Un presidente sin poderes ejecutivos pero ejecutor . Un consejero delegado con capacidad de mando pero sin poderlo ejercer. Unos consejeros dominicales coaccionados por la política de contratación estatal. Unos vocales independientes presionados hasta la extenuación por el Gobierno. Semejante sainete ha sido, sin entrar en detalles, lo ocurrido en Indra para desalojar a Ángel Escribano de la presidencia y situar a otro «ángel» de mayor devoción, Simón. Al margen de sus capacidades y cualificación como profesional, y si, por tanto, es el más adecuado o no. Ahí no entro. Pero lo peor no es que haya ocurrido, sino que es el pan nuestro desde que allá por 2021 Moncloa se desvergonzó y decidió tomar por la fuerza Indra para echar a Fernando Abril-Martorell y situar a Marc Murtra, exjefe de gabinete del ministro Joan Clos, sin experiencia alguna entonces en compañías del Ibex ni en un sector tan estratégico como la defensa. Y lo dicho, independientemente de su valor y capacidad de trabajo, que lo desconozco. Era solo el aperitivo de lo que estaba por llegar. Las normas de buen gobierno corporativo se habían derogado por el artículo 33 y a plena luz del día.La técnica se repite con idéntica ejecución y simplicidad -desfachatez también valdría- desde el aciago momento de la colonización política . La Oficina Económica que dirige Manuel de la Rocha sirve de palanca, llamando a capítulo al actor incómodo y exigiéndole una rendición con armas y bagajes. Desde el sofá se le recuerda que antes ha habido un trabajo de campo con los consejeros y que no se esfuerce en poner resistencia. Así salió Abril-Martorell, así salió José María Álvarez-Pallete, y casi así ha salido Escribano, porque para este último hizo falta un segundo ‘round’ y lanzar todos los males del infierno sobre la empresa familiar, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E). Completado el golpe, lógicamente, se celebra un consejo de administración extraordinario donde el caído pone su cabeza en el tajo y el nuevo llega en volandas de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), principal accionista de la compañía de defensa y tecnología con el 28%. No hay más. Ni menos. Luego, la empresa emite una nota cacareando que el consejo ha procedido a blablablá y a otra cosa.El silencio cómplice de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que preside con, digamos, lealtad a Moncloa Rodrigo Buenaventura, resulta crítico para que el asalto se consume, dejando desvalidos a los pequeños accionistas, que siguen en los medios el devenir de la empresa a la que confían sus ahorros y sobre la que saben el desenlace antes de que se produzca. Si alguien pregunta -cada vez menos- ¿para qué? la respuesta es un peripatético «ha sido una decisión legítima del consejo» y así se echan tres paletadas más de tierra sobre el ataúd de la gobernanza y se inviste de directivos a los que no pasan de políticos disfrazados de hombres de negocio. Para este viaje no hacen falta ni el regulador, ni las comisiones de RSC (Responsabilidad Social Corporativa) y buen gobierno, ni los vocales independientes ni nada más que un tipo con un lápiz, cual tendero, apuntando las gallinas que entran por las que salen. Así de sofisticada es la cosa.Noticia relacionada No No El ‘gran reemplazo’ del sanchismo S.A. María Jesús PérezEl remate del tomate viene cuando el Gobierno sale a decir, como ha dicho esta semana, que no tuvo nada que ver en las destituciones de Escribano ni en la de Pallete. ¡Acabáramos! Ni en la llegada de Simón y de Murtra ¿no? Les faltó añadir que ambos eran unos grandes desconocidos para ellos para cuajar el cachondeo. «Las salidas de ambos ejecutivos respetaron las reglas del mercado y buen gobierno corporativo». Tan anchos se han debido de quedar. Y… ¿Buenaventura? ¿Algo que decir? ¿Es lo normal en las reglas de buen gobierno ? Demasiadas preguntas. Cuando se haga oficial la presidencia de Simón en la comisión delegada ejecutiva y sus verdaderas funciones veremos.La imposición de políticos y asimilados en empresas estratégicas elude las normas mínimas de buen gobierno corporativoEl pequeño accionista queda vendido ante las presiones de Moncloa a cara descubierta y el silencio cómplice de la CNMV Lo de Indra no ha hecho más que empezar. La posible llegada del otro hermano Escribano, Javier, a la comisión ejecutiva promete grandes tardes de gloria, como el pulso entre Simón y su aún consejero delegado, José Vicente de los Mozos, por ver quién es más ejecutivo. Quién quiere cobrar más ha quedado muy claro tras la primera intervención del nuevo presidente, exCriteria Caixa, reclamando una subida salarial inminente. Se ve que no es cuestión de pensar a largo plazo, sino del ‘carpe diem’ y el «a pillar, a pillar, que esto se puede acabar». Seguro que Simón le habrá preguntado a alguno de sus predecesores en Indra, más ‘cercano’ a él que Escribano claro, cómo se hace para pasar de 300.000 euros a casi once millones al año siguiendo similares trayectorias de padrinos políticos. Seguro que el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, tiene la respuesta.Mientras, el Gobierno continúa con su apisonadora para apropiarse del tejido corporativo y el PP sigue ‘in albis’. ¿Alguien sabe qué opinión le merece lo ocurrido en Indra? Sobre la mesa de De la Rocha hay dos dosieres interesantes. Uno, sobre el PNV y el futuro de una gran entidad bancaria con sede en el País Vasco, con o sin el permiso del BBVA y la Kutxa. El segundo, sobre la idea de Giorgia Meloni , actual primera ministra de Italia, de nacionalizar la Telefónica transalpina, Telecom Italia, mediante una opa del Correos italiano que, además, supondrá la exclusión de Bolsa de la operadora. Alguno saliva haciendo proyecciones, claro que aquella no presenta las pérdidas de la nuestra ni tiene un millón de pequeños accionistas. Mejor no hacer comparaciones con Correos de allí y el nuestro. Son odiosas.Lo dicho, un cachondeo. Eso sí, entre risa y risa entra la longaniza. Un presidente sin poderes ejecutivos pero ejecutor . Un consejero delegado con capacidad de mando pero sin poderlo ejercer. Unos consejeros dominicales coaccionados por la política de contratación estatal. Unos vocales independientes presionados hasta la extenuación por el Gobierno. Semejante sainete ha sido, sin entrar en detalles, lo ocurrido en Indra para desalojar a Ángel Escribano de la presidencia y situar a otro «ángel» de mayor devoción, Simón. Al margen de sus capacidades y cualificación como profesional, y si, por tanto, es el más adecuado o no. Ahí no entro. Pero lo peor no es que haya ocurrido, sino que es el pan nuestro desde que allá por 2021 Moncloa se desvergonzó y decidió tomar por la fuerza Indra para echar a Fernando Abril-Martorell y situar a Marc Murtra, exjefe de gabinete del ministro Joan Clos, sin experiencia alguna entonces en compañías del Ibex ni en un sector tan estratégico como la defensa. Y lo dicho, independientemente de su valor y capacidad de trabajo, que lo desconozco. Era solo el aperitivo de lo que estaba por llegar. Las normas de buen gobierno corporativo se habían derogado por el artículo 33 y a plena luz del día.La técnica se repite con idéntica ejecución y simplicidad -desfachatez también valdría- desde el aciago momento de la colonización política . La Oficina Económica que dirige Manuel de la Rocha sirve de palanca, llamando a capítulo al actor incómodo y exigiéndole una rendición con armas y bagajes. Desde el sofá se le recuerda que antes ha habido un trabajo de campo con los consejeros y que no se esfuerce en poner resistencia. Así salió Abril-Martorell, así salió José María Álvarez-Pallete, y casi así ha salido Escribano, porque para este último hizo falta un segundo ‘round’ y lanzar todos los males del infierno sobre la empresa familiar, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E). Completado el golpe, lógicamente, se celebra un consejo de administración extraordinario donde el caído pone su cabeza en el tajo y el nuevo llega en volandas de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), principal accionista de la compañía de defensa y tecnología con el 28%. No hay más. Ni menos. Luego, la empresa emite una nota cacareando que el consejo ha procedido a blablablá y a otra cosa.El silencio cómplice de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que preside con, digamos, lealtad a Moncloa Rodrigo Buenaventura, resulta crítico para que el asalto se consume, dejando desvalidos a los pequeños accionistas, que siguen en los medios el devenir de la empresa a la que confían sus ahorros y sobre la que saben el desenlace antes de que se produzca. Si alguien pregunta -cada vez menos- ¿para qué? la respuesta es un peripatético «ha sido una decisión legítima del consejo» y así se echan tres paletadas más de tierra sobre el ataúd de la gobernanza y se inviste de directivos a los que no pasan de políticos disfrazados de hombres de negocio. Para este viaje no hacen falta ni el regulador, ni las comisiones de RSC (Responsabilidad Social Corporativa) y buen gobierno, ni los vocales independientes ni nada más que un tipo con un lápiz, cual tendero, apuntando las gallinas que entran por las que salen. Así de sofisticada es la cosa.Noticia relacionada No No El ‘gran reemplazo’ del sanchismo S.A. María Jesús PérezEl remate del tomate viene cuando el Gobierno sale a decir, como ha dicho esta semana, que no tuvo nada que ver en las destituciones de Escribano ni en la de Pallete. ¡Acabáramos! Ni en la llegada de Simón y de Murtra ¿no? Les faltó añadir que ambos eran unos grandes desconocidos para ellos para cuajar el cachondeo. «Las salidas de ambos ejecutivos respetaron las reglas del mercado y buen gobierno corporativo». Tan anchos se han debido de quedar. Y… ¿Buenaventura? ¿Algo que decir? ¿Es lo normal en las reglas de buen gobierno ? Demasiadas preguntas. Cuando se haga oficial la presidencia de Simón en la comisión delegada ejecutiva y sus verdaderas funciones veremos.La imposición de políticos y asimilados en empresas estratégicas elude las normas mínimas de buen gobierno corporativoEl pequeño accionista queda vendido ante las presiones de Moncloa a cara descubierta y el silencio cómplice de la CNMV Lo de Indra no ha hecho más que empezar. La posible llegada del otro hermano Escribano, Javier, a la comisión ejecutiva promete grandes tardes de gloria, como el pulso entre Simón y su aún consejero delegado, José Vicente de los Mozos, por ver quién es más ejecutivo. Quién quiere cobrar más ha quedado muy claro tras la primera intervención del nuevo presidente, exCriteria Caixa, reclamando una subida salarial inminente. Se ve que no es cuestión de pensar a largo plazo, sino del ‘carpe diem’ y el «a pillar, a pillar, que esto se puede acabar». Seguro que Simón le habrá preguntado a alguno de sus predecesores en Indra, más ‘cercano’ a él que Escribano claro, cómo se hace para pasar de 300.000 euros a casi once millones al año siguiendo similares trayectorias de padrinos políticos. Seguro que el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, tiene la respuesta.Mientras, el Gobierno continúa con su apisonadora para apropiarse del tejido corporativo y el PP sigue ‘in albis’. ¿Alguien sabe qué opinión le merece lo ocurrido en Indra? Sobre la mesa de De la Rocha hay dos dosieres interesantes. Uno, sobre el PNV y el futuro de una gran entidad bancaria con sede en el País Vasco, con o sin el permiso del BBVA y la Kutxa. El segundo, sobre la idea de Giorgia Meloni , actual primera ministra de Italia, de nacionalizar la Telefónica transalpina, Telecom Italia, mediante una opa del Correos italiano que, además, supondrá la exclusión de Bolsa de la operadora. Alguno saliva haciendo proyecciones, claro que aquella no presenta las pérdidas de la nuestra ni tiene un millón de pequeños accionistas. Mejor no hacer comparaciones con Correos de allí y el nuestro. Son odiosas.Lo dicho, un cachondeo. Eso sí, entre risa y risa entra la longaniza. Un presidente sin poderes ejecutivos pero ejecutor . Un consejero delegado con capacidad de mando pero sin poderlo ejercer. Unos consejeros dominicales coaccionados por la política de contratación estatal. Unos vocales independientes presionados hasta la extenuación por el Gobierno. Semejante sainete ha sido, sin entrar en detalles, lo ocurrido en Indra para desalojar a Ángel Escribano de la presidencia y situar a otro «ángel» de mayor devoción, Simón. Al margen de sus capacidades y cualificación como profesional, y si, por tanto, es el más adecuado o no. Ahí no entro. Pero lo peor no es que haya ocurrido, sino que es el pan nuestro desde que allá por 2021 Moncloa se desvergonzó y decidió tomar por la fuerza Indra para echar a Fernando Abril-Martorell y situar a Marc Murtra, exjefe de gabinete del ministro Joan Clos, sin experiencia alguna entonces en compañías del Ibex ni en un sector tan estratégico como la defensa. Y lo dicho, independientemente de su valor y capacidad de trabajo, que lo desconozco. Era solo el aperitivo de lo que estaba por llegar. Las normas de buen gobierno corporativo se habían derogado por el artículo 33 y a plena luz del día.La técnica se repite con idéntica ejecución y simplicidad -desfachatez también valdría- desde el aciago momento de la colonización política . La Oficina Económica que dirige Manuel de la Rocha sirve de palanca, llamando a capítulo al actor incómodo y exigiéndole una rendición con armas y bagajes. Desde el sofá se le recuerda que antes ha habido un trabajo de campo con los consejeros y que no se esfuerce en poner resistencia. Así salió Abril-Martorell, así salió José María Álvarez-Pallete, y casi así ha salido Escribano, porque para este último hizo falta un segundo ‘round’ y lanzar todos los males del infierno sobre la empresa familiar, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E). Completado el golpe, lógicamente, se celebra un consejo de administración extraordinario donde el caído pone su cabeza en el tajo y el nuevo llega en volandas de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), principal accionista de la compañía de defensa y tecnología con el 28%. No hay más. Ni menos. Luego, la empresa emite una nota cacareando que el consejo ha procedido a blablablá y a otra cosa.El silencio cómplice de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que preside con, digamos, lealtad a Moncloa Rodrigo Buenaventura, resulta crítico para que el asalto se consume, dejando desvalidos a los pequeños accionistas, que siguen en los medios el devenir de la empresa a la que confían sus ahorros y sobre la que saben el desenlace antes de que se produzca. Si alguien pregunta -cada vez menos- ¿para qué? la respuesta es un peripatético «ha sido una decisión legítima del consejo» y así se echan tres paletadas más de tierra sobre el ataúd de la gobernanza y se inviste de directivos a los que no pasan de políticos disfrazados de hombres de negocio. Para este viaje no hacen falta ni el regulador, ni las comisiones de RSC (Responsabilidad Social Corporativa) y buen gobierno, ni los vocales independientes ni nada más que un tipo con un lápiz, cual tendero, apuntando las gallinas que entran por las que salen. Así de sofisticada es la cosa.Noticia relacionada No No El ‘gran reemplazo’ del sanchismo S.A. María Jesús PérezEl remate del tomate viene cuando el Gobierno sale a decir, como ha dicho esta semana, que no tuvo nada que ver en las destituciones de Escribano ni en la de Pallete. ¡Acabáramos! Ni en la llegada de Simón y de Murtra ¿no? Les faltó añadir que ambos eran unos grandes desconocidos para ellos para cuajar el cachondeo. «Las salidas de ambos ejecutivos respetaron las reglas del mercado y buen gobierno corporativo». Tan anchos se han debido de quedar. Y… ¿Buenaventura? ¿Algo que decir? ¿Es lo normal en las reglas de buen gobierno ? Demasiadas preguntas. Cuando se haga oficial la presidencia de Simón en la comisión delegada ejecutiva y sus verdaderas funciones veremos.La imposición de políticos y asimilados en empresas estratégicas elude las normas mínimas de buen gobierno corporativoEl pequeño accionista queda vendido ante las presiones de Moncloa a cara descubierta y el silencio cómplice de la CNMV Lo de Indra no ha hecho más que empezar. La posible llegada del otro hermano Escribano, Javier, a la comisión ejecutiva promete grandes tardes de gloria, como el pulso entre Simón y su aún consejero delegado, José Vicente de los Mozos, por ver quién es más ejecutivo. Quién quiere cobrar más ha quedado muy claro tras la primera intervención del nuevo presidente, exCriteria Caixa, reclamando una subida salarial inminente. Se ve que no es cuestión de pensar a largo plazo, sino del ‘carpe diem’ y el «a pillar, a pillar, que esto se puede acabar». Seguro que Simón le habrá preguntado a alguno de sus predecesores en Indra, más ‘cercano’ a él que Escribano claro, cómo se hace para pasar de 300.000 euros a casi once millones al año siguiendo similares trayectorias de padrinos políticos. Seguro que el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, tiene la respuesta.Mientras, el Gobierno continúa con su apisonadora para apropiarse del tejido corporativo y el PP sigue ‘in albis’. ¿Alguien sabe qué opinión le merece lo ocurrido en Indra? Sobre la mesa de De la Rocha hay dos dosieres interesantes. Uno, sobre el PNV y el futuro de una gran entidad bancaria con sede en el País Vasco, con o sin el permiso del BBVA y la Kutxa. El segundo, sobre la idea de Giorgia Meloni , actual primera ministra de Italia, de nacionalizar la Telefónica transalpina, Telecom Italia, mediante una opa del Correos italiano que, además, supondrá la exclusión de Bolsa de la operadora. Alguno saliva haciendo proyecciones, claro que aquella no presenta las pérdidas de la nuestra ni tiene un millón de pequeños accionistas. Mejor no hacer comparaciones con Correos de allí y el nuestro. Son odiosas.Lo dicho, un cachondeo. Eso sí, entre risa y risa entra la longaniza. RSS de noticias de economia
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