
Las alarmas suenan con intensidad en Junts desde que el barómetro del CEO de noviembre vaticinó un empate con Aliança Catalana en la tercera posición en unas eventuales elecciones autonómicas. Aunque el partido de Sílvia Orriols quedaba por debajo en intención de voto, ambas fuerzas obtenían 19-20 escaños y Aliança aparecía como el partido más votado en Lleida y Girona. Desde entonces, Junts vive con angustia la sensación de una encrucijada en la que, si las cosas le van mal, puede llegar a convertirse en una fuerza secundaria, residual incluso.
Una parte del partido se decanta por intentar retener a los votantes indecisos adoptando el discurso de Aliança Catalana, mientras otra llama a reunificar las diferentes sensibilidades de la antigua Convergència 
Las alarmas suenan con intensidad en Junts desde que el barómetro del CEO de noviembre vaticinó un empate con Aliança Catalana en la tercera posición en unas eventuales elecciones autonómicas. Aunque el partido de Sílvia Orriols quedaba por debajo en intención de voto, ambas fuerzas obtenían 19-20 escaños y Aliança aparecía como el partido más votado en Lleida y Girona. Desde entonces, Junts vive con angustia la sensación de una encrucijada en la que, si las cosas le van mal, puede llegar a convertirse en una fuerza secundaria, residual incluso.
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