Los disturbios y saqueos de Milán del fin de semana del 17 y 18 de octubre descolocaron a la sociedad italiana, por surgir de la nada, con grupos espontáneos, sin ideología, movilizados por redes sociales y llenos de menores. Pero la respuesta política y judicial también está siendo sorprendente, tras el controvertido decreto de seguridad con medidas represivas, el octavo, de la líder ultraderechista Giorgia Meloni. El caso más emblemático es el arresto este sábado de Youssef Siher, un periodista y analista de 30 años, nacido en Italia de padres marroquíes. Para la fiscalía es la “mente” del movimiento que lideraba las protestas, le acusa de instigación al delito con fines terroristas —con penas de 7 a 15 años de cárcel— y de “incitar a la revolución”. Sin embargo, a falta de conocer posibles nuevas pruebas, hay una paradoja temporal: en realidad montó en redes su movimiento solo después de los incidentes, para intentar aprovecharse de esa movilización y apropiarse de su liderazgo, sin relación probada con alguno de los alborotadores, y luego fue arrestado el sábado siguiente antes de que volviera a pasar nada. También fue detenida su esposa, de 32 años, con las mismas acusaciones, aunque luego fue puesta en libertad.
El nuevo decreto de seguridad de Meloni permite acusar de liderar las movilizaciones con fines terroristas a un periodista que creó un movimiento tras los altercados y que fue arrestado antes de que volviera a pasar nada
Los disturbios y saqueos de Milán del fin de semana del 17 y 18 de octubre descolocaron a la sociedad italiana, por surgir de la nada, con grupos espontáneos, sin ideología, movilizados por redes sociales y llenos de menores. Pero la respuesta política y judicial también está siendo sorprendente, tras el controvertido decreto de seguridad con medidas represivas, el octavo, de la líder ultraderechista Giorgia Meloni. El caso más emblemático es el arresto este sábado de Youssef Siher, un periodista y analista de 30 años, nacido en Italia de padres marroquíes. Para la fiscalía es la “mente” del movimiento que lideraba las protestas, le acusa de instigación al delito con fines terroristas —con penas de 7 a 15 años de cárcel— y de “incitar a la revolución”. Sin embargo, a falta de conocer posibles nuevas pruebas, hay una paradoja temporal: en realidad montó en redes su movimiento solo después de los incidentes, para intentar aprovecharse de esa movilización y apropiarse de su liderazgo, sin relación probada con alguno de los alborotadores, y luego fue arrestado el sábado siguiente antes de que volviera a pasar nada. También fue detenida su esposa, de 32 años, con las mismas acusaciones, aunque luego fue puesta en libertad.
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