Pacto de silencio. El alivio que sintieron en Moncloa y Ferraz por salir indemnes de la declaración ante el Tribunal Supremo de José Luis Ábalos ha tenido su efecto horas después. Y lo ha hecho en forma de respuesta excesivamente prudente. El Gobierno, acostumbrado a sobrerreaccionar ante cualquier causa judicial que le afecte, se ha quedado mudo. De reivindicar el derecho a la crítica -en su ejercicio de la libertad de expresión- en procesamientos como el de Begoña Gómez a evitar ahora cualquier posicionamiento, apelando a que el juicio oral encara una fase decisiva, en vísperas de quedar visto para sentencia. Sin embargo, este mismo momento procesal no fue óbice para que en el caso del fiscal general del Estado el propio Pedro Sánchez proclamara su inocencia en una entrevista.De todos los frentes abiertos en los tribunales, este es el que está más íntimamente ligado a la gestión del Gobierno y, además, escapa de la lógica victimista del ‘lawfare’ que Moncloa ha querido instalar. No hay persecución judicial ni intentos externos de desestabilización más allá de la falta de controles internos y la nula asunción de responsabilidades políticas. En el Ejecutivo son plenamente conscientes de ello y, además de no querer importunar a Ábalos después de su contención ante el Supremo , tampoco hay ningún interés en dar vuelo a una polémica que no está ni mucho menos «amortizada», por más que los satélites socialistas se empeñen en trasladar ese mensaje. «En un momento como el actual, de celebración del juicio oral, toca respetar las decisiones judiciales», se limitó a señalar el ministro de Justicia, para evitar pronunciarse sobre la testifical del exministro de Transportes. «Es el momento de la Justicia» , sentenció, escudándose en el comodín de la separación de poderes que no suele operar en otras causas. Fuentes gubernamentales consultadas por este diario también evitan entrar en valoraciones sobre lo dicho o lo acontecido en el juicio, en lo que respecta a Ábalos, porque sobre Aldama sí se critica una eventual concertación con el principal partido de la oposición en su estrategia de defensa. «Desde aquí, les doy las gracias al PP y a Aldama por dejar tan claro que están colaborando los unos con los otros y los otros con los unos», dijo Bolaños en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. Noticia relacionada opinion No No A la zurda La debilidad de Pedro Sánchez ‘destapa’ al sucesor de Cerdán Ainhoa MartínezLas citadas fuentes insisten en que en el desarrollo del juicio ha quedado acreditado que lo que ocurrió en Transportes «no es una trama de corrupción institucionalizada. Ni del Gobierno ni del partido». Y poco más quieren añadir. Sí se hace memoria para recordar cómo y cuándo se actuó internamente contra Ábalos. El exministro fue instado a abandonar el partido y el escaño después de que la Guardia Civil detuviera a su asesor Koldo García. Ante sus resistencias, se le abrió un expediente interno -que tardó 16 meses en resolverse- y acabó engrosando la bancada del Grupo Mixto. En Moncloa hilvanan este relato como un ejemplo de «agilidad y contundencia» y dan por saldadas las responsabilidades políticas que debían asumirse por haberle permitido escalar hasta las más altas instancias del poder socialista. «Cuando fue el tiempo de la política, ya se tomaron decisiones cuando se tuvo conocimiento de algunos comportamientos irregulares», argumentan, para volver a insistir en que ahora es «el tiempo de la justicia». Una prudencia muy elocuente y conveniente. Pacto de silencio. El alivio que sintieron en Moncloa y Ferraz por salir indemnes de la declaración ante el Tribunal Supremo de José Luis Ábalos ha tenido su efecto horas después. Y lo ha hecho en forma de respuesta excesivamente prudente. El Gobierno, acostumbrado a sobrerreaccionar ante cualquier causa judicial que le afecte, se ha quedado mudo. De reivindicar el derecho a la crítica -en su ejercicio de la libertad de expresión- en procesamientos como el de Begoña Gómez a evitar ahora cualquier posicionamiento, apelando a que el juicio oral encara una fase decisiva, en vísperas de quedar visto para sentencia. Sin embargo, este mismo momento procesal no fue óbice para que en el caso del fiscal general del Estado el propio Pedro Sánchez proclamara su inocencia en una entrevista.De todos los frentes abiertos en los tribunales, este es el que está más íntimamente ligado a la gestión del Gobierno y, además, escapa de la lógica victimista del ‘lawfare’ que Moncloa ha querido instalar. No hay persecución judicial ni intentos externos de desestabilización más allá de la falta de controles internos y la nula asunción de responsabilidades políticas. En el Ejecutivo son plenamente conscientes de ello y, además de no querer importunar a Ábalos después de su contención ante el Supremo , tampoco hay ningún interés en dar vuelo a una polémica que no está ni mucho menos «amortizada», por más que los satélites socialistas se empeñen en trasladar ese mensaje. «En un momento como el actual, de celebración del juicio oral, toca respetar las decisiones judiciales», se limitó a señalar el ministro de Justicia, para evitar pronunciarse sobre la testifical del exministro de Transportes. «Es el momento de la Justicia» , sentenció, escudándose en el comodín de la separación de poderes que no suele operar en otras causas. Fuentes gubernamentales consultadas por este diario también evitan entrar en valoraciones sobre lo dicho o lo acontecido en el juicio, en lo que respecta a Ábalos, porque sobre Aldama sí se critica una eventual concertación con el principal partido de la oposición en su estrategia de defensa. «Desde aquí, les doy las gracias al PP y a Aldama por dejar tan claro que están colaborando los unos con los otros y los otros con los unos», dijo Bolaños en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. Noticia relacionada opinion No No A la zurda La debilidad de Pedro Sánchez ‘destapa’ al sucesor de Cerdán Ainhoa MartínezLas citadas fuentes insisten en que en el desarrollo del juicio ha quedado acreditado que lo que ocurrió en Transportes «no es una trama de corrupción institucionalizada. Ni del Gobierno ni del partido». Y poco más quieren añadir. Sí se hace memoria para recordar cómo y cuándo se actuó internamente contra Ábalos. El exministro fue instado a abandonar el partido y el escaño después de que la Guardia Civil detuviera a su asesor Koldo García. Ante sus resistencias, se le abrió un expediente interno -que tardó 16 meses en resolverse- y acabó engrosando la bancada del Grupo Mixto. En Moncloa hilvanan este relato como un ejemplo de «agilidad y contundencia» y dan por saldadas las responsabilidades políticas que debían asumirse por haberle permitido escalar hasta las más altas instancias del poder socialista. «Cuando fue el tiempo de la política, ya se tomaron decisiones cuando se tuvo conocimiento de algunos comportamientos irregulares», argumentan, para volver a insistir en que ahora es «el tiempo de la justicia». Una prudencia muy elocuente y conveniente. Pacto de silencio. El alivio que sintieron en Moncloa y Ferraz por salir indemnes de la declaración ante el Tribunal Supremo de José Luis Ábalos ha tenido su efecto horas después. Y lo ha hecho en forma de respuesta excesivamente prudente. El Gobierno, acostumbrado a sobrerreaccionar ante cualquier causa judicial que le afecte, se ha quedado mudo. De reivindicar el derecho a la crítica -en su ejercicio de la libertad de expresión- en procesamientos como el de Begoña Gómez a evitar ahora cualquier posicionamiento, apelando a que el juicio oral encara una fase decisiva, en vísperas de quedar visto para sentencia. Sin embargo, este mismo momento procesal no fue óbice para que en el caso del fiscal general del Estado el propio Pedro Sánchez proclamara su inocencia en una entrevista.De todos los frentes abiertos en los tribunales, este es el que está más íntimamente ligado a la gestión del Gobierno y, además, escapa de la lógica victimista del ‘lawfare’ que Moncloa ha querido instalar. No hay persecución judicial ni intentos externos de desestabilización más allá de la falta de controles internos y la nula asunción de responsabilidades políticas. En el Ejecutivo son plenamente conscientes de ello y, además de no querer importunar a Ábalos después de su contención ante el Supremo , tampoco hay ningún interés en dar vuelo a una polémica que no está ni mucho menos «amortizada», por más que los satélites socialistas se empeñen en trasladar ese mensaje. «En un momento como el actual, de celebración del juicio oral, toca respetar las decisiones judiciales», se limitó a señalar el ministro de Justicia, para evitar pronunciarse sobre la testifical del exministro de Transportes. «Es el momento de la Justicia» , sentenció, escudándose en el comodín de la separación de poderes que no suele operar en otras causas. Fuentes gubernamentales consultadas por este diario también evitan entrar en valoraciones sobre lo dicho o lo acontecido en el juicio, en lo que respecta a Ábalos, porque sobre Aldama sí se critica una eventual concertación con el principal partido de la oposición en su estrategia de defensa. «Desde aquí, les doy las gracias al PP y a Aldama por dejar tan claro que están colaborando los unos con los otros y los otros con los unos», dijo Bolaños en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. Noticia relacionada opinion No No A la zurda La debilidad de Pedro Sánchez ‘destapa’ al sucesor de Cerdán Ainhoa MartínezLas citadas fuentes insisten en que en el desarrollo del juicio ha quedado acreditado que lo que ocurrió en Transportes «no es una trama de corrupción institucionalizada. Ni del Gobierno ni del partido». Y poco más quieren añadir. Sí se hace memoria para recordar cómo y cuándo se actuó internamente contra Ábalos. El exministro fue instado a abandonar el partido y el escaño después de que la Guardia Civil detuviera a su asesor Koldo García. Ante sus resistencias, se le abrió un expediente interno -que tardó 16 meses en resolverse- y acabó engrosando la bancada del Grupo Mixto. En Moncloa hilvanan este relato como un ejemplo de «agilidad y contundencia» y dan por saldadas las responsabilidades políticas que debían asumirse por haberle permitido escalar hasta las más altas instancias del poder socialista. «Cuando fue el tiempo de la política, ya se tomaron decisiones cuando se tuvo conocimiento de algunos comportamientos irregulares», argumentan, para volver a insistir en que ahora es «el tiempo de la justicia». Una prudencia muy elocuente y conveniente. RSS de noticias de espana
Noticias Similares
