Cuatro días después de la catastrófica riada de Gyirong (Kyirong en su transcripción tibetana), China ha publicado por primera vez un desglose de las nacionalidades de los desaparecidos en el Tíbet. De las 546 personas que continúan en paradero desconocido, 261 son extranjeras, procedentes de 23 países. Una de ellas tiene ciudadanía española. La agencia estatal Xinhua ha elevado además este domingo por la mañana la cifra de fallecidos, de siete a 16. En Nepal, donde se originó el desprendimiento de hielo que desencadenó el desastre, superan los 670 muertos y los 2.400 desaparecidos. La tragedia ha golpeado uno de los territorios más difíciles de China, no solo para rescatar a los afectados, sino también para informar. A la geografía extrema del Himalaya se suma la excepcional sensibilidad política del Tíbet, una región sometida a una intensa vigilancia y prácticamente cerrada al escrutinio independiente.
La geografía extrema, el bloqueo de las comunicaciones y la ausencia de testimonios dificultan reconstruir lo ocurrido en el lado tibetano de la frontera
Cuatro días después de la catastrófica riada de Gyirong (Kyirong en su transcripción tibetana), China ha publicado por primera vez un desglose de las nacionalidades de los desaparecidos en el Tíbet. De las 546 personas que continúan en paradero desconocido, 261 son extranjeras, procedentes de 23 países. Una de ellas tiene ciudadanía española. La agencia estatal Xinhua ha elevado además este domingo por la mañana la cifra de fallecidos, de siete a 16. En Nepal, donde se originó el desprendimiento de hielo que desencadenó el desastre, superan los 670 muertos y los 2.400 desaparecidos. La tragedia ha golpeado uno de los territorios más difíciles de China, no solo para rescatar a los afectados, sino también para informar. A la geografía extrema del Himalaya se suma la excepcional sensibilidad política del Tíbet, una región sometida a una intensa vigilancia y prácticamente cerrada al escrutinio independiente.
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