El nuevo vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, se está gustando en las primeras semanas en su nuevo puesto. Ha cogido con muchas ganas el que probablemente sea el principal mandato de su nueva responsabilidad, que no es otra que la de tratar de desmontar la mala percepción sobre la evolución de la economía que cunde de forma generalizada entre amplias capas de la población española. Si hace unos días sacaba pecho de la evolución del déficit público, arrogándose todos los méritos en nombre del gobierno, la semana pasada fue el turno para presumir de la evolución de los sueldos. En las muchas entrevistas que ha dado en los últimos días no ha tenido el menor problema de alardear de la mejor evolución de los salarios en España en los últimos años. En el tono cordial que le caracteriza -algo que desde luego se agradece-, ha perorado sobre la magnífica evolución de esta métrica, tratando así de desmontar la sensación muy generalizada (y cierta) de pérdida de poder adquisitivo. Y aunque los datos que ha utilizado para soportar su argumentación son ciertos, tiene truco. En los últimos años, España ha logrado un crecimiento récord del empleo -y, como hemos repetido muchas veces en esta página, básicamente porque ya tocaba y no por ninguna política económica que desde luego haya impulsado este gobierno- pero esto no se ha trasladado a que produzcamos mejor o de forma más eficiente. Producimos más en términos agregados -y esto son los datos que el vicepresidente manosea sin rubor- pero cuando bajamos al detalle por persona, los resultados no son los mismos. A esto hay que además sumar una mayor carga fiscal sobre el trabajo.Noticia relacionada opinion No No El quinto en discordia Tiro por la culata José Ramón IturriagaA finales de 2025, la productividad media por persona ocupada seguía siendo ligeramente inferior a la de finales de 2019, antes de la pandemia. Al mismo tiempo, aunque el salario bruto medio era más alto, el salario neto -lo que realmente llega al bolsillo- se situaba por debajo del nivel de entonces. La razón principal es el aumento de los impuestos y cotizaciones sobre el trabajo.Esta percepción de estancamiento se ve reforzada además por el fuerte encarecimiento de la vivienda , cuyos precios han aumentado más rápido que el conjunto de los precios de consumo.Por todo ello, el reto no es solo seguir creando empleo -que también-, sino hacerlo mejor. Es clave que el crecimiento venga acompañado de más capital humano, mayor inversión productiva, una mejor asignación de los recursos y una adopción más amplia de la tecnología. Sin estos avances, el aumento del empleo seguirá siendo positivo, pero no bastará para mejorar de forma duradera el bienestar de los ciudadanos ni para aprovechar todo el potencial de crecimiento de la economía española. Y eso no va a pasar con las políticas económicas de este gobierno porque, fundamentalmente, no existe tal cosa.Entretanto, ustedes pueden optar por creer lo que ven sus ojos o lo que no, no para de repetir de forma muy cordial, eso sí, el vicepresidente económico.El gas como termómetroMás que el petróleo, es el coste del gas lo que debe preocupar a los europeos. Y este ha vuelto -y con él, el de la electricidad- a niveles de antes de la guerra. De hecho, está claramente por debajo de donde estuvo de forma sostenida en el primer trimestre del año pasado. Por lo tanto, podemos decir que la ‘crisis’ energética ha terminado básicamente antes de empezar y que las consecuencias de este repunte temporal, tanto en crecimiento económico como en precios, van a ser insignificantes. Esto podría torcerse, desde luego. No se puede descartar que fracase el alto el fuego y que Irán ataque Qatar , que es donde se produce gran parte del gas que sale del golfo persico. Ahora, a estas alturas de la película, este no es el escenario central y, probablemente, esto es lo realmente importante, nunca lo ha sido. Aunque en las últimas semanas se ha dado mucho más pábulo a los escenarios Mad Max tan del gusto de los consumidores, la verdad es que nunca se ha puesto en precio un desenlace dramático. Y cualquier comparación que se ha tratado de hacer con Ucrania o los años setenta ha sido muy forzada. No olviden que el mercado es probablemente quien mejor agrega la información y descuenta las probabilidades de los distintos escenarios. Más cuando el ruido es tanto como el de las últimas semanas. Y básicamente es así porque los millones de agentes económicos que conforman esta entelequia que conocemos como mercado y del que nadie tiene su número de teléfono se están jugando los cuartos. Por eso, la mejor forma de tratar de saber en qué minuto de partido nos encontramos es a través de las indicaciones que nos da al instante. Con mucho mejor criterio que nadie pero desde luego que los agoreros de guardia, el señor mercado asimila toda la información que se produce -post de Trump incluidos- y asigna probabilidades a los distintos escenarios de forma muy precisa. Y se va ajustando a medida que los acontecimientos van en uno u otro sentido. Son muchas las horas de vuelo que acumula y podemos decir que aprende de sus errores. En el caso europeo el mejor indicador para determinar lo cerca o lejos que podemos estar de una crisis es el precio del gas. Y, como decíamos arriba, lo que no dice ahora de forma muy rotunda es que la crisis ha terminado. Vuelta a máximosEn menos de seis semanas, el mercado ha vuelto ya a la casilla de salida. La velocidad de recuperación ha sido asombrosa. Y esto nos debería dar para una reflexión que, como todas las reflexiones que tienen que ver con el comportamiento humano en lo tocante con las decisiones de inversión, son más fáciles de enunciar que de ejecutar. Recordaba en esta página hace muy pocos días el consejo de Peter Lynch : se ha perdido mucho más dinero tratando de protegerse de las caídas que directamente soportándolas. Quien en las últimas semanas ha decidido salirse de bolsa para «dormir tranquilo hasta que las cosas estén más claras» en el mejor de los casos ha dejado de ganar dinero. En el peor, y depende de cuándo haya invertido, directamente ha perdido por dejarse llevar por sus emociones. Y no es que no se sepa, que se sabe, pero la respuesta sigue siendo la misma: dejarse llevar por las emociones. Se trata de algo achacable al inversor, pero no solo. Todos los que acompañan al inversor en este proceso tienen su parte de responsabilidad. La exposición a bolsa tiene que ser la adecuada con el perfil de riesgo de cada inversor -y por norma general, en el caso español desde luego, suelen estar muy por debajo- para que las caídas se entiendan como parte del proceso. Se gana dinero porque se está dispuesto a perderlo por el camino. Además, el consejero o asesor financiero tiene que estar a la altura de su responsabilidad y trasmitir confianza a los inversores, sus clientes, y no optar por el camino fácil de no enfrentarse a sus emociones. El atajo es lo cómodo pero es una negligencia que repercute negativamente en los retornos del inversor. Y no hay que olvidar que en el 20% del tiempo se obtiene el 80% de retorno y estos periodos precisamente coinciden con los momentos más convulsos. Y en el extremo nos encontraríamos, nos encontramos cada vez que se produce uno de estos sucesos, a aquellos que tratan de apalancarse en el miedo del inversor. Es una práctica bastante habitual que va mucho más allá de la negligencia. Es directamente irresponsable aunque no esté tipificado en el código penal . Son pocos los que habrán aprovechado estos días para incrementar el peso en renta variable. Algunos más serán los que, lamentablemente, se hayan dejado llevar por sus emociones -solos o mal acompañados-. Aunque serán pocos los que lo reconozcan y menos los que rectifiquen. El nuevo vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, se está gustando en las primeras semanas en su nuevo puesto. Ha cogido con muchas ganas el que probablemente sea el principal mandato de su nueva responsabilidad, que no es otra que la de tratar de desmontar la mala percepción sobre la evolución de la economía que cunde de forma generalizada entre amplias capas de la población española. Si hace unos días sacaba pecho de la evolución del déficit público, arrogándose todos los méritos en nombre del gobierno, la semana pasada fue el turno para presumir de la evolución de los sueldos. En las muchas entrevistas que ha dado en los últimos días no ha tenido el menor problema de alardear de la mejor evolución de los salarios en España en los últimos años. En el tono cordial que le caracteriza -algo que desde luego se agradece-, ha perorado sobre la magnífica evolución de esta métrica, tratando así de desmontar la sensación muy generalizada (y cierta) de pérdida de poder adquisitivo. Y aunque los datos que ha utilizado para soportar su argumentación son ciertos, tiene truco. En los últimos años, España ha logrado un crecimiento récord del empleo -y, como hemos repetido muchas veces en esta página, básicamente porque ya tocaba y no por ninguna política económica que desde luego haya impulsado este gobierno- pero esto no se ha trasladado a que produzcamos mejor o de forma más eficiente. Producimos más en términos agregados -y esto son los datos que el vicepresidente manosea sin rubor- pero cuando bajamos al detalle por persona, los resultados no son los mismos. A esto hay que además sumar una mayor carga fiscal sobre el trabajo.Noticia relacionada opinion No No El quinto en discordia Tiro por la culata José Ramón IturriagaA finales de 2025, la productividad media por persona ocupada seguía siendo ligeramente inferior a la de finales de 2019, antes de la pandemia. Al mismo tiempo, aunque el salario bruto medio era más alto, el salario neto -lo que realmente llega al bolsillo- se situaba por debajo del nivel de entonces. La razón principal es el aumento de los impuestos y cotizaciones sobre el trabajo.Esta percepción de estancamiento se ve reforzada además por el fuerte encarecimiento de la vivienda , cuyos precios han aumentado más rápido que el conjunto de los precios de consumo.Por todo ello, el reto no es solo seguir creando empleo -que también-, sino hacerlo mejor. Es clave que el crecimiento venga acompañado de más capital humano, mayor inversión productiva, una mejor asignación de los recursos y una adopción más amplia de la tecnología. Sin estos avances, el aumento del empleo seguirá siendo positivo, pero no bastará para mejorar de forma duradera el bienestar de los ciudadanos ni para aprovechar todo el potencial de crecimiento de la economía española. Y eso no va a pasar con las políticas económicas de este gobierno porque, fundamentalmente, no existe tal cosa.Entretanto, ustedes pueden optar por creer lo que ven sus ojos o lo que no, no para de repetir de forma muy cordial, eso sí, el vicepresidente económico.El gas como termómetroMás que el petróleo, es el coste del gas lo que debe preocupar a los europeos. Y este ha vuelto -y con él, el de la electricidad- a niveles de antes de la guerra. De hecho, está claramente por debajo de donde estuvo de forma sostenida en el primer trimestre del año pasado. Por lo tanto, podemos decir que la ‘crisis’ energética ha terminado básicamente antes de empezar y que las consecuencias de este repunte temporal, tanto en crecimiento económico como en precios, van a ser insignificantes. Esto podría torcerse, desde luego. No se puede descartar que fracase el alto el fuego y que Irán ataque Qatar , que es donde se produce gran parte del gas que sale del golfo persico. Ahora, a estas alturas de la película, este no es el escenario central y, probablemente, esto es lo realmente importante, nunca lo ha sido. Aunque en las últimas semanas se ha dado mucho más pábulo a los escenarios Mad Max tan del gusto de los consumidores, la verdad es que nunca se ha puesto en precio un desenlace dramático. Y cualquier comparación que se ha tratado de hacer con Ucrania o los años setenta ha sido muy forzada. No olviden que el mercado es probablemente quien mejor agrega la información y descuenta las probabilidades de los distintos escenarios. Más cuando el ruido es tanto como el de las últimas semanas. Y básicamente es así porque los millones de agentes económicos que conforman esta entelequia que conocemos como mercado y del que nadie tiene su número de teléfono se están jugando los cuartos. Por eso, la mejor forma de tratar de saber en qué minuto de partido nos encontramos es a través de las indicaciones que nos da al instante. Con mucho mejor criterio que nadie pero desde luego que los agoreros de guardia, el señor mercado asimila toda la información que se produce -post de Trump incluidos- y asigna probabilidades a los distintos escenarios de forma muy precisa. Y se va ajustando a medida que los acontecimientos van en uno u otro sentido. Son muchas las horas de vuelo que acumula y podemos decir que aprende de sus errores. En el caso europeo el mejor indicador para determinar lo cerca o lejos que podemos estar de una crisis es el precio del gas. Y, como decíamos arriba, lo que no dice ahora de forma muy rotunda es que la crisis ha terminado. Vuelta a máximosEn menos de seis semanas, el mercado ha vuelto ya a la casilla de salida. La velocidad de recuperación ha sido asombrosa. Y esto nos debería dar para una reflexión que, como todas las reflexiones que tienen que ver con el comportamiento humano en lo tocante con las decisiones de inversión, son más fáciles de enunciar que de ejecutar. Recordaba en esta página hace muy pocos días el consejo de Peter Lynch : se ha perdido mucho más dinero tratando de protegerse de las caídas que directamente soportándolas. Quien en las últimas semanas ha decidido salirse de bolsa para «dormir tranquilo hasta que las cosas estén más claras» en el mejor de los casos ha dejado de ganar dinero. En el peor, y depende de cuándo haya invertido, directamente ha perdido por dejarse llevar por sus emociones. Y no es que no se sepa, que se sabe, pero la respuesta sigue siendo la misma: dejarse llevar por las emociones. Se trata de algo achacable al inversor, pero no solo. Todos los que acompañan al inversor en este proceso tienen su parte de responsabilidad. La exposición a bolsa tiene que ser la adecuada con el perfil de riesgo de cada inversor -y por norma general, en el caso español desde luego, suelen estar muy por debajo- para que las caídas se entiendan como parte del proceso. Se gana dinero porque se está dispuesto a perderlo por el camino. Además, el consejero o asesor financiero tiene que estar a la altura de su responsabilidad y trasmitir confianza a los inversores, sus clientes, y no optar por el camino fácil de no enfrentarse a sus emociones. El atajo es lo cómodo pero es una negligencia que repercute negativamente en los retornos del inversor. Y no hay que olvidar que en el 20% del tiempo se obtiene el 80% de retorno y estos periodos precisamente coinciden con los momentos más convulsos. Y en el extremo nos encontraríamos, nos encontramos cada vez que se produce uno de estos sucesos, a aquellos que tratan de apalancarse en el miedo del inversor. Es una práctica bastante habitual que va mucho más allá de la negligencia. Es directamente irresponsable aunque no esté tipificado en el código penal . Son pocos los que habrán aprovechado estos días para incrementar el peso en renta variable. Algunos más serán los que, lamentablemente, se hayan dejado llevar por sus emociones -solos o mal acompañados-. Aunque serán pocos los que lo reconozcan y menos los que rectifiquen. El nuevo vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, se está gustando en las primeras semanas en su nuevo puesto. Ha cogido con muchas ganas el que probablemente sea el principal mandato de su nueva responsabilidad, que no es otra que la de tratar de desmontar la mala percepción sobre la evolución de la economía que cunde de forma generalizada entre amplias capas de la población española. Si hace unos días sacaba pecho de la evolución del déficit público, arrogándose todos los méritos en nombre del gobierno, la semana pasada fue el turno para presumir de la evolución de los sueldos. En las muchas entrevistas que ha dado en los últimos días no ha tenido el menor problema de alardear de la mejor evolución de los salarios en España en los últimos años. En el tono cordial que le caracteriza -algo que desde luego se agradece-, ha perorado sobre la magnífica evolución de esta métrica, tratando así de desmontar la sensación muy generalizada (y cierta) de pérdida de poder adquisitivo. Y aunque los datos que ha utilizado para soportar su argumentación son ciertos, tiene truco. En los últimos años, España ha logrado un crecimiento récord del empleo -y, como hemos repetido muchas veces en esta página, básicamente porque ya tocaba y no por ninguna política económica que desde luego haya impulsado este gobierno- pero esto no se ha trasladado a que produzcamos mejor o de forma más eficiente. Producimos más en términos agregados -y esto son los datos que el vicepresidente manosea sin rubor- pero cuando bajamos al detalle por persona, los resultados no son los mismos. A esto hay que además sumar una mayor carga fiscal sobre el trabajo.Noticia relacionada opinion No No El quinto en discordia Tiro por la culata José Ramón IturriagaA finales de 2025, la productividad media por persona ocupada seguía siendo ligeramente inferior a la de finales de 2019, antes de la pandemia. Al mismo tiempo, aunque el salario bruto medio era más alto, el salario neto -lo que realmente llega al bolsillo- se situaba por debajo del nivel de entonces. La razón principal es el aumento de los impuestos y cotizaciones sobre el trabajo.Esta percepción de estancamiento se ve reforzada además por el fuerte encarecimiento de la vivienda , cuyos precios han aumentado más rápido que el conjunto de los precios de consumo.Por todo ello, el reto no es solo seguir creando empleo -que también-, sino hacerlo mejor. Es clave que el crecimiento venga acompañado de más capital humano, mayor inversión productiva, una mejor asignación de los recursos y una adopción más amplia de la tecnología. Sin estos avances, el aumento del empleo seguirá siendo positivo, pero no bastará para mejorar de forma duradera el bienestar de los ciudadanos ni para aprovechar todo el potencial de crecimiento de la economía española. Y eso no va a pasar con las políticas económicas de este gobierno porque, fundamentalmente, no existe tal cosa.Entretanto, ustedes pueden optar por creer lo que ven sus ojos o lo que no, no para de repetir de forma muy cordial, eso sí, el vicepresidente económico.El gas como termómetroMás que el petróleo, es el coste del gas lo que debe preocupar a los europeos. Y este ha vuelto -y con él, el de la electricidad- a niveles de antes de la guerra. De hecho, está claramente por debajo de donde estuvo de forma sostenida en el primer trimestre del año pasado. Por lo tanto, podemos decir que la ‘crisis’ energética ha terminado básicamente antes de empezar y que las consecuencias de este repunte temporal, tanto en crecimiento económico como en precios, van a ser insignificantes. Esto podría torcerse, desde luego. No se puede descartar que fracase el alto el fuego y que Irán ataque Qatar , que es donde se produce gran parte del gas que sale del golfo persico. Ahora, a estas alturas de la película, este no es el escenario central y, probablemente, esto es lo realmente importante, nunca lo ha sido. Aunque en las últimas semanas se ha dado mucho más pábulo a los escenarios Mad Max tan del gusto de los consumidores, la verdad es que nunca se ha puesto en precio un desenlace dramático. Y cualquier comparación que se ha tratado de hacer con Ucrania o los años setenta ha sido muy forzada. No olviden que el mercado es probablemente quien mejor agrega la información y descuenta las probabilidades de los distintos escenarios. Más cuando el ruido es tanto como el de las últimas semanas. Y básicamente es así porque los millones de agentes económicos que conforman esta entelequia que conocemos como mercado y del que nadie tiene su número de teléfono se están jugando los cuartos. Por eso, la mejor forma de tratar de saber en qué minuto de partido nos encontramos es a través de las indicaciones que nos da al instante. Con mucho mejor criterio que nadie pero desde luego que los agoreros de guardia, el señor mercado asimila toda la información que se produce -post de Trump incluidos- y asigna probabilidades a los distintos escenarios de forma muy precisa. Y se va ajustando a medida que los acontecimientos van en uno u otro sentido. Son muchas las horas de vuelo que acumula y podemos decir que aprende de sus errores. En el caso europeo el mejor indicador para determinar lo cerca o lejos que podemos estar de una crisis es el precio del gas. Y, como decíamos arriba, lo que no dice ahora de forma muy rotunda es que la crisis ha terminado. Vuelta a máximosEn menos de seis semanas, el mercado ha vuelto ya a la casilla de salida. La velocidad de recuperación ha sido asombrosa. Y esto nos debería dar para una reflexión que, como todas las reflexiones que tienen que ver con el comportamiento humano en lo tocante con las decisiones de inversión, son más fáciles de enunciar que de ejecutar. Recordaba en esta página hace muy pocos días el consejo de Peter Lynch : se ha perdido mucho más dinero tratando de protegerse de las caídas que directamente soportándolas. Quien en las últimas semanas ha decidido salirse de bolsa para «dormir tranquilo hasta que las cosas estén más claras» en el mejor de los casos ha dejado de ganar dinero. En el peor, y depende de cuándo haya invertido, directamente ha perdido por dejarse llevar por sus emociones. Y no es que no se sepa, que se sabe, pero la respuesta sigue siendo la misma: dejarse llevar por las emociones. Se trata de algo achacable al inversor, pero no solo. Todos los que acompañan al inversor en este proceso tienen su parte de responsabilidad. La exposición a bolsa tiene que ser la adecuada con el perfil de riesgo de cada inversor -y por norma general, en el caso español desde luego, suelen estar muy por debajo- para que las caídas se entiendan como parte del proceso. Se gana dinero porque se está dispuesto a perderlo por el camino. Además, el consejero o asesor financiero tiene que estar a la altura de su responsabilidad y trasmitir confianza a los inversores, sus clientes, y no optar por el camino fácil de no enfrentarse a sus emociones. El atajo es lo cómodo pero es una negligencia que repercute negativamente en los retornos del inversor. Y no hay que olvidar que en el 20% del tiempo se obtiene el 80% de retorno y estos periodos precisamente coinciden con los momentos más convulsos. Y en el extremo nos encontraríamos, nos encontramos cada vez que se produce uno de estos sucesos, a aquellos que tratan de apalancarse en el miedo del inversor. Es una práctica bastante habitual que va mucho más allá de la negligencia. Es directamente irresponsable aunque no esté tipificado en el código penal . Son pocos los que habrán aprovechado estos días para incrementar el peso en renta variable. Algunos más serán los que, lamentablemente, se hayan dejado llevar por sus emociones -solos o mal acompañados-. Aunque serán pocos los que lo reconozcan y menos los que rectifiquen. RSS de noticias de economia
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