La inmigración es uno de los asuntos más espinosos de Alemania. El país alberga a más de tres millones de refugiados y personas bajo protección internacional, entre ellos más de un millón de ucranianos y cerca de un millón de sirios llegados durante la crisis migratoria de 2015, cuando Angela Merkel abrió las fronteras a quienes huían de la guerra y del colapso humanitario en Siria. Pero la contestación que marcó aquellos años ha dejado las calles para instalarse en las urnas, el Parlamento, los tribunales y el Ministerio del Interior. Uno de los detonantes de ese cambio fueron los apuñalamientos mortales de Mannheim, Solingen y Aschaffenburg.
Tras los apuñalamientos de Mannheim, Solingen y Aschaffenburg, la exigencia de control migratorio deja de ser patrimonio de la ultraderecha para convertirse en una demanda transversal que hoy gobierna Alemania
La inmigración es uno de los asuntos más espinosos de Alemania. El país alberga a más de tres millones de refugiados y personas bajo protección internacional, entre ellos más de un millón de ucranianos y cerca de un millón de sirios llegados durante la crisis migratoria de 2015, cuando Angela Merkel abrió las fronteras a quienes huían de la guerra y del colapso humanitario en Siria. Pero la contestación que marcó aquellos años ha dejado las calles para instalarse en las urnas, el Parlamento, los tribunales y el Ministerio del Interior. Uno de los detonantes de ese cambio fueron los apuñalamientos mortales de Mannheim, Solingen y Aschaffenburg.
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