Lo primero que escucharon los equipos de rescate al adentrarse en el interior del Aeon Mall de Kumamoto no fueron gritos pidiendo ayuda, sino el zumbido metálico de las vigas retorcidas y el crujido constante de un edificio que seguía moviéndose con cada réplica. Bajo los cascos y las mascarillas, bomberos y soldados avanzaban despacio entre montañas de hormigón, escaparates destrozados y techos desplomados, obligados a detenerse una y otra vez por el riesgo de nuevos derrumbes.
El seísmo que sacudió Kumamoto deja ya 34 fallecidos. El calor extremo y las continuas réplicas dificultan el rescate de posibles supervivientes atrapados
Lo primero que escucharon los equipos de rescate al adentrarse en el interior del Aeon Mall de Kumamoto no fueron gritos pidiendo ayuda, sino el zumbido metálico de las vigas retorcidas y el crujido constante de un edificio que seguía moviéndose con cada réplica. Bajo los cascos y las mascarillas, bomberos y soldados avanzaban despacio entre montañas de hormigón, escaparates destrozados y techos desplomados, obligados a detenerse una y otra vez por el riesgo de nuevos derrumbes.
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