La economía española atraviesa uno de esos momentos singulares en los que el relato político y la realidad económica parecen circular por carriles paralelos . Mientras el Gobierno insiste en que España «lidera el crecimiento europeo», el primer informe del Consejo de la Productividad de España (CPE) introduce una nota de prudencia –por no decir de escepticismo– que conviene leer con atención. El documento, elaborado por este organismo independiente creado por este Gobierno para analizar la competitividad de la economía y presidido por Juan F. Jimeno, arranca con una afirmación difícil de ignorar: el desempeño de la productividad en las últimas décadas ha sido «insatisfactorio» . No es un juicio menor. La productividad es, en última instancia, lo que determina si un país se hace más rico o simplemente trabaja más horas para producir lo mismo.El problema es que el crecimiento español de los últimos años se parece demasiado a episodios del pasado. Mucho empleo, pero poca eficiencia . El informe recuerda que desde mediados de los noventa la mayor parte del aumento del PIB per cápita ha procedido del incremento del empleo, no de producir más por trabajador. Dicho de otro modo: la economía española crece sobre todo porque hay más gente trabajando, no porque cada trabajador produzca mucho más.Este modelo tiene una ventaja política evidente. Permite anunciar cifras récord de afiliación y celebrar tasas de crecimiento superiores a la media europea. Pero también tiene un límite estructural: el envejecimiento de la población. Cuando el número de trabajadores deje de crecer –algo que ocurrirá antes de lo que pensamos– la única forma de sostener el crecimiento será aumentar la productividad. Y ahí es donde España lleva décadas estancada.Los datos del informe son elocuentes. Entre finales del siglo pasado y hoy, la productividad por hora trabajada en España ha crecido claramente por debajo de la media europea. Y eso tiene consecuencias muy concretas: salarios reales casi estancados durante un cuarto de siglo . La productividad acumulada ha aumentado, pero las remuneraciones apenas han seguido el mismo ritmo. Tampoco la inversión ofrece un panorama tranquilizador. El informe señala que el reciente impulso inversor ha venido sobre todo del sector público, impulsado por los fondos europeos. La inversión privada, en cambio, ha reaccionado con una tibieza que contrasta con el optimismo oficial. Incluso se sugiere –con la elegancia habitual del lenguaje técnico– que el diseño y la gestión del programa europeo pueden haber lastrado su impacto .A todo esto se suma un viejo problema estructural que España arrastra desde hace décadas: un tejido empresarial dominado por pequeñas empresas que crecen poco, innovan menos y encuentran dificultades para escalar. Nada de esto significa que la economía española esté funcionando mal. De hecho, el propio informe reconoce un repunte reciente de la productividad y un comportamiento notable del empleo. Pero la lectura honesta del documento obliga a matizar el triunfalismo oficial . España no está ante un milagro económico, sino ante una recuperación cíclica con debilidades estructurales muy conocidas.La buena noticia es que el diagnóstico es claro. La mala es que también lo era hace veinte años. Y, como suele ocurrir en economía, los problemas que se repiten demasiado tiempo acaban pareciéndose menos a un misterio y más a una elección colectiva. ● La economía española atraviesa uno de esos momentos singulares en los que el relato político y la realidad económica parecen circular por carriles paralelos . Mientras el Gobierno insiste en que España «lidera el crecimiento europeo», el primer informe del Consejo de la Productividad de España (CPE) introduce una nota de prudencia –por no decir de escepticismo– que conviene leer con atención. El documento, elaborado por este organismo independiente creado por este Gobierno para analizar la competitividad de la economía y presidido por Juan F. Jimeno, arranca con una afirmación difícil de ignorar: el desempeño de la productividad en las últimas décadas ha sido «insatisfactorio» . No es un juicio menor. La productividad es, en última instancia, lo que determina si un país se hace más rico o simplemente trabaja más horas para producir lo mismo.El problema es que el crecimiento español de los últimos años se parece demasiado a episodios del pasado. Mucho empleo, pero poca eficiencia . El informe recuerda que desde mediados de los noventa la mayor parte del aumento del PIB per cápita ha procedido del incremento del empleo, no de producir más por trabajador. Dicho de otro modo: la economía española crece sobre todo porque hay más gente trabajando, no porque cada trabajador produzca mucho más.Este modelo tiene una ventaja política evidente. Permite anunciar cifras récord de afiliación y celebrar tasas de crecimiento superiores a la media europea. Pero también tiene un límite estructural: el envejecimiento de la población. Cuando el número de trabajadores deje de crecer –algo que ocurrirá antes de lo que pensamos– la única forma de sostener el crecimiento será aumentar la productividad. Y ahí es donde España lleva décadas estancada.Los datos del informe son elocuentes. Entre finales del siglo pasado y hoy, la productividad por hora trabajada en España ha crecido claramente por debajo de la media europea. Y eso tiene consecuencias muy concretas: salarios reales casi estancados durante un cuarto de siglo . La productividad acumulada ha aumentado, pero las remuneraciones apenas han seguido el mismo ritmo. Tampoco la inversión ofrece un panorama tranquilizador. El informe señala que el reciente impulso inversor ha venido sobre todo del sector público, impulsado por los fondos europeos. La inversión privada, en cambio, ha reaccionado con una tibieza que contrasta con el optimismo oficial. Incluso se sugiere –con la elegancia habitual del lenguaje técnico– que el diseño y la gestión del programa europeo pueden haber lastrado su impacto .A todo esto se suma un viejo problema estructural que España arrastra desde hace décadas: un tejido empresarial dominado por pequeñas empresas que crecen poco, innovan menos y encuentran dificultades para escalar. Nada de esto significa que la economía española esté funcionando mal. De hecho, el propio informe reconoce un repunte reciente de la productividad y un comportamiento notable del empleo. Pero la lectura honesta del documento obliga a matizar el triunfalismo oficial . España no está ante un milagro económico, sino ante una recuperación cíclica con debilidades estructurales muy conocidas.La buena noticia es que el diagnóstico es claro. La mala es que también lo era hace veinte años. Y, como suele ocurrir en economía, los problemas que se repiten demasiado tiempo acaban pareciéndose menos a un misterio y más a una elección colectiva. ● La economía española atraviesa uno de esos momentos singulares en los que el relato político y la realidad económica parecen circular por carriles paralelos . Mientras el Gobierno insiste en que España «lidera el crecimiento europeo», el primer informe del Consejo de la Productividad de España (CPE) introduce una nota de prudencia –por no decir de escepticismo– que conviene leer con atención. El documento, elaborado por este organismo independiente creado por este Gobierno para analizar la competitividad de la economía y presidido por Juan F. Jimeno, arranca con una afirmación difícil de ignorar: el desempeño de la productividad en las últimas décadas ha sido «insatisfactorio» . No es un juicio menor. La productividad es, en última instancia, lo que determina si un país se hace más rico o simplemente trabaja más horas para producir lo mismo.El problema es que el crecimiento español de los últimos años se parece demasiado a episodios del pasado. Mucho empleo, pero poca eficiencia . El informe recuerda que desde mediados de los noventa la mayor parte del aumento del PIB per cápita ha procedido del incremento del empleo, no de producir más por trabajador. Dicho de otro modo: la economía española crece sobre todo porque hay más gente trabajando, no porque cada trabajador produzca mucho más.Este modelo tiene una ventaja política evidente. Permite anunciar cifras récord de afiliación y celebrar tasas de crecimiento superiores a la media europea. Pero también tiene un límite estructural: el envejecimiento de la población. Cuando el número de trabajadores deje de crecer –algo que ocurrirá antes de lo que pensamos– la única forma de sostener el crecimiento será aumentar la productividad. Y ahí es donde España lleva décadas estancada.Los datos del informe son elocuentes. Entre finales del siglo pasado y hoy, la productividad por hora trabajada en España ha crecido claramente por debajo de la media europea. Y eso tiene consecuencias muy concretas: salarios reales casi estancados durante un cuarto de siglo . La productividad acumulada ha aumentado, pero las remuneraciones apenas han seguido el mismo ritmo. Tampoco la inversión ofrece un panorama tranquilizador. El informe señala que el reciente impulso inversor ha venido sobre todo del sector público, impulsado por los fondos europeos. La inversión privada, en cambio, ha reaccionado con una tibieza que contrasta con el optimismo oficial. Incluso se sugiere –con la elegancia habitual del lenguaje técnico– que el diseño y la gestión del programa europeo pueden haber lastrado su impacto .A todo esto se suma un viejo problema estructural que España arrastra desde hace décadas: un tejido empresarial dominado por pequeñas empresas que crecen poco, innovan menos y encuentran dificultades para escalar. Nada de esto significa que la economía española esté funcionando mal. De hecho, el propio informe reconoce un repunte reciente de la productividad y un comportamiento notable del empleo. Pero la lectura honesta del documento obliga a matizar el triunfalismo oficial . España no está ante un milagro económico, sino ante una recuperación cíclica con debilidades estructurales muy conocidas.La buena noticia es que el diagnóstico es claro. La mala es que también lo era hace veinte años. Y, como suele ocurrir en economía, los problemas que se repiten demasiado tiempo acaban pareciéndose menos a un misterio y más a una elección colectiva. ● RSS de noticias de economia
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