La Semana Santa trae consigo descanso, reuniones familiares, con amigos planes fuera de casa y una clara ruptura de la rutina y, a veces, de los cuidados habituales. Relajarse cuando uno tiene días de vacaciones invita muchas veces a cometer ciertos excesos a la hora de ingerir alimentos y, como no puede ser de otra manera, en Semana Santa resulta difícil resistirse a hincar el diente en las torrijas . Y es que este dulce ocupa un lugar protagonista. Está en panaderías, restaurantes y hogares de toda España, y para muchas personas representa una tradición difícil de saltarse.El problema, según apunta José Ruiz , entrenador personal y CEO de Malagaentrena , llega después, cuando aparece cierta sensación de culpa y la típica pregunta ‘¿qué tengo que hacer para quemarla?’. En su opinión, la cuestión no debería enfocarse desde el castigo y lo mejor es entender qué ocurre en el cuerpo al consumir este tipo de alimentos y qué estrategias pueden ayudarnos a amortiguar su efecto.¿Por qué tiene tanta carga calórica una torrija?La torrija es un dulce elaborado normalmente a partir de pan empapado en leche, rebozado en huevo, frito y acompañado de azúcar, canela o miel. A nivel gastronómico forma parte de nuestra cultura. A nivel nutricional, es una combinación bastante intensa de hidratos de carbono refinados, azúcares y grasas. «Eso significa que aporta mucha energía en poco volumen y que, además, resulta muy fácil de comer», explica José Ruiz, que añade que «no suele generar gran saciedad comparada con su carga calórica y, si se suma al resto de excesos típicos de estas fechas, el impacto puede ser considerable».En su opinión, el problema no es tomar una torrija puntual dentro de un contexto equilibrado, sino que esto viene asociado a menos movimiento , más tiempo sentado, comidas más copiosas, algo más de alcohol y una mayor relajación de hábitos.¿Qué ocurre en el cuerpo cuando la comemos?Desde el punto de vista metabólico, una torrija produce una entrada rápida de energía, especialmente por su combinación de azúcar y harina refinada. «Esto favorece una elevación de glucosa en sangre y una mayor respuesta de insulina para gestionar ese exceso. Si a eso le sumas poca actividad física y un contexto de superávit calórico mantenido durante varios días, el cuerpo tenderá a almacenar parte de esa energía que no necesita en ese momento. Además, este tipo de dulces, al ser muy palatables, favorecen que comas más sin darte apenas cuenta. Y ahí es donde entra el error de pensar que luego se puede ‘compensar’ todo con una sesión dura de cardio», incide el experto.Ejercicio como herramienta, no como castigoSegún señala este entrenador no tiene mucho sentido construir una relación con el ejercicio basada en «me lo como y luego lo quemo». De hecho, apunta que esa idea genera una dinámica poco saludable con la comida y con el entrenamiento.Ahora bien, matiza que «entrenar, moverte más y mantener cierta estructura en estos días puede ayudar a reducir el impacto metabólico y calórico de los excesos típicos de Semana Santa. No se trata de borrar una torrija, sino de hacer que tu cuerpo gestione mejor ese contexto».Ejercicios más eficacesJosé Ruiz confiesa que si tuviera que priorizar, destacaría tres grandes herramientas : fuerza, actividad diaria y cardio bien planteado.1. Entrenamiento de fuerzaPara que el cuerpo maneje mejor los excesos puntuales, el entrenamiento de fuerza es una de las mejores decisiones que se puede tomar. Mantener y desarrollar masa muscular mejora la sensibilidad a la insulina, eleva el gasto energético total y hace que el cuerpo utilice mejor la energía que recibe. Los ejercicios más recomendables serían los básicos:Sentadillas Zanzadas Peso muerto Remo Flexiones Jalones o dominadas ‘Press’ militarNo hace falta entrenar dos horas. Una sesión de 40-50 minutos bien estructurada tiene mucho más sentido que intentar castigarse con cardio sin control.2. Caminar más cada díaEste entrenador señala que probablemente sea la herramienta más simple y más infravalorada. «En vacaciones o festivos solemos pasar más tiempo sentados, dormimos peor y rompemos la rutina. Aumentar los pasos diarios puede marcar una diferencia enorme. Caminar después de las comidas, por ejemplo, ayuda a mejorar la gestión de la glucosa y a reducir el tiempo sedentario. A veces no hace falta hacer más deporte, sino simplemente dejar de pasar tantas horas sin moverse», defiende.3. Cardio moderado o interválicoEl cardio también suma, pero hay que usarlo con cabeza. Así, José Ruiz asegura que «no porque te hayas comido una torrija necesitas correr una hora. Lo útil es incluir actividad cardiovascular de forma razonable para aumentar el gasto semanal y mejorar tu condición física». Por eso aconseja optar por: Caminar en pendiente Bici Elíptica Remo Carrera suave Pequeños circuitos funcionalesMatiza José Ruiz que «si ya tienes experiencia y buena base, los intervalos cortos de alta intensidad pueden ser una opción interesante. Si no, mejor cardio moderado y sostenible».¿Cómo amortiguar su impacto?La clave está en no entrar en el bucle de exceso, culpa y compensación. Algunas decisiones sencillas ayudan mucho más de lo que parece. Este entrenador propone lo siguiente:Elegir cuándo realmente te apetece tomar la torrija y disfrutarla No sumar dulces por inercia varios días seguidos Mantener comidas normales y equilibradas el resto del día Priorizar proteína, verdura, hidratación y movimiento No convertir la excepción en una rutina durante toda la semanaEl experto afirma que cuando se tiene una base sólida, el cuerpo tolera mucho mejor estos momentos puntuales. «Lo que más factura pasa no es un dulce concreto, sino varios días consecutivos de sedentarismo, exceso calórico y desorden general». E insiste en que no hay ningún problema en disfrutar de una torrija: «El problema aparece cuando la tradición se convierte en una suma continua de excesos sin ningún tipo de estructura alrededor».Por ello, la mejor estrategia no es vivir estos días con miedo a engordar, sino mantener unos mínimos de autocuidado: moverse más, entrenar un poco, comer con cierta lógica y descansar mejor. «No se trata de ‘quemar’ una torrija, sino de construir un cuerpo y unos hábitos que sepan gestionarla sin que cada celebración se convierta en un problema. Son las pautas y hábitos que damos a nuestros clientes, disfrutar sabiendo cómo y el por qué de las cosas», sentencia. La Semana Santa trae consigo descanso, reuniones familiares, con amigos planes fuera de casa y una clara ruptura de la rutina y, a veces, de los cuidados habituales. Relajarse cuando uno tiene días de vacaciones invita muchas veces a cometer ciertos excesos a la hora de ingerir alimentos y, como no puede ser de otra manera, en Semana Santa resulta difícil resistirse a hincar el diente en las torrijas . Y es que este dulce ocupa un lugar protagonista. Está en panaderías, restaurantes y hogares de toda España, y para muchas personas representa una tradición difícil de saltarse.El problema, según apunta José Ruiz , entrenador personal y CEO de Malagaentrena , llega después, cuando aparece cierta sensación de culpa y la típica pregunta ‘¿qué tengo que hacer para quemarla?’. En su opinión, la cuestión no debería enfocarse desde el castigo y lo mejor es entender qué ocurre en el cuerpo al consumir este tipo de alimentos y qué estrategias pueden ayudarnos a amortiguar su efecto.¿Por qué tiene tanta carga calórica una torrija?La torrija es un dulce elaborado normalmente a partir de pan empapado en leche, rebozado en huevo, frito y acompañado de azúcar, canela o miel. A nivel gastronómico forma parte de nuestra cultura. A nivel nutricional, es una combinación bastante intensa de hidratos de carbono refinados, azúcares y grasas. «Eso significa que aporta mucha energía en poco volumen y que, además, resulta muy fácil de comer», explica José Ruiz, que añade que «no suele generar gran saciedad comparada con su carga calórica y, si se suma al resto de excesos típicos de estas fechas, el impacto puede ser considerable».En su opinión, el problema no es tomar una torrija puntual dentro de un contexto equilibrado, sino que esto viene asociado a menos movimiento , más tiempo sentado, comidas más copiosas, algo más de alcohol y una mayor relajación de hábitos.¿Qué ocurre en el cuerpo cuando la comemos?Desde el punto de vista metabólico, una torrija produce una entrada rápida de energía, especialmente por su combinación de azúcar y harina refinada. «Esto favorece una elevación de glucosa en sangre y una mayor respuesta de insulina para gestionar ese exceso. Si a eso le sumas poca actividad física y un contexto de superávit calórico mantenido durante varios días, el cuerpo tenderá a almacenar parte de esa energía que no necesita en ese momento. Además, este tipo de dulces, al ser muy palatables, favorecen que comas más sin darte apenas cuenta. Y ahí es donde entra el error de pensar que luego se puede ‘compensar’ todo con una sesión dura de cardio», incide el experto.Ejercicio como herramienta, no como castigoSegún señala este entrenador no tiene mucho sentido construir una relación con el ejercicio basada en «me lo como y luego lo quemo». De hecho, apunta que esa idea genera una dinámica poco saludable con la comida y con el entrenamiento.Ahora bien, matiza que «entrenar, moverte más y mantener cierta estructura en estos días puede ayudar a reducir el impacto metabólico y calórico de los excesos típicos de Semana Santa. No se trata de borrar una torrija, sino de hacer que tu cuerpo gestione mejor ese contexto».Ejercicios más eficacesJosé Ruiz confiesa que si tuviera que priorizar, destacaría tres grandes herramientas : fuerza, actividad diaria y cardio bien planteado.1. Entrenamiento de fuerzaPara que el cuerpo maneje mejor los excesos puntuales, el entrenamiento de fuerza es una de las mejores decisiones que se puede tomar. Mantener y desarrollar masa muscular mejora la sensibilidad a la insulina, eleva el gasto energético total y hace que el cuerpo utilice mejor la energía que recibe. Los ejercicios más recomendables serían los básicos:Sentadillas Zanzadas Peso muerto Remo Flexiones Jalones o dominadas ‘Press’ militarNo hace falta entrenar dos horas. Una sesión de 40-50 minutos bien estructurada tiene mucho más sentido que intentar castigarse con cardio sin control.2. Caminar más cada díaEste entrenador señala que probablemente sea la herramienta más simple y más infravalorada. «En vacaciones o festivos solemos pasar más tiempo sentados, dormimos peor y rompemos la rutina. Aumentar los pasos diarios puede marcar una diferencia enorme. Caminar después de las comidas, por ejemplo, ayuda a mejorar la gestión de la glucosa y a reducir el tiempo sedentario. A veces no hace falta hacer más deporte, sino simplemente dejar de pasar tantas horas sin moverse», defiende.3. Cardio moderado o interválicoEl cardio también suma, pero hay que usarlo con cabeza. Así, José Ruiz asegura que «no porque te hayas comido una torrija necesitas correr una hora. Lo útil es incluir actividad cardiovascular de forma razonable para aumentar el gasto semanal y mejorar tu condición física». Por eso aconseja optar por: Caminar en pendiente Bici Elíptica Remo Carrera suave Pequeños circuitos funcionalesMatiza José Ruiz que «si ya tienes experiencia y buena base, los intervalos cortos de alta intensidad pueden ser una opción interesante. Si no, mejor cardio moderado y sostenible».¿Cómo amortiguar su impacto?La clave está en no entrar en el bucle de exceso, culpa y compensación. Algunas decisiones sencillas ayudan mucho más de lo que parece. Este entrenador propone lo siguiente:Elegir cuándo realmente te apetece tomar la torrija y disfrutarla No sumar dulces por inercia varios días seguidos Mantener comidas normales y equilibradas el resto del día Priorizar proteína, verdura, hidratación y movimiento No convertir la excepción en una rutina durante toda la semanaEl experto afirma que cuando se tiene una base sólida, el cuerpo tolera mucho mejor estos momentos puntuales. «Lo que más factura pasa no es un dulce concreto, sino varios días consecutivos de sedentarismo, exceso calórico y desorden general». E insiste en que no hay ningún problema en disfrutar de una torrija: «El problema aparece cuando la tradición se convierte en una suma continua de excesos sin ningún tipo de estructura alrededor».Por ello, la mejor estrategia no es vivir estos días con miedo a engordar, sino mantener unos mínimos de autocuidado: moverse más, entrenar un poco, comer con cierta lógica y descansar mejor. «No se trata de ‘quemar’ una torrija, sino de construir un cuerpo y unos hábitos que sepan gestionarla sin que cada celebración se convierta en un problema. Son las pautas y hábitos que damos a nuestros clientes, disfrutar sabiendo cómo y el por qué de las cosas», sentencia. La Semana Santa trae consigo descanso, reuniones familiares, con amigos planes fuera de casa y una clara ruptura de la rutina y, a veces, de los cuidados habituales. Relajarse cuando uno tiene días de vacaciones invita muchas veces a cometer ciertos excesos a la hora de ingerir alimentos y, como no puede ser de otra manera, en Semana Santa resulta difícil resistirse a hincar el diente en las torrijas . Y es que este dulce ocupa un lugar protagonista. Está en panaderías, restaurantes y hogares de toda España, y para muchas personas representa una tradición difícil de saltarse.El problema, según apunta José Ruiz , entrenador personal y CEO de Malagaentrena , llega después, cuando aparece cierta sensación de culpa y la típica pregunta ‘¿qué tengo que hacer para quemarla?’. En su opinión, la cuestión no debería enfocarse desde el castigo y lo mejor es entender qué ocurre en el cuerpo al consumir este tipo de alimentos y qué estrategias pueden ayudarnos a amortiguar su efecto.¿Por qué tiene tanta carga calórica una torrija?La torrija es un dulce elaborado normalmente a partir de pan empapado en leche, rebozado en huevo, frito y acompañado de azúcar, canela o miel. A nivel gastronómico forma parte de nuestra cultura. A nivel nutricional, es una combinación bastante intensa de hidratos de carbono refinados, azúcares y grasas. «Eso significa que aporta mucha energía en poco volumen y que, además, resulta muy fácil de comer», explica José Ruiz, que añade que «no suele generar gran saciedad comparada con su carga calórica y, si se suma al resto de excesos típicos de estas fechas, el impacto puede ser considerable».En su opinión, el problema no es tomar una torrija puntual dentro de un contexto equilibrado, sino que esto viene asociado a menos movimiento , más tiempo sentado, comidas más copiosas, algo más de alcohol y una mayor relajación de hábitos.¿Qué ocurre en el cuerpo cuando la comemos?Desde el punto de vista metabólico, una torrija produce una entrada rápida de energía, especialmente por su combinación de azúcar y harina refinada. «Esto favorece una elevación de glucosa en sangre y una mayor respuesta de insulina para gestionar ese exceso. Si a eso le sumas poca actividad física y un contexto de superávit calórico mantenido durante varios días, el cuerpo tenderá a almacenar parte de esa energía que no necesita en ese momento. Además, este tipo de dulces, al ser muy palatables, favorecen que comas más sin darte apenas cuenta. Y ahí es donde entra el error de pensar que luego se puede ‘compensar’ todo con una sesión dura de cardio», incide el experto.Ejercicio como herramienta, no como castigoSegún señala este entrenador no tiene mucho sentido construir una relación con el ejercicio basada en «me lo como y luego lo quemo». De hecho, apunta que esa idea genera una dinámica poco saludable con la comida y con el entrenamiento.Ahora bien, matiza que «entrenar, moverte más y mantener cierta estructura en estos días puede ayudar a reducir el impacto metabólico y calórico de los excesos típicos de Semana Santa. No se trata de borrar una torrija, sino de hacer que tu cuerpo gestione mejor ese contexto».Ejercicios más eficacesJosé Ruiz confiesa que si tuviera que priorizar, destacaría tres grandes herramientas : fuerza, actividad diaria y cardio bien planteado.1. Entrenamiento de fuerzaPara que el cuerpo maneje mejor los excesos puntuales, el entrenamiento de fuerza es una de las mejores decisiones que se puede tomar. Mantener y desarrollar masa muscular mejora la sensibilidad a la insulina, eleva el gasto energético total y hace que el cuerpo utilice mejor la energía que recibe. Los ejercicios más recomendables serían los básicos:Sentadillas Zanzadas Peso muerto Remo Flexiones Jalones o dominadas ‘Press’ militarNo hace falta entrenar dos horas. Una sesión de 40-50 minutos bien estructurada tiene mucho más sentido que intentar castigarse con cardio sin control.2. Caminar más cada díaEste entrenador señala que probablemente sea la herramienta más simple y más infravalorada. «En vacaciones o festivos solemos pasar más tiempo sentados, dormimos peor y rompemos la rutina. Aumentar los pasos diarios puede marcar una diferencia enorme. Caminar después de las comidas, por ejemplo, ayuda a mejorar la gestión de la glucosa y a reducir el tiempo sedentario. A veces no hace falta hacer más deporte, sino simplemente dejar de pasar tantas horas sin moverse», defiende.3. Cardio moderado o interválicoEl cardio también suma, pero hay que usarlo con cabeza. Así, José Ruiz asegura que «no porque te hayas comido una torrija necesitas correr una hora. Lo útil es incluir actividad cardiovascular de forma razonable para aumentar el gasto semanal y mejorar tu condición física». Por eso aconseja optar por: Caminar en pendiente Bici Elíptica Remo Carrera suave Pequeños circuitos funcionalesMatiza José Ruiz que «si ya tienes experiencia y buena base, los intervalos cortos de alta intensidad pueden ser una opción interesante. Si no, mejor cardio moderado y sostenible».¿Cómo amortiguar su impacto?La clave está en no entrar en el bucle de exceso, culpa y compensación. Algunas decisiones sencillas ayudan mucho más de lo que parece. Este entrenador propone lo siguiente:Elegir cuándo realmente te apetece tomar la torrija y disfrutarla No sumar dulces por inercia varios días seguidos Mantener comidas normales y equilibradas el resto del día Priorizar proteína, verdura, hidratación y movimiento No convertir la excepción en una rutina durante toda la semanaEl experto afirma que cuando se tiene una base sólida, el cuerpo tolera mucho mejor estos momentos puntuales. «Lo que más factura pasa no es un dulce concreto, sino varios días consecutivos de sedentarismo, exceso calórico y desorden general». E insiste en que no hay ningún problema en disfrutar de una torrija: «El problema aparece cuando la tradición se convierte en una suma continua de excesos sin ningún tipo de estructura alrededor».Por ello, la mejor estrategia no es vivir estos días con miedo a engordar, sino mantener unos mínimos de autocuidado: moverse más, entrenar un poco, comer con cierta lógica y descansar mejor. «No se trata de ‘quemar’ una torrija, sino de construir un cuerpo y unos hábitos que sepan gestionarla sin que cada celebración se convierta en un problema. Son las pautas y hábitos que damos a nuestros clientes, disfrutar sabiendo cómo y el por qué de las cosas», sentencia. RSS de noticias de bienestar
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