Llovía como aquel Dos de Mayo de hace treinta años, como aquella histórica goyesca de 1996 en la que Joselito se encerró con seis toros. Como aquella tarde, paró el agua antes del paseíllo, aunque las tormentas habían dejado huella en el ruedo, colmado de pisadas desde que sonó el Himno Nacional entre ¡vivas! a España, con Isabel Díaz Ayuso y la Infanta Elena en un burladero y con ambientazo en los tendidos, prácticamente llenos. Nadie se aburrió en una interesantísima corrida del Pilar, con teclas y bastante que torear, con toros buenos a los que colgaban las orejas. Ninguna se cortaría por h o por b, por falta de acople total o por el desatinado acero. Al infierno de los sótanos se le fue la espada a Javier Cortés después de cuajar muletazos de categoría, de asiento, pecho ofrecido, cintura rota y encaje. Y, cómo no, El Cid empañó con la tizona el clasicismo de sus naturales en su reencuentro con Madrid. Abría el cartel goyesco Uceda Leal, que no tuvo su tarde. No le sobraba el poder a Niñito, con una embestida descompuesta y algo geniuda, revolviéndose rápido. Lo probó por ambos lados -por el zurdo era más desagradable-, sin grandes apuestas. Para colmo, había molestado el viento, con el runrún no tan lejano de los truenos. Con habilidad remató una labor brindada a la presidenta. El Cid se echa la muleta a la izquierda Tania SieiraA las siete de la tarde El Cid se abrazaba de nuevo con su Monumental, que se volcó con el de Salteras en las verónicas del recibo. Muy torero para ponerlo en el caballo, que montaba Espartaco, el picador que se ha llevado todos los premios abrileños. Al ralentí la media del sevillano, mientras Sospechillo colocaba la cara de categoría. Ahí quedó el buen quite de Cortés por chicuelinas, con una media arrebujada. Tremendo el momento de apuro de Rafael González, solo ante el peligro, solo en la carrera tras el primer par de banderillas: de traca. Se abrían los paraguas cuando Manuel Jesús brindó a Ayuso. Loco andaba el veterano maestro por coger la zocata, que era también el pitón excelente del pilarico. In crescendo la faena, en la que poco a poco fue cogiendo el aire al toro tras momentos de dudas. Hubo naturales espléndidos, de añejo aroma, buscando la colocación, tan cantada por Madrid. De uno en uno brotaban; de uno en uno los saboreaban los cidistas. Bajó el listón cuando quiso comprobar si por el lado de la cuchara había mejorado. Pinchó y no solo se anotó dos avisos con un toro al que le colgaba una oreja, sino que en uno de los encuentros lo sorprendió, perdió pie y quedó a merced de Sospechillo, tan noble que, por fortuna, no hizo por el matador.Noticia relacionada general No No El cumpleaños más duro de Raúl Ruiz: «La cornada causa destrozo muscular, pero afortunadamente bordea la arteria y la vena femoral» Alicia P. VelardeFormidable el primer par de Iván García al tercero, que Javier Cortés brindó al público. A favor de Potrillo el inicio, sin atosigarlo. Firme, imprimiendo gusto en los muletazos, que adquirieron más intensidad cuando lo apretó por abajo mientras el colorado respondía humillador, arrastrando el hocico. Se echó en falta otra serie de esa guisa y, además, la espada se fue a los blandos.Corrida Goyesca Monumental de las Ventas Sábado, 2 de mayo de 2026. Corrida Goyesca. Lleno aparente. Toros de El Pilar, bien presentados, de interesante y buen juego en general, con su casta; destacaron especialmente el 2º por el izquierdo y el 6º por el derecho. Uceda Leal, de canela con pasamanería negra: estocada habilidosa (silencio); pinchazo, media perpendicular y descabello (silencio). El Cid, de verde botella e hilo negro: cuatro pinchazos (saludos tras dos avisos); media caída (silencio). Javier Cortés, de blanco la chaquetilla y de tierra la calzona: estocada baja (silencio); bajonazo, pinchazo, bajonazo y estocada caída (aviso y palmas de despedida).Despegado de tierra el cuarto, con el Uceda se ralentizó en el recibo. De uno en uno los palos en una desordenada lidia, impropia de este escenario, con el del Pilar echando la cara arriba. Pareció mejorar el pariente de los Langostos cuando se quedó a solas con el matador, que se puso a torear sin probaturas. Pero el animal resultaría deslucidote: un pase de pecho, un trincherazo y poco más, ya con el público impacientándose.Uceda Leal brinda el primer toro a Isabel Díaz Ayuso Tania SieiraCumplió en varas el quinto, otra vez con banderillas de una en una… Con alegría se arrancaría a la muleta de El Cid, al que le costó confiarse con un bizquito de imponente velamen diestro. No hubo entendimiento con un Sonajerillo que transmitía con exigencia, aunque luego no terminó de entregarse; a menos todo. San Isidro lo espera.Enmorrillado el sexto, con el que despertó una sonora ovación con los pares de Gallego. Se llamaba Niñito, de tan famosa reata, y respondió con bravura al sincero trato de Cortés, encajado y asentado desde las primeras tandas diestras, con ligazón. No tenía ese ritmo el toro por el zurdo, pero al de Getafe le aplaudieron la colocación, pese a que los naturales careciesen de limpieza. Regresó a estribor, dando el pecho, cargando la suerte y alargando el viaje, con una trincherilla redonda. Rugía la plaza. Crecido el torero, se abandonó en los derechazos finales a pies juntos, ya con la espada de verdad en su medida y aclamada obra, que contenía premio, pero el acero viajó a los bajos. ¡No se puede cargar tanto la suerte con la muleta y descargarla así en la hora final! Hacía el gesto del perdón el madrileño, que perdió una oreja de ley. Y otro buen toro que se arrastraba intacto entre el desencanto general por los trofeos que no cuajaron. Llovía como aquel Dos de Mayo de hace treinta años, como aquella histórica goyesca de 1996 en la que Joselito se encerró con seis toros. Como aquella tarde, paró el agua antes del paseíllo, aunque las tormentas habían dejado huella en el ruedo, colmado de pisadas desde que sonó el Himno Nacional entre ¡vivas! a España, con Isabel Díaz Ayuso y la Infanta Elena en un burladero y con ambientazo en los tendidos, prácticamente llenos. Nadie se aburrió en una interesantísima corrida del Pilar, con teclas y bastante que torear, con toros buenos a los que colgaban las orejas. Ninguna se cortaría por h o por b, por falta de acople total o por el desatinado acero. Al infierno de los sótanos se le fue la espada a Javier Cortés después de cuajar muletazos de categoría, de asiento, pecho ofrecido, cintura rota y encaje. Y, cómo no, El Cid empañó con la tizona el clasicismo de sus naturales en su reencuentro con Madrid. Abría el cartel goyesco Uceda Leal, que no tuvo su tarde. No le sobraba el poder a Niñito, con una embestida descompuesta y algo geniuda, revolviéndose rápido. Lo probó por ambos lados -por el zurdo era más desagradable-, sin grandes apuestas. Para colmo, había molestado el viento, con el runrún no tan lejano de los truenos. Con habilidad remató una labor brindada a la presidenta. El Cid se echa la muleta a la izquierda Tania SieiraA las siete de la tarde El Cid se abrazaba de nuevo con su Monumental, que se volcó con el de Salteras en las verónicas del recibo. Muy torero para ponerlo en el caballo, que montaba Espartaco, el picador que se ha llevado todos los premios abrileños. Al ralentí la media del sevillano, mientras Sospechillo colocaba la cara de categoría. Ahí quedó el buen quite de Cortés por chicuelinas, con una media arrebujada. Tremendo el momento de apuro de Rafael González, solo ante el peligro, solo en la carrera tras el primer par de banderillas: de traca. Se abrían los paraguas cuando Manuel Jesús brindó a Ayuso. Loco andaba el veterano maestro por coger la zocata, que era también el pitón excelente del pilarico. In crescendo la faena, en la que poco a poco fue cogiendo el aire al toro tras momentos de dudas. Hubo naturales espléndidos, de añejo aroma, buscando la colocación, tan cantada por Madrid. De uno en uno brotaban; de uno en uno los saboreaban los cidistas. Bajó el listón cuando quiso comprobar si por el lado de la cuchara había mejorado. Pinchó y no solo se anotó dos avisos con un toro al que le colgaba una oreja, sino que en uno de los encuentros lo sorprendió, perdió pie y quedó a merced de Sospechillo, tan noble que, por fortuna, no hizo por el matador.Noticia relacionada general No No El cumpleaños más duro de Raúl Ruiz: «La cornada causa destrozo muscular, pero afortunadamente bordea la arteria y la vena femoral» Alicia P. VelardeFormidable el primer par de Iván García al tercero, que Javier Cortés brindó al público. A favor de Potrillo el inicio, sin atosigarlo. Firme, imprimiendo gusto en los muletazos, que adquirieron más intensidad cuando lo apretó por abajo mientras el colorado respondía humillador, arrastrando el hocico. Se echó en falta otra serie de esa guisa y, además, la espada se fue a los blandos.Corrida Goyesca Monumental de las Ventas Sábado, 2 de mayo de 2026. Corrida Goyesca. Lleno aparente. Toros de El Pilar, bien presentados, de interesante y buen juego en general, con su casta; destacaron especialmente el 2º por el izquierdo y el 6º por el derecho. Uceda Leal, de canela con pasamanería negra: estocada habilidosa (silencio); pinchazo, media perpendicular y descabello (silencio). El Cid, de verde botella e hilo negro: cuatro pinchazos (saludos tras dos avisos); media caída (silencio). Javier Cortés, de blanco la chaquetilla y de tierra la calzona: estocada baja (silencio); bajonazo, pinchazo, bajonazo y estocada caída (aviso y palmas de despedida).Despegado de tierra el cuarto, con el Uceda se ralentizó en el recibo. De uno en uno los palos en una desordenada lidia, impropia de este escenario, con el del Pilar echando la cara arriba. Pareció mejorar el pariente de los Langostos cuando se quedó a solas con el matador, que se puso a torear sin probaturas. Pero el animal resultaría deslucidote: un pase de pecho, un trincherazo y poco más, ya con el público impacientándose.Uceda Leal brinda el primer toro a Isabel Díaz Ayuso Tania SieiraCumplió en varas el quinto, otra vez con banderillas de una en una… Con alegría se arrancaría a la muleta de El Cid, al que le costó confiarse con un bizquito de imponente velamen diestro. No hubo entendimiento con un Sonajerillo que transmitía con exigencia, aunque luego no terminó de entregarse; a menos todo. San Isidro lo espera.Enmorrillado el sexto, con el que despertó una sonora ovación con los pares de Gallego. Se llamaba Niñito, de tan famosa reata, y respondió con bravura al sincero trato de Cortés, encajado y asentado desde las primeras tandas diestras, con ligazón. No tenía ese ritmo el toro por el zurdo, pero al de Getafe le aplaudieron la colocación, pese a que los naturales careciesen de limpieza. Regresó a estribor, dando el pecho, cargando la suerte y alargando el viaje, con una trincherilla redonda. Rugía la plaza. Crecido el torero, se abandonó en los derechazos finales a pies juntos, ya con la espada de verdad en su medida y aclamada obra, que contenía premio, pero el acero viajó a los bajos. ¡No se puede cargar tanto la suerte con la muleta y descargarla así en la hora final! Hacía el gesto del perdón el madrileño, que perdió una oreja de ley. Y otro buen toro que se arrastraba intacto entre el desencanto general por los trofeos que no cuajaron. Llovía como aquel Dos de Mayo de hace treinta años, como aquella histórica goyesca de 1996 en la que Joselito se encerró con seis toros. Como aquella tarde, paró el agua antes del paseíllo, aunque las tormentas habían dejado huella en el ruedo, colmado de pisadas desde que sonó el Himno Nacional entre ¡vivas! a España, con Isabel Díaz Ayuso y la Infanta Elena en un burladero y con ambientazo en los tendidos, prácticamente llenos. Nadie se aburrió en una interesantísima corrida del Pilar, con teclas y bastante que torear, con toros buenos a los que colgaban las orejas. Ninguna se cortaría por h o por b, por falta de acople total o por el desatinado acero. Al infierno de los sótanos se le fue la espada a Javier Cortés después de cuajar muletazos de categoría, de asiento, pecho ofrecido, cintura rota y encaje. Y, cómo no, El Cid empañó con la tizona el clasicismo de sus naturales en su reencuentro con Madrid. Abría el cartel goyesco Uceda Leal, que no tuvo su tarde. No le sobraba el poder a Niñito, con una embestida descompuesta y algo geniuda, revolviéndose rápido. Lo probó por ambos lados -por el zurdo era más desagradable-, sin grandes apuestas. Para colmo, había molestado el viento, con el runrún no tan lejano de los truenos. Con habilidad remató una labor brindada a la presidenta. El Cid se echa la muleta a la izquierda Tania SieiraA las siete de la tarde El Cid se abrazaba de nuevo con su Monumental, que se volcó con el de Salteras en las verónicas del recibo. Muy torero para ponerlo en el caballo, que montaba Espartaco, el picador que se ha llevado todos los premios abrileños. Al ralentí la media del sevillano, mientras Sospechillo colocaba la cara de categoría. Ahí quedó el buen quite de Cortés por chicuelinas, con una media arrebujada. Tremendo el momento de apuro de Rafael González, solo ante el peligro, solo en la carrera tras el primer par de banderillas: de traca. Se abrían los paraguas cuando Manuel Jesús brindó a Ayuso. Loco andaba el veterano maestro por coger la zocata, que era también el pitón excelente del pilarico. In crescendo la faena, en la que poco a poco fue cogiendo el aire al toro tras momentos de dudas. Hubo naturales espléndidos, de añejo aroma, buscando la colocación, tan cantada por Madrid. De uno en uno brotaban; de uno en uno los saboreaban los cidistas. Bajó el listón cuando quiso comprobar si por el lado de la cuchara había mejorado. Pinchó y no solo se anotó dos avisos con un toro al que le colgaba una oreja, sino que en uno de los encuentros lo sorprendió, perdió pie y quedó a merced de Sospechillo, tan noble que, por fortuna, no hizo por el matador.Noticia relacionada general No No El cumpleaños más duro de Raúl Ruiz: «La cornada causa destrozo muscular, pero afortunadamente bordea la arteria y la vena femoral» Alicia P. VelardeFormidable el primer par de Iván García al tercero, que Javier Cortés brindó al público. A favor de Potrillo el inicio, sin atosigarlo. Firme, imprimiendo gusto en los muletazos, que adquirieron más intensidad cuando lo apretó por abajo mientras el colorado respondía humillador, arrastrando el hocico. Se echó en falta otra serie de esa guisa y, además, la espada se fue a los blandos.Corrida Goyesca Monumental de las Ventas Sábado, 2 de mayo de 2026. Corrida Goyesca. Lleno aparente. Toros de El Pilar, bien presentados, de interesante y buen juego en general, con su casta; destacaron especialmente el 2º por el izquierdo y el 6º por el derecho. Uceda Leal, de canela con pasamanería negra: estocada habilidosa (silencio); pinchazo, media perpendicular y descabello (silencio). El Cid, de verde botella e hilo negro: cuatro pinchazos (saludos tras dos avisos); media caída (silencio). Javier Cortés, de blanco la chaquetilla y de tierra la calzona: estocada baja (silencio); bajonazo, pinchazo, bajonazo y estocada caída (aviso y palmas de despedida).Despegado de tierra el cuarto, con el Uceda se ralentizó en el recibo. De uno en uno los palos en una desordenada lidia, impropia de este escenario, con el del Pilar echando la cara arriba. Pareció mejorar el pariente de los Langostos cuando se quedó a solas con el matador, que se puso a torear sin probaturas. Pero el animal resultaría deslucidote: un pase de pecho, un trincherazo y poco más, ya con el público impacientándose.Uceda Leal brinda el primer toro a Isabel Díaz Ayuso Tania SieiraCumplió en varas el quinto, otra vez con banderillas de una en una… Con alegría se arrancaría a la muleta de El Cid, al que le costó confiarse con un bizquito de imponente velamen diestro. No hubo entendimiento con un Sonajerillo que transmitía con exigencia, aunque luego no terminó de entregarse; a menos todo. San Isidro lo espera.Enmorrillado el sexto, con el que despertó una sonora ovación con los pares de Gallego. Se llamaba Niñito, de tan famosa reata, y respondió con bravura al sincero trato de Cortés, encajado y asentado desde las primeras tandas diestras, con ligazón. No tenía ese ritmo el toro por el zurdo, pero al de Getafe le aplaudieron la colocación, pese a que los naturales careciesen de limpieza. Regresó a estribor, dando el pecho, cargando la suerte y alargando el viaje, con una trincherilla redonda. Rugía la plaza. Crecido el torero, se abandonó en los derechazos finales a pies juntos, ya con la espada de verdad en su medida y aclamada obra, que contenía premio, pero el acero viajó a los bajos. ¡No se puede cargar tanto la suerte con la muleta y descargarla así en la hora final! Hacía el gesto del perdón el madrileño, que perdió una oreja de ley. Y otro buen toro que se arrastraba intacto entre el desencanto general por los trofeos que no cuajaron. RSS de noticias de cultura
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