Por primera vez en la historia de Estados Unidos, un musulmán tiene opciones reales de llegar al Senado. Abdulrahman Mohamed el Sayed, candidato demócrata por Míchigan, de 41 años, ha construido su campaña sobre una crítica frontal, íntegra a Israel. Acusa a su Gobierno de cometer un genocidio en Gaza, propone poner fin a toda la ayuda militar estadounidense a ese país y ha cuestionado que Israel deba definirse específicamente como un Estado judío. Su victoria esta semana en las primarias demócratas, frente a una rival respaldada por el aparato del partido y por grupos de presión proisraelíes, ha convertido su candidatura en uno de los símbolos más visibles del cambio que experimenta EE.UU. ante el sionismo y el derecho del Estado judío a existir y defenderse.Israel ha sido uno de los ejes de la campaña del candidato musulmán. El Sayed ha llegado a equiparar moralmente al Ejecutivo israelí con Hamás al afirmar: «Hamás es el mal. El Gobierno de Israel es el mal». Su discurso, sin embargo, no surge del vacío. Refleja un cambio más amplio en la opinión pública estadounidense. Según el prestigioso Pew Research Center , el 62% de los estadounidenses tiene hoy una imagen desfavorable del Gobierno israelí , frente al 32% que mantiene una opinión favorable. Entre los demócratas, el rechazo alcanza el 82%, mientras que entre los menores de 30 años los palestinos despiertan ya más simpatía que los israelíes, un vuelco respecto a la percepción dominante hace apenas unos años.La victoria de El Sayed también supone un hito para la representación musulmana en EE.UU. En el Congreso actual solo hay cuatro legisladores musulmanes, todos en la Cámara de Representantes y todos demócratas : André Carson, por Indiana; Ilhan Omar, por Minnesota; Rashida Tlaib, también por Míchigan, y Lateefah Simon, por California. Ningún musulmán ha ocupado nunca uno de los cien escaños del Senado. En términos demográficos, la desproporción no es especialmente grande: los musulmanes representan aproximadamente el 1% de la población adulta del país y esos cuatro congresistas suponen menos del 1% de los 535 miembros del Congreso. Lo excepcional no es tanto su presencia en la Cámara como la posibilidad de que uno de ellos llegue por primera vez al Senado.Para muchos musulmanes estadounidenses, la victoria de El Sayed tiene una carga simbólica que trasciende la política. Llega después de un cuarto de siglo marcado por los atentados del 11 de septiembre de 2001 , que situaron al islam durante años en el centro del debate sobre terrorismo, seguridad nacional e inmigración y fueron acompañados por un aumento de la desconfianza, la discriminación y algunos ataques contra esa comunidad. En ese contexto, que un candidato que practica abiertamente su religión, utilizó expresiones como «inshallah» («si Alá quiere») durante la campaña y nunca ha ocultado su identidad haya ganado las primarias en un estado decisivo como Michigan representa un cambio profundo en los límites de lo políticamente posible.Su victoria simboliza el paso de una comunidad que durante años fue tratada principalmente como objeto de las políticas de seguridad e inmigración a otra que aspira a ocupar algunos de los cargos institucionales más importantes del país. El Sayed podría convertirse en el primer senador musulmán de la historia de este país y ejercer un mandato de seis años en una de las cámaras con mayor poder político del mundo, que supervisa la política exterior y recibe informes de inteligencia. Y, si los demócratas ganan la mayoría en el legislativo, podría ser una verdadera molestia para Trump y su agenda en el final de su mandato.El Sayed ha hecho de su identidad musulmana y de sus posiciones sobre Israel dos elementos centrales de su candidatura, y los republicanos han respondido convirtiéndolo en uno de los principales objetivos de la campaña de las elecciones legislativas. Trump lo ha definido como un «comunista», un «enemigo de los judíos» y un «enemigo de Israel», y ha presentado su elección en primarias como una oportunidad para el Partido Republicano. Sus rivales le han acusado de machista, por comentarios dirigidos a mujeres con las que ha competido políticamente, a la que ha llamado faltas de entendederas u ogros . Esta misma semana, el presidente Trump utilizó la propuesta de El Sayed de eliminar el llamado filibusterismo del Senado para volver a presionar a los senadores republicanos con el fin de que ellos mismos acaben con ese mecanismo parlamentario. (Se trata de una norma del Senado de EE.UU. que, en la práctica, obliga a reunir 60 votos de los 100 senadores para cerrar un debate y aprobar la mayoría de las leyes, en lugar de una mayoría simple de 51 votos, y obliga a acordar consensos bipartidistas). La batalla por Míchigan trasciende así las fronteras del propio estado. La campaña enfrenta dos visiones opuestas sobre Israel, la inmigración, la identidad nacional norteamericana, el futuro del Partido Demócrata y el poder en Washington, y amenaza con convertirse en una de las contiendas más observadas de las elecciones de noviembre.La candidatura de El Sayed forma parte, además, de una nueva generación de políticos musulmanes que empieza a ganar espacio en la política estadounidense. En estas elecciones concurren decenas de candidatos musulmanes a cargos federales, estatales y locales. Entre ellos figuran el propio El Sayed al Senado por Míchigan; Adam Hamawy, candidato a la Cámara de Representantes por Nueva Jersey; Aisha Wahab, candidata en California ; y los cuatro representantes musulmanes actuales de la Cámara, que aspiran a la reelección. Hace apenas una década, candidaturas de este tipo eran muy excepcionales. Hoy forman parte del paisaje político en varios de los estados más importantes del país, sobre todo los que tienen muchos musulmanes entre sus habitantes, como Míchigan.Además de El Sayed al Senado, en las elecciones de medio mandato concurren decenas de candidatos musulmanes a cargos federales, estatales y localesLa evolución recuerda, en cierta medida, a la de otras minorías religiosas. Los católicos permanecieron durante décadas alejados de la presidencia por el temor a que un mandatario respondiera antes al Papa que a la Constitución. Esa barrera empezó a romperse con John F. Kennedy en los 60 y terminó de desaparecer con Joe Biden en 2020 . Los judíos, pese a contar con una presencia muy superior en la vida política y representar una proporción de la población mayor que la musulmana, han alcanzado puestos destacados en el Congreso, el Gobierno y el Tribunal Supremo, pero nunca la presidencia. Los musulmanes recorren ahora un camino parecido, aunque todavía en una fase mucho más temprana, y con menos población. Según Pew , alrededor del 20% de los adultos estadounidenses son católicos, lo que equivale aproximadamente a 55 millones de adultos. Los judíos representan cerca del 2% de los adultos, unos 6 millones si se cuenta solo la identificación religiosa, pero la cifra es mayor si se incluye a quienes se consideran judíos por cultura, familia o ascendencia. EE.UU. tiene casi 350 millones de personas.Siguiendo la estela de MamdaniEl cambio no se limita a Míchigan. El año pasado, Zohran Mamdani se convirtió en el primer alcalde musulmán de la ciudad de Nueva York, un puesto con enorme renombre nacional. Su victoria rompió otro techo de cristal en una ciudad donde viven entre 750.000 y un millón de musulmanes, una de las mayores comunidades musulmanas de Occidente. Mamdani se ha convertido además en una de las figuras más populares de la nueva izquierda estadounidense, con una proyección que trasciende ampliamente Nueva York. Junto con El Sayed, Mamdani milita en el movimiento socialista demócrata. Ambos representan el ascenso de una nueva generación de dirigentes musulmanes que ya no aspiran únicamente a obtener representación institucional, sino a competir con éxito por algunos de los cargos políticos más relevantes del país y a redefinir el debate dentro del Partido Demócrata sobre cuestiones como Israel, la política exterior y la identidad estadounidense, sin tapar su religión. Los padres de El Sayed son inmigrantes de Egipto, y él nació en Detroit, por lo que podría aspirar a la presidencia. Mamdani no, porque nació en Uganda. Por primera vez en la historia de Estados Unidos, un musulmán tiene opciones reales de llegar al Senado. Abdulrahman Mohamed el Sayed, candidato demócrata por Míchigan, de 41 años, ha construido su campaña sobre una crítica frontal, íntegra a Israel. Acusa a su Gobierno de cometer un genocidio en Gaza, propone poner fin a toda la ayuda militar estadounidense a ese país y ha cuestionado que Israel deba definirse específicamente como un Estado judío. Su victoria esta semana en las primarias demócratas, frente a una rival respaldada por el aparato del partido y por grupos de presión proisraelíes, ha convertido su candidatura en uno de los símbolos más visibles del cambio que experimenta EE.UU. ante el sionismo y el derecho del Estado judío a existir y defenderse.Israel ha sido uno de los ejes de la campaña del candidato musulmán. El Sayed ha llegado a equiparar moralmente al Ejecutivo israelí con Hamás al afirmar: «Hamás es el mal. El Gobierno de Israel es el mal». Su discurso, sin embargo, no surge del vacío. Refleja un cambio más amplio en la opinión pública estadounidense. Según el prestigioso Pew Research Center , el 62% de los estadounidenses tiene hoy una imagen desfavorable del Gobierno israelí , frente al 32% que mantiene una opinión favorable. Entre los demócratas, el rechazo alcanza el 82%, mientras que entre los menores de 30 años los palestinos despiertan ya más simpatía que los israelíes, un vuelco respecto a la percepción dominante hace apenas unos años.La victoria de El Sayed también supone un hito para la representación musulmana en EE.UU. En el Congreso actual solo hay cuatro legisladores musulmanes, todos en la Cámara de Representantes y todos demócratas : André Carson, por Indiana; Ilhan Omar, por Minnesota; Rashida Tlaib, también por Míchigan, y Lateefah Simon, por California. Ningún musulmán ha ocupado nunca uno de los cien escaños del Senado. En términos demográficos, la desproporción no es especialmente grande: los musulmanes representan aproximadamente el 1% de la población adulta del país y esos cuatro congresistas suponen menos del 1% de los 535 miembros del Congreso. Lo excepcional no es tanto su presencia en la Cámara como la posibilidad de que uno de ellos llegue por primera vez al Senado.Para muchos musulmanes estadounidenses, la victoria de El Sayed tiene una carga simbólica que trasciende la política. Llega después de un cuarto de siglo marcado por los atentados del 11 de septiembre de 2001 , que situaron al islam durante años en el centro del debate sobre terrorismo, seguridad nacional e inmigración y fueron acompañados por un aumento de la desconfianza, la discriminación y algunos ataques contra esa comunidad. En ese contexto, que un candidato que practica abiertamente su religión, utilizó expresiones como «inshallah» («si Alá quiere») durante la campaña y nunca ha ocultado su identidad haya ganado las primarias en un estado decisivo como Michigan representa un cambio profundo en los límites de lo políticamente posible.Su victoria simboliza el paso de una comunidad que durante años fue tratada principalmente como objeto de las políticas de seguridad e inmigración a otra que aspira a ocupar algunos de los cargos institucionales más importantes del país. El Sayed podría convertirse en el primer senador musulmán de la historia de este país y ejercer un mandato de seis años en una de las cámaras con mayor poder político del mundo, que supervisa la política exterior y recibe informes de inteligencia. Y, si los demócratas ganan la mayoría en el legislativo, podría ser una verdadera molestia para Trump y su agenda en el final de su mandato.El Sayed ha hecho de su identidad musulmana y de sus posiciones sobre Israel dos elementos centrales de su candidatura, y los republicanos han respondido convirtiéndolo en uno de los principales objetivos de la campaña de las elecciones legislativas. Trump lo ha definido como un «comunista», un «enemigo de los judíos» y un «enemigo de Israel», y ha presentado su elección en primarias como una oportunidad para el Partido Republicano. Sus rivales le han acusado de machista, por comentarios dirigidos a mujeres con las que ha competido políticamente, a la que ha llamado faltas de entendederas u ogros . Esta misma semana, el presidente Trump utilizó la propuesta de El Sayed de eliminar el llamado filibusterismo del Senado para volver a presionar a los senadores republicanos con el fin de que ellos mismos acaben con ese mecanismo parlamentario. (Se trata de una norma del Senado de EE.UU. que, en la práctica, obliga a reunir 60 votos de los 100 senadores para cerrar un debate y aprobar la mayoría de las leyes, en lugar de una mayoría simple de 51 votos, y obliga a acordar consensos bipartidistas). La batalla por Míchigan trasciende así las fronteras del propio estado. La campaña enfrenta dos visiones opuestas sobre Israel, la inmigración, la identidad nacional norteamericana, el futuro del Partido Demócrata y el poder en Washington, y amenaza con convertirse en una de las contiendas más observadas de las elecciones de noviembre.La candidatura de El Sayed forma parte, además, de una nueva generación de políticos musulmanes que empieza a ganar espacio en la política estadounidense. En estas elecciones concurren decenas de candidatos musulmanes a cargos federales, estatales y locales. Entre ellos figuran el propio El Sayed al Senado por Míchigan; Adam Hamawy, candidato a la Cámara de Representantes por Nueva Jersey; Aisha Wahab, candidata en California ; y los cuatro representantes musulmanes actuales de la Cámara, que aspiran a la reelección. Hace apenas una década, candidaturas de este tipo eran muy excepcionales. Hoy forman parte del paisaje político en varios de los estados más importantes del país, sobre todo los que tienen muchos musulmanes entre sus habitantes, como Míchigan.Además de El Sayed al Senado, en las elecciones de medio mandato concurren decenas de candidatos musulmanes a cargos federales, estatales y localesLa evolución recuerda, en cierta medida, a la de otras minorías religiosas. Los católicos permanecieron durante décadas alejados de la presidencia por el temor a que un mandatario respondiera antes al Papa que a la Constitución. Esa barrera empezó a romperse con John F. Kennedy en los 60 y terminó de desaparecer con Joe Biden en 2020 . Los judíos, pese a contar con una presencia muy superior en la vida política y representar una proporción de la población mayor que la musulmana, han alcanzado puestos destacados en el Congreso, el Gobierno y el Tribunal Supremo, pero nunca la presidencia. Los musulmanes recorren ahora un camino parecido, aunque todavía en una fase mucho más temprana, y con menos población. Según Pew , alrededor del 20% de los adultos estadounidenses son católicos, lo que equivale aproximadamente a 55 millones de adultos. Los judíos representan cerca del 2% de los adultos, unos 6 millones si se cuenta solo la identificación religiosa, pero la cifra es mayor si se incluye a quienes se consideran judíos por cultura, familia o ascendencia. EE.UU. tiene casi 350 millones de personas.Siguiendo la estela de MamdaniEl cambio no se limita a Míchigan. El año pasado, Zohran Mamdani se convirtió en el primer alcalde musulmán de la ciudad de Nueva York, un puesto con enorme renombre nacional. Su victoria rompió otro techo de cristal en una ciudad donde viven entre 750.000 y un millón de musulmanes, una de las mayores comunidades musulmanas de Occidente. Mamdani se ha convertido además en una de las figuras más populares de la nueva izquierda estadounidense, con una proyección que trasciende ampliamente Nueva York. Junto con El Sayed, Mamdani milita en el movimiento socialista demócrata. Ambos representan el ascenso de una nueva generación de dirigentes musulmanes que ya no aspiran únicamente a obtener representación institucional, sino a competir con éxito por algunos de los cargos políticos más relevantes del país y a redefinir el debate dentro del Partido Demócrata sobre cuestiones como Israel, la política exterior y la identidad estadounidense, sin tapar su religión. Los padres de El Sayed son inmigrantes de Egipto, y él nació en Detroit, por lo que podría aspirar a la presidencia. Mamdani no, porque nació en Uganda. Por primera vez en la historia de Estados Unidos, un musulmán tiene opciones reales de llegar al Senado. Abdulrahman Mohamed el Sayed, candidato demócrata por Míchigan, de 41 años, ha construido su campaña sobre una crítica frontal, íntegra a Israel. Acusa a su Gobierno de cometer un genocidio en Gaza, propone poner fin a toda la ayuda militar estadounidense a ese país y ha cuestionado que Israel deba definirse específicamente como un Estado judío. Su victoria esta semana en las primarias demócratas, frente a una rival respaldada por el aparato del partido y por grupos de presión proisraelíes, ha convertido su candidatura en uno de los símbolos más visibles del cambio que experimenta EE.UU. ante el sionismo y el derecho del Estado judío a existir y defenderse.Israel ha sido uno de los ejes de la campaña del candidato musulmán. El Sayed ha llegado a equiparar moralmente al Ejecutivo israelí con Hamás al afirmar: «Hamás es el mal. El Gobierno de Israel es el mal». Su discurso, sin embargo, no surge del vacío. Refleja un cambio más amplio en la opinión pública estadounidense. Según el prestigioso Pew Research Center , el 62% de los estadounidenses tiene hoy una imagen desfavorable del Gobierno israelí , frente al 32% que mantiene una opinión favorable. Entre los demócratas, el rechazo alcanza el 82%, mientras que entre los menores de 30 años los palestinos despiertan ya más simpatía que los israelíes, un vuelco respecto a la percepción dominante hace apenas unos años.La victoria de El Sayed también supone un hito para la representación musulmana en EE.UU. En el Congreso actual solo hay cuatro legisladores musulmanes, todos en la Cámara de Representantes y todos demócratas : André Carson, por Indiana; Ilhan Omar, por Minnesota; Rashida Tlaib, también por Míchigan, y Lateefah Simon, por California. Ningún musulmán ha ocupado nunca uno de los cien escaños del Senado. En términos demográficos, la desproporción no es especialmente grande: los musulmanes representan aproximadamente el 1% de la población adulta del país y esos cuatro congresistas suponen menos del 1% de los 535 miembros del Congreso. Lo excepcional no es tanto su presencia en la Cámara como la posibilidad de que uno de ellos llegue por primera vez al Senado.Para muchos musulmanes estadounidenses, la victoria de El Sayed tiene una carga simbólica que trasciende la política. Llega después de un cuarto de siglo marcado por los atentados del 11 de septiembre de 2001 , que situaron al islam durante años en el centro del debate sobre terrorismo, seguridad nacional e inmigración y fueron acompañados por un aumento de la desconfianza, la discriminación y algunos ataques contra esa comunidad. En ese contexto, que un candidato que practica abiertamente su religión, utilizó expresiones como «inshallah» («si Alá quiere») durante la campaña y nunca ha ocultado su identidad haya ganado las primarias en un estado decisivo como Michigan representa un cambio profundo en los límites de lo políticamente posible.Su victoria simboliza el paso de una comunidad que durante años fue tratada principalmente como objeto de las políticas de seguridad e inmigración a otra que aspira a ocupar algunos de los cargos institucionales más importantes del país. El Sayed podría convertirse en el primer senador musulmán de la historia de este país y ejercer un mandato de seis años en una de las cámaras con mayor poder político del mundo, que supervisa la política exterior y recibe informes de inteligencia. Y, si los demócratas ganan la mayoría en el legislativo, podría ser una verdadera molestia para Trump y su agenda en el final de su mandato.El Sayed ha hecho de su identidad musulmana y de sus posiciones sobre Israel dos elementos centrales de su candidatura, y los republicanos han respondido convirtiéndolo en uno de los principales objetivos de la campaña de las elecciones legislativas. Trump lo ha definido como un «comunista», un «enemigo de los judíos» y un «enemigo de Israel», y ha presentado su elección en primarias como una oportunidad para el Partido Republicano. Sus rivales le han acusado de machista, por comentarios dirigidos a mujeres con las que ha competido políticamente, a la que ha llamado faltas de entendederas u ogros . Esta misma semana, el presidente Trump utilizó la propuesta de El Sayed de eliminar el llamado filibusterismo del Senado para volver a presionar a los senadores republicanos con el fin de que ellos mismos acaben con ese mecanismo parlamentario. (Se trata de una norma del Senado de EE.UU. que, en la práctica, obliga a reunir 60 votos de los 100 senadores para cerrar un debate y aprobar la mayoría de las leyes, en lugar de una mayoría simple de 51 votos, y obliga a acordar consensos bipartidistas). La batalla por Míchigan trasciende así las fronteras del propio estado. La campaña enfrenta dos visiones opuestas sobre Israel, la inmigración, la identidad nacional norteamericana, el futuro del Partido Demócrata y el poder en Washington, y amenaza con convertirse en una de las contiendas más observadas de las elecciones de noviembre.La candidatura de El Sayed forma parte, además, de una nueva generación de políticos musulmanes que empieza a ganar espacio en la política estadounidense. En estas elecciones concurren decenas de candidatos musulmanes a cargos federales, estatales y locales. Entre ellos figuran el propio El Sayed al Senado por Míchigan; Adam Hamawy, candidato a la Cámara de Representantes por Nueva Jersey; Aisha Wahab, candidata en California ; y los cuatro representantes musulmanes actuales de la Cámara, que aspiran a la reelección. Hace apenas una década, candidaturas de este tipo eran muy excepcionales. Hoy forman parte del paisaje político en varios de los estados más importantes del país, sobre todo los que tienen muchos musulmanes entre sus habitantes, como Míchigan.Además de El Sayed al Senado, en las elecciones de medio mandato concurren decenas de candidatos musulmanes a cargos federales, estatales y localesLa evolución recuerda, en cierta medida, a la de otras minorías religiosas. Los católicos permanecieron durante décadas alejados de la presidencia por el temor a que un mandatario respondiera antes al Papa que a la Constitución. Esa barrera empezó a romperse con John F. Kennedy en los 60 y terminó de desaparecer con Joe Biden en 2020 . Los judíos, pese a contar con una presencia muy superior en la vida política y representar una proporción de la población mayor que la musulmana, han alcanzado puestos destacados en el Congreso, el Gobierno y el Tribunal Supremo, pero nunca la presidencia. Los musulmanes recorren ahora un camino parecido, aunque todavía en una fase mucho más temprana, y con menos población. Según Pew , alrededor del 20% de los adultos estadounidenses son católicos, lo que equivale aproximadamente a 55 millones de adultos. Los judíos representan cerca del 2% de los adultos, unos 6 millones si se cuenta solo la identificación religiosa, pero la cifra es mayor si se incluye a quienes se consideran judíos por cultura, familia o ascendencia. EE.UU. tiene casi 350 millones de personas.Siguiendo la estela de MamdaniEl cambio no se limita a Míchigan. El año pasado, Zohran Mamdani se convirtió en el primer alcalde musulmán de la ciudad de Nueva York, un puesto con enorme renombre nacional. Su victoria rompió otro techo de cristal en una ciudad donde viven entre 750.000 y un millón de musulmanes, una de las mayores comunidades musulmanas de Occidente. Mamdani se ha convertido además en una de las figuras más populares de la nueva izquierda estadounidense, con una proyección que trasciende ampliamente Nueva York. Junto con El Sayed, Mamdani milita en el movimiento socialista demócrata. Ambos representan el ascenso de una nueva generación de dirigentes musulmanes que ya no aspiran únicamente a obtener representación institucional, sino a competir con éxito por algunos de los cargos políticos más relevantes del país y a redefinir el debate dentro del Partido Demócrata sobre cuestiones como Israel, la política exterior y la identidad estadounidense, sin tapar su religión. Los padres de El Sayed son inmigrantes de Egipto, y él nació en Detroit, por lo que podría aspirar a la presidencia. Mamdani no, porque nació en Uganda. RSS de noticias de internacional
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