<p>Cuando el <strong>18 de julio de 1936</strong> una parte del Ejército se sublevó contra el Gobierno de la República, había <strong>1.872 personas en posesión</strong> de un <a href=»https://www.elmundo.es/loc/famosos/2025/02/22/67b8613de4d4d8935a8b457e.html»>título nobiliario español</a>. Tres años después, finalizada la Guerra Civil, más de 180 -una décima parte del total- habían perdido la vida a consecuencia de la contienda. En su mayoría, asesinados en la retaguardia republicana. Si se tiene en cuenta que, de estas <strong>1.872 personas</strong>, no todos residían en España, el número resulta todavía más elocuente. Además, si sumamos consortes y otros parientes -hijos, hermanos, padres- <strong>la cifra de muertos supera los 400</strong>, de los que tres cuartos murieron violentamente. Ello supone la mayor persecución que ha sufrido la aristocracia española en toda su historia. Su<strong> mera condición nobiliaria</strong> les convirtió a ojos de los elementos más radicales de la zona republicana en un enemigo a abatir. De un día para otro comenzó una<strong> persecución sin cuartel contra la aristocracia</strong> de tal magnitud que, pocos meses después de empezada la contienda, rara era la familia que no había sufrido la pérdida de uno o varios de sus miembros.</p>
Los 90 años del inicio de la Guerra Civil propician la publicación de El holocausto de la aristocracia: Violencia y persecución contra la nobleza en la Guerra Civil (La Esfera de los Libros), un libro que rescata del olvido las historias de aquellos aristócratas que fueron víctimas de la violencia desatada en la retaguardia republicana.
<p>Cuando el <strong>18 de julio de 1936</strong> una parte del Ejército se sublevó contra el Gobierno de la República, había <strong>1.872 personas en posesión</strong> de un <a href=»https://www.elmundo.es/loc/famosos/2025/02/22/67b8613de4d4d8935a8b457e.html»>título nobiliario español</a>. Tres años después, finalizada la Guerra Civil, más de 180 -una décima parte del total- habían perdido la vida a consecuencia de la contienda. En su mayoría, asesinados en la retaguardia republicana. Si se tiene en cuenta que, de estas <strong>1.872 personas</strong>, no todos residían en España, el número resulta todavía más elocuente. Además, si sumamos consortes y otros parientes -hijos, hermanos, padres- <strong>la cifra de muertos supera los 400</strong>, de los que tres cuartos murieron violentamente. Ello supone la mayor persecución que ha sufrido la aristocracia española en toda su historia. Su<strong> mera condición nobiliaria</strong> les convirtió a ojos de los elementos más radicales de la zona republicana en un enemigo a abatir. De un día para otro comenzó una<strong> persecución sin cuartel contra la aristocracia</strong> de tal magnitud que, pocos meses después de empezada la contienda, rara era la familia que no había sufrido la pérdida de uno o varios de sus miembros.</p>
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