Cuando uno está acostumbrado a comprar voluntades (con mayor o menor éxito) se mete en una espiral en la que ya no puede parar de hacerlo, ni siquiera cuando se enfrenta a uno de los momentos más delicados de su vida, como es una amenaza de cárcel. Sin nocturnidad ni alevosía, así , a plena luz del día, el comisionista Víctor de Aldama se presentó ayer en el Tribunal Supremo, donde comparte banquillo con Ábalos y Koldo, con dos cajas de cruasanes y palmeritas para los cámaras y periodistas que aguardaban su llegada y la de los testigos que comparecían en la tercera sesión del juicio. El regalo envenenado de los pastelitos (para algunos, un detalle; para otros, un intento de soborno en toda regla) ejemplificaba de forma cristalina el ‘modus operandi’ de una trama para la que no había límite alguno y que tan pronto colocaba a ‘amiguitas’ en empresas públicas sin desempeñar trabajo alguno como regalaba (presuntamente) chalés a ministros por sus gestiones en la adquisición de licencias de hidrocarburos. Siendo ayer el día grande de Aldama (las dos primeras sesiones estuvieron más centradas en los enchufes de Ábalos y Koldo), no podía faltar el intento del conseguidor de lavar su reputación (demasiado tarde) con cruasanes y palmeras. Pero si este fue uno de los momentos más surrealistas de la jornada de ayer, no lo fue menos ver declarar con un rosario en la mano a la exnovia de Aldama e hija de la empresaria que presuntamente llevó a Ferraz los sobres con «tacos de billetes». Bajo la atenta mirada de su abogado, presente en la testifical para que su clienta no metiera la pata (teniendo en cuenta que está imputada junto a su madre en la Audiencia Nacional), Leonor parecía más aferrada a la fe que a la justicia. Lo mismo se puede decir de Aldama, con un crucifijo en la solapa de su chaqueta. En estrados, detrás de sus abogados, Ábalos y Koldo se mostraban especialmente inquietos y unidos en su estrategia contra Aldama y las «Pano». Tanto que, en un momento dado, la abogada de Koldo, Leticia de la Hoz, saturada por las precisiones que el exministro y el axasesor le hacían al oído, acabó «asumiendo» la defensa de Ábalos al hablar de «mis clientes». Pero si algo cerraba el círculo de la sesión de ayer, reflejando a la perfección los parámetros en los que se movía el tándem Ábalos-Koldo, ese fue el episodio del enganche a la luz en la vivienda de lujo de La Alcaidesa (Cádiz). Lo contó Carmen Pano, bajo la impertérrita mirada de su abogado, el siempre correcto juez del 11-M Javier Gómez Bermúdez. Era fin de semana. Koldo llamó a Pano «muy enfadado» diciendo que no tenían ni luz ni agua en la vivienda. La empresaria le dijo que hasta el lunes no podía hacer nada. «Iros a un hotel”, le dijo al exasesor. Al poco tiempo Koldo volvió a llamarla para decirle que lo habían solucionado «porque habían enganchado la luz». «Les dije que dejaran todo como estaba antes de ese enganche, y que además yo no tenía por qué pagar ningún gasto de la vivienda». Es más, les remató Pano: «Al jardinero que iba a cuidar todo aquellos dos veces por semana aún se le deben dinero». Cuando uno está acostumbrado a comprar voluntades (con mayor o menor éxito) se mete en una espiral en la que ya no puede parar de hacerlo, ni siquiera cuando se enfrenta a uno de los momentos más delicados de su vida, como es una amenaza de cárcel. Sin nocturnidad ni alevosía, así , a plena luz del día, el comisionista Víctor de Aldama se presentó ayer en el Tribunal Supremo, donde comparte banquillo con Ábalos y Koldo, con dos cajas de cruasanes y palmeritas para los cámaras y periodistas que aguardaban su llegada y la de los testigos que comparecían en la tercera sesión del juicio. El regalo envenenado de los pastelitos (para algunos, un detalle; para otros, un intento de soborno en toda regla) ejemplificaba de forma cristalina el ‘modus operandi’ de una trama para la que no había límite alguno y que tan pronto colocaba a ‘amiguitas’ en empresas públicas sin desempeñar trabajo alguno como regalaba (presuntamente) chalés a ministros por sus gestiones en la adquisición de licencias de hidrocarburos. Siendo ayer el día grande de Aldama (las dos primeras sesiones estuvieron más centradas en los enchufes de Ábalos y Koldo), no podía faltar el intento del conseguidor de lavar su reputación (demasiado tarde) con cruasanes y palmeras. Pero si este fue uno de los momentos más surrealistas de la jornada de ayer, no lo fue menos ver declarar con un rosario en la mano a la exnovia de Aldama e hija de la empresaria que presuntamente llevó a Ferraz los sobres con «tacos de billetes». Bajo la atenta mirada de su abogado, presente en la testifical para que su clienta no metiera la pata (teniendo en cuenta que está imputada junto a su madre en la Audiencia Nacional), Leonor parecía más aferrada a la fe que a la justicia. Lo mismo se puede decir de Aldama, con un crucifijo en la solapa de su chaqueta. En estrados, detrás de sus abogados, Ábalos y Koldo se mostraban especialmente inquietos y unidos en su estrategia contra Aldama y las «Pano». Tanto que, en un momento dado, la abogada de Koldo, Leticia de la Hoz, saturada por las precisiones que el exministro y el axasesor le hacían al oído, acabó «asumiendo» la defensa de Ábalos al hablar de «mis clientes». Pero si algo cerraba el círculo de la sesión de ayer, reflejando a la perfección los parámetros en los que se movía el tándem Ábalos-Koldo, ese fue el episodio del enganche a la luz en la vivienda de lujo de La Alcaidesa (Cádiz). Lo contó Carmen Pano, bajo la impertérrita mirada de su abogado, el siempre correcto juez del 11-M Javier Gómez Bermúdez. Era fin de semana. Koldo llamó a Pano «muy enfadado» diciendo que no tenían ni luz ni agua en la vivienda. La empresaria le dijo que hasta el lunes no podía hacer nada. «Iros a un hotel”, le dijo al exasesor. Al poco tiempo Koldo volvió a llamarla para decirle que lo habían solucionado «porque habían enganchado la luz». «Les dije que dejaran todo como estaba antes de ese enganche, y que además yo no tenía por qué pagar ningún gasto de la vivienda». Es más, les remató Pano: «Al jardinero que iba a cuidar todo aquellos dos veces por semana aún se le deben dinero». Cuando uno está acostumbrado a comprar voluntades (con mayor o menor éxito) se mete en una espiral en la que ya no puede parar de hacerlo, ni siquiera cuando se enfrenta a uno de los momentos más delicados de su vida, como es una amenaza de cárcel. Sin nocturnidad ni alevosía, así , a plena luz del día, el comisionista Víctor de Aldama se presentó ayer en el Tribunal Supremo, donde comparte banquillo con Ábalos y Koldo, con dos cajas de cruasanes y palmeritas para los cámaras y periodistas que aguardaban su llegada y la de los testigos que comparecían en la tercera sesión del juicio. El regalo envenenado de los pastelitos (para algunos, un detalle; para otros, un intento de soborno en toda regla) ejemplificaba de forma cristalina el ‘modus operandi’ de una trama para la que no había límite alguno y que tan pronto colocaba a ‘amiguitas’ en empresas públicas sin desempeñar trabajo alguno como regalaba (presuntamente) chalés a ministros por sus gestiones en la adquisición de licencias de hidrocarburos. Siendo ayer el día grande de Aldama (las dos primeras sesiones estuvieron más centradas en los enchufes de Ábalos y Koldo), no podía faltar el intento del conseguidor de lavar su reputación (demasiado tarde) con cruasanes y palmeras. Pero si este fue uno de los momentos más surrealistas de la jornada de ayer, no lo fue menos ver declarar con un rosario en la mano a la exnovia de Aldama e hija de la empresaria que presuntamente llevó a Ferraz los sobres con «tacos de billetes». Bajo la atenta mirada de su abogado, presente en la testifical para que su clienta no metiera la pata (teniendo en cuenta que está imputada junto a su madre en la Audiencia Nacional), Leonor parecía más aferrada a la fe que a la justicia. Lo mismo se puede decir de Aldama, con un crucifijo en la solapa de su chaqueta. En estrados, detrás de sus abogados, Ábalos y Koldo se mostraban especialmente inquietos y unidos en su estrategia contra Aldama y las «Pano». Tanto que, en un momento dado, la abogada de Koldo, Leticia de la Hoz, saturada por las precisiones que el exministro y el axasesor le hacían al oído, acabó «asumiendo» la defensa de Ábalos al hablar de «mis clientes». Pero si algo cerraba el círculo de la sesión de ayer, reflejando a la perfección los parámetros en los que se movía el tándem Ábalos-Koldo, ese fue el episodio del enganche a la luz en la vivienda de lujo de La Alcaidesa (Cádiz). Lo contó Carmen Pano, bajo la impertérrita mirada de su abogado, el siempre correcto juez del 11-M Javier Gómez Bermúdez. Era fin de semana. Koldo llamó a Pano «muy enfadado» diciendo que no tenían ni luz ni agua en la vivienda. La empresaria le dijo que hasta el lunes no podía hacer nada. «Iros a un hotel”, le dijo al exasesor. Al poco tiempo Koldo volvió a llamarla para decirle que lo habían solucionado «porque habían enganchado la luz». «Les dije que dejaran todo como estaba antes de ese enganche, y que además yo no tenía por qué pagar ningún gasto de la vivienda». Es más, les remató Pano: «Al jardinero que iba a cuidar todo aquellos dos veces por semana aún se le deben dinero». RSS de noticias de espana
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