Hay un momento en el que el ‘ wellness ‘ deja de ser algo que te hace sentir bien y empieza a ser algo que te hace sentir mal cuando no lo haces. Y ese momento pasa más de lo que parece. Casi nadie lo nombra porque vivimos en un contexto en el que cuidarse está bien visto, vivir saludablemente es una virtud, y quien no se cuida es que no quiere o no se esfuerza lo suficiente.Llevamos años construyendo un clima alrededor de la salud que depende de nosotros, que es cuestión de decisiones, que los hábitos son la clave y que si algo no funciona, hay que optimizarlo . Y ojo, parte esto es verdad. Los hábitos importan muchísimo y eso es indiscutible. Pero también hay un problema, y es que ese relato convierte la salud en una responsabilidad individual absoluta y hacemos del cuerpo un proyecto de mejora continua que nunca termina de estar suficientemente bien.En consulta lo veo frecuentemente. Personas que llegan agotadas no de vivir mal, sino de intentar vivir perfectamente bien. Se sienten culpables si no hacen ejercicio, si comen algo fuera del plan, si se acuestan tarde, si no han meditado, si el reloj les ha mandado una notificación diciendo que la variabilidad cardíaca de esta noche ha bajado. Y aquí viene la paradoja. Esa medición constante del cuerpo, que en teoría tendría que darnos control, al final genera lo contrario. Una vigilancia permanente sobre uno mismo que no descansa nunca.La alimentación, también crucial en el ‘wellness’ ABCLas redes sociales han construido un escenario en el que lo que se muestra no es salud real, es una versión con filtros y optimizada. Rutinas matutinas de dos horas, batidos con doce ingredientes, medidores de glucosa en personas sanas, suplementos para todo. No digo que nada de eso sea inútil. Lo que digo es que la suma de todo esto, presentado como lo normal, hace que mucha gente se sienta siempre por debajo de las expectativas de salud. Y esa sensación mantenida en el tiempo lo único que nos genera es estrés crónico y frustración. Lo curioso es que el estrés crónico es justo uno de los factores que más compromete la salud a largo plazo. Mantiene el cortisol alto, altera el sueño, desregula el apetito y favorece la inflamación. Justo lo que intentamos evitar con tanta optimización.Hay un patrón que cada vez veo más y tiene que ver con todo esto. La idea de comer siempre saludable, hasta el punto de que interfiera con la calidad de vida. Personas que descartan una cena con amigos por miedo a salirse del plan. Que sienten ansiedad cuando tienen delante alimentos que consideran insanos. Que organizan toda su vida alrededor de lo que comen y de lo que evitan. Eso, al final, no es salud. Es salud convertida en jaula.A algunos este exceso d cuidado de la salud les interfiere en su calidad de vida ABCMe preocupa que hemos normalizado un nivel de exigencia al cuerpo que hace unos años se habría ni considerado. Y lo hemos normalizado porque viene envuelto en un lenguaje positivo. Siempre está bien optimizar un parámetro, un análisis nuevo que hacerse, un suplemento que te falta, una métrica que mejorar. Y así no paramos.MÁS INFORMACIÓN noticia No Carne roja: cómo consumirla sin perjudicar la salud noticia Si Espárragos: el alimento que nuestro cuerpo utiliza para la formación de proteínas noticia Si Comes bien pero te hinchas, seguramente tu microbiota no está preparadaCuidarse tiene sentido, y mucho. Comer bien, moverse, dormir, gestionar el estrés, no fumar. Todo eso importa. Pero hay una diferencia enorme entre hacerlo desde un lugar de cuidado genuino y hacerlo desde el miedo, la culpa o la comparación con un ideal que ni existe. La salud no debería ser un estrés y si cuidarte te genera ansiedad hay que revisar qué expectativas y objetivos te has planteado. Porque dentro de una vida saludable deben entrar momentos de ocio, de relax, y desde luego, no debe existir ninguna culpa cuando la intención en cuidarse. Hay un momento en el que el ‘ wellness ‘ deja de ser algo que te hace sentir bien y empieza a ser algo que te hace sentir mal cuando no lo haces. Y ese momento pasa más de lo que parece. Casi nadie lo nombra porque vivimos en un contexto en el que cuidarse está bien visto, vivir saludablemente es una virtud, y quien no se cuida es que no quiere o no se esfuerza lo suficiente.Llevamos años construyendo un clima alrededor de la salud que depende de nosotros, que es cuestión de decisiones, que los hábitos son la clave y que si algo no funciona, hay que optimizarlo . Y ojo, parte esto es verdad. Los hábitos importan muchísimo y eso es indiscutible. Pero también hay un problema, y es que ese relato convierte la salud en una responsabilidad individual absoluta y hacemos del cuerpo un proyecto de mejora continua que nunca termina de estar suficientemente bien.En consulta lo veo frecuentemente. Personas que llegan agotadas no de vivir mal, sino de intentar vivir perfectamente bien. Se sienten culpables si no hacen ejercicio, si comen algo fuera del plan, si se acuestan tarde, si no han meditado, si el reloj les ha mandado una notificación diciendo que la variabilidad cardíaca de esta noche ha bajado. Y aquí viene la paradoja. Esa medición constante del cuerpo, que en teoría tendría que darnos control, al final genera lo contrario. Una vigilancia permanente sobre uno mismo que no descansa nunca.La alimentación, también crucial en el ‘wellness’ ABCLas redes sociales han construido un escenario en el que lo que se muestra no es salud real, es una versión con filtros y optimizada. Rutinas matutinas de dos horas, batidos con doce ingredientes, medidores de glucosa en personas sanas, suplementos para todo. No digo que nada de eso sea inútil. Lo que digo es que la suma de todo esto, presentado como lo normal, hace que mucha gente se sienta siempre por debajo de las expectativas de salud. Y esa sensación mantenida en el tiempo lo único que nos genera es estrés crónico y frustración. Lo curioso es que el estrés crónico es justo uno de los factores que más compromete la salud a largo plazo. Mantiene el cortisol alto, altera el sueño, desregula el apetito y favorece la inflamación. Justo lo que intentamos evitar con tanta optimización.Hay un patrón que cada vez veo más y tiene que ver con todo esto. La idea de comer siempre saludable, hasta el punto de que interfiera con la calidad de vida. Personas que descartan una cena con amigos por miedo a salirse del plan. Que sienten ansiedad cuando tienen delante alimentos que consideran insanos. Que organizan toda su vida alrededor de lo que comen y de lo que evitan. Eso, al final, no es salud. Es salud convertida en jaula.A algunos este exceso d cuidado de la salud les interfiere en su calidad de vida ABCMe preocupa que hemos normalizado un nivel de exigencia al cuerpo que hace unos años se habría ni considerado. Y lo hemos normalizado porque viene envuelto en un lenguaje positivo. Siempre está bien optimizar un parámetro, un análisis nuevo que hacerse, un suplemento que te falta, una métrica que mejorar. Y así no paramos.MÁS INFORMACIÓN noticia No Carne roja: cómo consumirla sin perjudicar la salud noticia Si Espárragos: el alimento que nuestro cuerpo utiliza para la formación de proteínas noticia Si Comes bien pero te hinchas, seguramente tu microbiota no está preparadaCuidarse tiene sentido, y mucho. Comer bien, moverse, dormir, gestionar el estrés, no fumar. Todo eso importa. Pero hay una diferencia enorme entre hacerlo desde un lugar de cuidado genuino y hacerlo desde el miedo, la culpa o la comparación con un ideal que ni existe. La salud no debería ser un estrés y si cuidarte te genera ansiedad hay que revisar qué expectativas y objetivos te has planteado. Porque dentro de una vida saludable deben entrar momentos de ocio, de relax, y desde luego, no debe existir ninguna culpa cuando la intención en cuidarse. Hay un momento en el que el ‘ wellness ‘ deja de ser algo que te hace sentir bien y empieza a ser algo que te hace sentir mal cuando no lo haces. Y ese momento pasa más de lo que parece. Casi nadie lo nombra porque vivimos en un contexto en el que cuidarse está bien visto, vivir saludablemente es una virtud, y quien no se cuida es que no quiere o no se esfuerza lo suficiente.Llevamos años construyendo un clima alrededor de la salud que depende de nosotros, que es cuestión de decisiones, que los hábitos son la clave y que si algo no funciona, hay que optimizarlo . Y ojo, parte esto es verdad. Los hábitos importan muchísimo y eso es indiscutible. Pero también hay un problema, y es que ese relato convierte la salud en una responsabilidad individual absoluta y hacemos del cuerpo un proyecto de mejora continua que nunca termina de estar suficientemente bien.En consulta lo veo frecuentemente. Personas que llegan agotadas no de vivir mal, sino de intentar vivir perfectamente bien. Se sienten culpables si no hacen ejercicio, si comen algo fuera del plan, si se acuestan tarde, si no han meditado, si el reloj les ha mandado una notificación diciendo que la variabilidad cardíaca de esta noche ha bajado. Y aquí viene la paradoja. Esa medición constante del cuerpo, que en teoría tendría que darnos control, al final genera lo contrario. Una vigilancia permanente sobre uno mismo que no descansa nunca.La alimentación, también crucial en el ‘wellness’ ABCLas redes sociales han construido un escenario en el que lo que se muestra no es salud real, es una versión con filtros y optimizada. Rutinas matutinas de dos horas, batidos con doce ingredientes, medidores de glucosa en personas sanas, suplementos para todo. No digo que nada de eso sea inútil. Lo que digo es que la suma de todo esto, presentado como lo normal, hace que mucha gente se sienta siempre por debajo de las expectativas de salud. Y esa sensación mantenida en el tiempo lo único que nos genera es estrés crónico y frustración. Lo curioso es que el estrés crónico es justo uno de los factores que más compromete la salud a largo plazo. Mantiene el cortisol alto, altera el sueño, desregula el apetito y favorece la inflamación. Justo lo que intentamos evitar con tanta optimización.Hay un patrón que cada vez veo más y tiene que ver con todo esto. La idea de comer siempre saludable, hasta el punto de que interfiera con la calidad de vida. Personas que descartan una cena con amigos por miedo a salirse del plan. Que sienten ansiedad cuando tienen delante alimentos que consideran insanos. Que organizan toda su vida alrededor de lo que comen y de lo que evitan. Eso, al final, no es salud. Es salud convertida en jaula.A algunos este exceso d cuidado de la salud les interfiere en su calidad de vida ABCMe preocupa que hemos normalizado un nivel de exigencia al cuerpo que hace unos años se habría ni considerado. Y lo hemos normalizado porque viene envuelto en un lenguaje positivo. Siempre está bien optimizar un parámetro, un análisis nuevo que hacerse, un suplemento que te falta, una métrica que mejorar. Y así no paramos.MÁS INFORMACIÓN noticia No Carne roja: cómo consumirla sin perjudicar la salud noticia Si Espárragos: el alimento que nuestro cuerpo utiliza para la formación de proteínas noticia Si Comes bien pero te hinchas, seguramente tu microbiota no está preparadaCuidarse tiene sentido, y mucho. Comer bien, moverse, dormir, gestionar el estrés, no fumar. Todo eso importa. Pero hay una diferencia enorme entre hacerlo desde un lugar de cuidado genuino y hacerlo desde el miedo, la culpa o la comparación con un ideal que ni existe. La salud no debería ser un estrés y si cuidarte te genera ansiedad hay que revisar qué expectativas y objetivos te has planteado. Porque dentro de una vida saludable deben entrar momentos de ocio, de relax, y desde luego, no debe existir ninguna culpa cuando la intención en cuidarse. RSS de noticias de bienestar
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