El ruido de las excavadoras regresó este lunes a la Cañada Real sin previo aviso. Apenas un año después de que se acometiesen los últimos desalojos en el mayor asentamiento irregular de Europa, el Ayuntamiento de Madrid ha derribado cuatro viviendas, una de ellas habitada por una familia con menores que se ha quedado sin alternativa habitacional; y otra por una pareja joven, según ha denunciado la campaña vecinal Cañada se queda. El colectivo denuncia que estas actuaciones vulneran el marco acordado en 2011 —la Ley 2/2011, de 15 de marzo, de la Cañada Real Galiana—, que establece que no deben ejecutarse derribos de viviendas habitadas sin garantías legales ni una solución de realojo previa. Un portavoz municipal defiende que en la Cañada “las actuaciones se realizan de forma planificada y con todas las garantías”, al mismo tiempo que niega que las construcciones estuviesen habitadas: “Se trata de infraviviendas que han quedado vacías por realojo de sus ocupantes”. Los vecinos son tajantes: dos de las viviendas demolidas estaban habitadas.
El Gobierno municipal contradice la versión de los vecinos y defiende que se trata de “infraviviendas vacías” y que las actuaciones “se realizan con todas las garantías”
El ruido de las excavadoras regresó este lunes a la Cañada Real sin previo aviso. Apenas un año después de que se acometiesen los últimos desalojos en el mayor asentamiento irregular de Europa, el Ayuntamiento de Madrid ha derribado cuatro viviendas, una de ellas habitada por una familia con menores que se ha quedado sin alternativa habitacional; y otra por una pareja joven, según ha denunciado la campaña vecinal Cañada se queda. El colectivo denuncia que estas actuaciones vulneran el marco acordado en 2011 —la Ley 2/2011, de 15 de marzo, de la Cañada Real Galiana—, que establece que no deben ejecutarse derribos de viviendas habitadas sin garantías legales ni una solución de realojo previa. Un portavoz municipal defiende que en la Cañada “las actuaciones se realizan de forma planificada y con todas las garantías”, al mismo tiempo que niega que las construcciones estuviesen habitadas: “Se trata de infraviviendas que han quedado vacías por realojo de sus ocupantes”. Los vecinos son tajantes: dos de las viviendas demolidas estaban habitadas.
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