La lancha atraviesa el agua verde del lago de Maracaibo, enclavado en el noroeste de Venezuela . No es un verde vivo. Es un verde muerto, espeso, sofocante. Una mancha que cubre el 70% de la superficie como una mortaja. Es el verdín, cianobacterias tóxicas que han convertido el lago en un cementerio acuático. En el horizonte, las plataformas de hierro reposan como monstruos gigantes suspendidos en el tiempo. Oxidadas, inmóviles, algunas con las estructuras parcialmente hundidas, parecen esqueletos de una civilización que fue.Según los expertos, 10.000 litros de aguas residuales sin tratar entran cada segundo. Las plantas de tratamiento no funcionan . El informe de Odevida es categórico: eutrofización intensiva, provocada por décadas de derrames petroleros, desechos sólidos, agroquímicos y efluentes urbanos. Cabimas, la cuna del petróleo venezolano en 1918, hoy respira el veneno de su propia riqueza.Rafael Zambrano está de pie en el muelle. Es secretario general del Sindicato Marino del estado Zulia y secretario ejecutivo de Fedepetrol, donde están afiliados la mayoría de los trabajadores petroleros del país. Habla con la precisión de quien ha visto morir una industria desde dentro. «El estado de la industria a día de hoy es deprimente», dice, mirando al agua. «La infraestructura está completamente colapsada» .Noticia relacionada general No No Delcy Rodríguez purga al ministro de Defensa, Vladímir Padrino, para congraciarse con Trump Ludmila VinogradoffLos números que recita son como epitafios. Antes de 1999, cuando Chávez llegó al poder, Occidente tenía 156 taladros trabajando en los campos de tierra y 89 gabarras en el lago. Había entre 50 y 60 remolcadores dando apoyo, 32 barcazas de suministro y 400 embarcaciones livianas movilizando trabajadores. «Aquí había un corredor muy intenso de embarcaciones», recuerda Rafael. «Transportaban personal a las diferentes instalaciones del lago».Pero el 8 de mayo de 2009 todo se detuvo. Fue un viernes de mar en calma. Al amanecer, centenares de militares ocuparon los muelles y terminales. 60 empresas privadas fueron cercadas. Cuando el sol alcanzó su punto más alto, el presidente Hugo Chávez descendió de la lancha presidencial en Lagunillas, en el muelle de terminales petroleras. Proclamó lo que llamó «un acto de independencia». «Es justicia», dijo. «Es nacionalización de actividades petroleras conexas».Pero lo que ocurrió fue la confiscación de gabarras, grúas, diques, plataformas, lanchas de buceo y remolcadores. En total, 143 empresas fueron expropiadas . Mil embarcaciones confiscadas. 39 muelles nacionalizados. La industria petrolera venezolana nunca se recuperaría de ese día.«La infraestructura petrolera está completamente colapsada» Rafael Zambrano Secretario general del Sindicato Marino del estado Zulia«Eso trajo una gran frustración», dice Rafael. «Las empresas dejaron de invertir y todo lo que vemos hoy fue decayendo de manera paulatina». Lo que ven es la destrucción de la infraestructura. Las estaciones de flujo comenzaron a caerse. Se desmantelaron motores, turbinas, todo… Las tuberías, algunas sumergidas en el lago durante más de cien años, no recibían mantenimiento. La corrosión las devoraba lentamente. Bajo el agua yacen aproximadamente 30.000 kilómetros de tuberías con graves problemas de corrosión, un laberinto subacuático de metal oxidado que se desmorona lentamente.«Y esa es una de las causas de la grave contaminación que sufre el lago», explica Rafael. «Hay muchas tuberías en la cuenca que necesitan reparaciones por el tiempo que llevan sumergidas. Todo esto ha sido un proceso de destrucción».Una red carcomida por la corrosiónYunior Padrón es supervisor de las unidades de colectores de crudo. Es un trabajador activo. Lleva 32 años en la industria. Habla con la autoridad de quien ha visto cada tornillo, cada válvula, cada centímetro de tubería. «La industria colapsó», dice sin dramatismo. «Se politizó, y eso nos hizo mucho daño». Los números son abrumadores: más de 15.000 pozos en la cuenca, de los cuales unos 13.000 podrían ser recuperables pero requieren intervención profunda. Reparar esa red subterránea sería una tarea de magnitud casi imposible .Fue durante los años en los que Rafael Ramírez presidía PDVSA cuando la petrolera estatal se convirtió en lo que muchos trabajadores llamaban «la industria roja rojita», una máquina política más que una operación técnica. Entre 2003 y 2012, mientras los precios del petróleo alcanzaban máximos históricos, Ramírez desviaba recursos hacia proyectos políticos en toda Latinoamérica. Según acusaciones formales, más de 11.000 millones de dólares (9.500 millones de euros) fueron desviados de PDVSA. El propio Ramírez reconoció después que, durante sus diez años al frente de la empresa, se perdieron cerca de 700.000 millones de dólares (600.000 millones de euros) en corrupción y mala gestión. Se gastaron 3.700 millones de dólares (3.200 millones de euros) en la construcción de 18 buques innecesarios; otros 3.700 millones de dólares (3.200 millones de euros) fueron a un fondo para financiar centrales hidroeléctricas, autopistas y represas en el exterior. Mientras, la infraestructura en Zulia se deterioraba en silencio. Los trabajadores veían cómo sus salarios perdían valor mientras la industria se desmoronaba.Entre restos cubiertos de petróleo en la costa, una plataforma se divisa en el horizonte (primera foto). El crudo lo impregna todo, hasta las manos de quienes las meten en el agua del lago de Maracaibo (segunda 2). El óxido corroe las tuberías y amenaza las infraestructuras (tercera foto). Jorge BenezraYunior advierte sobre algo que pocos mencionan: el envenenamiento del lago podría intensificarse cuando la industria intente recuperarse. Las tuberías corroídas, debilitadas por años sin mantenimiento, podrían reventar bajo la presión de una producción aumentada. Eso significaría derrames masivos, más toxinas filtrándose en el agua. «Si presionamos estas tuberías viejas», dice, «van a colapsar. Habrá fugas incontrolables. Manchas de crudo por todas partes». El abandono impide operar, pero la operación sobre el abandono generaría un desastre mayor.Rafael Ramírez reconoció que durante sus diez años al frente de PDVSA se perdieron cerca de 700.000 millones de dólares en corrupción y mala gestiónPero Joan Rangel no piensa en eso. Joan piensa en la esperanza. Es buzo. Tiene 40 años, nació en Cabimas. Trabajó durante años en el mantenimiento de la industria petrolera: reparaciones submarinas, trabajos de precisión en las profundidades del lago. Pero también es pescador. Vio morir el lago desde dos perspectivas: la del trabajador que conocía la infraestructura y la del hombre que vivía del agua.«Empezamos a navegar entre manchas de petróleo. Manchas negras. Se pegaban al bote, a la piel. El olor a crudo se convirtió en nuestro aroma». Sacar la red era una lotería. «A veces salía vacía, a veces llena de peces. Pero, ¿quién compraba un pescado contaminado? Un pescado que olía a gasolina».Después del 3 de enero, cuando Maduro fue capturado por Estados Unidos, algo cambió. Joan habla de lo que ve ahora con una mezcla de fe y desconfianza. «Me desperté con mucha esperanza». Pero, ¿es esperanza o un espejismo? En dos meses, dice, ha visto cosas que no esperaba. Los derrames han frenado. El pescado sale limpio. Algunas estaciones eléctricas en el agua ahora están iluminadas por la noche, algo que no ocurría hace años. La terminal de embarque La Salina en Cabimas, una de las infraestructuras portuarias y de almacenamiento de crudo más importantes de la costa oriental del lago, no deja de recibir barcos para cargar crudo y propano.Joan no pierde la fe en regresar a la industria. Sus manos, acostumbradas a reparar tuberías en las profundidades, podrían volver a ser útiles. «Tengo mucha fe en que esto va a seguir avanzando para bien», dice. «Y yo quiero ser parte de eso». Pero su voz sugiere que sabe que la esperanza es frágil, que el espejismo podría desvanecerse.Operar de nuevoHay una pregunta que nadie quiere responder: ¿cómo van a recuperar la industria si el lago está tan contaminado? ¿Cómo van a operar Chevron, Repsol, Shell o ENI si la corrosión es acelerada por la contaminación? ¿Cómo van a mantener los equipos si las tuberías centenarias colapsan bajo presión?El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció en febrero nuevas licencias que rebajan las restricciones para que petroleras foráneas operen en Venezuela. Otorgó permisos a cinco empresas, entre ellas la española Repsol, aunque bajo estrictas condiciones. Las dos nuevas licencias no eliminan el marco de sanciones, pero facilitan que empresas no venezolanas comiencen a extraer crudo. El anuncio se enmarca en el plan de Washington con el Gobierno de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, para reabrir el mercado petrolífero local tras la captura del expresidente Nicolás Maduro por tropas estadounidenses nada más empezar el año.Recuperar el lago de Maracaibo: una factura de 130.000 millones de euros Según Rystad Energy, la recuperación de la industria petrolera del lago de Maracaibo requeriría 150.000 millones de dólares (130.000 millones de euros) en inversión acumulada durante un periodo de diez a quince años para restaurar la producción a tres millones de barriles diarios. El estudio especifica que el coste incluye restauración de instalaciones, proyectos de mejora, tuberías, almacenamiento y sistemas de exportación. Solo mantener la producción actual exigiría 53.000 millones de dólares (46.000 millones de euros). El punto de equilibrio del ciclo completo se sitúa entre 70 y 80 dólares (entre 60 y 70 euros) por barril.La Cámara de Industria y Comercio de Cabimas es optimista. Estima que las inversiones petroleras impactarían en la reactivación del 90% de unas 400 empresas del sector en la costa oriental del lago. Tras la reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos, las expectativas crecieron. Pero chocan contra la realidad: una infraestructura destruida, un lago envenenado y tuberías centenarias que podrían colapsar en cualquier momento.Rafael es claro: «Para poder levantar la producción aquí, tenemos que levantar la infraestructura. Es irremediable». Pero ¿a qué coste? ¿Cuánto costará limpiar el lago? ¿Quién pagará por reparar años de negligencia?Cabimas es donde nació el petróleo venezolano. Fue aquí donde comenzó la riqueza que nunca llegó a los pobres, donde la industria creció sin control ni regulación ambiental. Y ahora, más de cien años después, Cabimas es donde esa maldición se manifiesta en toda su crudeza. El olor a petróleo sigue aquí. Pero es el olor de una industria que nació en este lugar y que aquí también podría morir, no por falta de crudo, sino por exceso de veneno. La lancha atraviesa el agua verde del lago de Maracaibo, enclavado en el noroeste de Venezuela . No es un verde vivo. Es un verde muerto, espeso, sofocante. Una mancha que cubre el 70% de la superficie como una mortaja. Es el verdín, cianobacterias tóxicas que han convertido el lago en un cementerio acuático. En el horizonte, las plataformas de hierro reposan como monstruos gigantes suspendidos en el tiempo. Oxidadas, inmóviles, algunas con las estructuras parcialmente hundidas, parecen esqueletos de una civilización que fue.Según los expertos, 10.000 litros de aguas residuales sin tratar entran cada segundo. Las plantas de tratamiento no funcionan . El informe de Odevida es categórico: eutrofización intensiva, provocada por décadas de derrames petroleros, desechos sólidos, agroquímicos y efluentes urbanos. Cabimas, la cuna del petróleo venezolano en 1918, hoy respira el veneno de su propia riqueza.Rafael Zambrano está de pie en el muelle. Es secretario general del Sindicato Marino del estado Zulia y secretario ejecutivo de Fedepetrol, donde están afiliados la mayoría de los trabajadores petroleros del país. Habla con la precisión de quien ha visto morir una industria desde dentro. «El estado de la industria a día de hoy es deprimente», dice, mirando al agua. «La infraestructura está completamente colapsada» .Noticia relacionada general No No Delcy Rodríguez purga al ministro de Defensa, Vladímir Padrino, para congraciarse con Trump Ludmila VinogradoffLos números que recita son como epitafios. Antes de 1999, cuando Chávez llegó al poder, Occidente tenía 156 taladros trabajando en los campos de tierra y 89 gabarras en el lago. Había entre 50 y 60 remolcadores dando apoyo, 32 barcazas de suministro y 400 embarcaciones livianas movilizando trabajadores. «Aquí había un corredor muy intenso de embarcaciones», recuerda Rafael. «Transportaban personal a las diferentes instalaciones del lago».Pero el 8 de mayo de 2009 todo se detuvo. Fue un viernes de mar en calma. Al amanecer, centenares de militares ocuparon los muelles y terminales. 60 empresas privadas fueron cercadas. Cuando el sol alcanzó su punto más alto, el presidente Hugo Chávez descendió de la lancha presidencial en Lagunillas, en el muelle de terminales petroleras. Proclamó lo que llamó «un acto de independencia». «Es justicia», dijo. «Es nacionalización de actividades petroleras conexas».Pero lo que ocurrió fue la confiscación de gabarras, grúas, diques, plataformas, lanchas de buceo y remolcadores. En total, 143 empresas fueron expropiadas . Mil embarcaciones confiscadas. 39 muelles nacionalizados. La industria petrolera venezolana nunca se recuperaría de ese día.«La infraestructura petrolera está completamente colapsada» Rafael Zambrano Secretario general del Sindicato Marino del estado Zulia«Eso trajo una gran frustración», dice Rafael. «Las empresas dejaron de invertir y todo lo que vemos hoy fue decayendo de manera paulatina». Lo que ven es la destrucción de la infraestructura. Las estaciones de flujo comenzaron a caerse. Se desmantelaron motores, turbinas, todo… Las tuberías, algunas sumergidas en el lago durante más de cien años, no recibían mantenimiento. La corrosión las devoraba lentamente. Bajo el agua yacen aproximadamente 30.000 kilómetros de tuberías con graves problemas de corrosión, un laberinto subacuático de metal oxidado que se desmorona lentamente.«Y esa es una de las causas de la grave contaminación que sufre el lago», explica Rafael. «Hay muchas tuberías en la cuenca que necesitan reparaciones por el tiempo que llevan sumergidas. Todo esto ha sido un proceso de destrucción».Una red carcomida por la corrosiónYunior Padrón es supervisor de las unidades de colectores de crudo. Es un trabajador activo. Lleva 32 años en la industria. Habla con la autoridad de quien ha visto cada tornillo, cada válvula, cada centímetro de tubería. «La industria colapsó», dice sin dramatismo. «Se politizó, y eso nos hizo mucho daño». Los números son abrumadores: más de 15.000 pozos en la cuenca, de los cuales unos 13.000 podrían ser recuperables pero requieren intervención profunda. Reparar esa red subterránea sería una tarea de magnitud casi imposible .Fue durante los años en los que Rafael Ramírez presidía PDVSA cuando la petrolera estatal se convirtió en lo que muchos trabajadores llamaban «la industria roja rojita», una máquina política más que una operación técnica. Entre 2003 y 2012, mientras los precios del petróleo alcanzaban máximos históricos, Ramírez desviaba recursos hacia proyectos políticos en toda Latinoamérica. Según acusaciones formales, más de 11.000 millones de dólares (9.500 millones de euros) fueron desviados de PDVSA. El propio Ramírez reconoció después que, durante sus diez años al frente de la empresa, se perdieron cerca de 700.000 millones de dólares (600.000 millones de euros) en corrupción y mala gestión. Se gastaron 3.700 millones de dólares (3.200 millones de euros) en la construcción de 18 buques innecesarios; otros 3.700 millones de dólares (3.200 millones de euros) fueron a un fondo para financiar centrales hidroeléctricas, autopistas y represas en el exterior. Mientras, la infraestructura en Zulia se deterioraba en silencio. Los trabajadores veían cómo sus salarios perdían valor mientras la industria se desmoronaba.Entre restos cubiertos de petróleo en la costa, una plataforma se divisa en el horizonte (primera foto). El crudo lo impregna todo, hasta las manos de quienes las meten en el agua del lago de Maracaibo (segunda 2). El óxido corroe las tuberías y amenaza las infraestructuras (tercera foto). Jorge BenezraYunior advierte sobre algo que pocos mencionan: el envenenamiento del lago podría intensificarse cuando la industria intente recuperarse. Las tuberías corroídas, debilitadas por años sin mantenimiento, podrían reventar bajo la presión de una producción aumentada. Eso significaría derrames masivos, más toxinas filtrándose en el agua. «Si presionamos estas tuberías viejas», dice, «van a colapsar. Habrá fugas incontrolables. Manchas de crudo por todas partes». El abandono impide operar, pero la operación sobre el abandono generaría un desastre mayor.Rafael Ramírez reconoció que durante sus diez años al frente de PDVSA se perdieron cerca de 700.000 millones de dólares en corrupción y mala gestiónPero Joan Rangel no piensa en eso. Joan piensa en la esperanza. Es buzo. Tiene 40 años, nació en Cabimas. Trabajó durante años en el mantenimiento de la industria petrolera: reparaciones submarinas, trabajos de precisión en las profundidades del lago. Pero también es pescador. Vio morir el lago desde dos perspectivas: la del trabajador que conocía la infraestructura y la del hombre que vivía del agua.«Empezamos a navegar entre manchas de petróleo. Manchas negras. Se pegaban al bote, a la piel. El olor a crudo se convirtió en nuestro aroma». Sacar la red era una lotería. «A veces salía vacía, a veces llena de peces. Pero, ¿quién compraba un pescado contaminado? Un pescado que olía a gasolina».Después del 3 de enero, cuando Maduro fue capturado por Estados Unidos, algo cambió. Joan habla de lo que ve ahora con una mezcla de fe y desconfianza. «Me desperté con mucha esperanza». Pero, ¿es esperanza o un espejismo? En dos meses, dice, ha visto cosas que no esperaba. Los derrames han frenado. El pescado sale limpio. Algunas estaciones eléctricas en el agua ahora están iluminadas por la noche, algo que no ocurría hace años. La terminal de embarque La Salina en Cabimas, una de las infraestructuras portuarias y de almacenamiento de crudo más importantes de la costa oriental del lago, no deja de recibir barcos para cargar crudo y propano.Joan no pierde la fe en regresar a la industria. Sus manos, acostumbradas a reparar tuberías en las profundidades, podrían volver a ser útiles. «Tengo mucha fe en que esto va a seguir avanzando para bien», dice. «Y yo quiero ser parte de eso». Pero su voz sugiere que sabe que la esperanza es frágil, que el espejismo podría desvanecerse.Operar de nuevoHay una pregunta que nadie quiere responder: ¿cómo van a recuperar la industria si el lago está tan contaminado? ¿Cómo van a operar Chevron, Repsol, Shell o ENI si la corrosión es acelerada por la contaminación? ¿Cómo van a mantener los equipos si las tuberías centenarias colapsan bajo presión?El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció en febrero nuevas licencias que rebajan las restricciones para que petroleras foráneas operen en Venezuela. Otorgó permisos a cinco empresas, entre ellas la española Repsol, aunque bajo estrictas condiciones. Las dos nuevas licencias no eliminan el marco de sanciones, pero facilitan que empresas no venezolanas comiencen a extraer crudo. El anuncio se enmarca en el plan de Washington con el Gobierno de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, para reabrir el mercado petrolífero local tras la captura del expresidente Nicolás Maduro por tropas estadounidenses nada más empezar el año.Recuperar el lago de Maracaibo: una factura de 130.000 millones de euros Según Rystad Energy, la recuperación de la industria petrolera del lago de Maracaibo requeriría 150.000 millones de dólares (130.000 millones de euros) en inversión acumulada durante un periodo de diez a quince años para restaurar la producción a tres millones de barriles diarios. El estudio especifica que el coste incluye restauración de instalaciones, proyectos de mejora, tuberías, almacenamiento y sistemas de exportación. Solo mantener la producción actual exigiría 53.000 millones de dólares (46.000 millones de euros). El punto de equilibrio del ciclo completo se sitúa entre 70 y 80 dólares (entre 60 y 70 euros) por barril.La Cámara de Industria y Comercio de Cabimas es optimista. Estima que las inversiones petroleras impactarían en la reactivación del 90% de unas 400 empresas del sector en la costa oriental del lago. Tras la reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos, las expectativas crecieron. Pero chocan contra la realidad: una infraestructura destruida, un lago envenenado y tuberías centenarias que podrían colapsar en cualquier momento.Rafael es claro: «Para poder levantar la producción aquí, tenemos que levantar la infraestructura. Es irremediable». Pero ¿a qué coste? ¿Cuánto costará limpiar el lago? ¿Quién pagará por reparar años de negligencia?Cabimas es donde nació el petróleo venezolano. Fue aquí donde comenzó la riqueza que nunca llegó a los pobres, donde la industria creció sin control ni regulación ambiental. Y ahora, más de cien años después, Cabimas es donde esa maldición se manifiesta en toda su crudeza. El olor a petróleo sigue aquí. Pero es el olor de una industria que nació en este lugar y que aquí también podría morir, no por falta de crudo, sino por exceso de veneno. La lancha atraviesa el agua verde del lago de Maracaibo, enclavado en el noroeste de Venezuela . No es un verde vivo. Es un verde muerto, espeso, sofocante. Una mancha que cubre el 70% de la superficie como una mortaja. Es el verdín, cianobacterias tóxicas que han convertido el lago en un cementerio acuático. En el horizonte, las plataformas de hierro reposan como monstruos gigantes suspendidos en el tiempo. Oxidadas, inmóviles, algunas con las estructuras parcialmente hundidas, parecen esqueletos de una civilización que fue.Según los expertos, 10.000 litros de aguas residuales sin tratar entran cada segundo. Las plantas de tratamiento no funcionan . El informe de Odevida es categórico: eutrofización intensiva, provocada por décadas de derrames petroleros, desechos sólidos, agroquímicos y efluentes urbanos. Cabimas, la cuna del petróleo venezolano en 1918, hoy respira el veneno de su propia riqueza.Rafael Zambrano está de pie en el muelle. Es secretario general del Sindicato Marino del estado Zulia y secretario ejecutivo de Fedepetrol, donde están afiliados la mayoría de los trabajadores petroleros del país. Habla con la precisión de quien ha visto morir una industria desde dentro. «El estado de la industria a día de hoy es deprimente», dice, mirando al agua. «La infraestructura está completamente colapsada» .Noticia relacionada general No No Delcy Rodríguez purga al ministro de Defensa, Vladímir Padrino, para congraciarse con Trump Ludmila VinogradoffLos números que recita son como epitafios. Antes de 1999, cuando Chávez llegó al poder, Occidente tenía 156 taladros trabajando en los campos de tierra y 89 gabarras en el lago. Había entre 50 y 60 remolcadores dando apoyo, 32 barcazas de suministro y 400 embarcaciones livianas movilizando trabajadores. «Aquí había un corredor muy intenso de embarcaciones», recuerda Rafael. «Transportaban personal a las diferentes instalaciones del lago».Pero el 8 de mayo de 2009 todo se detuvo. Fue un viernes de mar en calma. Al amanecer, centenares de militares ocuparon los muelles y terminales. 60 empresas privadas fueron cercadas. Cuando el sol alcanzó su punto más alto, el presidente Hugo Chávez descendió de la lancha presidencial en Lagunillas, en el muelle de terminales petroleras. Proclamó lo que llamó «un acto de independencia». «Es justicia», dijo. «Es nacionalización de actividades petroleras conexas».Pero lo que ocurrió fue la confiscación de gabarras, grúas, diques, plataformas, lanchas de buceo y remolcadores. En total, 143 empresas fueron expropiadas . Mil embarcaciones confiscadas. 39 muelles nacionalizados. La industria petrolera venezolana nunca se recuperaría de ese día.«La infraestructura petrolera está completamente colapsada» Rafael Zambrano Secretario general del Sindicato Marino del estado Zulia«Eso trajo una gran frustración», dice Rafael. «Las empresas dejaron de invertir y todo lo que vemos hoy fue decayendo de manera paulatina». Lo que ven es la destrucción de la infraestructura. Las estaciones de flujo comenzaron a caerse. Se desmantelaron motores, turbinas, todo… Las tuberías, algunas sumergidas en el lago durante más de cien años, no recibían mantenimiento. La corrosión las devoraba lentamente. Bajo el agua yacen aproximadamente 30.000 kilómetros de tuberías con graves problemas de corrosión, un laberinto subacuático de metal oxidado que se desmorona lentamente.«Y esa es una de las causas de la grave contaminación que sufre el lago», explica Rafael. «Hay muchas tuberías en la cuenca que necesitan reparaciones por el tiempo que llevan sumergidas. Todo esto ha sido un proceso de destrucción».Una red carcomida por la corrosiónYunior Padrón es supervisor de las unidades de colectores de crudo. Es un trabajador activo. Lleva 32 años en la industria. Habla con la autoridad de quien ha visto cada tornillo, cada válvula, cada centímetro de tubería. «La industria colapsó», dice sin dramatismo. «Se politizó, y eso nos hizo mucho daño». Los números son abrumadores: más de 15.000 pozos en la cuenca, de los cuales unos 13.000 podrían ser recuperables pero requieren intervención profunda. Reparar esa red subterránea sería una tarea de magnitud casi imposible .Fue durante los años en los que Rafael Ramírez presidía PDVSA cuando la petrolera estatal se convirtió en lo que muchos trabajadores llamaban «la industria roja rojita», una máquina política más que una operación técnica. Entre 2003 y 2012, mientras los precios del petróleo alcanzaban máximos históricos, Ramírez desviaba recursos hacia proyectos políticos en toda Latinoamérica. Según acusaciones formales, más de 11.000 millones de dólares (9.500 millones de euros) fueron desviados de PDVSA. El propio Ramírez reconoció después que, durante sus diez años al frente de la empresa, se perdieron cerca de 700.000 millones de dólares (600.000 millones de euros) en corrupción y mala gestión. Se gastaron 3.700 millones de dólares (3.200 millones de euros) en la construcción de 18 buques innecesarios; otros 3.700 millones de dólares (3.200 millones de euros) fueron a un fondo para financiar centrales hidroeléctricas, autopistas y represas en el exterior. Mientras, la infraestructura en Zulia se deterioraba en silencio. Los trabajadores veían cómo sus salarios perdían valor mientras la industria se desmoronaba.Entre restos cubiertos de petróleo en la costa, una plataforma se divisa en el horizonte (primera foto). El crudo lo impregna todo, hasta las manos de quienes las meten en el agua del lago de Maracaibo (segunda 2). El óxido corroe las tuberías y amenaza las infraestructuras (tercera foto). Jorge BenezraYunior advierte sobre algo que pocos mencionan: el envenenamiento del lago podría intensificarse cuando la industria intente recuperarse. Las tuberías corroídas, debilitadas por años sin mantenimiento, podrían reventar bajo la presión de una producción aumentada. Eso significaría derrames masivos, más toxinas filtrándose en el agua. «Si presionamos estas tuberías viejas», dice, «van a colapsar. Habrá fugas incontrolables. Manchas de crudo por todas partes». El abandono impide operar, pero la operación sobre el abandono generaría un desastre mayor.Rafael Ramírez reconoció que durante sus diez años al frente de PDVSA se perdieron cerca de 700.000 millones de dólares en corrupción y mala gestiónPero Joan Rangel no piensa en eso. Joan piensa en la esperanza. Es buzo. Tiene 40 años, nació en Cabimas. Trabajó durante años en el mantenimiento de la industria petrolera: reparaciones submarinas, trabajos de precisión en las profundidades del lago. Pero también es pescador. Vio morir el lago desde dos perspectivas: la del trabajador que conocía la infraestructura y la del hombre que vivía del agua.«Empezamos a navegar entre manchas de petróleo. Manchas negras. Se pegaban al bote, a la piel. El olor a crudo se convirtió en nuestro aroma». Sacar la red era una lotería. «A veces salía vacía, a veces llena de peces. Pero, ¿quién compraba un pescado contaminado? Un pescado que olía a gasolina».Después del 3 de enero, cuando Maduro fue capturado por Estados Unidos, algo cambió. Joan habla de lo que ve ahora con una mezcla de fe y desconfianza. «Me desperté con mucha esperanza». Pero, ¿es esperanza o un espejismo? En dos meses, dice, ha visto cosas que no esperaba. Los derrames han frenado. El pescado sale limpio. Algunas estaciones eléctricas en el agua ahora están iluminadas por la noche, algo que no ocurría hace años. La terminal de embarque La Salina en Cabimas, una de las infraestructuras portuarias y de almacenamiento de crudo más importantes de la costa oriental del lago, no deja de recibir barcos para cargar crudo y propano.Joan no pierde la fe en regresar a la industria. Sus manos, acostumbradas a reparar tuberías en las profundidades, podrían volver a ser útiles. «Tengo mucha fe en que esto va a seguir avanzando para bien», dice. «Y yo quiero ser parte de eso». Pero su voz sugiere que sabe que la esperanza es frágil, que el espejismo podría desvanecerse.Operar de nuevoHay una pregunta que nadie quiere responder: ¿cómo van a recuperar la industria si el lago está tan contaminado? ¿Cómo van a operar Chevron, Repsol, Shell o ENI si la corrosión es acelerada por la contaminación? ¿Cómo van a mantener los equipos si las tuberías centenarias colapsan bajo presión?El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció en febrero nuevas licencias que rebajan las restricciones para que petroleras foráneas operen en Venezuela. Otorgó permisos a cinco empresas, entre ellas la española Repsol, aunque bajo estrictas condiciones. Las dos nuevas licencias no eliminan el marco de sanciones, pero facilitan que empresas no venezolanas comiencen a extraer crudo. El anuncio se enmarca en el plan de Washington con el Gobierno de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, para reabrir el mercado petrolífero local tras la captura del expresidente Nicolás Maduro por tropas estadounidenses nada más empezar el año.Recuperar el lago de Maracaibo: una factura de 130.000 millones de euros Según Rystad Energy, la recuperación de la industria petrolera del lago de Maracaibo requeriría 150.000 millones de dólares (130.000 millones de euros) en inversión acumulada durante un periodo de diez a quince años para restaurar la producción a tres millones de barriles diarios. El estudio especifica que el coste incluye restauración de instalaciones, proyectos de mejora, tuberías, almacenamiento y sistemas de exportación. Solo mantener la producción actual exigiría 53.000 millones de dólares (46.000 millones de euros). El punto de equilibrio del ciclo completo se sitúa entre 70 y 80 dólares (entre 60 y 70 euros) por barril.La Cámara de Industria y Comercio de Cabimas es optimista. Estima que las inversiones petroleras impactarían en la reactivación del 90% de unas 400 empresas del sector en la costa oriental del lago. Tras la reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos, las expectativas crecieron. Pero chocan contra la realidad: una infraestructura destruida, un lago envenenado y tuberías centenarias que podrían colapsar en cualquier momento.Rafael es claro: «Para poder levantar la producción aquí, tenemos que levantar la infraestructura. Es irremediable». Pero ¿a qué coste? ¿Cuánto costará limpiar el lago? ¿Quién pagará por reparar años de negligencia?Cabimas es donde nació el petróleo venezolano. Fue aquí donde comenzó la riqueza que nunca llegó a los pobres, donde la industria creció sin control ni regulación ambiental. Y ahora, más de cien años después, Cabimas es donde esa maldición se manifiesta en toda su crudeza. El olor a petróleo sigue aquí. Pero es el olor de una industria que nació en este lugar y que aquí también podría morir, no por falta de crudo, sino por exceso de veneno. RSS de noticias de internacional
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