El culebrón entre el Sevilla y Monchi nunca parece tener fin. Sus capítulos, de hecho, son interminables, aunque haya habido hasta un océano de por medio. Es lo que tienen las pasiones, por mucho que te haya podido traumatizarte, con el tiempo solo se recuerda la felicidad y el subidón que esa relación te dio. El sevillismo, gran parte de él, está enganchado a lo que Monchi y el Sevilla fueron juntos. No es para menos. La primera etapa del gaditano como director deportivo dejó ocho trofeos en el Sánchez-Pizjuán. Un amor cargado de felicidad. Su segunda etapa, volvió a revitalizar al Sevilla ganador y dejó un par de copas más en el palmarés, además de cuatro clasificaciones en Champions consecutivas. Un Sevilla grande, que pecó de ambicioso y que acabó con resentimiento y una herencia en negativo. Parecía que todo había acabado, tú a Birmingham y yo a la carretera de Utrera, pero el pasado siempre vuelve y el día que Monchi se marchó del Aston Villa, la campanas volvieron a sonar. Volvió el coqueteo indirecto, el dejarse querer y el renegar en público del ex. La posibilidad de que el Sevilla cambie de manos hace que el escenario fuera ideal para una nueva oportunidad, por mucho que el de San Fernando reiterara su negativa a regresar, al menos, de cara a la galería. En los círculos más cercanos, la cosa cambia.De ahí que la noticia de que se encargue de un más que apetecible proyecto en el Espanyol haya caído como un jarro de agua gélida, sobre todo, por el momento en el que se ha filtrado. A falta de 48 horas para que el Sevilla dispute otra final por la permanencia, precisamente, ante el conjunto perico. Torpe, muy torpe. Las mentes más retorcidas ven una estrategia del club perico para desestabilizar al rival. Aunque la realidad suele ser menos complicada y al Sevilla no debe influirle de ninguna manera una persona que lleva tres años desvinculada de la entidad. La realidad es que, por mucho que estén corriendo desde Cataluña, no hay nada firmado en firme. Tendrá el Espanyol que salvarse antes y, para hacerlo, tendrá que ganar en el Sánchez-Pizjuán. Como mucho, esto debe alimentar aún más las ganas de conseguir los tres puntos este sábado y demostrar que el Sevilla siempre está por encima de los nombres. Incluso del de Monchi. El culebrón entre el Sevilla y Monchi nunca parece tener fin. Sus capítulos, de hecho, son interminables, aunque haya habido hasta un océano de por medio. Es lo que tienen las pasiones, por mucho que te haya podido traumatizarte, con el tiempo solo se recuerda la felicidad y el subidón que esa relación te dio. El sevillismo, gran parte de él, está enganchado a lo que Monchi y el Sevilla fueron juntos. No es para menos. La primera etapa del gaditano como director deportivo dejó ocho trofeos en el Sánchez-Pizjuán. Un amor cargado de felicidad. Su segunda etapa, volvió a revitalizar al Sevilla ganador y dejó un par de copas más en el palmarés, además de cuatro clasificaciones en Champions consecutivas. Un Sevilla grande, que pecó de ambicioso y que acabó con resentimiento y una herencia en negativo. Parecía que todo había acabado, tú a Birmingham y yo a la carretera de Utrera, pero el pasado siempre vuelve y el día que Monchi se marchó del Aston Villa, la campanas volvieron a sonar. Volvió el coqueteo indirecto, el dejarse querer y el renegar en público del ex. La posibilidad de que el Sevilla cambie de manos hace que el escenario fuera ideal para una nueva oportunidad, por mucho que el de San Fernando reiterara su negativa a regresar, al menos, de cara a la galería. En los círculos más cercanos, la cosa cambia.De ahí que la noticia de que se encargue de un más que apetecible proyecto en el Espanyol haya caído como un jarro de agua gélida, sobre todo, por el momento en el que se ha filtrado. A falta de 48 horas para que el Sevilla dispute otra final por la permanencia, precisamente, ante el conjunto perico. Torpe, muy torpe. Las mentes más retorcidas ven una estrategia del club perico para desestabilizar al rival. Aunque la realidad suele ser menos complicada y al Sevilla no debe influirle de ninguna manera una persona que lleva tres años desvinculada de la entidad. La realidad es que, por mucho que estén corriendo desde Cataluña, no hay nada firmado en firme. Tendrá el Espanyol que salvarse antes y, para hacerlo, tendrá que ganar en el Sánchez-Pizjuán. Como mucho, esto debe alimentar aún más las ganas de conseguir los tres puntos este sábado y demostrar que el Sevilla siempre está por encima de los nombres. Incluso del de Monchi. El culebrón entre el Sevilla y Monchi nunca parece tener fin. Sus capítulos, de hecho, son interminables, aunque haya habido hasta un océano de por medio. Es lo que tienen las pasiones, por mucho que te haya podido traumatizarte, con el tiempo solo se recuerda la felicidad y el subidón que esa relación te dio. El sevillismo, gran parte de él, está enganchado a lo que Monchi y el Sevilla fueron juntos. No es para menos. La primera etapa del gaditano como director deportivo dejó ocho trofeos en el Sánchez-Pizjuán. Un amor cargado de felicidad. Su segunda etapa, volvió a revitalizar al Sevilla ganador y dejó un par de copas más en el palmarés, además de cuatro clasificaciones en Champions consecutivas. Un Sevilla grande, que pecó de ambicioso y que acabó con resentimiento y una herencia en negativo. Parecía que todo había acabado, tú a Birmingham y yo a la carretera de Utrera, pero el pasado siempre vuelve y el día que Monchi se marchó del Aston Villa, la campanas volvieron a sonar. Volvió el coqueteo indirecto, el dejarse querer y el renegar en público del ex. La posibilidad de que el Sevilla cambie de manos hace que el escenario fuera ideal para una nueva oportunidad, por mucho que el de San Fernando reiterara su negativa a regresar, al menos, de cara a la galería. En los círculos más cercanos, la cosa cambia.De ahí que la noticia de que se encargue de un más que apetecible proyecto en el Espanyol haya caído como un jarro de agua gélida, sobre todo, por el momento en el que se ha filtrado. A falta de 48 horas para que el Sevilla dispute otra final por la permanencia, precisamente, ante el conjunto perico. Torpe, muy torpe. Las mentes más retorcidas ven una estrategia del club perico para desestabilizar al rival. Aunque la realidad suele ser menos complicada y al Sevilla no debe influirle de ninguna manera una persona que lleva tres años desvinculada de la entidad. La realidad es que, por mucho que estén corriendo desde Cataluña, no hay nada firmado en firme. Tendrá el Espanyol que salvarse antes y, para hacerlo, tendrá que ganar en el Sánchez-Pizjuán. Como mucho, esto debe alimentar aún más las ganas de conseguir los tres puntos este sábado y demostrar que el Sevilla siempre está por encima de los nombres. Incluso del de Monchi. 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mayo 9, 2026
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