que nos bloquea en cacofonías que van incrementándose. También influye nuestra historia personal. Si crecimos escuchando mensajes descalificadores, es probable que los repitamos en la adultez. Ser conscientes de esos patrones nos permite desmontar creencias limitantes y construir otras nuevas. No somos esas creencias, podemos aprender a hablarnos bien.El estrés, la ansiedad y el miedo son grandes enemigos. El miedo, cuando lo dejamos crecer, es el mayor propulsor de fantasías catastróficas. Volver al presente nos da poder para atravesarlo con ecuanimidad y amabilidad, eligiendo nuestras respuestas de forma responsable.«Las redes sociales entrenan nuestra mente en la dispersión, por lo que después nos cuesta sostener el vacío, el aburrimiento o el sufrimiento»-Vivimos en una sociedad acelerada, llena de estímulos y tecnología. ¿Qué debería cambiar para que haya una verdadera transformación social en nuestra salud mental?Necesitamos reducir la velocidad y los estímulos constantes. La vida digital va a cámara rápida y estamos perdiendo algo muy valioso: el contacto real con nuestro entorno y con los demás. Sustituimos ese vínculo por relaciones virtuales rápidas, estimulantes y muchas veces egocéntricas. Es peligroso porque lo que necesitamos es pasar de la sociedad del ruido a una más presente y conectada. No se trata de hacer más o tener más, sino de ser, sentirnos y vivir plenamente. Sin embargo, solemos elegir la productividad y la rapidez. Las redes sociales entrenan nuestra mente en la dispersión, por lo que después nos cuesta sostener el vacío, el aburrimiento o el sufrimiento.No necesitamos entretenernos fuera de nuestra vida, sino abrazarla y atravesarla en todas sus dimensiones, tanto en los momentos difíciles como en los alegres. Es muy positivo una conversación con una amiga, una sonrisa amable de alguien en el supermercado, un paseo en la naturaleza…, pero la mayoría de las veces no elegimos eso; optamos por seguir viviendo en el estrés, por ser más productivos. -Con este escenario, ¿es optimista respecto al futuro?Soy optimista respecto al trabajo interior de cada persona. El inicio del cambio está en cada uno de nosotros, no tenemos que pensar en una dimensión global. Depende de nosotros. Somos quienes decidimos cómo nos relacionamos con la tecnología, con el estrés y con nuestra vida. Empezar el camino hacia dentro es la mejor forma de generar un cambio externo. Si esperamos a que todo cambie fuera, pueden pasar los años mientras seguimos viviendo mal. Es mejor cultivar dentro lo que deseamos encontrar.-En el libro incluye afirmaciones, ejercicios prácticos y mandalas. ¿Qué función cumplen estas prácticas creativas?Cumplen la función de contemplar, reflexionar e integrar. No basta con comprender de manera intelectual; necesitamos parar, aterrizar e integrar lo que entrenamos. Saberlo, sentirlo y llevarlo al cuerpo. Contemplar un mandala, escribir en un diario o repetir afirmaciones nos ayuda a aterrizar lo aprendido y hacerlo propio. Son prácticas holísticas que permiten masticar la información, integrarla y adaptarla a nuestra propia historia de manera positiva. En la intimidad de tu ser sabes lo que necesitas, lo que hace falta es parar y escucharse.-¿Qué mensaje le gustaría que se quedara en el lector al cerrar su libro?Me encantaría que el lector hubiera llegado a su lugar seguro y sintiera la grandeza de regresar a un espacio que siempre estuvo en su interior: amable, compasivo y bondadoso. Que sintiera que su vida es plena y tiene un sentido profundo y que en su caminar pueda ser feliz.MÁS INFORMACIÓN noticia No El bienestar laboral ya es clave para mejorar la productividad noticia No «El profesional sanitario no puede olvidar nunca que atiende a una persona vulnerable» noticia Si «Buscamos la aprobación externa y somos maestros en esconder cómo somos»Y, por supuesto, recordar que hay que entrenar. No desde la exigencia, sino desde la constancia amable. No hace falta una meditación larga; si hoy solo puedes dedicar cuatro minutos, abraza esos cuatro minutos. Mañana serán siete y, después, veinte. 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