El amigo saudí no es quien, presuntamente, le regaló a Zapatero un tesoro oriental digno de Las mil y una noches, sino el equipo nacional de la teocracia petrolífera del Golfo. A los 23 minutos, ya le había obsequiado a España con facilidades para tres goles que, comenzado el segundo tiempo, se convirtieron en cuatro. Luego, entre sustituciones para ir rotando y refrescando a la gente de cara a duelos más exigentes, el lance decayó hasta casi la inanidad.
El amigo saudí no es quien, presuntamente, le regaló a Zapatero un tesoro oriental digno de Las mil y una noches, sino el equipo nacional de la teocracia
El amigo saudí no es quien, presuntamente, le regaló a Zapatero un tesoro oriental digno de Las mil y una noches, sino el equipo nacional de la teocracia petrolífera del Golfo. A los 23 minutos, ya le había obsequiado a España con facilidades para tres goles que, comenzado el segundo tiempo, se convirtieron en cuatro. Luego, entre sustituciones para ir rotando y refrescando a la gente de cara a duelos más exigentes, el lance decayó hasta casi la inanidad.
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