Zona de combate. Una unidad tiene orden de entrar en una vivienda en la que se ha detectado la presencia de terroristas. Los militares ocupan sus posiciones. Pero de repente, mirada perdida, confusión, sudoración, temblores… Uno de los soldados está experimentando una reacción de estrés agudo que puede poner en peligro su vida, la de sus compañeros y el éxito de la misión.Una experiencia como esa, lo más similar posible a la que se puede encontrar en un escenario de conflicto real, es la que practican los militares españoles desplegados en Eslovaquia . El objetivo es aprender a detectar y controlar las reacciones de estrés de combate para minimizar los daños, tanto en el campo de batalla como las secuelas posteriores.El capitán militar psicólogo David Martínez explica en una entrevista con ABC la importancia de esta formación que por primera vez se aplica en un contingente desplegado en el exterior. El de Eslovaquia es el mayor despliegue internacional de las Fuerzas Armadas fuera de España, con cerca de 800 militares y más de 200 vehículos de diferentes tipos. Se trata de una de las misiones de disuasión de la OTAN en su flanco este y pone a prueba la capacidad de despliegue inmediato de las fuerzas aliadas.El apoyo psicológico a los militares, sobre todo en los despliegues internacionales, es una práctica en aumento en los Ejércitos y la Armada durante los últimos años. En este caso, el psicólogo entra a formar parte de la unidad para ayudar a los soldados a estar preparados para los momentos más exigentes. La mente como un elemento más de su formación militar. «Cuando hay una situación de estrés y una merma de la capacidad de juicio, la toma de decisiones pone en riesgo al combatiente y a la unidad», subraya Martínez.«Cuando hay una situación de estrés y una merma de la capacidad de juicio, la toma de decisiones pone en riesgo al combatiente y a la unidad» David Martínez Herraiz Capitán psicólogo militarSu labor en Eslovaquia es la formación a los mandos para que ellos mismos sean los que trasladen los conocimientos a los militares a su cargo. Esto, explica, aumenta la confianza en los superiores y ayuda a la unidad del equipo. La denominada psicoeducación se imparte desde el año 2019 en unidades de la Brigada de la Legión y, a partir del año 2022, se trasladó a un módulo de resiliencia de combate. Se trata de dotar al militar de recursos para reconocer, manejar y normalizar las reacciones de estrés de combate, que pueden llevar incluso al bloqueo. Y no solo las suyas, sino también las de sus compañeros, acabando con el prejuicio que podría sobrevolar a estas situaciones.El capitán psicólogo David Martínez ingresó en las Fuerzas Armadas en el año 2005 y compatibiliza los cuarteles con el asesoramiento a los equipos nacionales de pentatlón militar y de tiro con arma larga. No son situaciones equiparables porque los segundos no se juegan la vida, pero los episodios de estrés y ansiedad entre un soldado y un deportista pueden llegar a asimilarse.La preparación psicológica debe ser continua, pero adquiere especial relevancia cuando se acerca una misión. «Hay una parte previa muy importante», detalla Martínez sobre los pensamientos intrusivos que pueden desvelar a un militar la noche antes. Es bueno que el cuerpo esté alerta, pero los estudios han determinado que, por ejemplo, un ritmo cardiaco superior a las 115 o 145 pulsaciones hace perder operatividad y bajan capacidades básicas como la visión o la audición. «La forma de evitarlo es la autorregulación», explica Martínez, que recurre de nuevo a un símil deportivo y recuerda los repetitivos movimientos del tenista Rafa Nadal antes de un saque. «Sirve para engañar a la cabeza y reenfocar correctamente».Protocolo RESETPero esto no siempre es suficiente. Menos aún cuando una persona se encuentra en una situación en la que su vida está en peligro. Por eso, todos los efectivos de Eslovaquia aprenden un procedimiento de cinco pasos que puede sacar rápidamente a un combatiente de una situación de estrés agudo. Un proceso que en menos de un minuto puede salvar su vida y la misión. «Y no solo eso, los estudios demuestran que si el soldado es capaz de volver a sus cometidos se reducen los episodios de estrés postraumático», revela Martínez.El denominado protocolo RESET empieza por ‘reconocer’, que no es otra cosa que comprobar si el compañero bloqueado tiene alguna herida física o si efectivamente se trata de un episodio de estrés con síntomas de mirada perdida, temblores, estupor… Después llega el segundo paso, ‘enlazar’, que consiste en captar la atención del militar afectado. Hay que mirarle directamente a los ojos y lograr la conexión mediante frases simples de apoyo que creen un vínculo. Al contrario de lo que muestran las películas o está en el imaginario de todos, los expertos desaconsejan gritar o zarandear a la persona. «Eso solo hará que su cerebro se sobrecargue aún más».El objetivo es que el militar pueda recuperar la sensación de control y reintegrarse en la misión con una tarea sencillaDespués se debe ‘sondear’ activando la parte racional del cerebro mediante preguntas simples, y en cuarto lugar ‘explicar’ de forma sencilla lo sucedido y lo que se hará a continuación. Toda una secuencia que, si está interiorizada, puede durar poco más de un minuto y que desemboca en la quinta y última parte del proceso, la ‘tarea’: dar una orden sencilla al militar que pueda cumplir con el objetivo de que recupere la sensación de control de la situación. «Antes se sacaba al soldado a la zona de retaguardia, pero si le sacamos del bloqueo y es capaz de cumplir cometidos, en menos de un minuto hemos salvado la misión». Zona de combate. Una unidad tiene orden de entrar en una vivienda en la que se ha detectado la presencia de terroristas. Los militares ocupan sus posiciones. Pero de repente, mirada perdida, confusión, sudoración, temblores… Uno de los soldados está experimentando una reacción de estrés agudo que puede poner en peligro su vida, la de sus compañeros y el éxito de la misión.Una experiencia como esa, lo más similar posible a la que se puede encontrar en un escenario de conflicto real, es la que practican los militares españoles desplegados en Eslovaquia . El objetivo es aprender a detectar y controlar las reacciones de estrés de combate para minimizar los daños, tanto en el campo de batalla como las secuelas posteriores.El capitán militar psicólogo David Martínez explica en una entrevista con ABC la importancia de esta formación que por primera vez se aplica en un contingente desplegado en el exterior. El de Eslovaquia es el mayor despliegue internacional de las Fuerzas Armadas fuera de España, con cerca de 800 militares y más de 200 vehículos de diferentes tipos. Se trata de una de las misiones de disuasión de la OTAN en su flanco este y pone a prueba la capacidad de despliegue inmediato de las fuerzas aliadas.El apoyo psicológico a los militares, sobre todo en los despliegues internacionales, es una práctica en aumento en los Ejércitos y la Armada durante los últimos años. En este caso, el psicólogo entra a formar parte de la unidad para ayudar a los soldados a estar preparados para los momentos más exigentes. La mente como un elemento más de su formación militar. «Cuando hay una situación de estrés y una merma de la capacidad de juicio, la toma de decisiones pone en riesgo al combatiente y a la unidad», subraya Martínez.«Cuando hay una situación de estrés y una merma de la capacidad de juicio, la toma de decisiones pone en riesgo al combatiente y a la unidad» David Martínez Herraiz Capitán psicólogo militarSu labor en Eslovaquia es la formación a los mandos para que ellos mismos sean los que trasladen los conocimientos a los militares a su cargo. Esto, explica, aumenta la confianza en los superiores y ayuda a la unidad del equipo. La denominada psicoeducación se imparte desde el año 2019 en unidades de la Brigada de la Legión y, a partir del año 2022, se trasladó a un módulo de resiliencia de combate. Se trata de dotar al militar de recursos para reconocer, manejar y normalizar las reacciones de estrés de combate, que pueden llevar incluso al bloqueo. Y no solo las suyas, sino también las de sus compañeros, acabando con el prejuicio que podría sobrevolar a estas situaciones.El capitán psicólogo David Martínez ingresó en las Fuerzas Armadas en el año 2005 y compatibiliza los cuarteles con el asesoramiento a los equipos nacionales de pentatlón militar y de tiro con arma larga. No son situaciones equiparables porque los segundos no se juegan la vida, pero los episodios de estrés y ansiedad entre un soldado y un deportista pueden llegar a asimilarse.La preparación psicológica debe ser continua, pero adquiere especial relevancia cuando se acerca una misión. «Hay una parte previa muy importante», detalla Martínez sobre los pensamientos intrusivos que pueden desvelar a un militar la noche antes. Es bueno que el cuerpo esté alerta, pero los estudios han determinado que, por ejemplo, un ritmo cardiaco superior a las 115 o 145 pulsaciones hace perder operatividad y bajan capacidades básicas como la visión o la audición. «La forma de evitarlo es la autorregulación», explica Martínez, que recurre de nuevo a un símil deportivo y recuerda los repetitivos movimientos del tenista Rafa Nadal antes de un saque. «Sirve para engañar a la cabeza y reenfocar correctamente».Protocolo RESETPero esto no siempre es suficiente. Menos aún cuando una persona se encuentra en una situación en la que su vida está en peligro. Por eso, todos los efectivos de Eslovaquia aprenden un procedimiento de cinco pasos que puede sacar rápidamente a un combatiente de una situación de estrés agudo. Un proceso que en menos de un minuto puede salvar su vida y la misión. «Y no solo eso, los estudios demuestran que si el soldado es capaz de volver a sus cometidos se reducen los episodios de estrés postraumático», revela Martínez.El denominado protocolo RESET empieza por ‘reconocer’, que no es otra cosa que comprobar si el compañero bloqueado tiene alguna herida física o si efectivamente se trata de un episodio de estrés con síntomas de mirada perdida, temblores, estupor… Después llega el segundo paso, ‘enlazar’, que consiste en captar la atención del militar afectado. Hay que mirarle directamente a los ojos y lograr la conexión mediante frases simples de apoyo que creen un vínculo. Al contrario de lo que muestran las películas o está en el imaginario de todos, los expertos desaconsejan gritar o zarandear a la persona. «Eso solo hará que su cerebro se sobrecargue aún más».El objetivo es que el militar pueda recuperar la sensación de control y reintegrarse en la misión con una tarea sencillaDespués se debe ‘sondear’ activando la parte racional del cerebro mediante preguntas simples, y en cuarto lugar ‘explicar’ de forma sencilla lo sucedido y lo que se hará a continuación. Toda una secuencia que, si está interiorizada, puede durar poco más de un minuto y que desemboca en la quinta y última parte del proceso, la ‘tarea’: dar una orden sencilla al militar que pueda cumplir con el objetivo de que recupere la sensación de control de la situación. «Antes se sacaba al soldado a la zona de retaguardia, pero si le sacamos del bloqueo y es capaz de cumplir cometidos, en menos de un minuto hemos salvado la misión». Zona de combate. Una unidad tiene orden de entrar en una vivienda en la que se ha detectado la presencia de terroristas. Los militares ocupan sus posiciones. Pero de repente, mirada perdida, confusión, sudoración, temblores… Uno de los soldados está experimentando una reacción de estrés agudo que puede poner en peligro su vida, la de sus compañeros y el éxito de la misión.Una experiencia como esa, lo más similar posible a la que se puede encontrar en un escenario de conflicto real, es la que practican los militares españoles desplegados en Eslovaquia . El objetivo es aprender a detectar y controlar las reacciones de estrés de combate para minimizar los daños, tanto en el campo de batalla como las secuelas posteriores.El capitán militar psicólogo David Martínez explica en una entrevista con ABC la importancia de esta formación que por primera vez se aplica en un contingente desplegado en el exterior. El de Eslovaquia es el mayor despliegue internacional de las Fuerzas Armadas fuera de España, con cerca de 800 militares y más de 200 vehículos de diferentes tipos. Se trata de una de las misiones de disuasión de la OTAN en su flanco este y pone a prueba la capacidad de despliegue inmediato de las fuerzas aliadas.El apoyo psicológico a los militares, sobre todo en los despliegues internacionales, es una práctica en aumento en los Ejércitos y la Armada durante los últimos años. En este caso, el psicólogo entra a formar parte de la unidad para ayudar a los soldados a estar preparados para los momentos más exigentes. La mente como un elemento más de su formación militar. «Cuando hay una situación de estrés y una merma de la capacidad de juicio, la toma de decisiones pone en riesgo al combatiente y a la unidad», subraya Martínez.«Cuando hay una situación de estrés y una merma de la capacidad de juicio, la toma de decisiones pone en riesgo al combatiente y a la unidad» David Martínez Herraiz Capitán psicólogo militarSu labor en Eslovaquia es la formación a los mandos para que ellos mismos sean los que trasladen los conocimientos a los militares a su cargo. Esto, explica, aumenta la confianza en los superiores y ayuda a la unidad del equipo. La denominada psicoeducación se imparte desde el año 2019 en unidades de la Brigada de la Legión y, a partir del año 2022, se trasladó a un módulo de resiliencia de combate. Se trata de dotar al militar de recursos para reconocer, manejar y normalizar las reacciones de estrés de combate, que pueden llevar incluso al bloqueo. Y no solo las suyas, sino también las de sus compañeros, acabando con el prejuicio que podría sobrevolar a estas situaciones.El capitán psicólogo David Martínez ingresó en las Fuerzas Armadas en el año 2005 y compatibiliza los cuarteles con el asesoramiento a los equipos nacionales de pentatlón militar y de tiro con arma larga. No son situaciones equiparables porque los segundos no se juegan la vida, pero los episodios de estrés y ansiedad entre un soldado y un deportista pueden llegar a asimilarse.La preparación psicológica debe ser continua, pero adquiere especial relevancia cuando se acerca una misión. «Hay una parte previa muy importante», detalla Martínez sobre los pensamientos intrusivos que pueden desvelar a un militar la noche antes. Es bueno que el cuerpo esté alerta, pero los estudios han determinado que, por ejemplo, un ritmo cardiaco superior a las 115 o 145 pulsaciones hace perder operatividad y bajan capacidades básicas como la visión o la audición. «La forma de evitarlo es la autorregulación», explica Martínez, que recurre de nuevo a un símil deportivo y recuerda los repetitivos movimientos del tenista Rafa Nadal antes de un saque. «Sirve para engañar a la cabeza y reenfocar correctamente».Protocolo RESETPero esto no siempre es suficiente. Menos aún cuando una persona se encuentra en una situación en la que su vida está en peligro. Por eso, todos los efectivos de Eslovaquia aprenden un procedimiento de cinco pasos que puede sacar rápidamente a un combatiente de una situación de estrés agudo. Un proceso que en menos de un minuto puede salvar su vida y la misión. «Y no solo eso, los estudios demuestran que si el soldado es capaz de volver a sus cometidos se reducen los episodios de estrés postraumático», revela Martínez.El denominado protocolo RESET empieza por ‘reconocer’, que no es otra cosa que comprobar si el compañero bloqueado tiene alguna herida física o si efectivamente se trata de un episodio de estrés con síntomas de mirada perdida, temblores, estupor… Después llega el segundo paso, ‘enlazar’, que consiste en captar la atención del militar afectado. Hay que mirarle directamente a los ojos y lograr la conexión mediante frases simples de apoyo que creen un vínculo. Al contrario de lo que muestran las películas o está en el imaginario de todos, los expertos desaconsejan gritar o zarandear a la persona. «Eso solo hará que su cerebro se sobrecargue aún más».El objetivo es que el militar pueda recuperar la sensación de control y reintegrarse en la misión con una tarea sencillaDespués se debe ‘sondear’ activando la parte racional del cerebro mediante preguntas simples, y en cuarto lugar ‘explicar’ de forma sencilla lo sucedido y lo que se hará a continuación. Toda una secuencia que, si está interiorizada, puede durar poco más de un minuto y que desemboca en la quinta y última parte del proceso, la ‘tarea’: dar una orden sencilla al militar que pueda cumplir con el objetivo de que recupere la sensación de control de la situación. «Antes se sacaba al soldado a la zona de retaguardia, pero si le sacamos del bloqueo y es capaz de cumplir cometidos, en menos de un minuto hemos salvado la misión». RSS de noticias de espana
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