Por la calle Lope de Hoces el sol se detiene y baña en oro las velas encendidas, hace cortinas con el humo del incienso. La luz de primavera quiere como detenerse y no marcharse, porque es Córdoba y es Semana Santa y hasta sabrá orgullosa que su concurso es imprescindible para la belleza. Pasará casi todos los días de la Semana Santa y como si fuera una inauguración también ha pasado este viernes. Si por la mañana la Virgen de los Dolores había dicho subida a sus alturas de luto y flores blancas que ya estaba por llegar la Semana Santa, ¿quién iba a negarlo por la Trinidad y por ese camino que ahora entusiasma por filtrar los rayos del sol entre los árboles y prometer el puerto seguro de la Catedral? ¿Quién podía decir que el Cristo de la Providencia no hacía una escena de Semana Santa o de preparativos?De tal es la escena de la espera, la forma en que la plaza de la Trinidad se llena de cabezas que no quiere dejar de mirar. Como pasa tantas veces en Córdoba, hay que esperar para la salida: al principio asoman los altos candelabros, después el Cristo algo hundido en la peana, para salvar la puerta y después ganar la plaza. Allí empieza a subir con lentitud y al poco, el primer llamador, un pequeño avance y un tambor ronco. Nadie aplaude , nadie parece haber echado de menos demasiado la marcha real, que ni ha sonado ni sonará.Noticia relacionada galeria No No El solemne vía crucis del Cristo de la Providencia, en imágenes Rafael CarmonaEl paso se detiene enseguida, se armaron los zancos y después volvió a subir. El Cristo de la Providencia, de tez morena, parece estar pidiendo el agua o perdonando a quienes le han clavado en la cruz, tal vez en el rezo que alguno interpretó mal como un gesto de crisis. A sus pies están los dos grandes ángeles pasionistas, con atributos. Todo el paso, excepto la peana, está ya tallado a la espera del oro.Sin aplausosVuelve a subir y la plaza calla. Quizá sea raro, quizá sea un público distinto al que llenará las calles en muy poco tiempo. La banda de la Esperanza hace sonar compases expectantes, que son fúnebres, pero que prometen más, y que crecerán. Es ‘La Sangre y la Gloria’, de Alfonso Lozano, un emblema ya para toda la Semana Santa de Córdoba, y el Cristo de la Providencia gira buscando ya la Catedral.Su presencia en la calle no es por una procesión, y eso lo han dejado claro, sino por un vía crucis , y el ambiente es tan recogido como si sonaran las estaciones en la iglesia.Incluso las cornetas que convierten la marcha en casi triunfal están sonando algo tenues en ese momento. Hay un momento en que el Cristo de la Providencia mira a quien espera abajo y tras encontrarle la mirada hay que fijarse en las flores, todas en el tono rojo de la sangre. Rosas , hipericum, solidago, astromelia, hortensias, clavel, orquídea.La tarde se ha recogido, el sol se marcha. Se detiene ante los que viven en la residencia de la Trinidad y le cantan los niños del colegio. Revolotea el alma de Antonio Gómez Aguilar , que yace a los pies del Cristo.Muchos quieren más: en San Cayetano con Jesús Caído y la mirada rendida y en Rejas de Don Gome con Jesús Nazareno, todo unción y misticismo delicado. Es la noche estremecedora con el Cristo del Remedio de Ánimas y el Señor del Prendimiento anuncia la alegría de un Martes Santo que tiene que ser histórico.Va por sus calles el Señor Rescatado y en el interior de San Agustín se reza al Cristo de las Angustias , como en San Pedro al de la Misericordia. Buscan en la Huerta de la Reina a Jesús de la Redención y al volver a casa, con el cuerpo íntimo de los vía crucis, saben que al fin todo está cumplido. Por la calle Lope de Hoces el sol se detiene y baña en oro las velas encendidas, hace cortinas con el humo del incienso. La luz de primavera quiere como detenerse y no marcharse, porque es Córdoba y es Semana Santa y hasta sabrá orgullosa que su concurso es imprescindible para la belleza. Pasará casi todos los días de la Semana Santa y como si fuera una inauguración también ha pasado este viernes. Si por la mañana la Virgen de los Dolores había dicho subida a sus alturas de luto y flores blancas que ya estaba por llegar la Semana Santa, ¿quién iba a negarlo por la Trinidad y por ese camino que ahora entusiasma por filtrar los rayos del sol entre los árboles y prometer el puerto seguro de la Catedral? ¿Quién podía decir que el Cristo de la Providencia no hacía una escena de Semana Santa o de preparativos?De tal es la escena de la espera, la forma en que la plaza de la Trinidad se llena de cabezas que no quiere dejar de mirar. Como pasa tantas veces en Córdoba, hay que esperar para la salida: al principio asoman los altos candelabros, después el Cristo algo hundido en la peana, para salvar la puerta y después ganar la plaza. Allí empieza a subir con lentitud y al poco, el primer llamador, un pequeño avance y un tambor ronco. Nadie aplaude , nadie parece haber echado de menos demasiado la marcha real, que ni ha sonado ni sonará.Noticia relacionada galeria No No El solemne vía crucis del Cristo de la Providencia, en imágenes Rafael CarmonaEl paso se detiene enseguida, se armaron los zancos y después volvió a subir. El Cristo de la Providencia, de tez morena, parece estar pidiendo el agua o perdonando a quienes le han clavado en la cruz, tal vez en el rezo que alguno interpretó mal como un gesto de crisis. A sus pies están los dos grandes ángeles pasionistas, con atributos. Todo el paso, excepto la peana, está ya tallado a la espera del oro.Sin aplausosVuelve a subir y la plaza calla. Quizá sea raro, quizá sea un público distinto al que llenará las calles en muy poco tiempo. La banda de la Esperanza hace sonar compases expectantes, que son fúnebres, pero que prometen más, y que crecerán. Es ‘La Sangre y la Gloria’, de Alfonso Lozano, un emblema ya para toda la Semana Santa de Córdoba, y el Cristo de la Providencia gira buscando ya la Catedral.Su presencia en la calle no es por una procesión, y eso lo han dejado claro, sino por un vía crucis , y el ambiente es tan recogido como si sonaran las estaciones en la iglesia.Incluso las cornetas que convierten la marcha en casi triunfal están sonando algo tenues en ese momento. Hay un momento en que el Cristo de la Providencia mira a quien espera abajo y tras encontrarle la mirada hay que fijarse en las flores, todas en el tono rojo de la sangre. Rosas , hipericum, solidago, astromelia, hortensias, clavel, orquídea.La tarde se ha recogido, el sol se marcha. Se detiene ante los que viven en la residencia de la Trinidad y le cantan los niños del colegio. Revolotea el alma de Antonio Gómez Aguilar , que yace a los pies del Cristo.Muchos quieren más: en San Cayetano con Jesús Caído y la mirada rendida y en Rejas de Don Gome con Jesús Nazareno, todo unción y misticismo delicado. Es la noche estremecedora con el Cristo del Remedio de Ánimas y el Señor del Prendimiento anuncia la alegría de un Martes Santo que tiene que ser histórico.Va por sus calles el Señor Rescatado y en el interior de San Agustín se reza al Cristo de las Angustias , como en San Pedro al de la Misericordia. Buscan en la Huerta de la Reina a Jesús de la Redención y al volver a casa, con el cuerpo íntimo de los vía crucis, saben que al fin todo está cumplido. Por la calle Lope de Hoces el sol se detiene y baña en oro las velas encendidas, hace cortinas con el humo del incienso. La luz de primavera quiere como detenerse y no marcharse, porque es Córdoba y es Semana Santa y hasta sabrá orgullosa que su concurso es imprescindible para la belleza. Pasará casi todos los días de la Semana Santa y como si fuera una inauguración también ha pasado este viernes. Si por la mañana la Virgen de los Dolores había dicho subida a sus alturas de luto y flores blancas que ya estaba por llegar la Semana Santa, ¿quién iba a negarlo por la Trinidad y por ese camino que ahora entusiasma por filtrar los rayos del sol entre los árboles y prometer el puerto seguro de la Catedral? ¿Quién podía decir que el Cristo de la Providencia no hacía una escena de Semana Santa o de preparativos?De tal es la escena de la espera, la forma en que la plaza de la Trinidad se llena de cabezas que no quiere dejar de mirar. Como pasa tantas veces en Córdoba, hay que esperar para la salida: al principio asoman los altos candelabros, después el Cristo algo hundido en la peana, para salvar la puerta y después ganar la plaza. Allí empieza a subir con lentitud y al poco, el primer llamador, un pequeño avance y un tambor ronco. Nadie aplaude , nadie parece haber echado de menos demasiado la marcha real, que ni ha sonado ni sonará.Noticia relacionada galeria No No El solemne vía crucis del Cristo de la Providencia, en imágenes Rafael CarmonaEl paso se detiene enseguida, se armaron los zancos y después volvió a subir. El Cristo de la Providencia, de tez morena, parece estar pidiendo el agua o perdonando a quienes le han clavado en la cruz, tal vez en el rezo que alguno interpretó mal como un gesto de crisis. A sus pies están los dos grandes ángeles pasionistas, con atributos. Todo el paso, excepto la peana, está ya tallado a la espera del oro.Sin aplausosVuelve a subir y la plaza calla. Quizá sea raro, quizá sea un público distinto al que llenará las calles en muy poco tiempo. La banda de la Esperanza hace sonar compases expectantes, que son fúnebres, pero que prometen más, y que crecerán. Es ‘La Sangre y la Gloria’, de Alfonso Lozano, un emblema ya para toda la Semana Santa de Córdoba, y el Cristo de la Providencia gira buscando ya la Catedral.Su presencia en la calle no es por una procesión, y eso lo han dejado claro, sino por un vía crucis , y el ambiente es tan recogido como si sonaran las estaciones en la iglesia.Incluso las cornetas que convierten la marcha en casi triunfal están sonando algo tenues en ese momento. Hay un momento en que el Cristo de la Providencia mira a quien espera abajo y tras encontrarle la mirada hay que fijarse en las flores, todas en el tono rojo de la sangre. Rosas , hipericum, solidago, astromelia, hortensias, clavel, orquídea.La tarde se ha recogido, el sol se marcha. Se detiene ante los que viven en la residencia de la Trinidad y le cantan los niños del colegio. Revolotea el alma de Antonio Gómez Aguilar , que yace a los pies del Cristo.Muchos quieren más: en San Cayetano con Jesús Caído y la mirada rendida y en Rejas de Don Gome con Jesús Nazareno, todo unción y misticismo delicado. Es la noche estremecedora con el Cristo del Remedio de Ánimas y el Señor del Prendimiento anuncia la alegría de un Martes Santo que tiene que ser histórico.Va por sus calles el Señor Rescatado y en el interior de San Agustín se reza al Cristo de las Angustias , como en San Pedro al de la Misericordia. Buscan en la Huerta de la Reina a Jesús de la Redención y al volver a casa, con el cuerpo íntimo de los vía crucis, saben que al fin todo está cumplido. RSS de noticias de espana/andalucia
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