Hemos vivido y crecido los últimos 33 años en parte al ritmo de los trenes de alta velocidad. Especialmente cordobeses y sevillanos: fue la línea Madrid-Sevilla la primera y única durante varios años. Ha sido un orgullo de tecnología y nos hizo la vida más fácil. En mi caso, sin ella, no podría haber ido 14 años seguidos a Madrid, ida y vuelta en el día, con mi padre a curarse una enfermedad; no habría tenido las facilidades para sacar el doctorado en la Universidad Rey Juan Carlos, ni para ejercer de docente allí, compatibilizando con otro trabajo en Córdoba; ni para trabajar ahora en Sevilla. Habrá miles de casos así. Esa es una de las causas por las que ha impactado tanto el accidente de Adamuz.No nos ha despertado de un sueño perfecto porque en los últimos dos años se acumulaban señales en forma de trenes estropeados, retrasos tremendos o cancelaciones por averías en ellos o en las vías. Pero la tragedia de Adamuz ha sido un mazazo que nos ha recordado nuestra esencial debilidad, como resume Jesús Montiel en la frase «La vida es un copo de nieve sobrevolando un incendio». La fatalidad de coincidir el descarrilamiento del Iryo con el cruce con el Alvia no puede ocultar el peligro latente por la negligencia en el mantenimiento de las infraestructuras. Por eso el rigor y la transparencia en la investigación del accidente son precisos, tanto como prioritarios el amor, atención, cuidado y solidaridad con las víctimas. Pueblo y administraciones han dado ejemplo esta vez. Todos tenemos el corazón partido de dolor pensando en las 45 vidas segadas súbitamente. El dolor es un territorio sagrado y, por ello, a sus familias y amigos, no se me ocurre decirles nada mejor que este conocido poema.«Una noche tuve un sueño. Soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida. Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor. Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena. Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Pregunté entonces al Señor : «Señor, Tú me dijiste, cuando decidí seguirte, que andarías conmigo el camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba». Entonces, Él, clavando en mí su mirada infinita me contestó: «Querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos». Hemos vivido y crecido los últimos 33 años en parte al ritmo de los trenes de alta velocidad. Especialmente cordobeses y sevillanos: fue la línea Madrid-Sevilla la primera y única durante varios años. Ha sido un orgullo de tecnología y nos hizo la vida más fácil. En mi caso, sin ella, no podría haber ido 14 años seguidos a Madrid, ida y vuelta en el día, con mi padre a curarse una enfermedad; no habría tenido las facilidades para sacar el doctorado en la Universidad Rey Juan Carlos, ni para ejercer de docente allí, compatibilizando con otro trabajo en Córdoba; ni para trabajar ahora en Sevilla. Habrá miles de casos así. Esa es una de las causas por las que ha impactado tanto el accidente de Adamuz.No nos ha despertado de un sueño perfecto porque en los últimos dos años se acumulaban señales en forma de trenes estropeados, retrasos tremendos o cancelaciones por averías en ellos o en las vías. Pero la tragedia de Adamuz ha sido un mazazo que nos ha recordado nuestra esencial debilidad, como resume Jesús Montiel en la frase «La vida es un copo de nieve sobrevolando un incendio». La fatalidad de coincidir el descarrilamiento del Iryo con el cruce con el Alvia no puede ocultar el peligro latente por la negligencia en el mantenimiento de las infraestructuras. Por eso el rigor y la transparencia en la investigación del accidente son precisos, tanto como prioritarios el amor, atención, cuidado y solidaridad con las víctimas. Pueblo y administraciones han dado ejemplo esta vez. Todos tenemos el corazón partido de dolor pensando en las 45 vidas segadas súbitamente. El dolor es un territorio sagrado y, por ello, a sus familias y amigos, no se me ocurre decirles nada mejor que este conocido poema.«Una noche tuve un sueño. Soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida. Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor. Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena. Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Pregunté entonces al Señor : «Señor, Tú me dijiste, cuando decidí seguirte, que andarías conmigo el camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba». Entonces, Él, clavando en mí su mirada infinita me contestó: «Querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos». Hemos vivido y crecido los últimos 33 años en parte al ritmo de los trenes de alta velocidad. Especialmente cordobeses y sevillanos: fue la línea Madrid-Sevilla la primera y única durante varios años. Ha sido un orgullo de tecnología y nos hizo la vida más fácil. En mi caso, sin ella, no podría haber ido 14 años seguidos a Madrid, ida y vuelta en el día, con mi padre a curarse una enfermedad; no habría tenido las facilidades para sacar el doctorado en la Universidad Rey Juan Carlos, ni para ejercer de docente allí, compatibilizando con otro trabajo en Córdoba; ni para trabajar ahora en Sevilla. Habrá miles de casos así. Esa es una de las causas por las que ha impactado tanto el accidente de Adamuz.No nos ha despertado de un sueño perfecto porque en los últimos dos años se acumulaban señales en forma de trenes estropeados, retrasos tremendos o cancelaciones por averías en ellos o en las vías. Pero la tragedia de Adamuz ha sido un mazazo que nos ha recordado nuestra esencial debilidad, como resume Jesús Montiel en la frase «La vida es un copo de nieve sobrevolando un incendio». La fatalidad de coincidir el descarrilamiento del Iryo con el cruce con el Alvia no puede ocultar el peligro latente por la negligencia en el mantenimiento de las infraestructuras. Por eso el rigor y la transparencia en la investigación del accidente son precisos, tanto como prioritarios el amor, atención, cuidado y solidaridad con las víctimas. Pueblo y administraciones han dado ejemplo esta vez. Todos tenemos el corazón partido de dolor pensando en las 45 vidas segadas súbitamente. El dolor es un territorio sagrado y, por ello, a sus familias y amigos, no se me ocurre decirles nada mejor que este conocido poema.«Una noche tuve un sueño. Soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida. Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor. Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena. Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Pregunté entonces al Señor : «Señor, Tú me dijiste, cuando decidí seguirte, que andarías conmigo el camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba». Entonces, Él, clavando en mí su mirada infinita me contestó: «Querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos». RSS de noticias de espana/andalucia
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