
Una mañana, mientras caminaba por la plaza Vella de Terrassa (Barcelona), el mundo empezó a tambalearse alrededor de Josep María Martínez. “Me desperté en el hospital y no reconocía a nadie, ni siquiera a mi marido o a mi hijo”, recuerda. Tenía 49 años y sobrepeso —mide 1,70 metros y pesaba 115 kilos—, aunque tampoco le daba demasiada importancia ni creía tener mala salud. “Pero me diagnosticaron cirrosis. Había tantas cicatrices en mi hígado que ya no podía filtrar bien las toxinas. Algunas de ellas se acumularon en el cerebro y pasó lo que pasó”, recuerda.
Uno de cada 60 adultos sufre sin saberlo fibrosis hepática, una dolencia en la que el órgano se vuelve rígido, afecta a su funcionamiento y puede evolucionar a cirrosis y cáncer 
Una mañana, mientras caminaba por la plaza Vella de Terrassa (Barcelona), el mundo empezó a tambalearse alrededor de Josep María Martínez. “Me desperté en el hospital y no reconocía a nadie, ni siquiera a mi marido o a mi hijo”, recuerda. Tenía 49 años y sobrepeso —mide 1,70 metros y pesaba 115 kilos—, aunque tampoco le daba demasiada importancia ni creía tener mala salud. “Pero me diagnosticaron cirrosis. Había tantas cicatrices en mi hígado que ya no podía filtrar bien las toxinas. Algunas de ellas se acumularon en el cerebro y pasó lo que pasó”, recuerda.
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