Priyanka Chowdhury lleva siete años trabajando en Sudán del Sur. La situación de seguridad en el país africano, el más joven del mundo, es difícil: la violencia entre los partidarios de Salva Kiir y Riek Machar, enemigos acérrimos, amenaza con recobrar el conflicto civil que arrasó la década pasada una de las tierras más pobres del planeta. El vecino del norte, Sudán, presiona en la frontera en una guerra descarnada entre ejército y paramilitares. Aun así, Chowdhury se resiste a conceder que sea el peor momento desde que asumió la portavocía de la misión de paz de Naciones Unidas en Sudán del Sur (Unmiss, en sus siglas en inglés).
Las misiones de paz de la ONU operan con un agujero millonario en sus cuentas, recortes, cierre de bases y repatriaciones de personal
Priyanka Chowdhury lleva siete años trabajando en Sudán del Sur. La situación de seguridad en el país africano, el más joven del mundo, es difícil: la violencia entre los partidarios de Salva Kiir y Riek Machar, enemigos acérrimos, amenaza con recobrar el conflicto civil que arrasó la década pasada una de las tierras más pobres del planeta. El vecino del norte, Sudán, presiona en la frontera en una guerra descarnada entre ejército y paramilitares. Aun así, Chowdhury se resiste a conceder que sea el peor momento desde que asumió la portavocía de la misión de paz de Naciones Unidas en Sudán del Sur (Unmiss, en sus siglas en inglés).
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