El primer asentamiento español en América fue fruto de un fracaso. Cristóbal Colón y sus marinos llevaban más de un mes en las costas caribeñas después de haber atravesado el Atlántico por primera vez. Habían sobrevivido a tormentas, a los miedos de una tripulación titubeante y a algún intento de amotinamiento. Era la noche del 25 de diciembre de 1492: el mar estaba en calma, la costa a la vista, la luna brillaba en el horizonte y los botes habían recorrido la zona reconociendo bajos y peñas. La confianza —y el cansancio tras la celebración de la Nochebuena— llevó a todos a la cama, Colón incluido, dejando al mando a un somnoliento grumete que no vio ni oyó que su nave, la Santa María, estaba cerca de una restinga de arena. Encalló suavemente. No pudieron salvarla y con sus restos levantaron el fuerte Navidad. Aquello obligó a cerca de 40 tripulantes a salir de su zona de seguridad, convivir con los indígenas y compartir tareas cotidianas con ellos. También mostró a aquellos pobladores que las naves en las que habían llegado esos hombres, aunque enormes y sofisticadas, se hundían. El primer naufragio de un imperio naval que se extendería durante más de 400 años acababa de cambiar la Historia.
El arqueólogo subacuático Carlos León Amores reconstruye 16 de los más de mil hundimientos en las costas americanas durante cuatro siglos de hegemonía marítima
El primer asentamiento español en América fue fruto de un fracaso. Cristóbal Colón y sus marinos llevaban más de un mes en las costas caribeñas después de haber atravesado el Atlántico por primera vez. Habían sobrevivido a tormentas, a los miedos de una tripulación titubeante y a algún intento de amotinamiento. Era la noche del 25 de diciembre de 1492: el mar estaba en calma, la costa a la vista, la luna brillaba en el horizonte y los botes habían recorrido la zona reconociendo bajos y peñas. La confianza —y el cansancio tras la celebración de la Nochebuena— llevó a todos a la cama, Colón incluido, dejando al mando a un somnoliento grumete que no vio ni oyó que su nave, la Santa María, estaba cerca de una restinga de arena. Encalló suavemente. No pudieron salvarla y con sus restos levantaron el fuerte Navidad. Aquello obligó a cerca de 40 tripulantes a salir de su zona de seguridad, convivir con los indígenas y compartir tareas cotidianas con ellos. También mostró a aquellos pobladores que las naves en las que habían llegado esos hombres, aunque enormes y sofisticadas, se hundían. El primer naufragio de un imperio naval que se extendería durante más de 400 años acababa de cambiar la Historia.
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