Hace cuatro siglos, Miguel de Cervantes fantaseó con la idea de que se fundase en China “un colegio donde se leyese la lengua castellana”. Así lo imaginó en 1615, en la dedicatoria al conde de Lemos de la segunda parte del Quijote, en la que hablaba en tono humorístico de una petición que le habría hecho llegar el mismísimo gran emperador del lejano país oriental, quien quería que en dicha institución se aprendiese castellano mediante las aventuras del hidalgo manchego.
El Instituto Cervantes presenta en Pekín su anuario, en el que cifra en más de 640 millones los hablantes potenciales de español en el mundo; 98.000 están en China
Hace cuatro siglos, Miguel de Cervantes fantaseó con la idea de que se fundase en China “un colegio donde se leyese la lengua castellana”. Así lo imaginó en 1615, en la dedicatoria al conde de Lemos de la segunda parte del Quijote, en la que hablaba en tono humorístico de una petición que le habría hecho llegar el mismísimo gran emperador del lejano país oriental, quien quería que en dicha institución se aprendiese castellano mediante las aventuras del hidalgo manchego.
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