Jose Mourinho estaba relajado en la sala de prensa del Camp Nou. Había bajado revoluciones después de lanzarse de rodillas al césped cuando Mbappé marcó el segundo gol del Madrid en el clásico, había caminado con paso firme hacia Lunin para darle el primer abrazo postpartido y ya no tenía más adrenalina en el cuerpo. El Madrid, su Madrid, había resucitado cuando pocos lo esperaban, arañándole al Barça tres puntos vitales para hacer más larga la pelea por el campeonato. Una resurrección que se empezó a gestar después de la derrota contra el Atlético en el Metropolitano.
La derrota en el Metropolitano provocó varias modificaciones del portugués, que suma cinco victorias seguidas. «He aprendido que en el medio combinar talentos nos da más que dos jugadores parecidos»
Jose Mourinho estaba relajado en la sala de prensa del Camp Nou. Había bajado revoluciones después de lanzarse de rodillas al césped cuando Mbappé marcó el segundo gol del Madrid en el clásico, había caminado con paso firme hacia Lunin para darle el primer abrazo postpartido y ya no tenía más adrenalina en el cuerpo. El Madrid, su Madrid, había resucitado cuando pocos lo esperaban, arañándole al Barça tres puntos vitales para hacer más larga la pelea por el campeonato. Una resurrección que se empezó a gestar después de la derrota contra el Atlético en el Metropolitano.
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