Hay días internacionales del abrazo y hasta de responder a las preguntas de tu gato. Hoy, cinco de abril, sin necesidad de declaraciones de la ONU, celebramos nuestro día grande, el Domingo de Resurrección. Y «nuestro» Domingo de Resurrección quiere decir que, nada más y nada menos, un tercio de la población mundial acude a algún templo cristiano para celebrarlo. A años luz de la Navidad porque nacer nacemos todos pero resucitar es algo más complicado, el final de la Semana Santa se antoja para muchos como el final de las procesiones y el momento ideal para revivir tradiciones o para acercarse a un mundo cargado de ese arte y esa sensibilidad que recorre nuestras calles desde el Domingo de Ramos pero es mucho más. La resurrección de Cristo tras una semana de silencio y penitencia provoca el alborozo del mundo entero sin necesidad de acuerdos de Naciones Unidas ni de campañas de publicidad institucional. La Vigilia de Pascua se celebra en cientos de miles de iglesias, grandes y pequeñas, repartidas por todo el mundo para llenar de esperanza a cristianos de todo el planeta sin importar su clase o condición. Este domingo que hoy se abre ante ustedes se celebra en Castilla con lechazo y buen vino porque lo manda una tradición que, más allá de las viandas del lugar, nos desvela que lo que nos une es mucho más que lo que nos separa, que la fe se alcanza desde la creencia y no desde la imposición y que para celebrar no hace falta que te den nada más que la oportunidad de compartir lo que tienes. Alguien puede pensar que qué mejor campaña publicitaria que un Cristo de Gregorio Fernández y tiene razón pero hasta las genialidades de la escuela castellana habrían sucumbido al paso del tiempo de no ser porque, tras ellas, está el espíritu de millones de creyentes que desde el silencio proclaman su fe. Feliz Pascua de Resurrección. Hay días internacionales del abrazo y hasta de responder a las preguntas de tu gato. Hoy, cinco de abril, sin necesidad de declaraciones de la ONU, celebramos nuestro día grande, el Domingo de Resurrección. Y «nuestro» Domingo de Resurrección quiere decir que, nada más y nada menos, un tercio de la población mundial acude a algún templo cristiano para celebrarlo. A años luz de la Navidad porque nacer nacemos todos pero resucitar es algo más complicado, el final de la Semana Santa se antoja para muchos como el final de las procesiones y el momento ideal para revivir tradiciones o para acercarse a un mundo cargado de ese arte y esa sensibilidad que recorre nuestras calles desde el Domingo de Ramos pero es mucho más. La resurrección de Cristo tras una semana de silencio y penitencia provoca el alborozo del mundo entero sin necesidad de acuerdos de Naciones Unidas ni de campañas de publicidad institucional. La Vigilia de Pascua se celebra en cientos de miles de iglesias, grandes y pequeñas, repartidas por todo el mundo para llenar de esperanza a cristianos de todo el planeta sin importar su clase o condición. Este domingo que hoy se abre ante ustedes se celebra en Castilla con lechazo y buen vino porque lo manda una tradición que, más allá de las viandas del lugar, nos desvela que lo que nos une es mucho más que lo que nos separa, que la fe se alcanza desde la creencia y no desde la imposición y que para celebrar no hace falta que te den nada más que la oportunidad de compartir lo que tienes. Alguien puede pensar que qué mejor campaña publicitaria que un Cristo de Gregorio Fernández y tiene razón pero hasta las genialidades de la escuela castellana habrían sucumbido al paso del tiempo de no ser porque, tras ellas, está el espíritu de millones de creyentes que desde el silencio proclaman su fe. Feliz Pascua de Resurrección. Hay días internacionales del abrazo y hasta de responder a las preguntas de tu gato. Hoy, cinco de abril, sin necesidad de declaraciones de la ONU, celebramos nuestro día grande, el Domingo de Resurrección. Y «nuestro» Domingo de Resurrección quiere decir que, nada más y nada menos, un tercio de la población mundial acude a algún templo cristiano para celebrarlo. A años luz de la Navidad porque nacer nacemos todos pero resucitar es algo más complicado, el final de la Semana Santa se antoja para muchos como el final de las procesiones y el momento ideal para revivir tradiciones o para acercarse a un mundo cargado de ese arte y esa sensibilidad que recorre nuestras calles desde el Domingo de Ramos pero es mucho más. La resurrección de Cristo tras una semana de silencio y penitencia provoca el alborozo del mundo entero sin necesidad de acuerdos de Naciones Unidas ni de campañas de publicidad institucional. La Vigilia de Pascua se celebra en cientos de miles de iglesias, grandes y pequeñas, repartidas por todo el mundo para llenar de esperanza a cristianos de todo el planeta sin importar su clase o condición. Este domingo que hoy se abre ante ustedes se celebra en Castilla con lechazo y buen vino porque lo manda una tradición que, más allá de las viandas del lugar, nos desvela que lo que nos une es mucho más que lo que nos separa, que la fe se alcanza desde la creencia y no desde la imposición y que para celebrar no hace falta que te den nada más que la oportunidad de compartir lo que tienes. Alguien puede pensar que qué mejor campaña publicitaria que un Cristo de Gregorio Fernández y tiene razón pero hasta las genialidades de la escuela castellana habrían sucumbido al paso del tiempo de no ser porque, tras ellas, está el espíritu de millones de creyentes que desde el silencio proclaman su fe. Feliz Pascua de Resurrección. RSS de noticias de espana
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