<p>En plena resaca de torrijas, resulta un sacrilegio elevar cierta literatura a la condición de becerro de oro valorado en un millón de euros. La santificación la convierte en un objeto hueco, secuestrado por el <i>marketing</i>, mientras la plebe cultural reza, oh, señor, con gran desesperanza.</p>
El arte, también el literario, tiene como objetivo traer algo nuevo a la existencia de la manera más auténtica posible. Nos habla de lo verdadero y, como tal, roza lo sublime. Puede ser incómodo, subversivo, pero no debería ser tan impúdicamente grosero
<p>En plena resaca de torrijas, resulta un sacrilegio elevar cierta literatura a la condición de becerro de oro valorado en un millón de euros. La santificación la convierte en un objeto hueco, secuestrado por el <i>marketing</i>, mientras la plebe cultural reza, oh, señor, con gran desesperanza.</p>
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