El cine de Christian Petzold es sombrío, sutil, cargado de una emoción contenida que llena sus historias de tensión y drama. El cineasta alemán se ha convertido en una de las voces más singulares del panorama del cine europeo contemporáneo, siempre desde una perspectiva del mundo muy alemana. Sin embargo, a él lo que le hubiese gustado es ser un cineasta español durante el franquismo. «Me encanta el cine de terror de la época, de Jesús Franco o Amando de Ossorio . Adoro la libertad que respiran películas como ‘La noche del terror ciego’, con esos caballeros templarios zombies atacando a vírgenes en clara referencia a las miserias del fascismo. Ojalá hubiese sido un cineasta español durante el franquismo», confiesa.Lo cierto es que él es muy alemán, y todas sus películas son muy alemanas y respiran esa cercanía y proximidad a su propia realidad. «Cuando veo una película que pone que tiene financiación portuguesa, italiana, suiza y francesa, pero que está rodada en Checoslovaquia sé de antemano que no vale la pena. Yo quiero películas danesas de directores daneses y películas alemanas de directores alemanes. Yo sólo ruedo de lo que conozco. No podría ser un director por encargo porque sé que cualquiera podría hacer mi trabajo y eso me hace estar intranquilo», afirma el cineasta.El director está en Barcelona para presentar la retrospectiva que le dedica la Filmoteca de Cataluña y el Festival D’A, donde dará una masterclass. Desde su primera película, ‘ The state that I Am in ‘ hasta su última, ‘ Espejos n.º 3 ‘ , que se estrenará en nuestro país este 10 de abril, la filmografía de Petzold dibuja un mapa emocional de las diferentes épocas que nos ha tocado vivir en este convulso siglo XXI. «Siempre he considerado mi cine como una respuesta directa a como el mundo me hacía sentir en cada momento. Y ahora, con el auge del fascismo y la creciente inseguridad, mi cine tiene que reflejarlo de una forma u otra. Es inevitable», asegura el director de ‘Bárbara’.Noticia relacionada general No No Mia Hansen-Love: «Es evidente que hay un empobrecimiento en el cine de autor» Carlos SalaÉl mismo tilda épocas clave en su filmografía, como la muerte de su colaborador habitual Harun Faroki , con el que escribió sus seis primeras películas. «Por supuesto que mi cine cambió desde que ya no está. Era mi amigo y colaborador más estrecho y eso te obliga a trabajar de una forma diferente», confiesa. Lo que tiene claro es que ha aprendido más de sus propios fracasos que de sus éxitos. «Uno no puede hablar de progresión en su cine, sólo puede ver dónde falló y aprender de ello», señala.Desde que empezó, se le suele relacionar con trilogías . Empezó con tres películas que giraban en torno a fantasmas y la muerte. Luego llegó otra sobre el amor en contextos políticos complicados, desde el nazismo a la Stasi. Y, por último, sobre los elementos de la naturaleza. En realidad, confiesa que eso de las trilogías se lo inventó, o al menos no piensa continuar con esta perspectiva. «Como buen protestante, cuando estoy descansando me entra un grave sentimiento de culpa y sólo pienso en trabajar, trabajar, trabajar. Por eso me inventé eso de las trilogías, para no descansar cuando acababa una película y ponerme con la siguiente. Pero ya tengo 60 años y no lo pienso hacer más. Trilogías, me refiero. Mentir sí, al menos en los países católicos como el vuestro, que con la confesión lo podéis hacer mucho», bromea.De esta forma, ahora trabaja en tres proyectos . El primero es una película policiaca siguiendo los códigos del género. La segunda es un filme lleno de violencia sobre la movilidad, la vivienda y todos los conflictos que genera. Y la tercera, lo único que se atreve a adelantar es que es de época, que se llama ‘Odessa’ y que estará rodada en la propia ciudad rusa. «Los tres son proyectos totalmente diferentes. Ahora no me apetece juntar mis películas por artificiales temáticas», dice. «Como buen protestante, cuando estoy descansando me entra un grave sentimiento de culpa y sólo pienso en trabajar, trabajar, trabajar»En su última película, ‘Espejos número 3’, vuelve a colaborar con su actriz fetiche, Paula Beer . Es la historia de una joven que pierde a su novio en un accidente de tráfico y acaba en una extraña familia donde nada es lo que parece. «Me gusta sentirme heredero de los cineastas alemanes que se apartaron de la tradición, que buscaron su propio lenguaje a la contra de lo que se esperaba de ellos. Si lo piensas, todos los grandes directores alemanes de la generación anterior, los Wenders o Herzog, acabaron por desarrollar su talento en Estados Unidos y Fassbinder quería lo mismo. Yo quiero hacer mi propia versión del cine alemán», afirma Petzold. Al contrario de lo que le ocurre a muchos otros cineastas europeos independientes, todavía no ha encontrado problemas para financiar sus proyectos , sobre todo porque sus historias son tan alemanas que encuentra fácilmente caminos de financiación pública. «En realidad, dejo a mi productor que consiga el dinero y cuando me dice cuánto a conseguido, escribo el guion en consecuencia, sabiendo lo que nos podremos gastar. Yo soy muy socialdemócrata en los rodajes. Todo está medido al milímetro. Me gustaría ser uno de esos directores que se vuelven locos y se gastan millones en superfluos decorados, pero soy muy austero por obligación y así me he quedado», reconoce Petzold.El cine como refugioLo que tiene claro es que continuará haciendo cine porque es su única vía de escape y consuelo. «Yo siempre voy solo al cine . Me encanta. Llego, me siento en mi butaca, y cuando acaba cojo la bicicleta y vuelvo a casa. En ese trayecto algo se ha curado dentro de mí y lo veo todo con otros ojos», comenta. Por eso, dice, odia el cine al aire libre, «sólo ves grupos y entonces estás tú allí y parece que tengas algún problema psicológico. No, me gusta el anonimato de la sala oscura y dónde te transporta».Su otra gran pasión es el fútbol. La única visita que había hecho a Barcelona hasta ahora era para ver en el Camp Nou un partido de Champions Barça- Borussia Mönchengladbach . «Perdimos 4 a 0 y me sentí tan deprimido que me quedé en el estadio hasta que me echaron. Era tan tarde que ya no había ni buses ni taxis así que no me quedó otra que volver al centro andando. Al menos me fumé un cigarrillo con unas de las prostitutas transgénero que había allí así que fue divertido». El cine de Christian Petzold es sombrío, sutil, cargado de una emoción contenida que llena sus historias de tensión y drama. El cineasta alemán se ha convertido en una de las voces más singulares del panorama del cine europeo contemporáneo, siempre desde una perspectiva del mundo muy alemana. Sin embargo, a él lo que le hubiese gustado es ser un cineasta español durante el franquismo. «Me encanta el cine de terror de la época, de Jesús Franco o Amando de Ossorio . Adoro la libertad que respiran películas como ‘La noche del terror ciego’, con esos caballeros templarios zombies atacando a vírgenes en clara referencia a las miserias del fascismo. Ojalá hubiese sido un cineasta español durante el franquismo», confiesa.Lo cierto es que él es muy alemán, y todas sus películas son muy alemanas y respiran esa cercanía y proximidad a su propia realidad. «Cuando veo una película que pone que tiene financiación portuguesa, italiana, suiza y francesa, pero que está rodada en Checoslovaquia sé de antemano que no vale la pena. Yo quiero películas danesas de directores daneses y películas alemanas de directores alemanes. Yo sólo ruedo de lo que conozco. No podría ser un director por encargo porque sé que cualquiera podría hacer mi trabajo y eso me hace estar intranquilo», afirma el cineasta.El director está en Barcelona para presentar la retrospectiva que le dedica la Filmoteca de Cataluña y el Festival D’A, donde dará una masterclass. Desde su primera película, ‘ The state that I Am in ‘ hasta su última, ‘ Espejos n.º 3 ‘ , que se estrenará en nuestro país este 10 de abril, la filmografía de Petzold dibuja un mapa emocional de las diferentes épocas que nos ha tocado vivir en este convulso siglo XXI. «Siempre he considerado mi cine como una respuesta directa a como el mundo me hacía sentir en cada momento. Y ahora, con el auge del fascismo y la creciente inseguridad, mi cine tiene que reflejarlo de una forma u otra. Es inevitable», asegura el director de ‘Bárbara’.Noticia relacionada general No No Mia Hansen-Love: «Es evidente que hay un empobrecimiento en el cine de autor» Carlos SalaÉl mismo tilda épocas clave en su filmografía, como la muerte de su colaborador habitual Harun Faroki , con el que escribió sus seis primeras películas. «Por supuesto que mi cine cambió desde que ya no está. Era mi amigo y colaborador más estrecho y eso te obliga a trabajar de una forma diferente», confiesa. Lo que tiene claro es que ha aprendido más de sus propios fracasos que de sus éxitos. «Uno no puede hablar de progresión en su cine, sólo puede ver dónde falló y aprender de ello», señala.Desde que empezó, se le suele relacionar con trilogías . Empezó con tres películas que giraban en torno a fantasmas y la muerte. Luego llegó otra sobre el amor en contextos políticos complicados, desde el nazismo a la Stasi. Y, por último, sobre los elementos de la naturaleza. En realidad, confiesa que eso de las trilogías se lo inventó, o al menos no piensa continuar con esta perspectiva. «Como buen protestante, cuando estoy descansando me entra un grave sentimiento de culpa y sólo pienso en trabajar, trabajar, trabajar. Por eso me inventé eso de las trilogías, para no descansar cuando acababa una película y ponerme con la siguiente. Pero ya tengo 60 años y no lo pienso hacer más. Trilogías, me refiero. Mentir sí, al menos en los países católicos como el vuestro, que con la confesión lo podéis hacer mucho», bromea.De esta forma, ahora trabaja en tres proyectos . El primero es una película policiaca siguiendo los códigos del género. La segunda es un filme lleno de violencia sobre la movilidad, la vivienda y todos los conflictos que genera. Y la tercera, lo único que se atreve a adelantar es que es de época, que se llama ‘Odessa’ y que estará rodada en la propia ciudad rusa. «Los tres son proyectos totalmente diferentes. Ahora no me apetece juntar mis películas por artificiales temáticas», dice. «Como buen protestante, cuando estoy descansando me entra un grave sentimiento de culpa y sólo pienso en trabajar, trabajar, trabajar»En su última película, ‘Espejos número 3’, vuelve a colaborar con su actriz fetiche, Paula Beer . Es la historia de una joven que pierde a su novio en un accidente de tráfico y acaba en una extraña familia donde nada es lo que parece. «Me gusta sentirme heredero de los cineastas alemanes que se apartaron de la tradición, que buscaron su propio lenguaje a la contra de lo que se esperaba de ellos. Si lo piensas, todos los grandes directores alemanes de la generación anterior, los Wenders o Herzog, acabaron por desarrollar su talento en Estados Unidos y Fassbinder quería lo mismo. Yo quiero hacer mi propia versión del cine alemán», afirma Petzold. Al contrario de lo que le ocurre a muchos otros cineastas europeos independientes, todavía no ha encontrado problemas para financiar sus proyectos , sobre todo porque sus historias son tan alemanas que encuentra fácilmente caminos de financiación pública. «En realidad, dejo a mi productor que consiga el dinero y cuando me dice cuánto a conseguido, escribo el guion en consecuencia, sabiendo lo que nos podremos gastar. Yo soy muy socialdemócrata en los rodajes. Todo está medido al milímetro. Me gustaría ser uno de esos directores que se vuelven locos y se gastan millones en superfluos decorados, pero soy muy austero por obligación y así me he quedado», reconoce Petzold.El cine como refugioLo que tiene claro es que continuará haciendo cine porque es su única vía de escape y consuelo. «Yo siempre voy solo al cine . Me encanta. Llego, me siento en mi butaca, y cuando acaba cojo la bicicleta y vuelvo a casa. En ese trayecto algo se ha curado dentro de mí y lo veo todo con otros ojos», comenta. Por eso, dice, odia el cine al aire libre, «sólo ves grupos y entonces estás tú allí y parece que tengas algún problema psicológico. No, me gusta el anonimato de la sala oscura y dónde te transporta».Su otra gran pasión es el fútbol. La única visita que había hecho a Barcelona hasta ahora era para ver en el Camp Nou un partido de Champions Barça- Borussia Mönchengladbach . «Perdimos 4 a 0 y me sentí tan deprimido que me quedé en el estadio hasta que me echaron. Era tan tarde que ya no había ni buses ni taxis así que no me quedó otra que volver al centro andando. Al menos me fumé un cigarrillo con unas de las prostitutas transgénero que había allí así que fue divertido». El cine de Christian Petzold es sombrío, sutil, cargado de una emoción contenida que llena sus historias de tensión y drama. El cineasta alemán se ha convertido en una de las voces más singulares del panorama del cine europeo contemporáneo, siempre desde una perspectiva del mundo muy alemana. Sin embargo, a él lo que le hubiese gustado es ser un cineasta español durante el franquismo. «Me encanta el cine de terror de la época, de Jesús Franco o Amando de Ossorio . Adoro la libertad que respiran películas como ‘La noche del terror ciego’, con esos caballeros templarios zombies atacando a vírgenes en clara referencia a las miserias del fascismo. Ojalá hubiese sido un cineasta español durante el franquismo», confiesa.Lo cierto es que él es muy alemán, y todas sus películas son muy alemanas y respiran esa cercanía y proximidad a su propia realidad. «Cuando veo una película que pone que tiene financiación portuguesa, italiana, suiza y francesa, pero que está rodada en Checoslovaquia sé de antemano que no vale la pena. Yo quiero películas danesas de directores daneses y películas alemanas de directores alemanes. Yo sólo ruedo de lo que conozco. No podría ser un director por encargo porque sé que cualquiera podría hacer mi trabajo y eso me hace estar intranquilo», afirma el cineasta.El director está en Barcelona para presentar la retrospectiva que le dedica la Filmoteca de Cataluña y el Festival D’A, donde dará una masterclass. Desde su primera película, ‘ The state that I Am in ‘ hasta su última, ‘ Espejos n.º 3 ‘ , que se estrenará en nuestro país este 10 de abril, la filmografía de Petzold dibuja un mapa emocional de las diferentes épocas que nos ha tocado vivir en este convulso siglo XXI. «Siempre he considerado mi cine como una respuesta directa a como el mundo me hacía sentir en cada momento. Y ahora, con el auge del fascismo y la creciente inseguridad, mi cine tiene que reflejarlo de una forma u otra. Es inevitable», asegura el director de ‘Bárbara’.Noticia relacionada general No No Mia Hansen-Love: «Es evidente que hay un empobrecimiento en el cine de autor» Carlos SalaÉl mismo tilda épocas clave en su filmografía, como la muerte de su colaborador habitual Harun Faroki , con el que escribió sus seis primeras películas. «Por supuesto que mi cine cambió desde que ya no está. Era mi amigo y colaborador más estrecho y eso te obliga a trabajar de una forma diferente», confiesa. Lo que tiene claro es que ha aprendido más de sus propios fracasos que de sus éxitos. «Uno no puede hablar de progresión en su cine, sólo puede ver dónde falló y aprender de ello», señala.Desde que empezó, se le suele relacionar con trilogías . Empezó con tres películas que giraban en torno a fantasmas y la muerte. Luego llegó otra sobre el amor en contextos políticos complicados, desde el nazismo a la Stasi. Y, por último, sobre los elementos de la naturaleza. En realidad, confiesa que eso de las trilogías se lo inventó, o al menos no piensa continuar con esta perspectiva. «Como buen protestante, cuando estoy descansando me entra un grave sentimiento de culpa y sólo pienso en trabajar, trabajar, trabajar. Por eso me inventé eso de las trilogías, para no descansar cuando acababa una película y ponerme con la siguiente. Pero ya tengo 60 años y no lo pienso hacer más. Trilogías, me refiero. Mentir sí, al menos en los países católicos como el vuestro, que con la confesión lo podéis hacer mucho», bromea.De esta forma, ahora trabaja en tres proyectos . El primero es una película policiaca siguiendo los códigos del género. La segunda es un filme lleno de violencia sobre la movilidad, la vivienda y todos los conflictos que genera. Y la tercera, lo único que se atreve a adelantar es que es de época, que se llama ‘Odessa’ y que estará rodada en la propia ciudad rusa. «Los tres son proyectos totalmente diferentes. Ahora no me apetece juntar mis películas por artificiales temáticas», dice. «Como buen protestante, cuando estoy descansando me entra un grave sentimiento de culpa y sólo pienso en trabajar, trabajar, trabajar»En su última película, ‘Espejos número 3’, vuelve a colaborar con su actriz fetiche, Paula Beer . Es la historia de una joven que pierde a su novio en un accidente de tráfico y acaba en una extraña familia donde nada es lo que parece. «Me gusta sentirme heredero de los cineastas alemanes que se apartaron de la tradición, que buscaron su propio lenguaje a la contra de lo que se esperaba de ellos. Si lo piensas, todos los grandes directores alemanes de la generación anterior, los Wenders o Herzog, acabaron por desarrollar su talento en Estados Unidos y Fassbinder quería lo mismo. Yo quiero hacer mi propia versión del cine alemán», afirma Petzold. Al contrario de lo que le ocurre a muchos otros cineastas europeos independientes, todavía no ha encontrado problemas para financiar sus proyectos , sobre todo porque sus historias son tan alemanas que encuentra fácilmente caminos de financiación pública. «En realidad, dejo a mi productor que consiga el dinero y cuando me dice cuánto a conseguido, escribo el guion en consecuencia, sabiendo lo que nos podremos gastar. Yo soy muy socialdemócrata en los rodajes. Todo está medido al milímetro. Me gustaría ser uno de esos directores que se vuelven locos y se gastan millones en superfluos decorados, pero soy muy austero por obligación y así me he quedado», reconoce Petzold.El cine como refugioLo que tiene claro es que continuará haciendo cine porque es su única vía de escape y consuelo. «Yo siempre voy solo al cine . Me encanta. Llego, me siento en mi butaca, y cuando acaba cojo la bicicleta y vuelvo a casa. En ese trayecto algo se ha curado dentro de mí y lo veo todo con otros ojos», comenta. Por eso, dice, odia el cine al aire libre, «sólo ves grupos y entonces estás tú allí y parece que tengas algún problema psicológico. No, me gusta el anonimato de la sala oscura y dónde te transporta».Su otra gran pasión es el fútbol. La única visita que había hecho a Barcelona hasta ahora era para ver en el Camp Nou un partido de Champions Barça- Borussia Mönchengladbach . «Perdimos 4 a 0 y me sentí tan deprimido que me quedé en el estadio hasta que me echaron. Era tan tarde que ya no había ni buses ni taxis así que no me quedó otra que volver al centro andando. Al menos me fumé un cigarrillo con unas de las prostitutas transgénero que había allí así que fue divertido». RSS de noticias de cultura
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