La decimosexta etapa de La Vuelta a España 2026 unió Cortegana con La Rábida en un exigente recorrido de 181 kilómetros marcado por el calor. La jornada estuvo protagonizada por una combativa fuga de cinco corredores que el pelotón, controlado con firmeza por los equipos de los velocistas, neutralizó antes de llegar a Moguer. En el vertiginoso esprint final en Palos de la Frontera, el británico Brennan impuso su potencia frente a Van Aert para firmar su cuarta victoria en esta edición. Por su parte, Enric Mas resistió protegido en el gran grupo, blindando su liderato y dando un paso de gigante hacia el triunfo final.Arranco la etapa en la sierra onubense en una matinal donde el mercurio ya avisaba de su castigo: 30 grados sobre el asfalto. Cortegana, vigilante y señorial bajo la atenta mirada de su castillo medieval, vio cómo el pelotón se ponía en marcha para afrontar una jornada de ciento ochenta y un kilómetros y cien metros con vocación de cruzar la provincia de Huelva de norte a sur. La jornada se abría con el aroma inconfundible de las dehesas y el eco sordo de una afición entregada que se apiñaba en las cunetas desde las primeras rampas. Apenas se dio el banderazo de salida, el perfil ondulado comenzó a hacer de las suyas. Los repechos picaban hacia arriba en un continuo sube y baja diseñado para desgastar las piernas tras el reciente día de descanso.La ruta serpenteó buscando las entrañas del Parque Natural, rozando la comarca de Aracena, donde muy cerca del asfalto se esconde uno de los tesoros subterráneos más colosales de la geografía nacional: la Gruta de las Maravillas. Sus lagos kársticos y sus galerías milenarias parecían latir bajo el paso rítmico de los tubulares, un contraste fascinante entre la fuerza titánica del ciclismo de carretera y la paciente arquitectura del agua durante siglos en las profundidades de la tierra.Una escapada de cinco corredoresNo tardó en fraguarse la aventura del día. Un grupo de cinco valientes rompió la disciplina del gran grupo, aprovechando que el terreno, sin ser de alta montaña, no daba un solo respiro. Vermaerke (UAE), Madouas (Groupama), Dalby (Uno-X), Sutterlin (Jayco-AlUla) y Thalmann (Tudor) se situaron a 40 segundos del pelotón a los 17 kilómetros.El quinteto se relevaba con rabia, sabiendo que el viento y la tremenda longitud de la travesía jugaban en su contra. Iban aumentando su ventaja (2′ 46» tras la primera hora de etapa). A su paso por los alrededores de las Minas de Río Tinto, el paisaje tiñó las retinas de los presentes con un cromatismo peculiar; la tierra de un rojo intenso, violáceo y cobrizo, herencia de milenios de extracción, contemplaba el paso de las bicicletas.No quedó exento el recorrido de la crueldad de la naturaleza o de la atrocidad humana. Los cinco devastadores incendios que asolaron hace un mes el municipio onubense (el último combustionó durante seis días) también mostraban su cicatriz sobre el paisaje calcinado. Un área negra, de ceniza, que golpeaba los sentidos.Enric Mas, otro día como líder, y Brennan celebra su cuarta victoria en la Vuelta 2026. EFEEso sí, entre cortas y desmontes que guardan la memoria minera de Europa, el público no dejaba de jalear a los corredores, entonando de manera espontánea ecos lejanos de un fandango que flotaba en el ambiente, acompasado con el inconfundible zumbido de las ruedas de perfil de carbono. El pelotón, sin embargo, tenía un plan perfectamente trazado. Los equipos de los velocistas puros sabían que las oportunidades en esta tercera semana escaseaban dramáticamente. El control fue férreo, constante, midiendo la distancia con el cuentagotas de los grandes estrategas. La distancia empezó a acortarse. Tiró del grupo Jorgen Nordhagen (Visma) para acercarse a los escapados hasta el minuto y medio.Mas y Roglic se mantenían resguardados en el pelotón. «Hoy mi día es llevar a Enric lo mejor posible todo el día, que no le falte de nada. Que coma el menor viento posible para que los días duros pueda estar en su mejor estado», explicaba en la salida Jorge Arcas, escudero del líder en el Movistar.A medida que la carrera abandonaba la media montaña y enfilaba las comarcas del Andévalo y el Condado, la carretera comenzó a ensancharse y el asfalto, más recto y tendido, invitaba a la velocidad de crucero. Los peones del trabajo sucio se turnaban en la cabeza del grupo principal, devorando la ventaja de los escapados kilómetro a kilómetro, disipando cualquier atisbo de sorpresa. Lideraba Visma ese cometido. Y en seguida se sumaba el Cofidis.Llegando a Moguer (a 34 kilómetros para meta), localidad de nacimiento del poeta onubense Juan Ramón Jiménez, premio Nobel de Literatura en 1956, la distancia ya solo era de medio minuto. «Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón», frase que enseguida viene a la mente al recordar su obra lírica en prosa más celebre y que recrea en ‘Platero y yo’ la vida de su asno.El tramo final fue un auténtico homenaje a la historia y a la navegación universal. La carrera volaba hacia el sur, adentrándose en el término de Palos de la Frontera, el lugar exacto desde cuyo puerto histórico partieron las tres carabelas —la Niña, la Pinta y la Santa María— en aquel ya lejano e histórico agosto de 1492 comandadas por Cristóbal Colón para cambiar el rumbo de la humanidad.Entrar en Palos de la Frontera, a 26 kilómetros para meta, fue comenzar otra vez. Una caída que atrapó a Ivo Oliveira (UAE) empañó la fagocitosis que acabó con la escapada de los cinco valientes. Comenzó una nueva carrera en llano encaminada a un esprint masivo. Los últimos cinco kilómetros se convirtieron en una auténtica partida de ajedrez a 55 kilómetros por hora. Las grandes estructuras de los equipos de los esprínters se ordenaban en paralelo, formando un tren blindado tras otro, buscando proteger a sus respectivas balas de la temida y traicionera brisa costera. Los repechos del Paraje y los giros técnicos hacia la zona del Monasterio exigían una gran colocación y sangre fría. Nadie quería quedar encerrado en la ratonera de las rotondas finales.Bajo la pancarta del último kilómetro, el ritmo se volvió inhumano. Los lanzadores sacrificaban sus últimas reservas de oxígeno, abriendo un pasillo invisible por el que se filtraban los hombres más rápidos del pelotón. A falta de trescientos metros, un potente bloque comandado por el Soudal Quick-Step mandaba con autoridad, pero desde la tercera línea de fuego, Van Aert, enfundado en el maillot verde, saltó como un muelle, buscando el lado derecho de la calzada. Su arrancada trató de descolocar por completo a sus rivales.«¿La etapa y el liderato? Otro día más, ya solo quedan cinco. Tenemos la confianza por las nubes» Enric Mas Ciclista del Movistar y líder de La VueltaAbrió un metro, luego dos, pero fue batido por Brennan que, desafiando el esfuerzo acumulado de casi cuatro horas de sillín, batía a su compañero en el Visma y sumaba su cuarto triunfo en la Vuelta. Alzó los brazos sobre la línea de meta de La Rábida, fundiéndose con los aplausos de una multitud que vibraba ante la coronación de un nuevo rey de la velocidad en la ronda española. En la tierra que vio nacer las mayores gestas de la navegación, Enric Mas quemaba una etapa más hacia el Rojo definitivo. «Otro día más, ya solo quedan cinco. Tenemos la confianza por las nubes. Todos los días son positivos», apuntaba el líder de la Vuelta mientras recuperaba sobre el rodillo. Este miércoles le espera una etapa de transición antes de la temida contrarreloj en la que Roglic espera ponerle contra las cuerdas. «Vamos adarle menos importancia a la crono de la que tiene», zanjo el balear. La decimosexta etapa de La Vuelta a España 2026 unió Cortegana con La Rábida en un exigente recorrido de 181 kilómetros marcado por el calor. La jornada estuvo protagonizada por una combativa fuga de cinco corredores que el pelotón, controlado con firmeza por los equipos de los velocistas, neutralizó antes de llegar a Moguer. En el vertiginoso esprint final en Palos de la Frontera, el británico Brennan impuso su potencia frente a Van Aert para firmar su cuarta victoria en esta edición. Por su parte, Enric Mas resistió protegido en el gran grupo, blindando su liderato y dando un paso de gigante hacia el triunfo final.Arranco la etapa en la sierra onubense en una matinal donde el mercurio ya avisaba de su castigo: 30 grados sobre el asfalto. Cortegana, vigilante y señorial bajo la atenta mirada de su castillo medieval, vio cómo el pelotón se ponía en marcha para afrontar una jornada de ciento ochenta y un kilómetros y cien metros con vocación de cruzar la provincia de Huelva de norte a sur. La jornada se abría con el aroma inconfundible de las dehesas y el eco sordo de una afición entregada que se apiñaba en las cunetas desde las primeras rampas. Apenas se dio el banderazo de salida, el perfil ondulado comenzó a hacer de las suyas. Los repechos picaban hacia arriba en un continuo sube y baja diseñado para desgastar las piernas tras el reciente día de descanso.La ruta serpenteó buscando las entrañas del Parque Natural, rozando la comarca de Aracena, donde muy cerca del asfalto se esconde uno de los tesoros subterráneos más colosales de la geografía nacional: la Gruta de las Maravillas. Sus lagos kársticos y sus galerías milenarias parecían latir bajo el paso rítmico de los tubulares, un contraste fascinante entre la fuerza titánica del ciclismo de carretera y la paciente arquitectura del agua durante siglos en las profundidades de la tierra.Una escapada de cinco corredoresNo tardó en fraguarse la aventura del día. Un grupo de cinco valientes rompió la disciplina del gran grupo, aprovechando que el terreno, sin ser de alta montaña, no daba un solo respiro. Vermaerke (UAE), Madouas (Groupama), Dalby (Uno-X), Sutterlin (Jayco-AlUla) y Thalmann (Tudor) se situaron a 40 segundos del pelotón a los 17 kilómetros.El quinteto se relevaba con rabia, sabiendo que el viento y la tremenda longitud de la travesía jugaban en su contra. Iban aumentando su ventaja (2′ 46» tras la primera hora de etapa). A su paso por los alrededores de las Minas de Río Tinto, el paisaje tiñó las retinas de los presentes con un cromatismo peculiar; la tierra de un rojo intenso, violáceo y cobrizo, herencia de milenios de extracción, contemplaba el paso de las bicicletas.No quedó exento el recorrido de la crueldad de la naturaleza o de la atrocidad humana. Los cinco devastadores incendios que asolaron hace un mes el municipio onubense (el último combustionó durante seis días) también mostraban su cicatriz sobre el paisaje calcinado. Un área negra, de ceniza, que golpeaba los sentidos.Enric Mas, otro día como líder, y Brennan celebra su cuarta victoria en la Vuelta 2026. EFEEso sí, entre cortas y desmontes que guardan la memoria minera de Europa, el público no dejaba de jalear a los corredores, entonando de manera espontánea ecos lejanos de un fandango que flotaba en el ambiente, acompasado con el inconfundible zumbido de las ruedas de perfil de carbono. El pelotón, sin embargo, tenía un plan perfectamente trazado. Los equipos de los velocistas puros sabían que las oportunidades en esta tercera semana escaseaban dramáticamente. El control fue férreo, constante, midiendo la distancia con el cuentagotas de los grandes estrategas. La distancia empezó a acortarse. Tiró del grupo Jorgen Nordhagen (Visma) para acercarse a los escapados hasta el minuto y medio.Mas y Roglic se mantenían resguardados en el pelotón. «Hoy mi día es llevar a Enric lo mejor posible todo el día, que no le falte de nada. Que coma el menor viento posible para que los días duros pueda estar en su mejor estado», explicaba en la salida Jorge Arcas, escudero del líder en el Movistar.A medida que la carrera abandonaba la media montaña y enfilaba las comarcas del Andévalo y el Condado, la carretera comenzó a ensancharse y el asfalto, más recto y tendido, invitaba a la velocidad de crucero. Los peones del trabajo sucio se turnaban en la cabeza del grupo principal, devorando la ventaja de los escapados kilómetro a kilómetro, disipando cualquier atisbo de sorpresa. Lideraba Visma ese cometido. Y en seguida se sumaba el Cofidis.Llegando a Moguer (a 34 kilómetros para meta), localidad de nacimiento del poeta onubense Juan Ramón Jiménez, premio Nobel de Literatura en 1956, la distancia ya solo era de medio minuto. «Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón», frase que enseguida viene a la mente al recordar su obra lírica en prosa más celebre y que recrea en ‘Platero y yo’ la vida de su asno.El tramo final fue un auténtico homenaje a la historia y a la navegación universal. La carrera volaba hacia el sur, adentrándose en el término de Palos de la Frontera, el lugar exacto desde cuyo puerto histórico partieron las tres carabelas —la Niña, la Pinta y la Santa María— en aquel ya lejano e histórico agosto de 1492 comandadas por Cristóbal Colón para cambiar el rumbo de la humanidad.Entrar en Palos de la Frontera, a 26 kilómetros para meta, fue comenzar otra vez. Una caída que atrapó a Ivo Oliveira (UAE) empañó la fagocitosis que acabó con la escapada de los cinco valientes. Comenzó una nueva carrera en llano encaminada a un esprint masivo. Los últimos cinco kilómetros se convirtieron en una auténtica partida de ajedrez a 55 kilómetros por hora. Las grandes estructuras de los equipos de los esprínters se ordenaban en paralelo, formando un tren blindado tras otro, buscando proteger a sus respectivas balas de la temida y traicionera brisa costera. Los repechos del Paraje y los giros técnicos hacia la zona del Monasterio exigían una gran colocación y sangre fría. Nadie quería quedar encerrado en la ratonera de las rotondas finales.Bajo la pancarta del último kilómetro, el ritmo se volvió inhumano. Los lanzadores sacrificaban sus últimas reservas de oxígeno, abriendo un pasillo invisible por el que se filtraban los hombres más rápidos del pelotón. A falta de trescientos metros, un potente bloque comandado por el Soudal Quick-Step mandaba con autoridad, pero desde la tercera línea de fuego, Van Aert, enfundado en el maillot verde, saltó como un muelle, buscando el lado derecho de la calzada. Su arrancada trató de descolocar por completo a sus rivales.«¿La etapa y el liderato? Otro día más, ya solo quedan cinco. Tenemos la confianza por las nubes» Enric Mas Ciclista del Movistar y líder de La VueltaAbrió un metro, luego dos, pero fue batido por Brennan que, desafiando el esfuerzo acumulado de casi cuatro horas de sillín, batía a su compañero en el Visma y sumaba su cuarto triunfo en la Vuelta. Alzó los brazos sobre la línea de meta de La Rábida, fundiéndose con los aplausos de una multitud que vibraba ante la coronación de un nuevo rey de la velocidad en la ronda española. En la tierra que vio nacer las mayores gestas de la navegación, Enric Mas quemaba una etapa más hacia el Rojo definitivo. «Otro día más, ya solo quedan cinco. Tenemos la confianza por las nubes. Todos los días son positivos», apuntaba el líder de la Vuelta mientras recuperaba sobre el rodillo. Este miércoles le espera una etapa de transición antes de la temida contrarreloj en la que Roglic espera ponerle contra las cuerdas. «Vamos adarle menos importancia a la crono de la que tiene», zanjo el balear. La decimosexta etapa de La Vuelta a España 2026 unió Cortegana con La Rábida en un exigente recorrido de 181 kilómetros marcado por el calor. La jornada estuvo protagonizada por una combativa fuga de cinco corredores que el pelotón, controlado con firmeza por los equipos de los velocistas, neutralizó antes de llegar a Moguer. En el vertiginoso esprint final en Palos de la Frontera, el británico Brennan impuso su potencia frente a Van Aert para firmar su cuarta victoria en esta edición. Por su parte, Enric Mas resistió protegido en el gran grupo, blindando su liderato y dando un paso de gigante hacia el triunfo final.Arranco la etapa en la sierra onubense en una matinal donde el mercurio ya avisaba de su castigo: 30 grados sobre el asfalto. Cortegana, vigilante y señorial bajo la atenta mirada de su castillo medieval, vio cómo el pelotón se ponía en marcha para afrontar una jornada de ciento ochenta y un kilómetros y cien metros con vocación de cruzar la provincia de Huelva de norte a sur. La jornada se abría con el aroma inconfundible de las dehesas y el eco sordo de una afición entregada que se apiñaba en las cunetas desde las primeras rampas. Apenas se dio el banderazo de salida, el perfil ondulado comenzó a hacer de las suyas. Los repechos picaban hacia arriba en un continuo sube y baja diseñado para desgastar las piernas tras el reciente día de descanso.La ruta serpenteó buscando las entrañas del Parque Natural, rozando la comarca de Aracena, donde muy cerca del asfalto se esconde uno de los tesoros subterráneos más colosales de la geografía nacional: la Gruta de las Maravillas. Sus lagos kársticos y sus galerías milenarias parecían latir bajo el paso rítmico de los tubulares, un contraste fascinante entre la fuerza titánica del ciclismo de carretera y la paciente arquitectura del agua durante siglos en las profundidades de la tierra.Una escapada de cinco corredoresNo tardó en fraguarse la aventura del día. Un grupo de cinco valientes rompió la disciplina del gran grupo, aprovechando que el terreno, sin ser de alta montaña, no daba un solo respiro. Vermaerke (UAE), Madouas (Groupama), Dalby (Uno-X), Sutterlin (Jayco-AlUla) y Thalmann (Tudor) se situaron a 40 segundos del pelotón a los 17 kilómetros.El quinteto se relevaba con rabia, sabiendo que el viento y la tremenda longitud de la travesía jugaban en su contra. Iban aumentando su ventaja (2′ 46» tras la primera hora de etapa). A su paso por los alrededores de las Minas de Río Tinto, el paisaje tiñó las retinas de los presentes con un cromatismo peculiar; la tierra de un rojo intenso, violáceo y cobrizo, herencia de milenios de extracción, contemplaba el paso de las bicicletas.No quedó exento el recorrido de la crueldad de la naturaleza o de la atrocidad humana. Los cinco devastadores incendios que asolaron hace un mes el municipio onubense (el último combustionó durante seis días) también mostraban su cicatriz sobre el paisaje calcinado. Un área negra, de ceniza, que golpeaba los sentidos.Enric Mas, otro día como líder, y Brennan celebra su cuarta victoria en la Vuelta 2026. EFEEso sí, entre cortas y desmontes que guardan la memoria minera de Europa, el público no dejaba de jalear a los corredores, entonando de manera espontánea ecos lejanos de un fandango que flotaba en el ambiente, acompasado con el inconfundible zumbido de las ruedas de perfil de carbono. El pelotón, sin embargo, tenía un plan perfectamente trazado. Los equipos de los velocistas puros sabían que las oportunidades en esta tercera semana escaseaban dramáticamente. El control fue férreo, constante, midiendo la distancia con el cuentagotas de los grandes estrategas. La distancia empezó a acortarse. Tiró del grupo Jorgen Nordhagen (Visma) para acercarse a los escapados hasta el minuto y medio.Mas y Roglic se mantenían resguardados en el pelotón. «Hoy mi día es llevar a Enric lo mejor posible todo el día, que no le falte de nada. Que coma el menor viento posible para que los días duros pueda estar en su mejor estado», explicaba en la salida Jorge Arcas, escudero del líder en el Movistar.A medida que la carrera abandonaba la media montaña y enfilaba las comarcas del Andévalo y el Condado, la carretera comenzó a ensancharse y el asfalto, más recto y tendido, invitaba a la velocidad de crucero. Los peones del trabajo sucio se turnaban en la cabeza del grupo principal, devorando la ventaja de los escapados kilómetro a kilómetro, disipando cualquier atisbo de sorpresa. Lideraba Visma ese cometido. Y en seguida se sumaba el Cofidis.Llegando a Moguer (a 34 kilómetros para meta), localidad de nacimiento del poeta onubense Juan Ramón Jiménez, premio Nobel de Literatura en 1956, la distancia ya solo era de medio minuto. «Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón», frase que enseguida viene a la mente al recordar su obra lírica en prosa más celebre y que recrea en ‘Platero y yo’ la vida de su asno.El tramo final fue un auténtico homenaje a la historia y a la navegación universal. La carrera volaba hacia el sur, adentrándose en el término de Palos de la Frontera, el lugar exacto desde cuyo puerto histórico partieron las tres carabelas —la Niña, la Pinta y la Santa María— en aquel ya lejano e histórico agosto de 1492 comandadas por Cristóbal Colón para cambiar el rumbo de la humanidad.Entrar en Palos de la Frontera, a 26 kilómetros para meta, fue comenzar otra vez. Una caída que atrapó a Ivo Oliveira (UAE) empañó la fagocitosis que acabó con la escapada de los cinco valientes. Comenzó una nueva carrera en llano encaminada a un esprint masivo. Los últimos cinco kilómetros se convirtieron en una auténtica partida de ajedrez a 55 kilómetros por hora. Las grandes estructuras de los equipos de los esprínters se ordenaban en paralelo, formando un tren blindado tras otro, buscando proteger a sus respectivas balas de la temida y traicionera brisa costera. Los repechos del Paraje y los giros técnicos hacia la zona del Monasterio exigían una gran colocación y sangre fría. Nadie quería quedar encerrado en la ratonera de las rotondas finales.Bajo la pancarta del último kilómetro, el ritmo se volvió inhumano. Los lanzadores sacrificaban sus últimas reservas de oxígeno, abriendo un pasillo invisible por el que se filtraban los hombres más rápidos del pelotón. A falta de trescientos metros, un potente bloque comandado por el Soudal Quick-Step mandaba con autoridad, pero desde la tercera línea de fuego, Van Aert, enfundado en el maillot verde, saltó como un muelle, buscando el lado derecho de la calzada. Su arrancada trató de descolocar por completo a sus rivales.«¿La etapa y el liderato? Otro día más, ya solo quedan cinco. Tenemos la confianza por las nubes» Enric Mas Ciclista del Movistar y líder de La VueltaAbrió un metro, luego dos, pero fue batido por Brennan que, desafiando el esfuerzo acumulado de casi cuatro horas de sillín, batía a su compañero en el Visma y sumaba su cuarto triunfo en la Vuelta. Alzó los brazos sobre la línea de meta de La Rábida, fundiéndose con los aplausos de una multitud que vibraba ante la coronación de un nuevo rey de la velocidad en la ronda española. En la tierra que vio nacer las mayores gestas de la navegación, Enric Mas quemaba una etapa más hacia el Rojo definitivo. «Otro día más, ya solo quedan cinco. Tenemos la confianza por las nubes. Todos los días son positivos», apuntaba el líder de la Vuelta mientras recuperaba sobre el rodillo. Este miércoles le espera una etapa de transición antes de la temida contrarreloj en la que Roglic espera ponerle contra las cuerdas. «Vamos adarle menos importancia a la crono de la que tiene», zanjo el balear. RSS de noticias de deportes
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