Hay historias que las arrastra, gota a gota, la bajamar de toda una bahía. La del litoral gaditano, porque Rota lleva imbricada en su herencia la memoria de hortelanos y marineros, la yerma antigua de los fenicios y de los corrales romanos; de Tartessos, mayetos y de los que siempre preguntan qué aguardará esa fina línea del Atlántico. Desde hace nada menos que 68 años, Rota es también un balcón al mar. A alta mar, la que vigilan buques de guerra por la presencia de la base aeronaval de soberanía española, y sobre la que lleva años desplegado el ejército norteamericano. Hoy que Estados Unidos vuelve a amenazar con llevarse su misión de Rota a Grecia, en esa enésima tentativa que sigue lejos de ser una realidad, resulta más necesario que nunca conocer qué une a pueblos tan opuestos en la teoría. «La estrella por la que despierta Andalucía», como la definió Rafael Alberti en la voz de Carlos Cano, con la primera potencia del mundo libre.Rota es a la provincia de Cádiz una de sus hijas predilectas, y no sólo porque sus playas tengan desde hace años más banderas azules que ningún otro lugar en Andalucía o porque su patrona responda al nombre de Rosario. Su posición geográfica la convirtió a principios de los años 50 en un lugar tranquilo y seguro en el que, merced a los Pactos de Madrid entre España y Estados Unidos, edificar la base con su puerto y su aeropuerto militar. Entrada a la base naval de Rota Foto: Raúl Doblado (foto) / Vídeo:Inma GuisadoPese al rechazo de grupos pacifistas que entendían que su imposición era una afrenta, los había y hay que confían en que su llegada representó uno de los mayores motores económicos de la provincia, por empleos directos e indirectos generados, de los que hoy siguen viviendo cientos de familias en la localidad. Soldados americanos, por su lado, destinados en tierras de sal y arena, conviven a sabiendas de que un paraíso de playa, sol y gastronomía se halla a un control de distancia como el que se sitúa a la entrada.Uno como el que domina esta mañana nublada. La brigada de la infantería marina del ejército español es la que a las puertas del acceso a la base pide la correspondiente identificación a quienes esperan penetrar este enclave que supera las 2.500 hectáreas. Al otro lado, en la salida, están los soldados americanos. En las primeras horas del día pasan cientos de ellos que van directos a sus puestos de trabajo de una base que mueve unos 600 millones de euros al año y genera aproximadamente 12.000 empleos. Por contextualizar, cerca de la mitad de la población de Rota (29.289 habitantes). Arriba, un vecino de Rota pasea en bicicleta ante un bar americano; a la izquierda, un tetrápodo y a la derecha, una paseante con los destructores al fondo Raúl DobladoLa barrera es, sin quererlo, la que divide dos mundos, dos idiomas, dos culturas y dos formas de ver la vida. Una misma presencia compartida en uno de los rincones con mayor encanto del sur de España. Una tierra de trabajadores que sabe a arranque, poleá y tintilla, por más que la pizza levante copiosos titulares. «Para un roteño es esencial mantener esas buenas relaciones con ellos», incide Juan Antonio Díaz, quien sirvió de nexo durante tres legislaturas entre el Ayuntamiento y la base.«La base es nuestra vida»Julián Reales, entrenador roteño de fútbol y empleado de la base naval, en el paseo marítimo de la playa del Chorrillo. Raúl DobladoDe todo eso sabe y más Julián Reales , un empleado del gimnasio americano, el MWR Fitness Center, al que acuden tantos marines y miembros de alto rango del ejército estadounidense. Entrenador de fútbol base durante toda su vida, Julián ha formado a numerosas generaciones en valores que valen incluso más en la vida que en el propio césped. Durante décadas ha compaginado dicho rol con su puesto en la base, ya que mantiene las instalaciones del gimnasio tras años de dedicación y no menos reconocimiento por parte de sus superiores. «Yo entré en la base de peón en el 95», explica, haciendo alusión al día en que comenzó a trabajar allí.Aunque se defienda, nunca necesitó el inglés, puesto que siempre articuló el lenguaje del respeto para comprenderles. «Los americanos son muy suyos, pero no se meten en nada», alega serio desde el paseo marítimo de la playa del Chorrillo, desde la que se pueden otear los antimisiles USS Roosevelt y el USS Bulkeley. «Nosotros vivimos tranquilamente y no tenemos ese miedo de que la base se vaya, como tiene alguna gente en España», añade. Este trabajador afirma que el «50 o el 70 por ciento» de Rota depende de la base, y que si Trump se la llevara, no sabe de qué vivirían. «Mis tres hermanas están casadas con americanos, y todos prefieren Rota a Estados Unidos por lo bien que se vive aquí», subraya.Un ambiente familiar en la vida militarLa joven roteña Susana Serrano, en el interior de su domicilio en la población gaditana. Raúl DobladoA Susana Serrano el aterrizaje de la base también le cambió los planes. Apenas pasa la treintena y con todo por vivir, ya está a la espera de ser madre por segunda vez. Su historia es la de tantas y tantas roteñas que conocieron a un soldado que vino por una misión y acabó sembrando familia. Las hay que se han acabado reencontrando tanto tiempo después, o que ya son incluso abuelas. «Nos conocimos en 2017, empezamos y nos fuimos a vivir varios años a Estados Unidos», comenta la joven roteña a ABC en el patio de su domicilio. El covid entonces complicó las cosas, dado que él estaba destinado en otro país, pero su ilusión por mantenerse juntos siempre estuvo por delante. «Nos casamos en California en 2021 y tuvimos a mi primera hija tres años más tarde», narra con la firmeza de quien ha tenido siempre las cosas claras.Para ella entregarse en cuerpo y alma a un proyecto llamado familia nunca fue un problema, y le quita hierro a las consecuencias socioeconómicas de una hipotética salida de la base, aunque ello les obligase a cambiar de aires una vez más por causa tan forzosa. «Cuando estuve en Estados Unidos, viví muy cerca de México, y conocí a muchas familias mexicanas, que tienen una cultura más cercana a la nuestra», declara. Una comunión que Susana valora henchida a corazón abierto, ahora que en Rota se relaciona con muchas familias americanas con un perfil similar al suyo. «En la vida militar se hace mucha ‘piña’ porque es lo que uno tiene», apostilla.Lazos institucionales y culturalesLa bailaora roteña Laura ‘Pirri? ABCEl camino más corto para que dos naciones se den la mano siempre será la música. Durante los años setenta, ochenta y noventa, a los roteños les llegaba la tecnología más avanzada desde la base naval en materia de discos compactos o MP3, lo que les permitía escuchar los lanzamientos musicales internacionales mucho antes de que llegaran a cualquier otro punto de España. Al pueblo y a los bares de suma presencia norteamericana llegó el hip hop, el rhythm and blues y el rock and roll y la cultura andaluza respondió con coplas y no menos sevillanas de los Ecos del Rocío. Por esa razón, Laura ‘Pirri’ , bailaora roteña, dispone en sus clases de varias alumnas extranjeras que están aprendiendo flamenco con la misma iniciativa que si hubieran nacido en Jerez de la Frontera. «Hace ocho años llamó a mi academia Rocío Ruiz, del área de Turismo del Ayuntamiento de Rota, porque tenía al menos ocho alumnas interesadas», establece a este medio. Esta virtuosa del baile, hija de un reconocido hostelero de la localidad, disfruta el intercambio de experiencias al ver «lo serio que se lo toman, porque tienen ganas de aprender de verdad». En Navidad, estas esforzadas aprendices se unieron al resto de alumnas de su academia y juntas fraguaron una actuación coral más que conseguida. Se espera que hagan lo propio en la Feria de la Primavera de Rota, que tiene lugar una semana después de la de Sevilla, para volver a lucir con orgullo traje de flamenca y soñar con ser Sara Baras pese a que en sus carnés ponga que son de Minnesota, Dakota del Norte o Florida. Otras tierras más lejanas, sin duda, como lo es Rota para tantos americanos o lo es América para tantos roteños, que aguardan en calma tensa por si Trump termina por mudar la base naval. Hay historias que las arrastra, gota a gota, la bajamar de toda una bahía. La del litoral gaditano, porque Rota lleva imbricada en su herencia la memoria de hortelanos y marineros, la yerma antigua de los fenicios y de los corrales romanos; de Tartessos, mayetos y de los que siempre preguntan qué aguardará esa fina línea del Atlántico. Desde hace nada menos que 68 años, Rota es también un balcón al mar. A alta mar, la que vigilan buques de guerra por la presencia de la base aeronaval de soberanía española, y sobre la que lleva años desplegado el ejército norteamericano. Hoy que Estados Unidos vuelve a amenazar con llevarse su misión de Rota a Grecia, en esa enésima tentativa que sigue lejos de ser una realidad, resulta más necesario que nunca conocer qué une a pueblos tan opuestos en la teoría. «La estrella por la que despierta Andalucía», como la definió Rafael Alberti en la voz de Carlos Cano, con la primera potencia del mundo libre.Rota es a la provincia de Cádiz una de sus hijas predilectas, y no sólo porque sus playas tengan desde hace años más banderas azules que ningún otro lugar en Andalucía o porque su patrona responda al nombre de Rosario. Su posición geográfica la convirtió a principios de los años 50 en un lugar tranquilo y seguro en el que, merced a los Pactos de Madrid entre España y Estados Unidos, edificar la base con su puerto y su aeropuerto militar. Entrada a la base naval de Rota Foto: Raúl Doblado (foto) / Vídeo:Inma GuisadoPese al rechazo de grupos pacifistas que entendían que su imposición era una afrenta, los había y hay que confían en que su llegada representó uno de los mayores motores económicos de la provincia, por empleos directos e indirectos generados, de los que hoy siguen viviendo cientos de familias en la localidad. Soldados americanos, por su lado, destinados en tierras de sal y arena, conviven a sabiendas de que un paraíso de playa, sol y gastronomía se halla a un control de distancia como el que se sitúa a la entrada.Uno como el que domina esta mañana nublada. La brigada de la infantería marina del ejército español es la que a las puertas del acceso a la base pide la correspondiente identificación a quienes esperan penetrar este enclave que supera las 2.500 hectáreas. Al otro lado, en la salida, están los soldados americanos. En las primeras horas del día pasan cientos de ellos que van directos a sus puestos de trabajo de una base que mueve unos 600 millones de euros al año y genera aproximadamente 12.000 empleos. Por contextualizar, cerca de la mitad de la población de Rota (29.289 habitantes). Arriba, un vecino de Rota pasea en bicicleta ante un bar americano; a la izquierda, un tetrápodo y a la derecha, una paseante con los destructores al fondo Raúl DobladoLa barrera es, sin quererlo, la que divide dos mundos, dos idiomas, dos culturas y dos formas de ver la vida. Una misma presencia compartida en uno de los rincones con mayor encanto del sur de España. Una tierra de trabajadores que sabe a arranque, poleá y tintilla, por más que la pizza levante copiosos titulares. «Para un roteño es esencial mantener esas buenas relaciones con ellos», incide Juan Antonio Díaz, quien sirvió de nexo durante tres legislaturas entre el Ayuntamiento y la base.«La base es nuestra vida»Julián Reales, entrenador roteño de fútbol y empleado de la base naval, en el paseo marítimo de la playa del Chorrillo. Raúl DobladoDe todo eso sabe y más Julián Reales , un empleado del gimnasio americano, el MWR Fitness Center, al que acuden tantos marines y miembros de alto rango del ejército estadounidense. Entrenador de fútbol base durante toda su vida, Julián ha formado a numerosas generaciones en valores que valen incluso más en la vida que en el propio césped. Durante décadas ha compaginado dicho rol con su puesto en la base, ya que mantiene las instalaciones del gimnasio tras años de dedicación y no menos reconocimiento por parte de sus superiores. «Yo entré en la base de peón en el 95», explica, haciendo alusión al día en que comenzó a trabajar allí.Aunque se defienda, nunca necesitó el inglés, puesto que siempre articuló el lenguaje del respeto para comprenderles. «Los americanos son muy suyos, pero no se meten en nada», alega serio desde el paseo marítimo de la playa del Chorrillo, desde la que se pueden otear los antimisiles USS Roosevelt y el USS Bulkeley. «Nosotros vivimos tranquilamente y no tenemos ese miedo de que la base se vaya, como tiene alguna gente en España», añade. Este trabajador afirma que el «50 o el 70 por ciento» de Rota depende de la base, y que si Trump se la llevara, no sabe de qué vivirían. «Mis tres hermanas están casadas con americanos, y todos prefieren Rota a Estados Unidos por lo bien que se vive aquí», subraya.Un ambiente familiar en la vida militarLa joven roteña Susana Serrano, en el interior de su domicilio en la población gaditana. Raúl DobladoA Susana Serrano el aterrizaje de la base también le cambió los planes. Apenas pasa la treintena y con todo por vivir, ya está a la espera de ser madre por segunda vez. Su historia es la de tantas y tantas roteñas que conocieron a un soldado que vino por una misión y acabó sembrando familia. Las hay que se han acabado reencontrando tanto tiempo después, o que ya son incluso abuelas. «Nos conocimos en 2017, empezamos y nos fuimos a vivir varios años a Estados Unidos», comenta la joven roteña a ABC en el patio de su domicilio. El covid entonces complicó las cosas, dado que él estaba destinado en otro país, pero su ilusión por mantenerse juntos siempre estuvo por delante. «Nos casamos en California en 2021 y tuvimos a mi primera hija tres años más tarde», narra con la firmeza de quien ha tenido siempre las cosas claras.Para ella entregarse en cuerpo y alma a un proyecto llamado familia nunca fue un problema, y le quita hierro a las consecuencias socioeconómicas de una hipotética salida de la base, aunque ello les obligase a cambiar de aires una vez más por causa tan forzosa. «Cuando estuve en Estados Unidos, viví muy cerca de México, y conocí a muchas familias mexicanas, que tienen una cultura más cercana a la nuestra», declara. Una comunión que Susana valora henchida a corazón abierto, ahora que en Rota se relaciona con muchas familias americanas con un perfil similar al suyo. «En la vida militar se hace mucha ‘piña’ porque es lo que uno tiene», apostilla.Lazos institucionales y culturalesLa bailaora roteña Laura ‘Pirri? ABCEl camino más corto para que dos naciones se den la mano siempre será la música. Durante los años setenta, ochenta y noventa, a los roteños les llegaba la tecnología más avanzada desde la base naval en materia de discos compactos o MP3, lo que les permitía escuchar los lanzamientos musicales internacionales mucho antes de que llegaran a cualquier otro punto de España. Al pueblo y a los bares de suma presencia norteamericana llegó el hip hop, el rhythm and blues y el rock and roll y la cultura andaluza respondió con coplas y no menos sevillanas de los Ecos del Rocío. Por esa razón, Laura ‘Pirri’ , bailaora roteña, dispone en sus clases de varias alumnas extranjeras que están aprendiendo flamenco con la misma iniciativa que si hubieran nacido en Jerez de la Frontera. «Hace ocho años llamó a mi academia Rocío Ruiz, del área de Turismo del Ayuntamiento de Rota, porque tenía al menos ocho alumnas interesadas», establece a este medio. Esta virtuosa del baile, hija de un reconocido hostelero de la localidad, disfruta el intercambio de experiencias al ver «lo serio que se lo toman, porque tienen ganas de aprender de verdad». En Navidad, estas esforzadas aprendices se unieron al resto de alumnas de su academia y juntas fraguaron una actuación coral más que conseguida. Se espera que hagan lo propio en la Feria de la Primavera de Rota, que tiene lugar una semana después de la de Sevilla, para volver a lucir con orgullo traje de flamenca y soñar con ser Sara Baras pese a que en sus carnés ponga que son de Minnesota, Dakota del Norte o Florida. Otras tierras más lejanas, sin duda, como lo es Rota para tantos americanos o lo es América para tantos roteños, que aguardan en calma tensa por si Trump termina por mudar la base naval. Hay historias que las arrastra, gota a gota, la bajamar de toda una bahía. La del litoral gaditano, porque Rota lleva imbricada en su herencia la memoria de hortelanos y marineros, la yerma antigua de los fenicios y de los corrales romanos; de Tartessos, mayetos y de los que siempre preguntan qué aguardará esa fina línea del Atlántico. Desde hace nada menos que 68 años, Rota es también un balcón al mar. A alta mar, la que vigilan buques de guerra por la presencia de la base aeronaval de soberanía española, y sobre la que lleva años desplegado el ejército norteamericano. Hoy que Estados Unidos vuelve a amenazar con llevarse su misión de Rota a Grecia, en esa enésima tentativa que sigue lejos de ser una realidad, resulta más necesario que nunca conocer qué une a pueblos tan opuestos en la teoría. «La estrella por la que despierta Andalucía», como la definió Rafael Alberti en la voz de Carlos Cano, con la primera potencia del mundo libre.Rota es a la provincia de Cádiz una de sus hijas predilectas, y no sólo porque sus playas tengan desde hace años más banderas azules que ningún otro lugar en Andalucía o porque su patrona responda al nombre de Rosario. Su posición geográfica la convirtió a principios de los años 50 en un lugar tranquilo y seguro en el que, merced a los Pactos de Madrid entre España y Estados Unidos, edificar la base con su puerto y su aeropuerto militar. Entrada a la base naval de Rota Foto: Raúl Doblado (foto) / Vídeo:Inma GuisadoPese al rechazo de grupos pacifistas que entendían que su imposición era una afrenta, los había y hay que confían en que su llegada representó uno de los mayores motores económicos de la provincia, por empleos directos e indirectos generados, de los que hoy siguen viviendo cientos de familias en la localidad. Soldados americanos, por su lado, destinados en tierras de sal y arena, conviven a sabiendas de que un paraíso de playa, sol y gastronomía se halla a un control de distancia como el que se sitúa a la entrada.Uno como el que domina esta mañana nublada. La brigada de la infantería marina del ejército español es la que a las puertas del acceso a la base pide la correspondiente identificación a quienes esperan penetrar este enclave que supera las 2.500 hectáreas. Al otro lado, en la salida, están los soldados americanos. En las primeras horas del día pasan cientos de ellos que van directos a sus puestos de trabajo de una base que mueve unos 600 millones de euros al año y genera aproximadamente 12.000 empleos. Por contextualizar, cerca de la mitad de la población de Rota (29.289 habitantes). Arriba, un vecino de Rota pasea en bicicleta ante un bar americano; a la izquierda, un tetrápodo y a la derecha, una paseante con los destructores al fondo Raúl DobladoLa barrera es, sin quererlo, la que divide dos mundos, dos idiomas, dos culturas y dos formas de ver la vida. Una misma presencia compartida en uno de los rincones con mayor encanto del sur de España. Una tierra de trabajadores que sabe a arranque, poleá y tintilla, por más que la pizza levante copiosos titulares. «Para un roteño es esencial mantener esas buenas relaciones con ellos», incide Juan Antonio Díaz, quien sirvió de nexo durante tres legislaturas entre el Ayuntamiento y la base.«La base es nuestra vida»Julián Reales, entrenador roteño de fútbol y empleado de la base naval, en el paseo marítimo de la playa del Chorrillo. Raúl DobladoDe todo eso sabe y más Julián Reales , un empleado del gimnasio americano, el MWR Fitness Center, al que acuden tantos marines y miembros de alto rango del ejército estadounidense. Entrenador de fútbol base durante toda su vida, Julián ha formado a numerosas generaciones en valores que valen incluso más en la vida que en el propio césped. Durante décadas ha compaginado dicho rol con su puesto en la base, ya que mantiene las instalaciones del gimnasio tras años de dedicación y no menos reconocimiento por parte de sus superiores. «Yo entré en la base de peón en el 95», explica, haciendo alusión al día en que comenzó a trabajar allí.Aunque se defienda, nunca necesitó el inglés, puesto que siempre articuló el lenguaje del respeto para comprenderles. «Los americanos son muy suyos, pero no se meten en nada», alega serio desde el paseo marítimo de la playa del Chorrillo, desde la que se pueden otear los antimisiles USS Roosevelt y el USS Bulkeley. «Nosotros vivimos tranquilamente y no tenemos ese miedo de que la base se vaya, como tiene alguna gente en España», añade. Este trabajador afirma que el «50 o el 70 por ciento» de Rota depende de la base, y que si Trump se la llevara, no sabe de qué vivirían. «Mis tres hermanas están casadas con americanos, y todos prefieren Rota a Estados Unidos por lo bien que se vive aquí», subraya.Un ambiente familiar en la vida militarLa joven roteña Susana Serrano, en el interior de su domicilio en la población gaditana. Raúl DobladoA Susana Serrano el aterrizaje de la base también le cambió los planes. Apenas pasa la treintena y con todo por vivir, ya está a la espera de ser madre por segunda vez. Su historia es la de tantas y tantas roteñas que conocieron a un soldado que vino por una misión y acabó sembrando familia. Las hay que se han acabado reencontrando tanto tiempo después, o que ya son incluso abuelas. «Nos conocimos en 2017, empezamos y nos fuimos a vivir varios años a Estados Unidos», comenta la joven roteña a ABC en el patio de su domicilio. El covid entonces complicó las cosas, dado que él estaba destinado en otro país, pero su ilusión por mantenerse juntos siempre estuvo por delante. «Nos casamos en California en 2021 y tuvimos a mi primera hija tres años más tarde», narra con la firmeza de quien ha tenido siempre las cosas claras.Para ella entregarse en cuerpo y alma a un proyecto llamado familia nunca fue un problema, y le quita hierro a las consecuencias socioeconómicas de una hipotética salida de la base, aunque ello les obligase a cambiar de aires una vez más por causa tan forzosa. «Cuando estuve en Estados Unidos, viví muy cerca de México, y conocí a muchas familias mexicanas, que tienen una cultura más cercana a la nuestra», declara. Una comunión que Susana valora henchida a corazón abierto, ahora que en Rota se relaciona con muchas familias americanas con un perfil similar al suyo. «En la vida militar se hace mucha ‘piña’ porque es lo que uno tiene», apostilla.Lazos institucionales y culturalesLa bailaora roteña Laura ‘Pirri? ABCEl camino más corto para que dos naciones se den la mano siempre será la música. Durante los años setenta, ochenta y noventa, a los roteños les llegaba la tecnología más avanzada desde la base naval en materia de discos compactos o MP3, lo que les permitía escuchar los lanzamientos musicales internacionales mucho antes de que llegaran a cualquier otro punto de España. Al pueblo y a los bares de suma presencia norteamericana llegó el hip hop, el rhythm and blues y el rock and roll y la cultura andaluza respondió con coplas y no menos sevillanas de los Ecos del Rocío. Por esa razón, Laura ‘Pirri’ , bailaora roteña, dispone en sus clases de varias alumnas extranjeras que están aprendiendo flamenco con la misma iniciativa que si hubieran nacido en Jerez de la Frontera. «Hace ocho años llamó a mi academia Rocío Ruiz, del área de Turismo del Ayuntamiento de Rota, porque tenía al menos ocho alumnas interesadas», establece a este medio. Esta virtuosa del baile, hija de un reconocido hostelero de la localidad, disfruta el intercambio de experiencias al ver «lo serio que se lo toman, porque tienen ganas de aprender de verdad». En Navidad, estas esforzadas aprendices se unieron al resto de alumnas de su academia y juntas fraguaron una actuación coral más que conseguida. Se espera que hagan lo propio en la Feria de la Primavera de Rota, que tiene lugar una semana después de la de Sevilla, para volver a lucir con orgullo traje de flamenca y soñar con ser Sara Baras pese a que en sus carnés ponga que son de Minnesota, Dakota del Norte o Florida. Otras tierras más lejanas, sin duda, como lo es Rota para tantos americanos o lo es América para tantos roteños, que aguardan en calma tensa por si Trump termina por mudar la base naval. RSS de noticias de espana/andalucia
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