España tiene una de las tasas de ahorro más altas de la UE y en torno a un billón de euros aparcados en productos bancarios de escasa rentabilidad o en viviendas (caras y a veces vacías). Al tiempo, el país, como toda Europa, no solo afronta las necesidades de inversión derivadas de la coyuntura tecnológica, climática y defensiva, sino también una fragmentación geopolítica con efectos comerciales y financieros. El consenso capitaneado por Bruselas ha puesto sus ojos en el ejemplo sueco para movilizar con fines productivos la ingente capacidad de ahorro. El Ministerio de Economía español ha sido muy activo en el desarrollo de las propuestas tanto de la etiqueta europea como de la cuenta única de inversiones, y ha empezado la tramitación con la correspondiente consulta pública.
La simplificación de los procesos ya sería por sí sola un buen comienzo
España tiene una de las tasas de ahorro más altas de la UE y en torno a un billón de euros aparcados en productos bancarios de escasa rentabilidad o en viviendas (caras y a veces vacías). Al tiempo, el país, como toda Europa, no solo afronta las necesidades de inversión derivadas de la coyuntura tecnológica, climática y defensiva, sino también una fragmentación geopolítica con efectos comerciales y financieros. El consenso capitaneado por Bruselas ha puesto sus ojos en el ejemplo sueco para movilizar con fines productivos la ingente capacidad de ahorro. El Ministerio de Economía español ha sido muy activo en el desarrollo de las propuestas tanto de la etiqueta europea como de la cuenta única de inversiones, y ha empezado la tramitación con la correspondiente consulta pública.
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