Mudarse con libros o sin ellos: esa es la cuestión. Afortunadamente, yo no me enfrento a ella en este momento, pero sí he vivido una especie de simulacro de empaquetado y desempaquetado de una biblioteca familiar bastante nutrida. Tres personas muy lectoras acumulando libros y más libros durante un montón de años. Eso son muchos libros; la gran mayoría, novelas. Solo una enorme y preciosa colección de clásicos griegos da síntomas de no haber sido leída demasiado. ¿Lo demás? Casi todo. Yo mismo, mientras cargo cientos de ejemplares de una habitación a otra, pierdo el tiempo repasando los lomos y las cubiertas. De algunos títulos me acuerdo perfectamente. De otros, nada. Y más de uno lo he vuelto a comprar (¿y a leer?) años después, ignorante de que ya lo había hecho antes.
Mis años 90 fueron muy lectores, ya ven. Muy pocas de aquellas lecturas forman parte, al menos conscientemente, de mi educación cultural y sentimental. De la mayoría no queda nada en mí
Mudarse con libros o sin ellos: esa es la cuestión. Afortunadamente, yo no me enfrento a ella en este momento, pero sí he vivido una especie de simulacro de empaquetado y desempaquetado de una biblioteca familiar bastante nutrida. Tres personas muy lectoras acumulando libros y más libros durante un montón de años. Eso son muchos libros; la gran mayoría, novelas. Solo una enorme y preciosa colección de clásicos griegos da síntomas de no haber sido leída demasiado. ¿Lo demás? Casi todo. Yo mismo, mientras cargo cientos de ejemplares de una habitación a otra, pierdo el tiempo repasando los lomos y las cubiertas. De algunos títulos me acuerdo perfectamente. De otros, nada. Y más de uno lo he vuelto a comprar (¿y a leer?) años después, ignorante de que ya lo había hecho antes.
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