Desde lo alto de la torre de observación de Fangchuan, en el extremo oriental de China, basta con girar ligeramente la cabeza para vislumbrar a un lado Khasan, una pequeña localidad del Lejano Oriente ruso. Al otro se pueden ver las montañas norcoreanas que conducen hacia la ciudad de Rason. Por el centro serpentea el río Tumen, convertido durante sus últimos kilómetros en una frontera líquida antes de morir en el Mar de Japón.
El río Tumen separa a las tres potencias nucleares y desemboca en un mar que China puede ver pero no tocar, mientras la alianza entre Moscú y Pyongyang altera el equilibrio de poder de Pekín
Desde lo alto de la torre de observación de Fangchuan, en el extremo oriental de China, basta con girar ligeramente la cabeza para vislumbrar a un lado Khasan, una pequeña localidad del Lejano Oriente ruso. Al otro se pueden ver las montañas norcoreanas que conducen hacia la ciudad de Rason. Por el centro serpentea el río Tumen, convertido durante sus últimos kilómetros en una frontera líquida antes de morir en el Mar de Japón.
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