Hace apenas unos días escribía aquí que existe una señal inquietante cuando el vendedor empieza también a ejercer de banquero de sus clientes . Nvidia ha dado ahora un paso adicional. Ya no se limita a financiar parte de la demanda de sus procesadores: acaba de acordar la compra , por unos 13.000 millones de dólares, de Hugging Face, una de las principales infraestructuras sobre las que se desarrolla la inteligencia artificial abierta.La diferencia importa. Hugging Face no es simplemente otra empresa de IA. Es algo parecido a lo que GitHub representa para el software: una plataforma donde millones de desarrolladores almacenan, prueban, modifican y distribuyen modelos. Tiene 18 millones de usuarios y alberga millones de modelos de código abierto. Quien controla esa plaza no determina necesariamente qué compran sus usuarios, pero ocupa una posición privilegiada para influir sobre cómo trabajan.Hasta ahora Nvidia dominaba el cuello de botella físico de la IA . Sus GPU (unidades de procesamiento gráfico) y el ecosistema CUDA (que permite dedicar tarjetas gráficas al cálculo) convirtieron a la compañía de Jensen Huang en el proveedor imprescindible de los minadores de bitcoin primero y de una industria que necesita una enorme capacidad de cálculo después. Con Hugging Face asciende por la cadena: se aproxima al lugar donde se decide qué modelos se utilizan y cómo terminan desplegándose .Nvidia promete mantener abierta la plataforma. No hay razón para dudar de ello. Además, cerrarla sería probablemente contraproducente. La cuestión interesante es otra: una plataforma puede ser abierta sin ser neutral . Su propietario decide dónde invierte, qué herramientas desarrolla, qué integraciones facilita y qué arquitectura resulta más sencilla para sus usuarios. Nvidia no necesita impedir que un modelo funcione sobre chips rivales. Le basta con conseguir que hacerlo sobre los suyos sea más fácil.Aquí reaparece el problema de la financiación circular. Nvidia ya aporta dinero, garantías o compromisos comerciales a empresas que después compran sus procesadores. Como señalaba el BIS, estas relaciones dificultan distinguir entre demanda autónoma y demanda inducida. Hugging Face amplía esa lógica: Nvidia puede utilizar las enormes rentas obtenidas vendiendo infraestructura de IA para fortalecer el ecosistema que genera la futura demanda de esa misma infraestructura.The Economist replica que esto es precisamente lo que debería hacer el capitalismo. Nvidia tiene un balance formidable, genera alrededor de 200.000 millones de dólares anuales y, si Huang se equivoca, perderán principalmente sus accionistas. Es una objeción poderosa. Pero confunde dos problemas distintos. El riesgo financiero puede ser perfectamente soportable mientras aumenta el riesgo competitivo .La cuestión ya no es sólo si Nvidia está inflando una burbuja. Es si está utilizando los beneficios de su extraordinario dominio para financiar, comprar y organizar el mercado que necesita para seguir creciendo. Primero ayudó a sus clientes a comprar sus procesadores. Ahora ha comprado el lugar donde millones de desarrolladores deciden qué hacer con ellos. Cuando el vendedor financia la demanda conviene mirar sus cuentas. Cuando empieza también a poseer el mercado, conviene prever otros efectos. Hace apenas unos días escribía aquí que existe una señal inquietante cuando el vendedor empieza también a ejercer de banquero de sus clientes . Nvidia ha dado ahora un paso adicional. Ya no se limita a financiar parte de la demanda de sus procesadores: acaba de acordar la compra , por unos 13.000 millones de dólares, de Hugging Face, una de las principales infraestructuras sobre las que se desarrolla la inteligencia artificial abierta.La diferencia importa. Hugging Face no es simplemente otra empresa de IA. Es algo parecido a lo que GitHub representa para el software: una plataforma donde millones de desarrolladores almacenan, prueban, modifican y distribuyen modelos. Tiene 18 millones de usuarios y alberga millones de modelos de código abierto. Quien controla esa plaza no determina necesariamente qué compran sus usuarios, pero ocupa una posición privilegiada para influir sobre cómo trabajan.Hasta ahora Nvidia dominaba el cuello de botella físico de la IA . Sus GPU (unidades de procesamiento gráfico) y el ecosistema CUDA (que permite dedicar tarjetas gráficas al cálculo) convirtieron a la compañía de Jensen Huang en el proveedor imprescindible de los minadores de bitcoin primero y de una industria que necesita una enorme capacidad de cálculo después. Con Hugging Face asciende por la cadena: se aproxima al lugar donde se decide qué modelos se utilizan y cómo terminan desplegándose .Nvidia promete mantener abierta la plataforma. No hay razón para dudar de ello. Además, cerrarla sería probablemente contraproducente. La cuestión interesante es otra: una plataforma puede ser abierta sin ser neutral . Su propietario decide dónde invierte, qué herramientas desarrolla, qué integraciones facilita y qué arquitectura resulta más sencilla para sus usuarios. Nvidia no necesita impedir que un modelo funcione sobre chips rivales. Le basta con conseguir que hacerlo sobre los suyos sea más fácil.Aquí reaparece el problema de la financiación circular. Nvidia ya aporta dinero, garantías o compromisos comerciales a empresas que después compran sus procesadores. Como señalaba el BIS, estas relaciones dificultan distinguir entre demanda autónoma y demanda inducida. Hugging Face amplía esa lógica: Nvidia puede utilizar las enormes rentas obtenidas vendiendo infraestructura de IA para fortalecer el ecosistema que genera la futura demanda de esa misma infraestructura.The Economist replica que esto es precisamente lo que debería hacer el capitalismo. Nvidia tiene un balance formidable, genera alrededor de 200.000 millones de dólares anuales y, si Huang se equivoca, perderán principalmente sus accionistas. Es una objeción poderosa. Pero confunde dos problemas distintos. El riesgo financiero puede ser perfectamente soportable mientras aumenta el riesgo competitivo .La cuestión ya no es sólo si Nvidia está inflando una burbuja. Es si está utilizando los beneficios de su extraordinario dominio para financiar, comprar y organizar el mercado que necesita para seguir creciendo. Primero ayudó a sus clientes a comprar sus procesadores. Ahora ha comprado el lugar donde millones de desarrolladores deciden qué hacer con ellos. Cuando el vendedor financia la demanda conviene mirar sus cuentas. Cuando empieza también a poseer el mercado, conviene prever otros efectos. Hace apenas unos días escribía aquí que existe una señal inquietante cuando el vendedor empieza también a ejercer de banquero de sus clientes . Nvidia ha dado ahora un paso adicional. Ya no se limita a financiar parte de la demanda de sus procesadores: acaba de acordar la compra , por unos 13.000 millones de dólares, de Hugging Face, una de las principales infraestructuras sobre las que se desarrolla la inteligencia artificial abierta.La diferencia importa. Hugging Face no es simplemente otra empresa de IA. Es algo parecido a lo que GitHub representa para el software: una plataforma donde millones de desarrolladores almacenan, prueban, modifican y distribuyen modelos. Tiene 18 millones de usuarios y alberga millones de modelos de código abierto. Quien controla esa plaza no determina necesariamente qué compran sus usuarios, pero ocupa una posición privilegiada para influir sobre cómo trabajan.Hasta ahora Nvidia dominaba el cuello de botella físico de la IA . Sus GPU (unidades de procesamiento gráfico) y el ecosistema CUDA (que permite dedicar tarjetas gráficas al cálculo) convirtieron a la compañía de Jensen Huang en el proveedor imprescindible de los minadores de bitcoin primero y de una industria que necesita una enorme capacidad de cálculo después. Con Hugging Face asciende por la cadena: se aproxima al lugar donde se decide qué modelos se utilizan y cómo terminan desplegándose .Nvidia promete mantener abierta la plataforma. No hay razón para dudar de ello. Además, cerrarla sería probablemente contraproducente. La cuestión interesante es otra: una plataforma puede ser abierta sin ser neutral . Su propietario decide dónde invierte, qué herramientas desarrolla, qué integraciones facilita y qué arquitectura resulta más sencilla para sus usuarios. Nvidia no necesita impedir que un modelo funcione sobre chips rivales. Le basta con conseguir que hacerlo sobre los suyos sea más fácil.Aquí reaparece el problema de la financiación circular. Nvidia ya aporta dinero, garantías o compromisos comerciales a empresas que después compran sus procesadores. Como señalaba el BIS, estas relaciones dificultan distinguir entre demanda autónoma y demanda inducida. Hugging Face amplía esa lógica: Nvidia puede utilizar las enormes rentas obtenidas vendiendo infraestructura de IA para fortalecer el ecosistema que genera la futura demanda de esa misma infraestructura.The Economist replica que esto es precisamente lo que debería hacer el capitalismo. Nvidia tiene un balance formidable, genera alrededor de 200.000 millones de dólares anuales y, si Huang se equivoca, perderán principalmente sus accionistas. Es una objeción poderosa. Pero confunde dos problemas distintos. El riesgo financiero puede ser perfectamente soportable mientras aumenta el riesgo competitivo .La cuestión ya no es sólo si Nvidia está inflando una burbuja. Es si está utilizando los beneficios de su extraordinario dominio para financiar, comprar y organizar el mercado que necesita para seguir creciendo. Primero ayudó a sus clientes a comprar sus procesadores. Ahora ha comprado el lugar donde millones de desarrolladores deciden qué hacer con ellos. Cuando el vendedor financia la demanda conviene mirar sus cuentas. Cuando empieza también a poseer el mercado, conviene prever otros efectos. RSS de noticias de economia
Noticias Similares
