<p>La caída de la natalidad es el combustible que alimenta el proceso de envejecimiento demográfico que va a definir España, al menos, en las próximas tres décadas. Aunque las consecuencias de este proceso se han documentado de forma bastante amplia en ámbitos del gasto público como el gasto en pensiones, el gasto sanitario o el gasto en cuidados, paradójicamente su impacto ha sido menos estudiado sobre el que probablemente es la partida de gasto que se verá afectada de forma más inmediata, el gasto educativo.</p>
La caída de la natalidad es el combustible que alimenta el proceso de envejecimiento demográfico que va a definir España, al menos, en las próximas tres décadas. Aunque las cons
<p>La caída de la natalidad es el combustible que alimenta el proceso de envejecimiento demográfico que va a definir España, al menos, en las próximas tres décadas. Aunque las consecuencias de este proceso se han documentado de forma bastante amplia en ámbitos del gasto público como el gasto en pensiones, el gasto sanitario o el gasto en cuidados, paradójicamente su impacto ha sido menos estudiado sobre el que probablemente es la partida de gasto que se verá afectada de forma más inmediata, el gasto educativo.</p>
Actualidad Económica
