Apretaba el Sevilla con 2-1 en el marcador colgando balones sin cesar y la grada miraba al banquillo verdiblanco. Pero Manuel Pellegrini no intervino en el partido. No aportó lo que se esperaba. El Betis comenzó con un plan y se quedó estancado cuando el eterno rival lo modificó. Se echó atrás el bloque verdiblanco, más conservador que de costumbre. La ambición se quedó desdibujada. Y eso se paga caro en este tipo de partidos. Incluso la afición, que siempre corea el nombre del chileno, estaba enojada con su proceder. Quizás el momento con más críticas a sus planteamientos. Un 2-0 bien conseguido y la pérdida de una ventaja hasta un empate que sabe a derrota. Y muchos cuestionamientos sobre su vigencia, otra vez, después de haberlo calmado con la racha positiva. La lectura de Pellegrini fue errónea. Sólo acertó cuando atendió a los medios tras el partido reconociendo que el equipo no iba. Pero es que no hizo nada para evitarlo. Su gestión fue nefasta . Necesitaba el Betis cambios y modificaciones y sólo se le ocurrió sacar a Altimira por Fidalgo y la sustitución esperada de Bakambu por Cucho . En el mismo minuto y tras el 2-1. Nada más. No atajó los problemas de Aitor en la derecha, la insuficiencia de Antony en la segunda mitad, el desquiciamiento en el mediocampo… No paró el partido Pellegrini como saben los técnicos que sí intervienen, no replanteó la idea cuando Almeyda pasó al 4-4-2. Y eso que el chileno sí estaba en el área técnica y el sevillista tuvo que verlo en el autobús del equipo. El mundo al revés. La intervención vino por el técnico que estaba a distancia, mientras que el que pisaba el mismo césped que los futbolistas no supo hacerlo en ningún momento.Eso queda como un disgusto histórico del Betis porque tenía en su mano su tercer triunfo seguido en los derbis y la gente se relamía en el descanso mientras apuraba el bocadillo y soñaba con el tercero. Lo que vino fue un palo. Porque el Betis quiso echarse atrás en ese bloque medio o bajo que planteó ante el Atlético y Mallorca , pero el duelo pedía otra cosa. Metió al Sevilla en el encuentro víctima de sus propios miedos, los que le penalizan ante su gente, los que le hacen vivir a contraestilo. Al Betis le sentó mal de inmediato el 1-0 porque renunció a la pelota y la indigestión fue mayor con el 2-0 porque interpretó que al contragolpe iba a sentenciar a su oponente y lo que hizo fue alejarse de la portería rival.El 2-2 recuerda a otros sinsabores béticos como la ida de la semifinal copera ante el Valencia en 2019, cuando se desperdició una ventaja similar en casa, o el 3-3 en el derbi de 1997. La frustración fue del campo a la grada y vicecersa. Con Antony protagonizando con Cucho una trifulca después del duelo con la grada de los ultras. Lo peor de los nervios y la tensión estaba fuera. Del héroe en la celebración a uno de los criticados por una segunda parte nefasta en la que Pellegrini no supo cambiar lo que había que tocar para que el naufragio no fuera completo. Si se aplaudió la mano de entrenador para variar el mal rumbo y aplicar lo que se necesitaba ante Atlético y Mallorca ahora hay que valorar en negativo el tancredismo. No hacer nada cuando todo va mal.No quiso meter a Deossa, aliviar a Aitor con Ortiz o buscar otro tipo de carácter con Chimy o Pablo García, por ejemplo. No es que el banquillo estuviera plagado de estrellas pero al menos era lo que podía demandar un partido que se le iba de las manos sin hacer nada por impedirlo. Y eso hace mucho daño al crédito del entrenador, un tótem para una afición que está aprendiendo a incluirle entre las críticas con el respeto que merece por su trayectoria pero con la exigencia que corresponde por todo lo que se está jugando el Betis en este tiempo.En análisis previos, entre los debes de Pellegrini ya se consignó el de la defensa de las jugadas a balón parado y las segundas acciones por rechace. Así llegó el 2-2, con un hueco enorme en la frontal donde Isaac pudo disparar. No es la primera vez esta temporada. Llueve sobre mojado esta temporada: Celta, Atlético, Espanyol, Valencia… Demasiados goles encajados de forma calcada. Ahí se precisa una mano del cuerpo técnico para corregir lo que otro sí estudian como una debilidad. Mucho que cambiar ahora en el día a día del equipo antes de la fase clave de la temporada. Marzo decidirá el futuro en Europa y gran parte del de LaLiga pero también del crédito de Pellegrini a pesar de seguir quinto y sumar el cuarto mejor arranque en puntos de su historia (con ligas de tres puntos por victoria). Apretaba el Sevilla con 2-1 en el marcador colgando balones sin cesar y la grada miraba al banquillo verdiblanco. Pero Manuel Pellegrini no intervino en el partido. No aportó lo que se esperaba. El Betis comenzó con un plan y se quedó estancado cuando el eterno rival lo modificó. Se echó atrás el bloque verdiblanco, más conservador que de costumbre. La ambición se quedó desdibujada. Y eso se paga caro en este tipo de partidos. Incluso la afición, que siempre corea el nombre del chileno, estaba enojada con su proceder. Quizás el momento con más críticas a sus planteamientos. Un 2-0 bien conseguido y la pérdida de una ventaja hasta un empate que sabe a derrota. Y muchos cuestionamientos sobre su vigencia, otra vez, después de haberlo calmado con la racha positiva. La lectura de Pellegrini fue errónea. Sólo acertó cuando atendió a los medios tras el partido reconociendo que el equipo no iba. Pero es que no hizo nada para evitarlo. Su gestión fue nefasta . Necesitaba el Betis cambios y modificaciones y sólo se le ocurrió sacar a Altimira por Fidalgo y la sustitución esperada de Bakambu por Cucho . En el mismo minuto y tras el 2-1. Nada más. No atajó los problemas de Aitor en la derecha, la insuficiencia de Antony en la segunda mitad, el desquiciamiento en el mediocampo… No paró el partido Pellegrini como saben los técnicos que sí intervienen, no replanteó la idea cuando Almeyda pasó al 4-4-2. Y eso que el chileno sí estaba en el área técnica y el sevillista tuvo que verlo en el autobús del equipo. El mundo al revés. La intervención vino por el técnico que estaba a distancia, mientras que el que pisaba el mismo césped que los futbolistas no supo hacerlo en ningún momento.Eso queda como un disgusto histórico del Betis porque tenía en su mano su tercer triunfo seguido en los derbis y la gente se relamía en el descanso mientras apuraba el bocadillo y soñaba con el tercero. Lo que vino fue un palo. Porque el Betis quiso echarse atrás en ese bloque medio o bajo que planteó ante el Atlético y Mallorca , pero el duelo pedía otra cosa. Metió al Sevilla en el encuentro víctima de sus propios miedos, los que le penalizan ante su gente, los que le hacen vivir a contraestilo. Al Betis le sentó mal de inmediato el 1-0 porque renunció a la pelota y la indigestión fue mayor con el 2-0 porque interpretó que al contragolpe iba a sentenciar a su oponente y lo que hizo fue alejarse de la portería rival.El 2-2 recuerda a otros sinsabores béticos como la ida de la semifinal copera ante el Valencia en 2019, cuando se desperdició una ventaja similar en casa, o el 3-3 en el derbi de 1997. La frustración fue del campo a la grada y vicecersa. Con Antony protagonizando con Cucho una trifulca después del duelo con la grada de los ultras. Lo peor de los nervios y la tensión estaba fuera. Del héroe en la celebración a uno de los criticados por una segunda parte nefasta en la que Pellegrini no supo cambiar lo que había que tocar para que el naufragio no fuera completo. Si se aplaudió la mano de entrenador para variar el mal rumbo y aplicar lo que se necesitaba ante Atlético y Mallorca ahora hay que valorar en negativo el tancredismo. No hacer nada cuando todo va mal.No quiso meter a Deossa, aliviar a Aitor con Ortiz o buscar otro tipo de carácter con Chimy o Pablo García, por ejemplo. No es que el banquillo estuviera plagado de estrellas pero al menos era lo que podía demandar un partido que se le iba de las manos sin hacer nada por impedirlo. Y eso hace mucho daño al crédito del entrenador, un tótem para una afición que está aprendiendo a incluirle entre las críticas con el respeto que merece por su trayectoria pero con la exigencia que corresponde por todo lo que se está jugando el Betis en este tiempo.En análisis previos, entre los debes de Pellegrini ya se consignó el de la defensa de las jugadas a balón parado y las segundas acciones por rechace. Así llegó el 2-2, con un hueco enorme en la frontal donde Isaac pudo disparar. No es la primera vez esta temporada. Llueve sobre mojado esta temporada: Celta, Atlético, Espanyol, Valencia… Demasiados goles encajados de forma calcada. Ahí se precisa una mano del cuerpo técnico para corregir lo que otro sí estudian como una debilidad. Mucho que cambiar ahora en el día a día del equipo antes de la fase clave de la temporada. Marzo decidirá el futuro en Europa y gran parte del de LaLiga pero también del crédito de Pellegrini a pesar de seguir quinto y sumar el cuarto mejor arranque en puntos de su historia (con ligas de tres puntos por victoria). Apretaba el Sevilla con 2-1 en el marcador colgando balones sin cesar y la grada miraba al banquillo verdiblanco. Pero Manuel Pellegrini no intervino en el partido. No aportó lo que se esperaba. El Betis comenzó con un plan y se quedó estancado cuando el eterno rival lo modificó. Se echó atrás el bloque verdiblanco, más conservador que de costumbre. La ambición se quedó desdibujada. Y eso se paga caro en este tipo de partidos. Incluso la afición, que siempre corea el nombre del chileno, estaba enojada con su proceder. Quizás el momento con más críticas a sus planteamientos. Un 2-0 bien conseguido y la pérdida de una ventaja hasta un empate que sabe a derrota. Y muchos cuestionamientos sobre su vigencia, otra vez, después de haberlo calmado con la racha positiva. La lectura de Pellegrini fue errónea. Sólo acertó cuando atendió a los medios tras el partido reconociendo que el equipo no iba. Pero es que no hizo nada para evitarlo. Su gestión fue nefasta . Necesitaba el Betis cambios y modificaciones y sólo se le ocurrió sacar a Altimira por Fidalgo y la sustitución esperada de Bakambu por Cucho . En el mismo minuto y tras el 2-1. Nada más. No atajó los problemas de Aitor en la derecha, la insuficiencia de Antony en la segunda mitad, el desquiciamiento en el mediocampo… No paró el partido Pellegrini como saben los técnicos que sí intervienen, no replanteó la idea cuando Almeyda pasó al 4-4-2. Y eso que el chileno sí estaba en el área técnica y el sevillista tuvo que verlo en el autobús del equipo. El mundo al revés. La intervención vino por el técnico que estaba a distancia, mientras que el que pisaba el mismo césped que los futbolistas no supo hacerlo en ningún momento.Eso queda como un disgusto histórico del Betis porque tenía en su mano su tercer triunfo seguido en los derbis y la gente se relamía en el descanso mientras apuraba el bocadillo y soñaba con el tercero. Lo que vino fue un palo. Porque el Betis quiso echarse atrás en ese bloque medio o bajo que planteó ante el Atlético y Mallorca , pero el duelo pedía otra cosa. Metió al Sevilla en el encuentro víctima de sus propios miedos, los que le penalizan ante su gente, los que le hacen vivir a contraestilo. Al Betis le sentó mal de inmediato el 1-0 porque renunció a la pelota y la indigestión fue mayor con el 2-0 porque interpretó que al contragolpe iba a sentenciar a su oponente y lo que hizo fue alejarse de la portería rival.El 2-2 recuerda a otros sinsabores béticos como la ida de la semifinal copera ante el Valencia en 2019, cuando se desperdició una ventaja similar en casa, o el 3-3 en el derbi de 1997. La frustración fue del campo a la grada y vicecersa. Con Antony protagonizando con Cucho una trifulca después del duelo con la grada de los ultras. Lo peor de los nervios y la tensión estaba fuera. Del héroe en la celebración a uno de los criticados por una segunda parte nefasta en la que Pellegrini no supo cambiar lo que había que tocar para que el naufragio no fuera completo. Si se aplaudió la mano de entrenador para variar el mal rumbo y aplicar lo que se necesitaba ante Atlético y Mallorca ahora hay que valorar en negativo el tancredismo. No hacer nada cuando todo va mal.No quiso meter a Deossa, aliviar a Aitor con Ortiz o buscar otro tipo de carácter con Chimy o Pablo García, por ejemplo. No es que el banquillo estuviera plagado de estrellas pero al menos era lo que podía demandar un partido que se le iba de las manos sin hacer nada por impedirlo. Y eso hace mucho daño al crédito del entrenador, un tótem para una afición que está aprendiendo a incluirle entre las críticas con el respeto que merece por su trayectoria pero con la exigencia que corresponde por todo lo que se está jugando el Betis en este tiempo.En análisis previos, entre los debes de Pellegrini ya se consignó el de la defensa de las jugadas a balón parado y las segundas acciones por rechace. Así llegó el 2-2, con un hueco enorme en la frontal donde Isaac pudo disparar. No es la primera vez esta temporada. Llueve sobre mojado esta temporada: Celta, Atlético, Espanyol, Valencia… Demasiados goles encajados de forma calcada. Ahí se precisa una mano del cuerpo técnico para corregir lo que otro sí estudian como una debilidad. Mucho que cambiar ahora en el día a día del equipo antes de la fase clave de la temporada. Marzo decidirá el futuro en Europa y gran parte del de LaLiga pero también del crédito de Pellegrini a pesar de seguir quinto y sumar el cuarto mejor arranque en puntos de su historia (con ligas de tres puntos por victoria). RSS de noticias de deportes
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