Daniel Verbis (León, 1968) es sin duda uno de nuestros grandes pintores actuales; a él le debemos algunos de los cuadros más ambiciosos, complejos, lúcidos e irónicos que se han realizado en los últimos treinta años en la escena nacional, periodo en el cual la vieja disciplina no ha dejado de estar cuestionada desde la teoría al tiempo que, gracias a nombres como el suyo, entre otros, se defendía y daba muestras de ocupar todavía un espacio plausible. Él mismo se ha encargado de avivar con toda consciencia las tensiones internas de lo que puede decirse o significar un cuadro en el presente, como una vía poco complaciente de asegurar la pertinencia de esta práctica para tantos ya agotada, llevándola una y otra vez al límite de sus premisas y planteando para ella escenarios en conflicto, con una actitud profundamente crítica y en no pocas ocasiones un tanto perversa. Una de las fórmulas que Verbis ha explorado con mayor agudeza en esa voluntad suya de empujar la pintura a una suerte de autoconsciencia ha sido la de experimentar con las fronteras que la separan del dibujo, el mural o la fotografía, pero sobre todo de la escultura. Célebres son sus piezas tridimensionales realizadas a partir de conglomerados de tacos de madera policromadas, o las realizadas a partir de objetos ensamblados o acumulados. Tres de las propuestas de Daniel Verbis de su muestra ‘Ayuno de pintura’ en la galería Daniel Cuevas ABCEsta exploración del límite, que en otras ocasiones le ha llevado a emplear como soporte lonas plásticas traslúcidas, que convertían la superficie del cuadro en un hueco, un espacio vacío, o a «pintar» con materiales inusuales, como lana, plastilina, papel de aluminio o trapos, se confirma una vez más en esta exposición en la galería Daniel Cuevas donde las piezas poseen un acabado casi blanco, casi neutro y homogéneo, casi marmóreo, pero que de forma ostentosa remite a una capa pictórica que las recubría pero ha sido borrada. Las esculturas que presenta ahora parten de un mundo complejo, y sus formas aluden constantemente a una transformación metamórfica: el torso/fragmento adorniano; la escultura grecolatina de bulto redondo; el sueño neoclásico de Winckelman con la blancura del mármol como materia ideal del cuerpo humano; los «moldes macho» de Duchamp donde lo orgánico y lo mecánico son ya indistinguibles. El origen de estas formas se encuentra en vaciados de cajas de cartón, partes de maniquíes de moda, sacos o bolsas de papel… todo reblandecido, acoplado, fundido, coloreado y lijado hasta obtener la amalgama abstracta donde los cuerpos aparecen y desaparecen bajo un acabado suavísimo al ojo, como satinado y plagado de matices que atraviesan la superficie. Una vez que nuestras pupilas se acomodan a la intensidad infraleve de este no-color, la cosa restalla en un arcoíris de semitonos sin duda bellísimo y, como no podría ser otro modo con Verbis, paradójico, desconcertante en la piel de una escultura.arte_abc_0724Una escultura despellejada, diríamos, a la que se le ha arrancado su alegre piel para dejar el desnudo del lienzo o el papel en blanco solo que en tres dimensiones; la paradoja no podría ser más cara a su forma de trabajar. Y es que la estructura y la superficie de estas obras entablan un diálogo lleno de tensión que continúa por otros medios muchas de las obsesiones ya conocidas del artista, quien en algún momento ha reconocido que «el color y la materia siempre aparecen ligados en alguna forma de la que son indisociables». ‘Ayuno de pintura’ Daniel Verbis Lugar: Galería Daniel Cuevas (Madrid) Dirección: C/ Santa Engracia, 6, bajo Clausura: Hasta el 7 de noviembre Valoración: ****Ovidio podría ofrecernos la clave última de semejante desgarro en sus ‘Metamorfosis’, cuando en la terrible escena en que Apolo desuella a Marsias, como castigo por la arrogancia de haberle retado, éste se desgañitaba gritando aquello de «¿Por qué me separas de mí mismo?» Daniel Verbis (León, 1968) es sin duda uno de nuestros grandes pintores actuales; a él le debemos algunos de los cuadros más ambiciosos, complejos, lúcidos e irónicos que se han realizado en los últimos treinta años en la escena nacional, periodo en el cual la vieja disciplina no ha dejado de estar cuestionada desde la teoría al tiempo que, gracias a nombres como el suyo, entre otros, se defendía y daba muestras de ocupar todavía un espacio plausible. Él mismo se ha encargado de avivar con toda consciencia las tensiones internas de lo que puede decirse o significar un cuadro en el presente, como una vía poco complaciente de asegurar la pertinencia de esta práctica para tantos ya agotada, llevándola una y otra vez al límite de sus premisas y planteando para ella escenarios en conflicto, con una actitud profundamente crítica y en no pocas ocasiones un tanto perversa. Una de las fórmulas que Verbis ha explorado con mayor agudeza en esa voluntad suya de empujar la pintura a una suerte de autoconsciencia ha sido la de experimentar con las fronteras que la separan del dibujo, el mural o la fotografía, pero sobre todo de la escultura. Célebres son sus piezas tridimensionales realizadas a partir de conglomerados de tacos de madera policromadas, o las realizadas a partir de objetos ensamblados o acumulados. Tres de las propuestas de Daniel Verbis de su muestra ‘Ayuno de pintura’ en la galería Daniel Cuevas ABCEsta exploración del límite, que en otras ocasiones le ha llevado a emplear como soporte lonas plásticas traslúcidas, que convertían la superficie del cuadro en un hueco, un espacio vacío, o a «pintar» con materiales inusuales, como lana, plastilina, papel de aluminio o trapos, se confirma una vez más en esta exposición en la galería Daniel Cuevas donde las piezas poseen un acabado casi blanco, casi neutro y homogéneo, casi marmóreo, pero que de forma ostentosa remite a una capa pictórica que las recubría pero ha sido borrada. Las esculturas que presenta ahora parten de un mundo complejo, y sus formas aluden constantemente a una transformación metamórfica: el torso/fragmento adorniano; la escultura grecolatina de bulto redondo; el sueño neoclásico de Winckelman con la blancura del mármol como materia ideal del cuerpo humano; los «moldes macho» de Duchamp donde lo orgánico y lo mecánico son ya indistinguibles. El origen de estas formas se encuentra en vaciados de cajas de cartón, partes de maniquíes de moda, sacos o bolsas de papel… todo reblandecido, acoplado, fundido, coloreado y lijado hasta obtener la amalgama abstracta donde los cuerpos aparecen y desaparecen bajo un acabado suavísimo al ojo, como satinado y plagado de matices que atraviesan la superficie. Una vez que nuestras pupilas se acomodan a la intensidad infraleve de este no-color, la cosa restalla en un arcoíris de semitonos sin duda bellísimo y, como no podría ser otro modo con Verbis, paradójico, desconcertante en la piel de una escultura.arte_abc_0724Una escultura despellejada, diríamos, a la que se le ha arrancado su alegre piel para dejar el desnudo del lienzo o el papel en blanco solo que en tres dimensiones; la paradoja no podría ser más cara a su forma de trabajar. Y es que la estructura y la superficie de estas obras entablan un diálogo lleno de tensión que continúa por otros medios muchas de las obsesiones ya conocidas del artista, quien en algún momento ha reconocido que «el color y la materia siempre aparecen ligados en alguna forma de la que son indisociables». ‘Ayuno de pintura’ Daniel Verbis Lugar: Galería Daniel Cuevas (Madrid) Dirección: C/ Santa Engracia, 6, bajo Clausura: Hasta el 7 de noviembre Valoración: ****Ovidio podría ofrecernos la clave última de semejante desgarro en sus ‘Metamorfosis’, cuando en la terrible escena en que Apolo desuella a Marsias, como castigo por la arrogancia de haberle retado, éste se desgañitaba gritando aquello de «¿Por qué me separas de mí mismo?» Daniel Verbis (León, 1968) es sin duda uno de nuestros grandes pintores actuales; a él le debemos algunos de los cuadros más ambiciosos, complejos, lúcidos e irónicos que se han realizado en los últimos treinta años en la escena nacional, periodo en el cual la vieja disciplina no ha dejado de estar cuestionada desde la teoría al tiempo que, gracias a nombres como el suyo, entre otros, se defendía y daba muestras de ocupar todavía un espacio plausible. Él mismo se ha encargado de avivar con toda consciencia las tensiones internas de lo que puede decirse o significar un cuadro en el presente, como una vía poco complaciente de asegurar la pertinencia de esta práctica para tantos ya agotada, llevándola una y otra vez al límite de sus premisas y planteando para ella escenarios en conflicto, con una actitud profundamente crítica y en no pocas ocasiones un tanto perversa. Una de las fórmulas que Verbis ha explorado con mayor agudeza en esa voluntad suya de empujar la pintura a una suerte de autoconsciencia ha sido la de experimentar con las fronteras que la separan del dibujo, el mural o la fotografía, pero sobre todo de la escultura. Célebres son sus piezas tridimensionales realizadas a partir de conglomerados de tacos de madera policromadas, o las realizadas a partir de objetos ensamblados o acumulados. Tres de las propuestas de Daniel Verbis de su muestra ‘Ayuno de pintura’ en la galería Daniel Cuevas ABCEsta exploración del límite, que en otras ocasiones le ha llevado a emplear como soporte lonas plásticas traslúcidas, que convertían la superficie del cuadro en un hueco, un espacio vacío, o a «pintar» con materiales inusuales, como lana, plastilina, papel de aluminio o trapos, se confirma una vez más en esta exposición en la galería Daniel Cuevas donde las piezas poseen un acabado casi blanco, casi neutro y homogéneo, casi marmóreo, pero que de forma ostentosa remite a una capa pictórica que las recubría pero ha sido borrada. Las esculturas que presenta ahora parten de un mundo complejo, y sus formas aluden constantemente a una transformación metamórfica: el torso/fragmento adorniano; la escultura grecolatina de bulto redondo; el sueño neoclásico de Winckelman con la blancura del mármol como materia ideal del cuerpo humano; los «moldes macho» de Duchamp donde lo orgánico y lo mecánico son ya indistinguibles. El origen de estas formas se encuentra en vaciados de cajas de cartón, partes de maniquíes de moda, sacos o bolsas de papel… todo reblandecido, acoplado, fundido, coloreado y lijado hasta obtener la amalgama abstracta donde los cuerpos aparecen y desaparecen bajo un acabado suavísimo al ojo, como satinado y plagado de matices que atraviesan la superficie. Una vez que nuestras pupilas se acomodan a la intensidad infraleve de este no-color, la cosa restalla en un arcoíris de semitonos sin duda bellísimo y, como no podría ser otro modo con Verbis, paradójico, desconcertante en la piel de una escultura.arte_abc_0724Una escultura despellejada, diríamos, a la que se le ha arrancado su alegre piel para dejar el desnudo del lienzo o el papel en blanco solo que en tres dimensiones; la paradoja no podría ser más cara a su forma de trabajar. Y es que la estructura y la superficie de estas obras entablan un diálogo lleno de tensión que continúa por otros medios muchas de las obsesiones ya conocidas del artista, quien en algún momento ha reconocido que «el color y la materia siempre aparecen ligados en alguna forma de la que son indisociables». ‘Ayuno de pintura’ Daniel Verbis Lugar: Galería Daniel Cuevas (Madrid) Dirección: C/ Santa Engracia, 6, bajo Clausura: Hasta el 7 de noviembre Valoración: ****Ovidio podría ofrecernos la clave última de semejante desgarro en sus ‘Metamorfosis’, cuando en la terrible escena en que Apolo desuella a Marsias, como castigo por la arrogancia de haberle retado, éste se desgañitaba gritando aquello de «¿Por qué me separas de mí mismo?» RSS de noticias de cultura
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