En el Gardens North County District Park de Palm Beach, en Miami, ningún otro nombre suena tanto como el de Cristiano Ronaldo. En el mismo sitio donde el Real Madrid pasó el pasado Mundial de clubes, la selección portuguesa prepara una Copa del Mundo especial, entre la esperanza y la presión. Y ambas cosas se sostienen sobre los hombros de su mayor leyenda. Se mezcla la ilusión por darle a Cristiano el título que le falta 20 años después de su debut con la presión de que el tiempo se acaba y los debates sobre la forma de conseguir el trofeo: con él como principio y fin o, como en 2022, dejándole en el banquillo.
Portugal aspira a su primer Mundial para culminar también la carrera de su «máxima bandera». «Es el Rey, como Eusebio», dice Jorge Andrade.
En el Gardens North County District Park de Palm Beach, en Miami, ningún otro nombre suena tanto como el de Cristiano Ronaldo. En el mismo sitio donde el Real Madrid pasó el pasado Mundial de clubes, la selección portuguesa prepara una Copa del Mundo especial, entre la esperanza y la presión. Y ambas cosas se sostienen sobre los hombros de su mayor leyenda. Se mezcla la ilusión por darle a Cristiano el título que le falta 20 años después de su debut con la presión de que el tiempo se acaba y los debates sobre la forma de conseguir el trofeo: con él como principio y fin o, como en 2022, dejándole en el banquillo.
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