La obra de Català-Roca cuenta la historia sin pararse apenas en los acontecimientos o los personajes que la escriben. El objetivo está en la calle, en la vida. Así contó un momento de cambio en España, el de la década de los cincuenta del siglo XX, que resume en ochenta fotografías la exposición ‘La lucidez en la mirada’. «Me di cuenta de que estaba siendo testigo de cosas que desaparecerían rápidamente, lo presentía, al cabo de cinco años no habría podido hacer estas fotografías». La reflexión del propio autor, impresa en la sala de la Pasión de Valladolid, define su propósito de documentar una época, en este caso representada a través de una selección del fondo conservado en el Archivo Fotográfico del Colegio de Arquitectos de Cataluña, que recoge escenas sobre todo de Barcelona y Madrid, pero también escapa de las ciudades protagonistas para hacer paradas en Ibiza y en pueblos de Cuenca o Toledo.Los contrastes no solo están entre las grandes urbes y los municipios menores, sino también dentro de una misma ciudad, donde un coche tirado por un caballo podía esperar el paso de un autobús de dos pisos en la Vía Laietana de Barcelona, mientras en las imágenes vecinas puede verse un moderno tractor en las calles de Quintanar de la Orden (Toledo) delante de dos burros. Fotografías de motocicletas aparcadas en Caravaca (Murcia) ante carteles de Rafael Farina y coches de lujo en la concurrida calle de Alcalá, o el tranvía barcelonés y la fachada de una tienda de «venta de abonos» (y aperos agrícolas) en Motilla del Palancar (Cuenca), se muestran juntas en un juego de opuestos y semejanzas. No faltan en ‘La lucidez en la mirada’ algunas de esas escenas captadas por Català-Roca que forman parte de la memoria visual de más de una generación, muchas de ellas tomadas en el ajetreo de la Gran Vía madrileña, como la de las mujeres con botijos para aliviar la sed de los paseantes, y en la calle barcelonesa del mismo nombre, con sus limpiabotas junto a una torre publicitaria que anuncia el «Pena. Penita pena» de Lola Flores.icalFormado con su padre, Pere Català i Pic, en la etapa representada en la exposición Francesc Català-Roca ya había abierto su estudio y encontrado esa «lucidez» personal revelada en blanco y negro. «Su estilo, que se consolida en los años cincuenta, está marcado por una mirada propia que se manifiesta en el manejo de la posición de la cámara con encuadres precisos que evitan la frontalidad, la utilización de picados y contrapicados, el dominio de la luz y del claroscuro, la búsqueda del equilibrio y la introducción del dinamismo, así como en su gran amor y empatía por aquello que fotografía», escribe Oliva María Rubio, comisaria de la muestra concebida para conmemorar el centenario del autor y que formó parte de PHotoEspaña 2022.Aunque la mayoría de las imágenes recogen escenas cotidianas con personas anónimas, también puede verse a Dalí saltando a la comba entre niños en el Parque Güell en 1953 o a su amigo Joan Miró, muy presente en la otra faceta de Català-Roca representada en la sala de la antigua iglesia de la Pasión (hasta el 1 de marzo). El espacio de la sacristía da cuenta del trabajo del fotógrafo en el cine, con la proyección de dos documentales suyos de 1970, ‘Miró-Artigas’ y ‘Miró-Osaka’, realizados a raíz del encargo al polifacético artista y al ceramista al que alude el primer título de un mural para la Feria Internacional de la ciudad japonesa mencionada en el segundo.Noticia Relacionada FOTOGRAFÍA estandar Si Relato plural sobre la historia de la fotografía española Camino Monje Con el final de las obras del Banco de España en Soria previsto para finales de septiembre, el Centro Nacional de Fotografía perfila su identidad: «una fotografía expandida y dialogante con los debates artísticos contemporáneos»En el mismo espacio se rebasa el marco cronológico principal de la muestra, una década a partir de 1952, para dejar constancia de la obra de Català-Roca menos conocida , la que lo acredita como un temprano investigador del color: ya en 1941 había probado con la técnica de la tricromía aplicada en las artes gráficas. Un gran panel que reproduce las hojas de contacto de sus fotografías de Nueva York, fundamentalmente de motivos arquitectónicos, ilustra esa inquietud de dejar de ser «acromático» a partir de 1973. Tras lo que debió de ser un deslumbramiento ante la ciudad de los rascacielos en su primer viaje, repetiría destino en nueve ocasiones más entre 1987 y 1991, hasta reunir un conjunto de tres mil fotografías en color. Según uno de los textos de la exposición, «se trata quizás del trabajo más completo y personal de fotografía en color de una ciudad que llevó a cabo, y de un sueño, su publicación [en forma de libro], que no llegó a ver cumplido». La obra de Català-Roca cuenta la historia sin pararse apenas en los acontecimientos o los personajes que la escriben. El objetivo está en la calle, en la vida. Así contó un momento de cambio en España, el de la década de los cincuenta del siglo XX, que resume en ochenta fotografías la exposición ‘La lucidez en la mirada’. «Me di cuenta de que estaba siendo testigo de cosas que desaparecerían rápidamente, lo presentía, al cabo de cinco años no habría podido hacer estas fotografías». La reflexión del propio autor, impresa en la sala de la Pasión de Valladolid, define su propósito de documentar una época, en este caso representada a través de una selección del fondo conservado en el Archivo Fotográfico del Colegio de Arquitectos de Cataluña, que recoge escenas sobre todo de Barcelona y Madrid, pero también escapa de las ciudades protagonistas para hacer paradas en Ibiza y en pueblos de Cuenca o Toledo.Los contrastes no solo están entre las grandes urbes y los municipios menores, sino también dentro de una misma ciudad, donde un coche tirado por un caballo podía esperar el paso de un autobús de dos pisos en la Vía Laietana de Barcelona, mientras en las imágenes vecinas puede verse un moderno tractor en las calles de Quintanar de la Orden (Toledo) delante de dos burros. Fotografías de motocicletas aparcadas en Caravaca (Murcia) ante carteles de Rafael Farina y coches de lujo en la concurrida calle de Alcalá, o el tranvía barcelonés y la fachada de una tienda de «venta de abonos» (y aperos agrícolas) en Motilla del Palancar (Cuenca), se muestran juntas en un juego de opuestos y semejanzas. No faltan en ‘La lucidez en la mirada’ algunas de esas escenas captadas por Català-Roca que forman parte de la memoria visual de más de una generación, muchas de ellas tomadas en el ajetreo de la Gran Vía madrileña, como la de las mujeres con botijos para aliviar la sed de los paseantes, y en la calle barcelonesa del mismo nombre, con sus limpiabotas junto a una torre publicitaria que anuncia el «Pena. Penita pena» de Lola Flores.icalFormado con su padre, Pere Català i Pic, en la etapa representada en la exposición Francesc Català-Roca ya había abierto su estudio y encontrado esa «lucidez» personal revelada en blanco y negro. «Su estilo, que se consolida en los años cincuenta, está marcado por una mirada propia que se manifiesta en el manejo de la posición de la cámara con encuadres precisos que evitan la frontalidad, la utilización de picados y contrapicados, el dominio de la luz y del claroscuro, la búsqueda del equilibrio y la introducción del dinamismo, así como en su gran amor y empatía por aquello que fotografía», escribe Oliva María Rubio, comisaria de la muestra concebida para conmemorar el centenario del autor y que formó parte de PHotoEspaña 2022.Aunque la mayoría de las imágenes recogen escenas cotidianas con personas anónimas, también puede verse a Dalí saltando a la comba entre niños en el Parque Güell en 1953 o a su amigo Joan Miró, muy presente en la otra faceta de Català-Roca representada en la sala de la antigua iglesia de la Pasión (hasta el 1 de marzo). El espacio de la sacristía da cuenta del trabajo del fotógrafo en el cine, con la proyección de dos documentales suyos de 1970, ‘Miró-Artigas’ y ‘Miró-Osaka’, realizados a raíz del encargo al polifacético artista y al ceramista al que alude el primer título de un mural para la Feria Internacional de la ciudad japonesa mencionada en el segundo.Noticia Relacionada FOTOGRAFÍA estandar Si Relato plural sobre la historia de la fotografía española Camino Monje Con el final de las obras del Banco de España en Soria previsto para finales de septiembre, el Centro Nacional de Fotografía perfila su identidad: «una fotografía expandida y dialogante con los debates artísticos contemporáneos»En el mismo espacio se rebasa el marco cronológico principal de la muestra, una década a partir de 1952, para dejar constancia de la obra de Català-Roca menos conocida , la que lo acredita como un temprano investigador del color: ya en 1941 había probado con la técnica de la tricromía aplicada en las artes gráficas. Un gran panel que reproduce las hojas de contacto de sus fotografías de Nueva York, fundamentalmente de motivos arquitectónicos, ilustra esa inquietud de dejar de ser «acromático» a partir de 1973. Tras lo que debió de ser un deslumbramiento ante la ciudad de los rascacielos en su primer viaje, repetiría destino en nueve ocasiones más entre 1987 y 1991, hasta reunir un conjunto de tres mil fotografías en color. Según uno de los textos de la exposición, «se trata quizás del trabajo más completo y personal de fotografía en color de una ciudad que llevó a cabo, y de un sueño, su publicación [en forma de libro], que no llegó a ver cumplido». La obra de Català-Roca cuenta la historia sin pararse apenas en los acontecimientos o los personajes que la escriben. El objetivo está en la calle, en la vida. Así contó un momento de cambio en España, el de la década de los cincuenta del siglo XX, que resume en ochenta fotografías la exposición ‘La lucidez en la mirada’. «Me di cuenta de que estaba siendo testigo de cosas que desaparecerían rápidamente, lo presentía, al cabo de cinco años no habría podido hacer estas fotografías». La reflexión del propio autor, impresa en la sala de la Pasión de Valladolid, define su propósito de documentar una época, en este caso representada a través de una selección del fondo conservado en el Archivo Fotográfico del Colegio de Arquitectos de Cataluña, que recoge escenas sobre todo de Barcelona y Madrid, pero también escapa de las ciudades protagonistas para hacer paradas en Ibiza y en pueblos de Cuenca o Toledo.Los contrastes no solo están entre las grandes urbes y los municipios menores, sino también dentro de una misma ciudad, donde un coche tirado por un caballo podía esperar el paso de un autobús de dos pisos en la Vía Laietana de Barcelona, mientras en las imágenes vecinas puede verse un moderno tractor en las calles de Quintanar de la Orden (Toledo) delante de dos burros. Fotografías de motocicletas aparcadas en Caravaca (Murcia) ante carteles de Rafael Farina y coches de lujo en la concurrida calle de Alcalá, o el tranvía barcelonés y la fachada de una tienda de «venta de abonos» (y aperos agrícolas) en Motilla del Palancar (Cuenca), se muestran juntas en un juego de opuestos y semejanzas. No faltan en ‘La lucidez en la mirada’ algunas de esas escenas captadas por Català-Roca que forman parte de la memoria visual de más de una generación, muchas de ellas tomadas en el ajetreo de la Gran Vía madrileña, como la de las mujeres con botijos para aliviar la sed de los paseantes, y en la calle barcelonesa del mismo nombre, con sus limpiabotas junto a una torre publicitaria que anuncia el «Pena. Penita pena» de Lola Flores.icalFormado con su padre, Pere Català i Pic, en la etapa representada en la exposición Francesc Català-Roca ya había abierto su estudio y encontrado esa «lucidez» personal revelada en blanco y negro. «Su estilo, que se consolida en los años cincuenta, está marcado por una mirada propia que se manifiesta en el manejo de la posición de la cámara con encuadres precisos que evitan la frontalidad, la utilización de picados y contrapicados, el dominio de la luz y del claroscuro, la búsqueda del equilibrio y la introducción del dinamismo, así como en su gran amor y empatía por aquello que fotografía», escribe Oliva María Rubio, comisaria de la muestra concebida para conmemorar el centenario del autor y que formó parte de PHotoEspaña 2022.Aunque la mayoría de las imágenes recogen escenas cotidianas con personas anónimas, también puede verse a Dalí saltando a la comba entre niños en el Parque Güell en 1953 o a su amigo Joan Miró, muy presente en la otra faceta de Català-Roca representada en la sala de la antigua iglesia de la Pasión (hasta el 1 de marzo). El espacio de la sacristía da cuenta del trabajo del fotógrafo en el cine, con la proyección de dos documentales suyos de 1970, ‘Miró-Artigas’ y ‘Miró-Osaka’, realizados a raíz del encargo al polifacético artista y al ceramista al que alude el primer título de un mural para la Feria Internacional de la ciudad japonesa mencionada en el segundo.Noticia Relacionada FOTOGRAFÍA estandar Si Relato plural sobre la historia de la fotografía española Camino Monje Con el final de las obras del Banco de España en Soria previsto para finales de septiembre, el Centro Nacional de Fotografía perfila su identidad: «una fotografía expandida y dialogante con los debates artísticos contemporáneos»En el mismo espacio se rebasa el marco cronológico principal de la muestra, una década a partir de 1952, para dejar constancia de la obra de Català-Roca menos conocida , la que lo acredita como un temprano investigador del color: ya en 1941 había probado con la técnica de la tricromía aplicada en las artes gráficas. Un gran panel que reproduce las hojas de contacto de sus fotografías de Nueva York, fundamentalmente de motivos arquitectónicos, ilustra esa inquietud de dejar de ser «acromático» a partir de 1973. Tras lo que debió de ser un deslumbramiento ante la ciudad de los rascacielos en su primer viaje, repetiría destino en nueve ocasiones más entre 1987 y 1991, hasta reunir un conjunto de tres mil fotografías en color. Según uno de los textos de la exposición, «se trata quizás del trabajo más completo y personal de fotografía en color de una ciudad que llevó a cabo, y de un sueño, su publicación [en forma de libro], que no llegó a ver cumplido». RSS de noticias de espana
Noticias Similares
