León XIV ha dejado entrever con claridad por primera vez este domingo en Lourdes, durante su visita de cuatro días a Francia, cuál es la postura que empieza a delinear en su pontificado ante el escándalo de la pederastia en la Iglesia católica: pasar página. En un discurso a los obispos franceses pronunciado esta mañana no hizo ninguna autocrítica, evitó las condenas y amonestaciones y ni siquiera citó a las víctimas o les pidió perdón. Solo se refirió a la cuestión como “doloroso flagelo”. Lo demás fue felicitar a la Iglesia francesa por su gestión del escándalo. Es verdad que en este país la conferencia episcopal ha dado pasos decididos, como encargar un informe independiente que en 2021 estimó las víctimas en 330.000 desde 1950, y luego ha establecido mecanismos de escucha y compensación. En el episcopado francés predomina la sensación de que se han hecho bien las cosas, a diferencia de la respuesta negacionista en otros países, empezando por la Iglesia española, y el discurso del Pontífice ha querido reconocer ese trabajo, aunque casi ha rozado la autocomplacencia.
León XIV comienza a perfilar que su posición sobre el escándalo es pasar página: alaba la “firmeza” de los obispos del país contra los abusos, les da las gracias por su trabajo y pide “máxima vigilancia”
León XIV ha dejado entrever con claridad por primera vez este domingo en Lourdes, durante su visita de cuatro días a Francia, cuál es la postura que empieza a delinear en su pontificado ante el escándalo de la pederastia en la Iglesia católica: pasar página. En un discurso a los obispos franceses pronunciado esta mañana no hizo ninguna autocrítica, evitó las condenas y amonestaciones y ni siquiera citó a las víctimas o les pidió perdón. Solo se refirió a la cuestión como “doloroso flagelo”. Lo demás fue felicitar a la Iglesia francesa por su gestión del escándalo. Es verdad que en este país la conferencia episcopal ha dado pasos decididos, como encargar un informe independiente que en 2021 estimó las víctimas en 330.000 desde 1950, y luego ha establecido mecanismos de escucha y compensación. En el episcopado francés predomina la sensación de que se han hecho bien las cosas, a diferencia de la respuesta negacionista en otros países, empezando por la Iglesia española, y el discurso del Pontífice ha querido reconocer ese trabajo, aunque casi ha rozado la autocomplacencia.
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