Judas Iscariote traicionó a Jesús de Nazaret por treinta monedas de plata. Después, arrepentido por lo que hizo, no buscó la conciliación con su Maestro y prefirió ahorcarse. Es el único de los doce apóstoles que no ha sido posteriormente santificado; hay otro Judas que sí es santo, Judas Tadeo, pero eso es desviarse.El caso es que Judas ha pasado a la historia del cristianismo –y a la del mundo en general- como un traidor, y por eso sigue siendo repudiado dos mil años después. En la Semana Santa de Soportújar, un pequeño pueblo de la Alpujarra de Granada, lo castigan quemándolo. Y Soportújar es un lugar muy asociado a hogueras y brujas, lo cual también podría ser desviarse, pero no lo es del todo.En la víspera del Domingo de Resurrección, un muñeco de paja, mal vestido y tocado con un feo sombrero es objeto de lo que podría denominarse la anti-procesión: lo ahorcan, lo arrastran por las calles y finalmente lo queman. Se simboliza así el triunfo del bien sobre el mal y el castigo a la felonía .Eso, en un sitio como Soportújar, al que también conocen como ‘El pueblo de las brujas’, no deja de tener su miga puesto que las brujas, tradicionalmente, han sido asociadas al mal y al diablo, y en consecuencia condenadas por la Iglesia. Lo que pasa es que esa vinculación del municipio granadino con las meigas tiene más que ver con la tradición que con la realidad.Porque procede del siglo XVI, cuando los musulmanes que no quisieron renegar de su fe, fueron expulsados. Quedaron entonces en Granada bastantes zonas despobladas y se alentó a que pudieran ser ocupadas por personas llegadas de otras latitudes. A la Alpujarra arribaron muchos gallegos , pobladores que pusieron a esos nuevos sitios nombres que les recordaban a sus raíces. No sólo está en esa lista Soportújar, sino también Pampaneira, Bubión o Capileira, los tres preciosos pueblos del Valle del Poqueira.La tradición asocia al pueblo de Soportújar con las brujas abcEn torno a las brujas hay en Soportújar en la actualidad una pequeña industria y podría decirse que los turistas que llegan llamados por la curiosidad constituyen su principal fuente de ingresos. Pero eso no quiere decir, por supuesto, que allí haya aquelarres ni que se hagan conjuros a diario en la plaza del pueblo. Se conservan también tradiciones de un signo muy distinto, como la Semana Santa y esa peculiar quema del traidor por antonomasia.La costumbre de quemar a un muñeco que representa a Judas no es exclusiva de Soportújar, donde de hecho ha perdido algo de fuelle con el tiempo y de hecho ya hay años en los que no se celebra; hay otros lugares de Granada donde se hace algo similar , como un pueblo del Área Metropolitana llamado Alhendín y muy apegado a costumbres ancestrales, o en Dúrcal, en el Valle del Lecrín.En ese último sitio, la costumbre impone que sea colgado en el puente de hierro –o puente de lata, que también lo llaman así- que pasa sobre el río que da nombre al municipio y del que también se cuelgan, pero con cuerdas, muchos aficionados al puenting.La tradición también es bien visible en otros puntos de Andalucía, como el malagueño pueblo de El Burgo, en varias provincias del resto de España como Burgos o Logroño, y hasta ha saltado al otro lado del Atlántico y se queman Judas en países como México, donde se toman el asunto de una manera más general y satírica: el símbolo no alcanza sólo al que fue apóstol, sino que se extiende a políticos que caen mal y/o personas que han abrazado la corrupción . Judas Iscariote traicionó a Jesús de Nazaret por treinta monedas de plata. Después, arrepentido por lo que hizo, no buscó la conciliación con su Maestro y prefirió ahorcarse. Es el único de los doce apóstoles que no ha sido posteriormente santificado; hay otro Judas que sí es santo, Judas Tadeo, pero eso es desviarse.El caso es que Judas ha pasado a la historia del cristianismo –y a la del mundo en general- como un traidor, y por eso sigue siendo repudiado dos mil años después. En la Semana Santa de Soportújar, un pequeño pueblo de la Alpujarra de Granada, lo castigan quemándolo. Y Soportújar es un lugar muy asociado a hogueras y brujas, lo cual también podría ser desviarse, pero no lo es del todo.En la víspera del Domingo de Resurrección, un muñeco de paja, mal vestido y tocado con un feo sombrero es objeto de lo que podría denominarse la anti-procesión: lo ahorcan, lo arrastran por las calles y finalmente lo queman. Se simboliza así el triunfo del bien sobre el mal y el castigo a la felonía .Eso, en un sitio como Soportújar, al que también conocen como ‘El pueblo de las brujas’, no deja de tener su miga puesto que las brujas, tradicionalmente, han sido asociadas al mal y al diablo, y en consecuencia condenadas por la Iglesia. Lo que pasa es que esa vinculación del municipio granadino con las meigas tiene más que ver con la tradición que con la realidad.Porque procede del siglo XVI, cuando los musulmanes que no quisieron renegar de su fe, fueron expulsados. Quedaron entonces en Granada bastantes zonas despobladas y se alentó a que pudieran ser ocupadas por personas llegadas de otras latitudes. A la Alpujarra arribaron muchos gallegos , pobladores que pusieron a esos nuevos sitios nombres que les recordaban a sus raíces. No sólo está en esa lista Soportújar, sino también Pampaneira, Bubión o Capileira, los tres preciosos pueblos del Valle del Poqueira.La tradición asocia al pueblo de Soportújar con las brujas abcEn torno a las brujas hay en Soportújar en la actualidad una pequeña industria y podría decirse que los turistas que llegan llamados por la curiosidad constituyen su principal fuente de ingresos. Pero eso no quiere decir, por supuesto, que allí haya aquelarres ni que se hagan conjuros a diario en la plaza del pueblo. Se conservan también tradiciones de un signo muy distinto, como la Semana Santa y esa peculiar quema del traidor por antonomasia.La costumbre de quemar a un muñeco que representa a Judas no es exclusiva de Soportújar, donde de hecho ha perdido algo de fuelle con el tiempo y de hecho ya hay años en los que no se celebra; hay otros lugares de Granada donde se hace algo similar , como un pueblo del Área Metropolitana llamado Alhendín y muy apegado a costumbres ancestrales, o en Dúrcal, en el Valle del Lecrín.En ese último sitio, la costumbre impone que sea colgado en el puente de hierro –o puente de lata, que también lo llaman así- que pasa sobre el río que da nombre al municipio y del que también se cuelgan, pero con cuerdas, muchos aficionados al puenting.La tradición también es bien visible en otros puntos de Andalucía, como el malagueño pueblo de El Burgo, en varias provincias del resto de España como Burgos o Logroño, y hasta ha saltado al otro lado del Atlántico y se queman Judas en países como México, donde se toman el asunto de una manera más general y satírica: el símbolo no alcanza sólo al que fue apóstol, sino que se extiende a políticos que caen mal y/o personas que han abrazado la corrupción . Judas Iscariote traicionó a Jesús de Nazaret por treinta monedas de plata. Después, arrepentido por lo que hizo, no buscó la conciliación con su Maestro y prefirió ahorcarse. Es el único de los doce apóstoles que no ha sido posteriormente santificado; hay otro Judas que sí es santo, Judas Tadeo, pero eso es desviarse.El caso es que Judas ha pasado a la historia del cristianismo –y a la del mundo en general- como un traidor, y por eso sigue siendo repudiado dos mil años después. En la Semana Santa de Soportújar, un pequeño pueblo de la Alpujarra de Granada, lo castigan quemándolo. Y Soportújar es un lugar muy asociado a hogueras y brujas, lo cual también podría ser desviarse, pero no lo es del todo.En la víspera del Domingo de Resurrección, un muñeco de paja, mal vestido y tocado con un feo sombrero es objeto de lo que podría denominarse la anti-procesión: lo ahorcan, lo arrastran por las calles y finalmente lo queman. Se simboliza así el triunfo del bien sobre el mal y el castigo a la felonía .Eso, en un sitio como Soportújar, al que también conocen como ‘El pueblo de las brujas’, no deja de tener su miga puesto que las brujas, tradicionalmente, han sido asociadas al mal y al diablo, y en consecuencia condenadas por la Iglesia. Lo que pasa es que esa vinculación del municipio granadino con las meigas tiene más que ver con la tradición que con la realidad.Porque procede del siglo XVI, cuando los musulmanes que no quisieron renegar de su fe, fueron expulsados. Quedaron entonces en Granada bastantes zonas despobladas y se alentó a que pudieran ser ocupadas por personas llegadas de otras latitudes. A la Alpujarra arribaron muchos gallegos , pobladores que pusieron a esos nuevos sitios nombres que les recordaban a sus raíces. No sólo está en esa lista Soportújar, sino también Pampaneira, Bubión o Capileira, los tres preciosos pueblos del Valle del Poqueira.La tradición asocia al pueblo de Soportújar con las brujas abcEn torno a las brujas hay en Soportújar en la actualidad una pequeña industria y podría decirse que los turistas que llegan llamados por la curiosidad constituyen su principal fuente de ingresos. Pero eso no quiere decir, por supuesto, que allí haya aquelarres ni que se hagan conjuros a diario en la plaza del pueblo. Se conservan también tradiciones de un signo muy distinto, como la Semana Santa y esa peculiar quema del traidor por antonomasia.La costumbre de quemar a un muñeco que representa a Judas no es exclusiva de Soportújar, donde de hecho ha perdido algo de fuelle con el tiempo y de hecho ya hay años en los que no se celebra; hay otros lugares de Granada donde se hace algo similar , como un pueblo del Área Metropolitana llamado Alhendín y muy apegado a costumbres ancestrales, o en Dúrcal, en el Valle del Lecrín.En ese último sitio, la costumbre impone que sea colgado en el puente de hierro –o puente de lata, que también lo llaman así- que pasa sobre el río que da nombre al municipio y del que también se cuelgan, pero con cuerdas, muchos aficionados al puenting.La tradición también es bien visible en otros puntos de Andalucía, como el malagueño pueblo de El Burgo, en varias provincias del resto de España como Burgos o Logroño, y hasta ha saltado al otro lado del Atlántico y se queman Judas en países como México, donde se toman el asunto de una manera más general y satírica: el símbolo no alcanza sólo al que fue apóstol, sino que se extiende a políticos que caen mal y/o personas que han abrazado la corrupción . 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