Poco a poco, la presencia del CREA, el grupo de investigación liderado por el excatedrático Ramón Flecha y que está bajo el escrutinio de unas pesquisas de la Fiscalía de Barcelona por prácticas de coerción sexual, va desapareciendo del ámbito institucional. Si la Universitat de Barcelona ya lo desahució de su paraguas, este jueves ha sido el Institut d’Estudis Catalans (IEC) el que ha confirmado el camino que inició en diciembre pasado con una suspensión temporal: ha destituido a la junta directiva que entre 2017 y 2025 y, bajo la influencia del CREA (siglas de Community of Research on Excellence for All), gobernó la Asociación Catalana de Sociología, una de sus filiales, además de retirar el Premio Catalunya de Sociología que en 2019 entregó a Flecha. Una investigación interna determinó que bajo el paraguas de esa filial se produjo un “deterioro sostenido del funcionamiento interno”, que se produjo un actitud desleal con el IEC y que se produjeron incluso prácticas “sigilosamente coercitivas” hacia quien fue su presidenta, Teresa Sordé.
El grupo de investigación que salió de la Universitat de Barcelona, investigado por coerción sexual por la Fiscalía, controló la entidad del IEC
Poco a poco, la presencia del CREA, el grupo de investigación liderado por el excatedrático Ramón Flecha y que está bajo el escrutinio de unas pesquisas de la Fiscalía de Barcelona por prácticas de coerción sexual, va desapareciendo del ámbito institucional. Si la Universitat de Barcelona ya lo desahució de su paraguas, este jueves ha sido el Institut d’Estudis Catalans (IEC) el que ha confirmado el camino que inició en diciembre pasado con una suspensión temporal: ha destituido a la junta directiva que entre 2017 y 2025 y, bajo la influencia del CREA (siglas de Community of Research on Excellence for All), gobernó la Asociación Catalana de Sociología, una de sus filiales, además de retirar el Premio Catalunya de Sociología que en 2019 entregó a Flecha. Una investigación interna determinó que bajo el paraguas de esa filial se produjo un “deterioro sostenido del funcionamiento interno”, que se produjo un actitud desleal con el IEC y que se produjeron incluso prácticas “sigilosamente coercitivas” hacia quien fue su presidenta, Teresa Sordé.
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